Sibabió y las cenizas dispersadas

Andina · Barí

Sibabió y las cenizas dispersadas

Las cenizas de Sibabió se dispersan y originan personas, animales y seres distintos en una memoria Barí que exige contexto crítico.

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Sibabió y las cenizas dispersadas: la entrada del relato

El relato

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En tiempos antiguos, cuando solo existían los barí y tenían sus casas comunales y sus conucos, un matrimonio le encargó a la abuela que cuidara a los nietecitos mientras ellos iban al conuco, que quedaba algo lejos del bohío.

Mientras los papás trabajaban, la viejecita se dirigió al mayorcito con malas intenciones: «Ven, acércate aquí, que voy a despiojarte». El niño no quiso acudir y huyó. Entonces se acercó al más pequeñito y, cuando nadie la veía, le retorció el cuello y lo mató. Cortó leña, preparó el fogón, partió al niñito en pedacitos, lo asó y se lo fue comiendo poco a poco, y guardó el resto ahumado en una cestita.

Cuando ya faltaba poquito para terminarse, al atardecer llegaron los papás. Lo primero que hicieron fue preguntar por su hijito, y la abuelita les dijo que el niño se había perdido. Como llegaban cansados y con hambre, les ofreció de la carne que todavía había en la canasta, bien preparadita. Pero el papá se dio cuenta pronto de que aquella carne era la de su hijo, y no la quisieron comer. Entonces se puso a cavilar sobre el modo de matarla.

A los pocos días volvieron al conuco e invitaron a la abuelita a acompañarlos. El papá preparó una trampa: hizo con palos y hojas de bijao una especie de casita-pasadizo, con horquetas muy bajitas, por donde había que pasar a la fuerza. Cuando volvían del conuco, la viejecita venía cargada con la canasta de yuca. La mamá pasó primero, con cuidado, y le insistió: «Pasa por aquí como he hecho yo». La viejecita intentó pasar y, como apenas veía y andaba muy torpe, se agarró con la canasta al palo; la trampa le cayó encima y se mató.

El papá recogió leña, mucha leña, toda la que pudo, de todas las clases de palos que encontró en la selva. Hizo fuego frotando palos con las manos y prendió todo lo que había echado sobre el cuerpo. Así estuvo quemándose durante días, hasta que no quedaron sino cenizas.

Cuando ya todo estaba quemado —leña, palos, canasta y cuerpo—, el papá vino a ver, y oyó dentro de la ceniza como voces, risas, gritos, silbidos. Vinieron otros barí a ver y a oír. Entonces uno de ellos cogió un palo y empezó a esparcir la ceniza por todos los sitios y en todas las direcciones.

A medida que iba esparciendo, iba saliendo gente. De las cenizas blancas, las de los palos blancos, salieron los dabaddó, que se fueron muy lejos hacia el este, gritando y riéndose fuerte, abriendo camino con sus machetes y disparando sus escopetas para asustar. Los barí quisieron seguirlos y no pudieron alcanzarlos; se cansaban. Salieron después los yukpa, con arcos pequeñitos, caminando despacito y trabajando con la mano, sin cortes de machete. Salieron los adschuguiróridóu, de los carbones más negros de toda la ceniza. Salieron los daviddú, que se agitaban dentro de la ceniza con sus gritos y sus cantos, y se marcharon lejos, al monte, entre los matorrales. Y por último salieron todos los animales que hoy se conocen.

A cada uno, a medida que iba saliendo, Sabaséba le fue diciendo cómo se llamaría, dónde debía vivir y cómo debía comportarse. A los dabaddó les señaló toda la región por donde sale el sol. A los daviddú les dijo: «Ustedes se llamarán daviddú, cogerán a barí y este morirá; vivirán entre los matorrales del monte».

Los barí quisieron ser amigos de los dabaddó y de los yukpa, y ni unos ni otros quisieron. Y así quedó dicho: si no hubiera sido por la viejecita, no existirían los dabaddó ni las otras gentes, y los barí llenarían hoy toda la tierra conocida. Y si no hubiera habido daviddú, los barí no morirían.

Sibabió y las cenizas dispersadas: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Un relato sobre el origen de los demás dice sobre todo quién se cuenta a sí mismo.”

Territorio

Andina · Barí

Andina · Barí

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Andina
Comunidad
Barí
Referencia
9.05888° · -73.18218°

Ficha del relato

Contexto histórico

Este es, según Dionisio Castillo Caballero, uno de los relatos más ricos en detalles de toda la tradición barí: los ancianos se recrean al narrarlo y la comunidad los escucha con mucha atención. Castillo lo grabó en cinta en Saimadoyi y Bokshí y publicó en 1980 una síntesis de las distintas tradiciones que oyó, con las frases finales transcritas tal como sonaban. Cuenta también una escena de su propio trabajo de campo: sabiendo que los barí tenían a los capuchinos por protectores, preguntó si ellos también procedían de la ceniza de la viejecita. La respuesta se hizo esperar unos momentos y fue: «Sí, proceden de las cenizas; pero de unas cenizas especiales». La pregunta se la había sugerido el relato de Adolfo Akairagdóu, que incluía a los capuchinos entre los que salían.

Las autoridades barí lo publicaron por su cuenta. El Mandato de Justicia de Ñatubaiyibarí de 2021 cuenta que una anciana ciega confundió un bebé con comida, que los padres la mataron y la quemaron, que de las cenizas negras salieron personas de piel oscura, de las rojas personas de piel rojiza y de las más calcinadas personas blancas, y que de ahí viene el encargo de Sabaseba de cuidar Ishtana. El mismo documento usa «shibabio» como título para las sabias de la comunidad.

Orlando Jaramillo Gómez lo resumió en 1993 y José Ricardo Hernández Gómez lo reescribió en 2015 con los términos barí para padre y madre, taitana y maimara. En Venezuela, Zaidy Fernández Soto y Asmery González anotaron en 2012 que todas las ancianas barí son llamadas sibabió por tener las mismas características que el personaje. Miguel Rocha Vivas antologó en 2010 tres versiones impresas más.

Resonancias con otros mitos

Castillo lee este relato dentro de una serie amplia: las cosmogonías en que la formación del mundo se verifica por medio de una muerte violenta, y remite para ello a los materiales indoeuropeos y chinos reunidos por V. Hernández Catalá y por Mircea Eliade. En esa serie, lo que distingue a la versión barí es que lo que nace del fuego no es el cosmos sino los vecinos.

Dentro del propio corpus, el contraste con la piña es exacto y es deliberado. De la piña amarilla salen familias sonrientes que reciben un nombre y un oficio; de la ceniza salen los que gritan, los que disparan, los que no quisieron ser amigos y los que traen la muerte. Los dos episodios explican un origen y reparten un territorio, y en los dos es Sabaséba quien nombra y ubica; lo que cambia es el material del que sale la gente.

La lista de lo que produce la ceniza es un buen indicador de cuándo se contó cada versión. En el corpus grabado en los años setenta salen los blancos con escopetas y los yukpa con arcos pequeños; en la versión venezolana publicada en 2012 salen también las vacas y los machetes. El mismo relato sigue absorbiendo lo que llega de afuera.

Castillo advierte contra dos lecturas. Una es la de Jaulin, que interpretó el episodio como memoria de una antropofagia barí; Castillo la considera fuera del contexto sociocultural del grupo. La otra es la del propio relato: los narradores lo cuentan afirmando la superioridad de su gente, y los oyentes lo saben.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. El nombre es el primer punto de desacuerdo. Castillo dice que en sus informaciones nunca apareció el nombre exacto ni de la viejecita, ni del niño, ni del que esparció la ceniza, y que sibabió quiere decir viejecita. Robert Jaulin, en 1973, afirmó en cambio que se trataba de Oséshibabio, madre de Orugdo, asesinada por el propio Orugdo. Adolfo de Villamañán, en 1969, la llamó Oséndou, la hizo viuda, dijo que el niño era hijo suyo y no nieto, que murió al caerle un árbol encima y que fue Urundóu quien esparció las cenizas. Castillo rechaza las dos cosas y corrige además otra afirmación de Villamañán: el niño no era hijo de Sabaséba.

  2. Hernández Gómez convierte a la anciana en una saimadoyi, y en su lista salen de la ceniza muchos más seres: los bámigdá, los akabó, los okachigbá, los ñankú, los nischkú, los uaiba, los taibabióyi, los sitbayí, los ninchú, los schumbrába, los karíma, los zamuros, el trueno, el rayo y el arco iris. En la misma tesis hay otra sibabió que no tiene que ver con esta: una saimadoyi anciana encargada de la lluvia, que escoge las vasijas con que la reparte y a veces se duerme.

  3. En «Así salieron las razas», de Hortensia Galvis, la anciana no se moría, comió a una niña bonita y fue quemada durante un verano. En «En el principio», de la misma autora, la anciana es cegatona, confunde a la bebé con sus provisiones, y de la ceniza salen hombres de distintos colores, todos con el pelo rizado y sin mujeres, que raptan esposas barí; de ahí vendrían los de pelo liso. «El dios del orden», de Triana y Mendoza, enumera blancos, negros, yuko-yukpa, guajiros y espíritus buenos y malos. Fernández Soto y González, del lado venezolano, añaden a la lista las vacas, los machetes y las escopetas.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Barí · Santander · Andina
Referencias
8
Última revisión
22 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Los barí. Su mundo social y religioso

    bidicap.org

    Sintetiza las tradiciones grabadas del relato de la viejecita: el nieto desnucado y asado, la trampa de palos y bijao, los días de hoguera, las voces dentro de la ceniza y la salida sucesiva de dabaddó, yukpa, adschuguiróridóu, daviddú y animales, con las frases finales sobre la muerte.

  2. Ruta metodológica para la construcción del Ibakaina – Mandato de Justicia del Pueblo Barí

    minjusticia.gov.co

    Publica el episodio como parte de la ley de origen colombiana: la anciana ciega confunde al bebé con comida, los padres la matan y la queman, y de las cenizas negras, rojas y calcinadas salen personas de piel oscura, rojiza y blanca, de donde nace el encargo de cuidar Ishtana.

  3. El Sol babea jugo de piña: Antología de las literaturas indígenas del Atlántico, el Pacífico y la Serranía del Perijá

    babel.banrepcultural.org

    Reúne tres versiones impresas: «Así salieron las razas» y la segunda parte de «En el principio», de Galvis, con la anciana que no moría y el rapto posterior de esposas barí, y «El dios del orden», de Triana y Mendoza, que enumera blancos, negros, yuko-yukpa, guajiros y espíritus.

Contraste y contexto · 5 referencias

  1. La familia Barí

    gredos.usal.es

    Reescribe el relato con los términos barí para el padre y la madre, taitana y maimara, hace de la anciana una saimadoyi y amplía la lista de seres que salen de la ceniza hasta incluir a los ñankú, los sitbayí, los schumbrába, los zamuros, el trueno, el rayo y el arco iris.

  2. Los barí: historia, sociedad y cultura

    albaciudad.org

    Da la versión venezolana en que de las cenizas nacen los yukpa, los criollos, los labiddú, las vacas, los machetes y las escopetas, y aclara en nota que todas las ancianas barí son llamadas Sibabió por compartir los rasgos del personaje.

  3. Los Barí, en Geografía humana de Colombia. Nordeste indígena, tomo II

    babel.banrepcultural.org

    Resume el mito de Sibabio como explicación del origen de otras gentes, de los personajes maléficos y de los animales, y precisa que Sabaseba nombra a cada grupo que sale y le señala dónde debe habitar.

  4. Documento preliminar de memoria histórica del Pueblo Barí

    centrodememoriahistorica.gov.co

    Encuadra el relato dentro de la ley de origen y del reparto de funciones entre los samagdoyi, y atribuye a los schumbraba y a los daviddu los males que afectan al pueblo.

  5. Producción de un documental cinematográfico sobre los yakuikuibái de la etnia barí de la Sierra de Perijá. Fase III: Culminación

    virtual.urbe.edu

    Da dos versiones independientes de trabajo de campo. La del sagdou José Akrikdá, de Kumanda: Sibabió, una anciana, agarró por el cuello a su nieto pequeño, lo mató, lo destripó, lo asó y se lo ofreció a su hijo, que no lo comió; el hijo le tendió una trampa de palos en la puerta de la casa al volver ella de buscar yuca, le prendieron fuego y de las cenizas dispersadas salieron muchos animales, los negros y los blancos. La del antropólogo Lusbi Portillo (tabla 7) enumera lo que sale de la ceniza: los labagdó o criollos, los ischi o yukpa, los wayúu, los labiddú, shumbraba, taibabioyi, ischibarí, sitbayi y uáiba, los caballos y las escopetas. Las autoras concluyen que de ahí nace la idea de que lo que no es barí es malo.

Voces de la comunidad

Conversación

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«Sibabió y las cenizas dispersadas» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Sibabió y las cenizas dispersadas» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Sibabió y las cenizas dispersadas» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

TÚ

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