Caminar liviano hacia el más allá

Andina · Barí

Caminar liviano hacia el más allá

Un joven aprende a caminar liviano con un chigbarí, visita el lugar de los muertos y vuelve para transmitir lo que vio.

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El relato

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Hace muchos años existió un muchacho inteligente y bueno que todavía no había tenido mujer. Un día su camino de siempre coincidió con la ruta de un chigbarí, porque cada barí tiene su camino propio en la selva y cada chigbarí el suyo, flotando por el aire. Al verlo, el chigbarí lo agarró del pelo y le ordenó que se detuviera. De ahí salió una amistad que se fue fortaleciendo en varios encuentros más.

Un día el chigbarí le propuso que se fuera con él a conocer otras dimensiones, de esas que normalmente no se abren a los humanos. Como el muchacho todavía no sabía caminar liviano, lo tomó de la mano y le pasó ese poder. Al contacto de las dos pieles el cuerpo le cambió por dentro: el corazón y todos los órganos se le sintieron distintos. Pero lo que más lo asombró fue que la oscuridad de la noche se le hizo luz.

Lo condujo primero a las dimensiones más bajas. Allí encontró a las gentes del árbol, que le confesaron que desde niño le venían siguiendo los pasos. Él quiso saludarlas con palabras corteses, pero su guía lo atajó: no debía hablar con ninguno de los seres que viera; solo le estaba permitido observar.

Estuvieron después en otras comunidades, donde viven distintas familias de chigbarí: los hay rayados como el arco iris y los hay parecidos al tigre. Los de pelo rizado, que son los más fuertes, le ofrecieron topocho, el alimento con que ellos se mantienen vivos; el guía le explicó que si lo comía tendría que quedarse, porque su cuerpo se haría livianito como una hoja.

Pasearon por donde nace el sol y por donde se oculta. En el oriente tuvo una tentación fuerte: encontró a dos muchachas preciosas, disponibles para él, y otra vez tuvo que desprenderse y seguir.

Entonces se dirigieron al reino de la muerte y penetraron territorios desconocidos hasta encontrar la estación de llegada, adonde acuden todos los barí que mueren. Vio llegar a mucha gente de la suya, desnuda: los hombres con un pedazo de cañabrava para hacer sus flechas y las mujeres con su canasto. En el puesto de recepción había chigbarí, y entre ellos Taigda Chigbana, el encargado de recibirlos.

El guía le explicó lo que estaba viendo. Si se trata de un guerrero, al darle la bienvenida Taigda Chigbana le entrega un arco, porque antes de seguir hacia las estrellas tendrá la oportunidad de matar a un yácura. Si falla con sus flechas, ese monstruo gigantesco seguirá su camino y llevará a las comunidades muchas enfermedades y desgracias; y cuando el yácura logra introducirse en el plano donde vive el hombre, la tierra tiembla. «Explícale a tu gente que ese es el origen de los terremotos», le dijo.

Vio también muchas almas de cuerpo parecido al humano pero más sutil, y a muchas llorando. A veces, le explicó el guía, se les permite visitar los cuerpos que dejaron, ya rígidos y pálidos, o ver a sus familiares, aunque ya no puedan hacerse oír: el alma habla y el mortal no la escucha. Entre espíritus sí hay comprensión completa.

De repente alcanzó a ver un sembrado de yuca y pensó en su madre y en su hermana. Disimuladamente arrancó unas raíces para llevárselas de regalo. No bien hubo terminado, sonó un ruido ensordecedor. Él entendió que había cometido una falta grave, porque su guía le había advertido claramente que no tocara nada.

El chigbarí fue bondadoso y lo dejó volver al bohío para que contara lo visto, porque aquello no debía quedarse en un solo mensajero. Al terminar su relato se sintió cansado y quiso dormir, pero al tenderse en el chinchorro su cuerpo empezó a elevarse. Suspendido en el aire se quedó dormido, y nunca más despertó.

Caminar liviano hacia el más allá: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Quien cruza al otro lado y vuelve trae un aviso, no un regreso.”

Territorio

Andina · Barí

Andina · Barí

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Andina
Comunidad
Barí
Referencia
9.05888° · -73.18218°

Ficha del relato

Contexto histórico

«Caminar liviano» procede del ámbito barí venezolano. El texto que aquí se narra lo publicaron el capuchino Cesáreo de Armellada y Carmela Bentivenga de Napolitano en «Literaturas indígenas venezolanas», que Monte Ávila editó en Caracas en 1975 y reeditó en 1991, y de allí lo tomó Miguel Rocha Vivas para la antología que el Ministerio de Cultura publicó en Bogotá en 2010. Los compiladores no identifican al narrador ni la comunidad, y el texto llega ya traducido y trabajado literariamente: eso se dice aquí porque cambia cómo debe leerse.

Contra ese texto puede ponerse el material grabado en lengua barí por Dionisio Castillo Caballero en Saimadoyi y Bokshí, publicado en 1980, que describe el tránsito de otra manera. Cuando alguien muere, su espíritu, el bosobokú, sale del cuerpo por la nariz, los oídos y la boca; los basunchimba, los espíritus de sus familiares muertos, salen a su encuentro, y según la costumbre social sale a recibirlo un hermano, un cuñado o un tío. Mientras llegan, el espíritu espera llorando en una especie de antesala, que unos describen como un picacho y otros como una plataforma lisa. Después lo conducen por un camino ligero, blandito y esponjoso como arena fina, llamado dibóuriboúske, hasta el barún.

Allí, en el mismo material, Sabaséba entrevista al recién llegado y le pregunta por su comportamiento. Los informantes de Castillo coinciden sin dudar en las cuatro faltas que decidían la sentencia: matar, robar, mentir y ser chismosos. Hay tres sitios: el oriente para los barí buenos, el poniente para los que se portaron mal y un lugar intermedio para los dabaddó. A la entrada del oriente hay un pilón de aguas azules clarísimas, el aboo, donde cambian la piel como la culebra y se vuelven jóvenes.

Orlando Jaramillo Gómez, en 1993, y José Ricardo Hernández Gómez, en 2015, sitúan estos lugares en el mapa de cielos barí.

Resonancias con otros mitos

Castillo compara expresamente la idea barí de la otra vida con la yukpa, vecina en la Serranía del Perijá: entre los yukpa, según lo que Adolfo de Villamañán publicó en 1969, lo decisivo en el más allá es el bien comer, mientras que en el material barí lo decisivo es seguir haciendo lo mismo que aquí —cazar, pescar, cantar, vivir en familia— pero sin enfermar y sin morir. Es un paralelo entre dos pueblos que se conocen bien y que se distinguen a propósito.

El mismo autor remite, para el motivo del camino entre la tierra y el cielo y su interrupción, a las leyendas maquiritares que Marc de Civrieux publicó en 1960 y al material katío reunido por María de Betania en 1964. En los tres casos el medio es vegetal y el tránsito termina cerrándose.

Dentro del corpus barí, este relato es el reverso del bejuco. Allá suben muchos, incumplen y el camino queda cortado para todos; aquí un solo joven cruza acompañado, obedece cada prohibición menos la última y vuelve por un rato. En los dos hay un alimento que decide la pertenencia: el topocho de los chigbarí ata a quien lo come, como las semillas y la caña brava del zamuro ataron a los barí a un intercambio que se perdió.

Hay un tercer eco. El sueño, en el material de Castillo, es un viaje corto de la misma clase: el espíritu del que duerme se pasea de noche por la región de los muertos y vuelve al amanecer. Caminar liviano es hacer despierto lo que se hace dormido.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. Las tres versiones no coinciden en quién recibe ni en qué hace temblar la tierra.

  2. En el texto de De Armellada y Bentivenga, el que recibe a los muertos es Taigda Chigbana, entrega un arco a los guerreros y lo que provoca los terremotos es el yácura, un monstruo que se cuela al plano de los vivos. Ese nombre no aparece en ninguna otra de las fuentes consultadas.

  3. En el material de Castillo no hay yácura ni portero: al muerto lo reciben sus propios parientes y lo juzga Sabaséba, y los temblores se explican de otro modo. Hernández Gómez lo desarrolla: los que hacen temblar la tierra son los ñankú, que vienen de la región por donde sale el sol y se llevan el bosobokú del barí cuando lo encuentran descuidado; llegan haciendo ruido con sus abalorios y sus herramientas, y cuando los basunchimba los ahuyentan y los persiguen, la tierra tiembla con sus pisadas.

  4. Tampoco coincide el mapa. Jaramillo Gómez, siguiendo a Castillo, pone el encuentro de los muertos con sus familiares en el kokdá sabá, el cielo del viento fuerte, y a los basunchimba en el barún; el documento de memoria histórica que las autoridades barí publicaron en 2016 nombra siete cielos y sitúa ese encuentro en el bashá shumba.

  5. Castillo dedica varias páginas a discutir a Antonio de Alcácer por dos cosas: por haber escrito que la existencia del barí es tan material que el más allá está casi ausente de su conciencia, y por entremezclar los mitos de ascensión con los de ultratumba. Sostiene lo contrario: que la creencia en la vida de los basunchimba es una de las convicciones más firmes de la tradición barí y que se nota en los cantos fúnebres, en los caminos, en la caza y en el modo de hablar de los sueños.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Barí · Santander · Andina
Referencias
8
Última revisión
22 de septiembre de 2026

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Base documental · 3 referencias

  1. El Sol babea jugo de piña: Antología de las literaturas indígenas del Atlántico, el Pacífico y la Serranía del Perijá

    babel.banrepcultural.org

    Imprime íntegro «Caminar liviano», el viaje del joven guiado por un chigbarí a través de las dimensiones bajas, las familias de chigbarí, la estación de llegada de los muertos, Taigda Chigbana, el yácura que causa los terremotos y la yuca arrancada que precipita el regreso y la muerte.

  2. Los barí. Su mundo social y religioso

    bidicap.org

    Describe la escatología grabada en lengua barí: la salida del bosobokú por nariz, oídos y boca, los basunchimba que salen al encuentro, la antesala, el camino blando dibóuriboúske, el juicio de Sabaséba sobre matar, robar, mentir y chismear, los tres destinos y el baño del aboo.

  3. La familia Barí

    gredos.usal.es

    Nombra a los ñankú como los seres que vienen de donde sale el sol a llevarse el bosobokú y explica que los temblores se producen cuando los basunchimba los ahuyentan y los persiguen haciendo temblar la tierra con sus pisadas.

Contraste y contexto · 5 referencias

  1. Los Barí, en Geografía humana de Colombia. Nordeste indígena, tomo II

    babel.banrepcultural.org

    Ubica en el mapa de cielos el lugar del encuentro de los muertos con sus familiares, en el kokda sada, y a los basunchimba en el barún, y resume la idea barí de la muerte como paso a un mundo nuevo.

  2. Documento preliminar de memoria histórica del Pueblo Barí

    centrodememoriahistorica.gov.co

    Enumera los siete cielos con sus nombres barí y sitúa en el bashá shumba el lugar de encuentro de los muertos con sus familias ancestrales, que no coincide con la ubicación de las otras fuentes.

  3. Los hijos de Sabaseba: Ishtana resiste, voces del pueblo Barí

    centrodememoriahistorica.gov.co

    Confirma públicamente que alrededor de Ishtana hay siete mundos habitados por seres distintos, entre ellos los lugares donde esperan los muertos y los cielos de los espíritus protectores.

  4. Los barí: historia, sociedad y cultura

    albaciudad.org

    Describe a los ichigbarí como seres del aire que pueden matar a los niños y a los que se teme de noche, lo que precisa qué clase de ser es el guía del viaje.

  5. Literatura barí, una lengua de origen chibcha

    archivo.revistas.ucr.ac.cr

    Resume, en su apartado sobre los viajes al inframundo y a los «cielos intermedios», el mismo esquema narrativo del relato: espíritus del origen como los chigbarí y los basunchimba conocen dimensiones vedadas a los humanos; quien llega al mundo de la muerte ve a hombres, mujeres, niños y ancianos desnudos, ellos haciendo flechas de caña brava y ellas cestas; allí recibe a los visitantes un jefe guerrero; si alguien hace daño se desatan enfermedades, epidemias y terremotos; y hay sembrados de yuca que ningún visitante debe tocar. Lo lee como viaje chamánico y lo compara con el viaje de Medatia de los ye'kwana (Civrieux 1978). Cierra con el mapa de cielos: el kokda sada como lugar de encuentro de los basunchimba con sus familiares.

Voces de la comunidad

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«Caminar liviano hacia el más allá» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Caminar liviano hacia el más allá» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Caminar liviano hacia el más allá» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

TÚ

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