No hay deuda que no se pague

Andina · Mestizo

No hay deuda que no se pague

Otero D’Costa cuenta cómo un jinete negro llega por Damián Vásquez Montiel a la Villa de Arma durante una noche de Viernes Santo.

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El relato

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La Villa de Arma, poblada a mediados del siglo XVI en nombre de Benalcázar, tuvo fama en sus primeros años de tierra rica en minas y en indios de encomienda, y atrajo a muchos españoles. Entre los aventureros que llegaron había un Damián Vásquez Montiel, que se decía extremeño y venía del Perú, y por eso lo llamaban el perulero. Tenía unos cuarenta años, era membrudo y fuerte, jugador, enamoradizo y buen bebedor en los ventorros de la villa, y tenía espantados a los vecinos tímidos y desasosegados a los espadachines. Se decía que había sido soldado de Francisco Hernández Girón, el que se alzó en el Perú contra el rey.

Una tarde calurosa de agosto, en una calleja de Arma, el maese de campo Diego López Farfán le contaba al licenciado Muñatones, cura y vicario de la villa, la última del perulero. La noche anterior se había pasado la noche jugando a los dados en el mesón con otros dos, y al alba lo acusaron de trampa y salieron las espadas. Ya lo tenían en aprietos cuando de un rincón salió un desconocido que los hizo huir a mandobles. Y el desconocido olía tanto a azufre que nadie dudaba ya de que era el diablo.

Era voz pública que el perulero tenía pacto con el Demonio: lo decían su falta de religión, sus blasfemias, su suerte en las peleas y el oro que gastaba. Doña Mónica, una dueña que servía en casa de don Jerónimo Fernández Vahamonde, contaba cómo había sido. Estando Damián en la ciudad de los Reyes, subió de noche a un altillo y se puso a llamar a gritos a Don Leandro, que es como se llama al enemigo. A medianoche cayó un relámpago con una cola enorme, y en la punta de la cola venía montado un hombrecillo negro, peludo, cornudo y dentón, que le preguntó qué quería. Damián le ofreció su alma a cambio de dominar a sus enemigos en mar y tierra, ganar el corazón de las doncellas y tener riqueza. Firmó la escritura con unas gotas de sangre sacadas del lado del corazón, y el enemigo se fue por los aires a horcajadas sobre una nube negra, dejando un olor que sintió toda la ciudad.

¿Era verdad, o conseja de una dueña miedosa? Una noche de viernes santo, en la plaza mayor, unos vecinos esperaban la procesión de La Soledad cuando llegó Damián y preguntó por Pero Díaz, porque quería despedirse de él: se iba para la tierra caliente. Y se puso a cantar en falsete:

En la puente tuve cita,

pero no vide la dama;

llora, llora, corazón,

que llevo perdida el alma.

En eso llegó un jinete en una mula negrísima y preguntó por Damián Vásquez Montiel.

—Os esperan en la puente, y por voz vengo. Cabalgad a la grupa, si os place.

Damián saltó a la grupa, y la mula partió a todo escape, echando fuego por los ojos, la boca y la nariz, hasta que en la distancia no se vio más que una bola de fuego. Los vecinos, dando diente con diente, se pusieron a rezar el trisagio, y en el aire se oía el eco de la copla. Nunca más se supo del perulero.

No hay deuda que no se pague: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Lo que se obtiene prometiendo más de lo que se tiene termina cobrándose en el peor momento.”

Territorio

Andina · Mestizo

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El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Andina
Comunidad
Mestizo
Referencia
5.5° · -75.5°

Ficha del relato

Contexto histórico

El texto es un cuento de Enrique Otero D'Costa, de su libro Leyendas (Biblioteca Aldeana de Colombia, Selección Samper Ortega, Minerva, Bogotá, 1936). Se lee en el segundo tomo de Mitos y leyendas de Colombia de Eugenia Villa Posse (IADAP, Quito, 1993), sección 17, «Varias regiones», pp. 53-56, donde no figura en el índice: va a continuación de «Genus irritabile vatum». Villa Posse advierte que Otero reunió allí relatos oídos a campesinos que «recuerda y elabora» para darles forma literaria. La Revista UPB, que en 1964 reimprimió seis piezas del libro, no trae ésta.

La acción transcurre en la Villa de Arma, fundada a mediados del siglo XVI en la actual Aguadas, en el norte de Caldas, una de las primeras poblaciones españolas de la región, cuya conquista narra la historia regional desde las expediciones de Robledo y Benalcázar. Otero escribe con la lengua de los documentos coloniales que estudió como historiador: el maese de campo, el licenciado vicario, la dueña, la ciudad de los Reyes, el alzamiento de Hernández Girón en el Perú (1553-1554).

No hay narrador de la tradición. El pacto lo cuenta dentro del cuento doña Mónica, y el narrador deja abierta la pregunta de si es verdad o conseja de una dueña medrosa, y la contesta con la escena del Viernes Santo. La respuesta del narrador es la escena misma, sin comentario: el lector sabe lo que vio la plaza.

Resonancias con otros mitos

El pacto con el diablo que da suerte en el juego y en los negocios tiene en Santander un caso famoso. Farouk Caballero Hernández, en su estudio de 2012 sobre ánimas y pactos diabólicos en la narrativa santandereana, recuerda el de don David Puyana, el comerciante de Bucaramanga de quien la gente decía que había negociado con el diablo, que nunca perdía en el juego y que iba cada año a recibir instrucciones; Pedro Gómez Valderrama lo recreó en La otra raya del tigre. Como el perulero de Arma, Puyana explica una fortuna y un poder que el pueblo no sabe explicar de otro modo.

En el mismo tomo de Otero, «Cuento de ánimas» castiga en Santander otra falta con otra procesión: las ánimas pelotean al borracho Laurián en el camino. En los dos cuentos la procesión religiosa nocturna es el momento en que lo sobrenatural cobra, pero allí la lección se aprende y aquí el deudor desaparece.

El jinete de la mula que echa fuego repite un motivo muy extendido en los espantos del occidente colombiano, la bestia de candela que lleva al condenado. En el libro de Vélez Correa sobre Caldas, el diablo que se presenta en figura de animal echando candela por la trompa aparece en Marmato, en Neira y en el puente de Maibá.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. El texto que se lee es el de 1936 reproducido por Villa Posse; la Revista UPB de 1964, que reimprimió otras seis leyendas del libro, dejó ésta fuera.

  2. El cuento combina dos relatos que la tradición cuenta por separado. El primero es el pacto: la invocación de noche, el diablo que llega en figura de hombrecillo negro, la firma con sangre y la fortuna en el juego, las armas y el amor. El segundo es el cobro: el jinete que viene a buscar al deudor en una noche santa y se lo lleva en una bestia de fuego. El título del cuento, «No hay deuda que no se pague», los une como causa y consecuencia.

  3. El libro de Villa Posse agrupa esta pieza con otras de Otero en que la historia colonial de Antioquia y Caldas sirve de escenario: Arma, Anserma, Chinchiná. Daniel Mauricio Preciado Camargo, en su estudio sobre Otero para la Universidad del Rosario, lee esas leyendas como una historiografía de la vida cotidiana, más interesada en las costumbres que en las hazañas.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Mestizo · Antioquia · Andina
Referencias
6
Última revisión
22 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Mitos y leyendas de Colombia, tomo II

    flacso.edu.ec

    Texto del cuento de Otero D'Costa (Leyendas, 1936) en la sección 17, pp. 53-56: el perulero Damián Vásquez Montiel en la Villa de Arma, el pacto contado por doña Mónica y el jinete de la mula de fuego del viernes santo.

  2. Ánimas y pactos diabólicos: un regaño platónico a los borrachos e idólatras de Santander desde la mitología en prosa

    revistas.ucc.edu.co

    Recuerda el pacto diabólico de don David Puyana en Bucaramanga, que nunca perdía en el juego, recreado por Gómez Valderrama, el paralelo de Similitudes, y analiza «Cuento de ánimas» del mismo libro de Otero.

  3. Hacia una nueva comprensión de la historiografía colombiana: breve historia intelectual de Enrique Otero D'Costa (1883-1964)

    repository.urosario.edu.co

    Estudio de la obra de Otero D'Costa que lee sus leyendas como historiografía de la vida cotidiana colonial.

Contraste y contexto · 3 referencias

  1. La colección de Enrique Otero D'Costa

    banrepcultural.org

    Presenta al autor como historiador y coleccionista de documentos coloniales, de donde vienen el maese de campo, el licenciado vicario y la dueña del cuento.

  2. La conquista o encuentro de dos culturas

    caldas.gov.co

    Síntesis de la conquista del antiguo Caldas, con la fundación de las primeras poblaciones, entre ellas Arma, escenario del cuento.

  3. Mitos, espantos y leyendas de Caldas

    ellibrototal.com

    Recoge al diablo en figura de animal que echa candela por la trompa en Marmato, Neira y el puente de Maibá, el motivo de la bestia de fuego de Similitudes.

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Versiones de este mito

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EJ

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No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «No hay deuda que no se pague» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «No hay deuda que no se pague» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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