El bejuco entre la Luna, el cielo y la Tierra

Andina · Barí

El bejuco entre la Luna, el cielo y la Tierra

Dos versiones Barí recuerdan un bejuco que comunicaba Ishtana con la Luna o el cielo hasta que la conexión fue cortada.

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El bejuco entre la Luna, el cielo y la Tierra: la entrada del relato

El relato

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La Luna es una mujer, Chibáig, de las primeras que salieron de las piñas. Andaba desnuda y caminaba de noche, y era tremendamente fría. Dos hombres la seguían a todas partes sin poder juntarse nunca con ella.

Ella tenía muchos deseos de juntarse con los barí, que estaban abajo en la tierra. Entonces hizo crecer desde el cielo unos bejucos que llegaban hasta donde ellos vivían. Un día los hombres vieron colgando los bejucos y pensaron en subir. Cuando lo decidieron, avisaron a sus mujeres: que cuando notaran que los bejucos se movían bastante, era que ya venían de regreso, y que mientras tanto no se preocuparan.

Subieron. Arriba encontraron a la Luna desnuda y deseosa, y quisieron cohabitar con ella, pero no pudieron: estaba muy fría. Desanimados, se fueron a visitar a los zamuros blancos, los bachirugdú, que vivían en casitas muy bonitas, y vieron también las de los zamuros negros, los bagchíba. El papá de los zamuros blancos les ofreció a sus hijas, que eran muy bonitas, para que se acostaran con ellas. En cada chinchorro se metían tres con cada barí, una a cada lado y otra encima. Se quedaron varios días. Con las muchachas de los zamuros negros apenas se juntaron, porque estaban hediondas.

El zamuro blanco les pidió que salieran de cacería y trajeran comida para todos. Los barí tenían arcos grandes y los zamuros los tenían chiquitos, así que cazaron mucho más: trajeron toda clase de animales, sobre todo pavas. Regalaron buena parte de la cacería a los zamuros blancos y volvieron a juntarse con sus hijas. El zamuro les regaló además caña brava y semillas de toda clase, que antes los barí no tenían.

La Luna, mientras tanto, se ponía cada vez más celosa, porque con ella no habían podido y con las hijas del zamuro blanco sí.

Cuando pasaron varios días, los barí empezaron a menear los bejucos para avisar a sus mujeres que ya volvían. Echaron hacia abajo todo lo que el zamuro blanco les había regalado y los restos de carne ahumada. Los pedazos pequeños, al pasar por la región del viento fuerte, se los llevó el viento y se perdieron en el monte; los más grandes cayeron cerca, donde aguardaban las mujeres. Después bajaron ellos.

Volvieron a subir muchas veces y repitieron lo mismo: intentaban juntarse con ella, no podían por el frío, y se iban con las hijas del zamuro blanco. La Luna estaba muy enfadada porque la rechazaban.

Un día se enfadó del todo y por envidia cortó los bejucos. Desde entonces los barí ya no suben a la Luna. Si aquello no hubiera pasado, todavía podrían subir por los bejucos que ella hacía crecer desde allá arriba, donde vive.

De los que quedaron arriba, a dos Sabaséba los cambió: a uno lo volvió ardita, kariká, y al otro, un pajarito.

El bejuco entre la Luna, el cielo y la Tierra: lo que quedó del relato

La enseñanza

“El paso entre dos mundos se cierra cuando quien lo sostiene queda desairada.”

Territorio

Andina · Barí

Andina · Barí

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Andina
Comunidad
Barí
Referencia
9.05888° · -73.18218°

Ficha del relato

Contexto histórico

La versión que aquí se cuenta la grabó Dionisio Castillo Caballero en cinta magnetofónica a sus informantes de Saimadoyi y Bokshí y la publicó en 1980, advirtiendo que cada narrador adorna la subida a su manera y que lo que no cambia es el bejuco, el frío de la Luna y el corte. En una nota remite a otra relación tomada de boca de Adolfo Akairagdóu, que daba nombres concretos de los que subieron, Yogbaságda y Nakendóu, y un lugar preciso cerca del río Dág'da; esa relación la publicó Adolfo de Villamañán en la revista Venezuela Misionera en 1969.

Que la Luna es una mujer fría llamada Chibáig lo repiten Castillo, Orlando Jaramillo Gómez en 1993, José Ricardo Hernández Gómez en 2015 y, del lado venezolano, Zaidy Fernández Soto y Asmery González en 2012, que añaden un uso vivo: un barí sin pareja dice que pasó la noche con mucho frío. Los zamuros de cabeza blanca y los zamuros negros que aparecen en la subida son los mismos que Hernández sitúa en Barún Aschuá, el cielo donde viven también la Luna, el trueno, el rayo y el arco iris.

El Mandato de Justicia de Ñatubaiyibarí, publicado por las autoridades barí en 2021, cuenta el episodio en pocas líneas y con un acento distinto: la Luna fue el primer ser celestial, el bejuco comunicaba Ishtana con ella, los hombres subían a tener relaciones y, agotados por sus exigencias, decidieron no volver a satisfacerla; entonces ella cortó el bejuco y dejó atrapados para siempre a unos barí.

Miguel Rocha Vivas reunió en 2010 otras dos versiones impresas, una de Hortensia Galvis y otra atribuida a Antonio de Alcácer, que el corpus barí grabado no confirma.

Resonancias con otros mitos

Rocha Vivas señala que las relaciones sexuales entre cazadores o chamanes y dueñas o dueños de los animales también se narran entre los kogui de la Sierra Nevada y entre los desana del Vaupés, y que la patrona de la Luna de la versión de Galvis cabe en esa serie. Es un paralelo de motivo, no una identidad de personaje: en el corpus barí grabado la Luna no administra la cacería, y los animales los dan los zamuros.

Castillo, al comentar el mismo relato, remite a dos registros concretos de la misma región para el bejuco como camino al cielo: las leyendas maquiritares que Marc de Civrieux publicó en 1960 en la Memoria de la Sociedad de Ciencias Naturales La Salle, y el material katío que María de Betania reunió en 1964. En los tres casos el medio es vegetal —bejucos, escaleras, ramas— y en los tres la comunicación se interrumpe por un hecho puntual.

Dentro del propio corpus barí, este relato es el reverso de «Caminar liviano». Allí un joven cruza a otros planos de la mano de un chigbarí, obedece las prohibiciones y vuelve; aquí suben muchos, incumplen y el camino desaparece para todos. Y frente al gran árbol, donde el corte de un cuerpo vegetal abre los ríos y funda el territorio, el corte del bejuco no abre nada: cierra.

Castillo añade un detalle que la comparación suele perder: lo que los barí trajeron de arriba fueron la caña brava y las semillas. La pérdida del camino es también la pérdida de un intercambio.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. La versión de Galvis, que Rocha antologa bajo el título «La Luna y la Tierra eran dos hermanas que vivían cogidas de la mano», invierte la iniciativa. Allí la Luna y la Tierra están enlazadas por un bejuco desde antes; no hay Sol y los cazadores solo alcanzan a ver tucanes al resplandor de la luna llena; arriba encuentran a una mujer solitaria, patrona de la Luna, que les permite cazar a condición de que cada uno le haga el amor antes; el contacto los deja fríos y enfermos; y una generación de jóvenes traspasa los linderos, encuentra dos familias, la del cóndor y la del buitre, se queda con las hijas del cóndor y deja de cumplir. Ella descubre el engaño y corta el bejuco. Los jóvenes quedan arriba para siempre. Las dos familias de aves de esa versión ocupan el lugar que en el corpus grabado ocupan los zamuros blancos y negros.

  2. El texto «Los barí vivían antes, arriba, allá en el cielo», que Rocha imprime como tomado de Antonio de Alcácer, cuenta otra cosa: los barí vivían en una selva amena del cielo, vieron abajo ríos y bosques, fabricaron un bejuco enorme, bajaron uno tras otro y un gallinazo cortó la cuerda. Castillo rechaza esa versión punto por punto: dice que no encontró ninguna narración en que los zamuros cortaran los bejucos, que Alcácer entremezcla mitos de ascensión con mitos de ultratumba y que hacer vivir a los barí en el cielo antes que en la tierra no tiene coherencia interna. Al mismo tiempo critica a Oswaldo D'Empaire, que en 1966 hizo descender a los barí del sol por una liana.

  3. El Mandato comunitario no menciona ni cóndor ni zamuros ni gallinazo: el motivo del corte es el cansancio de los hombres.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Barí · Santander · Andina
Referencias
9
Última revisión
22 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Los barí. Su mundo social y religioso

    bidicap.org

    Transcribe la narración grabada de la subida: la Luna, deseosa, hace crecer los bejucos; los barí suben, no pueden cohabitar con ella por el frío, se quedan con las hijas del zamuro blanco, bajan con caña brava y semillas, y ella corta los bejucos por celos.

  2. El Sol babea jugo de piña: Antología de las literaturas indígenas del Atlántico, el Pacífico y la Serranía del Perijá

    babel.banrepcultural.org

    Imprime las dos versiones impresas que compiten con la grabada: la de Galvis, con la Luna y la Tierra como hermanas enlazadas, la patrona de la Luna y las hijas del cóndor, y la atribuida a De Alcácer, donde los barí bajan del cielo y un gallinazo corta la cuerda.

  3. Ruta metodológica para la construcción del Ibakaina – Mandato de Justicia del Pueblo Barí

    minjusticia.gov.co

    Confirma públicamente que hubo un tiempo de acceso a la Luna, que ella fue el primer ser celestial, que el bejuco comunicaba Ishtana con ella y que lo cortó cuando los hombres, agotados por sus exigencias, dejaron de satisfacerla.

Contraste y contexto · 6 referencias

  1. La familia Barí

    gredos.usal.es

    Sitúa a los zamuros de cabeza blanca y a los zamuros negros, Bachirukdú Atáida y Bagchíba Atáida, en el mismo cielo donde vive Chibáig, con el trueno, el rayo y el arco iris, lo que ubica geográficamente el encuentro que narra la subida.

  2. Los Barí, en Geografía humana de Colombia. Nordeste indígena, tomo II

    babel.banrepcultural.org

    Describe el cielo del viento fuerte, kokda sada, donde el viento arrastra lo que baja, y el barún aschua poblado por los zamuros y la luna, que son los planos por los que pasa la subida.

  3. Los barí: historia, sociedad y cultura

    albaciudad.org

    Explica por qué la Luna no puede ser alcanzada: Chibaig era una mujer tan fría que no podía cohabitar con ningún hombre, y registra el uso vivo según el cual un barí sin pareja dice que pasó la noche con mucho frío.

  4. Documento preliminar de memoria histórica del Pueblo Barí

    centrodememoriahistorica.gov.co

    Enumera los siete cielos con sus nombres barí, entre ellos el kokdasaba del viento fuerte y el barún aschuá de los zamuros y la luna, que es el mapa por el que transcurre la subida.

  5. Literatura barí, una lengua de origen chibcha

    archivo.revistas.ucr.ac.cr

    Narra la Luna como Chibáig, saimadoyi salida de la piña, desnuda, fría y con dos maridos que no se le acercan; Sabasëba la manda al firmamento a alumbrar de noche, los dos hombres la siguen subiendo por unos bejucos, ella los rechaza y los arroja desde arriba, y al caer se transforman: el primero en karika, la ardilla, el segundo en taibribri, pájaro nocturno. Añade que Chibáig es dueña de los animales y de la caza nocturna, y sitúa la Luna con los zamuros, el trueno, el relámpago y el arco iris en el Barun ascua.

  6. Cultura – Cosmovisión («Chibara – El Canto»)

    asocbari.org

    Al describir el canto barí, dice que se le canta «a la luna que era visitada a través de una cuerda por los Barí» y que ilumina los senderos de cada hombre o mujer: es la única mención de la organización colombiana al camino hacia la Luna, y lo sitúa en la práctica viva del canto. En la misma página nombra a la Luna Chigbayra entre lo primero que Sabaseba creó.

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«El bejuco entre la Luna, el cielo y la Tierra» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «El bejuco entre la Luna, el cielo y la Tierra» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «El bejuco entre la Luna, el cielo y la Tierra» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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