Yaau, Numirinta y las dos mazorcas

Caribe · Ette Ennaka (Chimila)

Yaau, Numirinta y las dos mazorcas

Yaau y Numirinta bajan a la laguna de San Ángel y transforman dos mazorcas de maíz cariaco en la nueva generación Ette Ennaka.

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Yaau, Numirinta y las dos mazorcas: la entrada del relato

El relato

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Las deidades se cansaron del comportamiento violento de los pueblos antiguos. Decidieron convertirlos en animales y limpiaron la tierra con incendios e inundaciones. Los ette, que hasta ese momento vivían tranquilos en el cielo, bajaron al espacio recién hecho para empezar allí una vida verdaderamente humana.

Yaau y Numirinta bajaron del cielo a una laguna de la sabana de San Ángel. Yaau miró hacia el oriente, por donde sale el sol. Numirinta miró hacia el occidente, por donde se oculta. Ambos cogieron dos mazorcas de maíz cariaco y las convirtieron en los Ette Ennaka.

Ésa es la gente nueva, ette takke. De ahí viene que se digan maíz recién germinado, distinto del maíz tostado y echado a perder de las humanidades pasadas y del maíz seco que espera ser sembrado; y de ahí viene que se precien de ser los frutos de maíz más bellos que las divinidades hayan sembrado nunca, los que habría que guardar para la próxima siembra.

Yaau hizo también los animales, los árboles y las plantas, y enseñó a sembrar. Numirinta enseñó a cocinar y a tejer. Ella fue la primera mujer en recibir el mandato, y es la que da el conocimiento a las mujeres; ese conocimiento llega por los sueños.

Desde entonces el año se reparte entre los dos. La jornada de Yaau es la primera mitad y trae lluvias suaves; el turno de Numirinta es la segunda y trae tormentas fuertes. Cada uno tiene su falta. La de Yaau es demorarse y dejar que los cultivos se mueran de sed: entonces hay que hacer fiestas con bebidas fermentadas y rogarle que se emborrache y suelte su agua. La de Numirinta es bailar desenfrenada hasta inundar la tierra: para corregirla las ceremonias se hacen sin licor, porque no se trata de llenar una carencia sino de rebajar un exceso.

En la cosecha, lo que las deidades miran es el maíz. Yaau reclama lo que dan los campos de tumba y quema, los kañña. Numirinta exige lo que se recoge en las palizadas, los kajbragga. Una parte se les entrega en rezos pequeños, donde hombres y mujeres de prestigio se identifican con ellos y comen los frutos crudos en verde, en maduro y en seco. La entrega grande se hace a mitad y a fin de año, en fiestas a las que se invita a las deidades con rezos y ensalmos.

Lo mismo se ve arriba. Las Pléyades son un grupo de mujeres de fiesta y se identifican con las variedades del maíz; su brillo de noche es señal de que las deidades están presentes. La constelación aparece a mediados de junio, cuando salen las mazorcas verdes de los kañña; llega a lo más alto en diciembre, cuando se recogen las mazorcas secas de las palizadas y empiezan las grandes fiestas; y desaparece a principios de mayo, cuando empieza la época de escasez.

Así quedaron atados el cielo y la tierra: por dos mazorcas que se volvieron gente y por una cosecha que se hace entre las deidades y los suyos.

Yaau, Numirinta y las dos mazorcas: lo que quedó del relato

La enseñanza

“La gente nueva nace del maíz que la alimenta, y por eso cada cosecha repite su origen.”

Territorio

Caribe · Ette Ennaka (Chimila)

Caribe · Ette Ennaka (Chimila)

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Caribe
Comunidad
Ette Ennaka (Chimila)
Referencia
10.0356° · -74.2147°

Ficha del relato

Contexto histórico

Este relato no viene del corpus de 1945. Ninguna de las veintiuna narraciones del cacique Tangrutaya Mutsu menciona a Yaau ni a Numirinta. El primero de ese corpus, «La creación», cuenta otra cosa: Papá Grande amasa un pedazo de greda como quien hace loza, hace el tigre, hace hombres que eran Aruacos, Guajiros y Motilones, les hace una mujer a cada uno, y mucho más tarde hace al primer chimila y a su mujer, con nombres propios, Huhun Krukroring Merana y Soving Kranyaring Ovokeya. El hombre mira la tierra desde el cielo, no le gusta y no quiere bajar; Papá Grande lo empuja y cae cerca de San Ángel. Entonces no se llamaban Chimila sino Paretare. Es otro agente, otra materia y otro gesto, y se deja aparte: no se funden.

La frase que sostiene el núcleo de esta ficha es una sola y está publicada por el Ministerio de las Culturas en 2024, en un reportaje que también recoge a Luis Eduardo Granados, médico tradicional, y a César Rozo, director de la Asociación Tejeteje. Dice que Yaau y Numirinta bajaron del cielo a una laguna de la sabana de San Ángel, que Yaau miró al oriente y Numirinta al occidente, y que ambos cogieron dos mazorcas de maíz cariaco y las convirtieron en los Ette Ennaka, deidades consagradas en las ceremonias de bautizo, cosecha y actos mortuorios. No hay transcripción en ette taara, no se dice quién narró esa escena ni en qué circunstancias.

El artículo de Uninorte de 2023 dice lo mismo con otras palabras —«Yaau bajó del cielo con Numirinta y con dos mazorcas crearon a los Ette Enaka o Takke»— y añade que Yaau creó animales, árboles y plantas y enseñó a sembrar, y que Numirinta enseñó el arte de cocinar y tejer. Su capítulo cosmogónico es contexto de un estudio biomédico y remite a Juan Camilo Niño Vargas.

Los trabajos de Niño Vargas confirman la pareja, no la escena. El de 2020 los llama «sus progenitores míticos, el padre Yaau y la diosa Numirinta», documenta el reparto del año y de la cosecha entre kañña y kajbragga, las fiestas con bebidas fermentadas, las Pléyades identificadas con variedades de maíz y la bajada de los ette desde el cielo después de que las deidades convirtieran en animales a los pueblos violentos. El de 2025 afirma que los ette provienen del maíz sembrado por Yaau y que se precian de ser los frutos de maíz más bellos. El de 2008 describe la regeneración como fertilización de Yunari por Yaau y sitúa el ombligo de la madre en un pozo de agua cerca de Sabanas de San Ángel. Ninguno narra el descenso a la laguna ni las dos mazorcas.

La caracterización oficial del pueblo, de 2010, aporta a Yaau como creador con quien se conversa, y reproduce en verso el relato de los dos Yaau. La nota de la Unidad para las Víctimas de 2024 documenta que Numirinta sigue vigente: es la primera mujer en obtener el mandato y la encargada de dar conocimiento a las mujeres, y ese conocimiento llega por los sueños. Ninguna de las dos menciona las mazorcas.

Resonancias con otros mitos

El paralelo más firme está en la cordillera de Talamanca. Los bribrí y los cabécar dicen provenir del maíz sembrado por el dios Sibö, y sobre esos mitos distinguen sus clanes: cada uno viene de una variedad «pura» o «impura» y del lugar donde el dios puso por primera vez sus semillas. El grano es el mismo y el gesto de sembrar también, pero allí el maíz sirve para separar a la gente en linajes, y aquí dos mazorcas hacen un solo pueblo. La separación, entre los ette, se cuenta en otra parte y no tiene que ver con el maíz.

El segundo paralelo cambia el fruto. Los u'wa de los Andes orientales vienen de calabazos al cuidado del gran Sira, y los barí de la Serranía del Perijá, de piñas cortadas por el héroe Sabaseba. Los tres pueblos hacen brotar la humanidad de una planta cultivada, pero el gesto no es el mismo: uno corta, otro cuida, aquí se siembra y se cosecha, y por eso el calendario agrícola entero queda amarrado al origen.

Un tercero está muy cerca, entre los iku de la Sierra Nevada, que se llaman a sí mismos «maíz de la tierra» y comparan su cuerpo con una mazorca. La figura es casi idéntica, pero la afirmación ette es más específica y más orgullosa: no dicen ser maíz, dicen ser el maíz más bello jamás cosechado, el que debería guardarse para la próxima siembra.

Dentro del mismo corpus ette hay un contraste que vale más que un parecido. En la creación de 1945 el primer chimila es hecho de greda, no quiere bajar y lo empujan; cae cerca de San Ángel. Aquí, en la misma sabana, los que bajan lo hacen por su cuenta y lo que traen no es un cuerpo amasado sino dos mazorcas.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. No hay dos narraciones completas de esto que puedan compararse. Lo que hay son cuatro repartos distintos de quién hace la creación, y conviene no aplanarlos.

  2. En el reportaje ministerial de 2024 y en el artículo de Uninorte de 2023 actúa la pareja: bajan los dos, miran cada uno hacia un lado y toman las dos mazorcas. En el artículo de 2025 de Niño Vargas sólo aparece Yaau, que siembra el maíz del que provienen los ette, sin Numirinta y sin mazorcas contadas. En el de 2008, del mismo autor, quien acompaña a Yaau no es Numirinta sino Yunari, la tierra, a la que fertiliza para que baje el mundo nuevo. Y en la caracterización oficial de 2010, Yaau actúa solo y frente a su propio doble. Tres deidades femeninas distintas ocupan por turnos el mismo lugar en el relato.

  3. Cambia también qué clase de relato es. Los textos institucionales lo presentan como escena de creación en una laguna; el estudio etnográfico de 2020 presenta a la misma pareja como deidades agrícolas que se reparten el año y la cosecha. Las dos cosas pueden convivir, pero la fuente de campo no narra la laguna y la fuente institucional no describe el calendario.

  4. El nombre de la gente creada varía: Ette Ennaka en 2024, Ette Enaka o Takke en 2023, ette takke, «gente nueva», en 2008. Ette Ennaka se glosa como «gente verdadera». La variedad del maíz, cariaco, sólo aparece en el texto ministerial; el inventario de cultivos ette de 2020 registra once variedades de maíz con nombre en ette taara y ninguna se llama así.

  5. Circula además otra narración sobre Yaau que no es una variante de ésta y no se mezcla con ella: la de los dos Yaau, recogida a Luciano Mora en 2003 y reproducida en la caracterización de 2010. Dice que siempre han estado dos, Yaau ette y Yaau waacha; que al hijo del segundo lo llaman Jesucristo; que al repartirse la gente Yaau volteó a su hermano, le torció la lengua y le sopló mascada de tabaco en los oídos, y que desde entonces el waacha no entiende ni pronuncia la lengua. Explica la separación entre los ette y los que no lo son, no el origen de la gente.

  6. Frente al texto heredado, esta revisión saca del Relato las menciones a «las fuentes contemporáneas», «otros resúmenes» y «esta ficha», y deja de presentar como contenido del relato lo que era una decisión editorial.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Ette Ennaka (Chimila) · Magdalena · Caribe
Referencias
9
Última revisión
17 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Los Ette Ennaka, un pueblo que resiste y conserva sus tradiciones a pesar de siglos de violencia

    mincultura.gov.co

    Recoge voces de Luis Eduardo Granados y César Rozo, emplea el nombre Ette Ennaka y documenta el relato de Yaau, Numirinta y las dos mazorcas de maíz cariaco.

  2. Ciclos de destrucción y regeneración: experiencia histórica entre los ette del norte de Colombia

    journals.openedition.org

    Estudia cómo sueños, memoria histórica, Yunari y la quinta tierra articulan ciclos de destrucción, regeneración y acción ceremonial entre los Ette.

  3. Aspectos socio-históricos y farmacogenómica de los Chimilas Narakajmanta

    rcientificas.uninorte.edu.co

    Resume el Plan de Salvaguarda, el nombre Ette Ennaka, las cinco tierras, Yunari, Yaau, Numirinta y la creación de los Ette con dos mazorcas.

Contraste y contexto · 6 referencias

  1. El sol babea jugo de piña: antología de las literaturas indígenas del Atlántico, el Pacífico y la Serranía del Perijá

    babel.banrepcultural.org

    Reedita y contextualiza literatura Ette dentro de una antología nacional, identifica las traducciones y remite a las fuentes etnográficas usadas.

  2. Mitos y cuentos de los indios Chimila

    publicaciones.icanh.gov.co

    Publica los veintiún relatos del corpus histórico y atribuye su narración al cacique Tangrutaya Mutsu, registrada en castellano durante trabajo etnográfico.

  3. La división cósmica de las labores terrenales: interacción entre humanos y no humanos en los campos de cultivo ette

    revistatabularasa.org

    Llama a Yaau y Numirinta sus progenitores míticos y reparte entre ambos el año y la cosecha: él reclama lo producido en los campos kañña, ella lo cosechado en las palizadas kajbragga y desencadena las lluvias que pudren la vegetación, de modo que las mazorcas sirven para renovar la reciprocidad con la diosa.

  4. Bajo la responsabilidad humana: creación, conservación y destrucción del mundo entre los chibchas

    revistas.ucm.es

    Afirma que la última humanidad brotó de la tierra bajo formas vegetales por obra de las labores agrícolas de los dioses y que los bribrí, los cabécar y los ette provienen del maíz sembrado por Sibö y Yaau, y añade que los ette se dicen los más bellos frutos de maíz sembrados por las divinidades.

  5. Caracterización del pueblo Ette Ennaka (Chimila)

    mng.mincultura.gov.co

    Documento oficial que presenta a los ette ennaka como una historia de resistencia y ensoñación y reproduce en verso un relato sobre Yaau, del que dice que siempre han estado dos, Yaau ette y Yaau waacha, lo que explica la bifurcación entre ette y no indígenas y sitúa a Yaau como la entidad creadora con la que se conversa en sueños y con tabaco.

  6. Mujeres indígenas Ette Ennaka superan las afectaciones del conflicto a través del mandato de su diosa Numirinta

    unidadvictimas.gov.co

    Documenta el papel vigente de Numirinta en la vida ette ennaka: la diosa es la primera mujer en obtener el mandato y es la encargada de dar conocimiento a las mujeres del pueblo, dentro de un proceso de reparación colectiva.

Voces de la comunidad

Conversación

¿Así te la contaron?

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«Yaau, Numirinta y las dos mazorcas» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Yaau, Numirinta y las dos mazorcas» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Yaau, Numirinta y las dos mazorcas» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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