No hay deuda que no se pague

Andina · Mestizo

No hay deuda que no se pague

La historia de Damián Vásquez Montiel, el perulero, revela su pacto con el Diablo y su misteriosa desaparición en la Villa de Arma.

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El relato

En el corazón de la Villa de Arma, ese enclave que a mediados del siglo XVI se alzó bajo el auspicio del Adelantado Benalcázar, comenzó a tejerse una historia que, como un viento errante, recorría las murallas de esa tierra rica en minerajes y leyendas. Allí, en medio de una atmósfera cargada de bonanzas y promesas, se extendía un manto de curiosidad y temor hacia el aventurero que recientemente había llegado.

Damián Vásquez Montiel, conocido por todos como el perulero, desembarcó tras un largo viaje desde las místicas tierras del Perú. Aquel extremeño, de semblante robusto y bríos desmedidos, no tardó en convertirse en el foco de atención del villorrio. Su figura de andar resuelto y voz tremolante llevaba en su estela una serie de episodios misteriosos que encendían tanto la chispa del cotilleo como las brasas del recelo. El rumor decía que escapaba de los días oscuros de una sublevación en el Perú, donde había servido a Francisco Hernández Girón, un levantisco enemigo de Su Majestad.

Entre juegos de dados y copas desbordantes, Damián se ganó la fama de jugador y cortejador, de valiente soldado en las pendencias y amante entregado en las alcobas. Como si de hechizo se tratase, su fortuna brillaba intensamente en los encuentros nocturnos, y las arcas de oro parecían desbordar para su gozo y el de los que lo rodeaban. Sin embargo, en aquella villa, se decía que donde el perulero respiraba no podía esperarse bendición, sino más bien la sombra de sus misteriosos pactos.

Mientras el perulero se entregaba al azar de los dados, la voz de la villa, encarnada en dialogantes personajes como Maese Farfán, hilvanaba cuentos de un alboroto que surgió en el mesón cuando Damián se vio rodeado por espadas desenvainadas. Se decía que, en el clímax del conflicto, un extraño emergió de las sombras, desenfundando su espada con tal ímpetu que dispersó a los rapaces rivales como paja al viento. Nadie dudaba ya del olor de azufre que despedía aquel desconocido, sino que más bien compartían el susurro de que el diablo mismo había hecho acto de presencia.

Reverberaba en las murmuraciones la historia contada por doña Mónica, la fiel dueña de don Jerónimo Fernández Vahamonde, de cómo durante su estancia en Lima, el perulero habría invocado al Don Leandro, o Diablo con familiaridad, en lo alto de un cerro. Se narraba, con tono de fábula idílica y perversa, cómo en respuesta a ese grito desesperado, el cielo se rasgó con un relámpago espantoso que trajo consigo al demonio montado en una cola de nube negra. Cerraron el pacto, se decía, con la firma maldita de sangre extraída de su propio corazón.

Así vivía el perulero, navegando entre mares de gloria y murmullos de condena, hasta que el Viernes Santo, en una nerviosa espera de la procesión de La Soledad que se disolvía en la penumbra de la noche, Damián reapareció en la Plaza Mayor. Sus pasos resonaban en la noche, llevando un aire de despedida que erizaba la piel de aquellos que le escuchaban.

—Buenas noches tengan sus mercedes —dijo con un timbre inusitado mientras buscaba a Pero Díaz, aclarando finalmente que se marchaba hacia la tierra caliente, ese enclave de sol y bruma que parecía surgir sólo en mapas de otros mundos.

Sin embargo, fue entonces cuando un jinete, montado sobre una mula negra, se acercó con porte imponente y voz que parecía rasgar la quietud de la plaza.

—Daréismes razón, señores, de Damián Vásquez Montiel —inquirió el extraño, a lo que Damián, en un gesto de destino asumido, respondió:

—Que me queréis.

—Os esperan en la puente —dijo el jinete—, y por voz vengo. Cabalgad zaguero, si os place.

Con la agilidad felina de sus pasados días, Damián saltó sobre la mula que relinchaba y resplandecía como un presagio celestial. Ante la vista incrédula de los presentes, el animal partió en un estruendo de fuego y viento, dejando tras de sí la estela de una gran bola de llamas que se desvanecía en la lejanía.

Así se disiparon las últimas notas del canto del perulero. Los habitantes de Arma, entre dientes castañeteantes, encomendaban sus almas con rezos y súplicas al Santo Dios, mientras la voz de Damián parecía aún arrastrarse por el aire, doliente y desafiante:

"Llora, llora, corazón, que llevo perdida el alma."

Y nunca más se supo del destino que tomó aquel perulero cuyo mito, sellado en el balance entre lo humano y lo demoniaco, seguiría recorriendo las arterias de la villa, como un eco eterno en una noche infinita.

La enseñanza

Toda deuda debe ser pagada, incluso las sobrenaturales.

Territorio

Andina · Mestizo

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El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Andina
Comunidad
Mestizo
Referencia
5.5° · -75.5°

Contexto histórico

El mito tiene su origen en la Villa de Arma, poblada a mediados del siglo XVI, donde un aventurero llamado Damián Vásquez Montiel, conocido como "el perulero", llamó la atención de los habitantes por su comportamiento irreligioso y su supuesta buena suerte. Se rumoraba que había hecho un pacto con el Diablo durante su estancia en Perú; específicamente en un altillo de la ciudad de los Reyes, donde, según el relato de una dueña, llamó al Diablo (también denominado Don Leandro) y firmó un contrato con su sangre a cambio de poder y riqueza. Este pacto se evidenció supuestamente por su misteriosa desaparición en Viernes Santo, cuando montó una muía negra que se convirtió en una bola de fuego, dejando un pestilente olor a azufre. Nunca más se volvió a saber de Damián, consolidando la leyenda de su trato con el demonio.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales para quien quiera profundizar.

Procedencia

Recopilado de la tradición oral de Mestizo, Andina · Andina > Antioquia > Mestizo.

Cómo documentamos cada relato

Fuentes y revisión editorial

La procedencia cultural está clasificada, pero la referencia bibliográfica primaria aún está pendiente de publicación en esta ficha. No presentamos esa clasificación como si fuera una cita documental.

Última revisión: 22 de julio de 2026Aportar o corregir una fuente

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