
En tiempos antiguos, los U’wa recorrían largas rutas hacia Wikana y Siskaa para intercambiar productos y obtener elementos sagrados. Antes de salir preparaban tabaco, yopo, ayo, cal y flechas. Llevaban otoba, cera de abejas, tejidos y alimento purificado para el camino. El viaje podía durar meses y atravesaba cerros, ríos, pantanos y lagunas donde habitaban animales y seres peligrosos.
En las montañas altas vivía la familia Monoa. Eran hijos de la montaña y protegían a quienes transitaban. Un Monoa invitó a un hombre U’wa a cazar en el bosque. Durante el recorrido aparecieron Urkoa, Kakasoa, Shinkuata y Konara, seres visibles e invisibles que querían atacar al viajero. Monoa los enfrentó con lanza y soga y los llevó como alimento para su propia familia.
El hombre comprendió entonces que muchos peligros alcanzaban también su territorio. Pidió a Monoa que dejara un hijo para cuidar su casa. El protector aceptó. Entregó al niño herramientas de caza y lo dejó con la familia U’wa.
El pequeño Monoa aprendió a perseguir a los seres que amenazaban a la gente. Un día encontró junto a una quebrada a un Urkoa enorme. Lo sujetó por el cuello, pero el animal golpeó su cabeza con las patas traseras. El niño quedó gravemente herido. Su sangre se mezcló con el agua y, aunque consiguió volver a la casa, murió pocos días después y pasó a otra dimensión.
La quebrada recibió el nombre de Monoa Lia, memoria del lugar donde se dispersó su sangre. El camino dejó de recorrerse. La muerte del niño no volvió inútil su misión: gracias a su presencia y su paso a otra dimensión, los seres peligrosos no pudieron acabar con las familias.
Los ancestros transmiten esta historia como ley natural. Proteger implica relación entre montaña, agua, familias y seres que no siempre son visibles. El niño Monoa permanece en el nombre del curso de agua y en el conocimiento de los caminos que pueden o no transitarse.

Contexto histórico
“Monoa” fue recopilado por la sede Anteta y forma parte del libro bilingüe Historias ancestrales U’wa. La publicación sitúa la historia en antiguas rutas de intercambio y nombra elementos que no deben separarse de ese contexto: productos, sustancias sagradas, alimentos purificados, montañas, lagunas encantadas y seres peligrosos.
La edición conserva los nombres Urkoa, Kakasoa, Shinkuata, Konara y Monoa Lia sin traducirlos como monstruos universales. El glosario del libro identifica a Kakasoa como un ser invisible de las altas montañas peligroso para los U’wa, pero no ofrece definiciones completas de todos. Inventar apariencia o genealogía produciría una falsa enciclopedia.
Ann Osborn documenta que el territorio de los mitos cantados contiene cadenas montañosas, lagos, ríos y rutas nombradas, y que el intercambio entre clanes tuvo funciones sociales y cosmológicas. Ese marco permite entender el viaje sin convertirlo en comercio mercantil moderno.
La narración incluye la muerte de un niño. Se cuenta con sobriedad, sin imagen de la herida ni dramatización corporal. La función editorial es preservar el vínculo entre protección, quebrada y memoria, no explotar el sufrimiento. La coordenada es representativa y no expone la localización exacta de un sitio espiritual.
Otras versiones del relato
- 01
La versión pública explica que el niño Monoa muere después del ataque de Urkoa y pasa a otra dimensión. Su sangre nombra la quebrada y el peligro asociado al camino disminuye. No se presenta resurrección, castigo contra Urkoa ni reemplazo por otro protector.
- 02
El relato distingue al padre Monoa, que guía al viajero, y al hijo que queda con la familia. El título editorial aclara “hijo de la montaña” para evitar tratarlos como una sola figura, pero no les asigna nombres individuales que la fuente no proporciona.
- 03
Otros relatos del libro muestran protectores animales o seres poderosos: el oso cuida Bakokuira y Kubashoa combate amenazas familiares. Comparten una responsabilidad protectora, aunque las causas del daño y el paso a otra dimensión son distintos. No se unifican.
- 04
Las referencias académicas describen viajes estacionales e intercambios entre pisos térmicos y clanes. No son variantes narrativas de Monoa. Sirven para validar que la ruta, la cera, los tejidos y los elementos rituales pertenecen a una práctica territorial más amplia, no a un decorado de aventura.
Resonancias con otros mitos
La figura de un guardián nacido de la montaña puede recordar dueños de cerros en otros pueblos andinos. En Monoa, la relación se concreta mediante rutas U’wa, una familia protectora y una quebrada nombrada; no corresponde identificarlo con mohán, duende o espíritu de páramo.
La sangre que da nombre a un curso de agua aparece en etiologías de muchos lugares. Aquí no crea toda el agua —esa función pertenece a Lisha en otro relato— sino que marca Monoa Lia y conserva el recuerdo de la muerte del niño.
El viaje de intercambio tiene afinidad con narraciones donde héroes atraviesan pruebas y obtienen bienes. Los U’wa ya llevan objetos para trueque y protección; Monoa no busca un tesoro, sino que permite sobrevivir a seres de los caminos. La economía del relato es relacional y ritual.
Dentro del corpus, Uktara también viaja a otra dimensión y regresa con semillas. Monoa, en cambio, muere y permanece vinculado al territorio. Compararlos muestra diferentes formas de conocimiento entre mundos sin convertir ambas historias en una sola aventura iniciática.
La enseñanza
“El cuidado del territorio deja memoria incluso cuando quien protege no puede regresar de su misión.”
Procedencia
Recopilado de la tradición oral de U’wa, Andina · Andina > Boyacá > U'wa.
Cómo documentamos cada relatoFuentes y revisión editorial
Esta ficha cuenta con referencias de contraste publicadas. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.
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