Monoa, el hijo de la montaña

Andina · U’wa

Monoa, el hijo de la montaña

Un hijo de la montaña protege a una familia U’wa, enfrenta a Urkoa y deja su memoria en la quebrada Monoa Lia.

Leer el relato
Monoa, el hijo de la montaña: la entrada del relato

El relato

Escuchar el relato · 3 min

En una época los ancestros U’wa viajaban a lugares lejanos, como Wikana y Siskaa, para obtener por medio del trueque elementos sagrados y otros productos.

Cuando salían de viaje, las familias de Siba alistaban también sus elementos sagrados de protección y defensa: el tabaco, el yopo, el ayo, la cal y la flecha. Llevaban los productos para el trueque, como la otoba, la cera de abejas y algunos tejidos. Además cargaban alimentos para el camino de ida y de vuelta, porque no debían consumir aquellos que no estuvieran purificados ni recibir los alimentos de los hermanos menores.

Durante meses tenían que cruzar cerros, montañas, quebradas, ríos, pantanos y lagunas encantadas. Y en el camino enfrentaban animales salvajes y espíritus que los atacaban o que se los comían. Eran pocos los que regresaban a su territorio y a sus familias.

En las altas montañas y el páramo vivía la familia de Monoa. Ellos eran hijos de la montaña y protegían a los U’wa de los animales y los espíritus malignos.

Un día un Monoa invitó a un hombre U’wa a la montaña a cazar. Internados en el bosque encontraron seres visibles e invisibles: Urkoa, Kakasoa, Shinkuata y Konara. Todos querían comerse al U’wa, pero el Monoa los cazaba con su lanza, los amarraba con su soga y se los llevaba como alimento para su familia.

En el territorio del hombre U’wa había muchos seres de la naturaleza que atacaban a su familia. Por eso, al ver que el Monoa cazaba a esos seres, le pidió que le dejara un hijo para que protegiera a los suyos. Entonces el Monoa dejó en territorio U’wa un hijo pequeño, con herramientas de caza.

El niño Monoa se dedicó a cazar y a comerse a esos seres que atacaban a la familia U’wa. Un día encontró un Urkoa muy grande a la orilla de una quebrada y lo amarró con su soga por el pescuezo. El Urkoa le pegó con las patas traseras en la cabeza y, como el chico aún era pequeño, quedó muy malherido.

La sangre del niño Monoa se esparció por el agua de la quebrada y el Urkoa escapó. El pequeño logró llegar a la casa del U’wa, pero a los pocos días empeoró y murió, pasando a otra dimensión.

Desde entonces nadie volvió a recorrer ese camino, y la quebrada donde se esparció la sangre del niño recibió el nombre de Monoa Lia.

De no haber pasado el niño Monoa a otra dimensión, todavía llegarían animales y espíritus a acabar con las familias en territorio U’wa. Así es como los ancestros han transmitido la ley natural: la que explica el paso de la vida del niño Monoa a otra dimensión y la que le permite al territorio U’wa estar en equilibrio con la naturaleza.

Monoa, el hijo de la montaña: lo que quedó del relato

La enseñanza

“El cuidado de un camino deja memoria en el nombre del lugar donde ese cuidado terminó.”

Territorio

Andina · U’wa

Andina · U’wa

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Andina
Comunidad
U’wa
Referencia
6.81137° · -72.15992°

Ficha del relato

Contexto histórico

La narración la aportó la Sede Anteta de la Institución Etnoeducativa U’wa Izketa Segovia, en el Resguardo Unido U’wa, Norte de Santander, y se publicó en 2020 en Historias ancestrales U’wa — Kajkin Luin Karita, número 32 de la serie Territorios Narrados del Ministerio de Educación Nacional y el Cerlalc, con revisión del lingüista Camilo Andrés Delgado Rodríguez y del wejen Situa Kamara.

Los dos destinos del viaje están identificados en el glosario del propio libro, y eso convierte el relato en un documento de geografía histórica. Wikana es el lugar donde ancestralmente se iba a realizar el trueque de elementos sagrados y de la sal en bloque, y hoy se conoce como Güicán, municipio de Boyacá. Siskaa es el lugar donde ancestralmente se iba a hacer el trueque de elementos sagrados, y en el mundo de los Riowa se conoce como Chiscas, también en Boyacá. Los hermanos menores son, según el mismo glosario, los Riowa o gente blanca, llamados así porque nacieron después que los U’wa.

Ese circuito está documentado en los archivos coloniales. Carl Henrik Langebaek estudió tres formas de acceso a recursos en el territorio de la Confederación del Cocuy en el siglo XVI y describió una red que incluía a Chita, Panqueba, El Pueblo de la Sal, Sacamá, Ura y Ogamora, con la sal como uno de los bienes centrales: los indígenas de Chita daban mantas, carne y panes de sal, los de Panqueba mantas, venados y pájaros, y El Pueblo de la Sal contribuía con sal. Langebaek registra además que en 1772 todavía se acusaba a los tunebos de Güicán de persistir en sus prácticas.

Ann Osborn añade un detalle que da al camino un rango cosmológico. Los kubaruwa representan a Racha, el Sol, como un hombre U’wa que camina desde la montaña nevada de Güicán hasta la llanura y regresa de nuevo. La ruta que recorrían los cargueros del trueque es la misma que recorre el Sol en el año.

Los seres del bosque también tienen ficha. Kakasoa es un ser invisible de las altas montañas, peligroso para los U’wa; Konara es un espíritu que permanece debajo de la tierra, con apariencia de niño y cabello amarillo; Shinkuata vive en las partes altas del territorio; y Urkoa es un animal de la parte alta de las montañas, especialmente en los páramos.

Resonancias con otros mitos

Tres paralelos documentados sostienen este relato, y el primero no es mitológico sino archivístico.

Carl Henrik Langebaek reconstruyó, con visitas y pleitos coloniales del siglo XVI, la red de acceso a recursos del territorio de la Confederación del Cocuy: comunidades de clima templado que producían coca, algodón y maíz, un Pueblo de la Sal que aportaba sal a los caciques, y desplazamientos estacionales para pescar que los tunebos de entonces y los actuales comparten. El viaje de meses hacia Wikana y Siskaa que describe la Sede Anteta no es un escenario legendario: es el mismo circuito, con los nombres u’wa de Güicán y Chiscas.

El segundo paralelo está en Osborn. Los kubaruwa representan a Racha, el Sol, como un hombre U’wa que camina desde la nieve de Güicán hasta la llanura y vuelve, cruzando el amarillo en el equinoccio de marzo y el azul en el de septiembre. El recorrido del carguero y el del Sol son la misma línea.

El tercero es la regla del alimento, que este corpus repite en tres lugares distintos. Los viajeros no pueden consumir comida sin purificar ni aceptar la de los hermanos menores; Uktara no puede probar nada de lo que le ofrecen las almas si quiere regresar; y la reseña que William Torres hizo de la autobiografía de Berichá cuenta que ella nació sin piernas porque su madre transgredió la norma de comer pescado del río Cobaría sin purificarlo antes. Comer algo ajeno es, en los tres casos, quedarse del lado de donde vino la comida.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. La narración de Anteta no explica quiénes son los Monoa más allá de que son hijos de la montaña y protegen a los U’wa, y ese nombre no aparece en ninguna de las otras fuentes consultadas: ni en la lista alfabética de deidades que Ann Osborn levantó entre los kubaruwa, ni en el canto a la creación que Sergio Daza recogió en 1962 entre los tunebos Cobaría, ni en la caracterización del Ministerio de Cultura.

  2. Lo que sí varía entre fuentes es el nombre de los vecinos. El glosario del libro de 2020 usa Riowa para la gente blanca, los hermanos menores. Osborn usa reowa para algo distinto: uno de los dos géneros de mito cantado, el ritual de soplada, frente al aya o mito de ordenamiento. La caracterización del Ministerio de Cultura recoge esa misma pareja, reowa y aya, como los dos tipos de mito cantado, citando a Osborn. Son dos palabras próximas en la transcripción y no deben confundirse.

  3. La relación con los hermanos menores tampoco se cuenta igual en todas partes. En Anteta la regla es negativa y práctica: no recibir sus alimentos, cargar comida purificada para la ida y la vuelta. En el canto Cobaría de 1962 la relación se explica por un reparto original: Sira les había dado a los tunebos la ciencia, la ropa y la plata, y a los blancos los había hecho de barro y desnudos; como los blancos sintieron envidia, Sira les quitó a los tunebos esas tres cosas y se las dio a ellos para que de envidia no acabaran con los tunebos.

  4. Sobre la quebrada, el relato es explícito en una cosa que suele pasarse por alto: el Urkoa escapó. El camino no se cerró porque el peligro se hubiera acabado, sino porque el que lo protegía ya no estaba.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · U’wa · Boyacá · Andina
Referencias
8
Última revisión
19 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Historias ancestrales U’wa — Kajkin Luin Karita

    colombiaaprende.edu.co

    Publica el relato íntegro como «Monoa», Sede Anteta, con las familias de Siba, la prohibición de recibir alimentos de los hermanos menores, la lista de los seres del bosque y la quebrada Monoa Lia; y su glosario identifica Wikana con Güicán y Siskaa con Chiscas, ambos en Boyacá, además de definir Urkoa, Kakasoa, Shinkuata, Konara y otoba.

  2. Tres formas de acceso a recursos en territorio de la Confederación del Cocuy, siglo XVI

    publicaciones.banrepcultural.org

    Documenta con visitas y pleitos coloniales del siglo XVI la red de acceso a recursos del territorio de la Confederación del Cocuy —Chita, Panqueba, El Pueblo de la Sal, Sacamá, Ura, Ogamora—, con la sal en bloque como bien central, y registra que en 1772 todavía se acusaba a los tunebos de Güicán de persistir en sus prácticas.

  3. Las cuatro estaciones: mitología y estructura social entre los U’wa

    babel.banrepcultural.org

    Aporta la dimensión cosmológica del mismo camino: los kubaruwa representan a Racha, el Sol, como un hombre U’wa que camina desde la montaña nevada de Güicán hasta la llanura y regresa, cruzando el amarillo en el equinoccio de marzo y el azul en el de septiembre.

Contraste y contexto · 5 referencias

  1. Documento madre: Leyes de Origen de los pueblos indígenas de Colombia

    smt-onic.com

    Aporta la explicación Cobaría de la relación con los hermanos menores: Sira había dado a los tunebos la ciencia, la ropa y la plata, y se las quitó para dárselas a los blancos y evitar que por envidia acabaran con ellos; también menciona la otoba entre los árboles que Sira hizo.

  2. Comer y ser comido: los animales en la tradición oral u’wa (tunebo)

    publicaciones.banrepcultural.org

    Aporta el contexto económico estacional: pasado el solsticio de diciembre pequeños grupos de hombres kubaruwa suben a las tierras altas a cambiar cera de abejas por sal mineral, que es exactamente el tipo de viaje que el relato describe.

  3. Caracterizaciones de los pueblos indígenas de Colombia: Pueblo U’wa

    mng.mincultura.gov.co

    Clasifica salados, lagunas, quebradas y caminos entre los lugares prohibidos y encantados, en los que no se puede entrar sin el debido permiso de los seres espirituales mediante rituales de limpieza y purificación, que es la condición bajo la que se emprendía este viaje.

  4. Reseña de «Tengo los pies en la cabeza», de Berichá (Esperanza Aguablanca)

    publicaciones.banrepcultural.org

    Aporta el caso documentado de una transgresión alimentaria con consecuencias irreversibles —el pescado del río Cobaría comido sin purificar—, que es la misma regla que obliga a los viajeros a cargar su propia comida.

  5. Pueblo U’wa

    colecciones.icanh.gov.co

    Sitúa el territorio u’wa entre Boyacá, Santander, Norte de Santander, Casanare y Arauca, que es la extensión que el viaje de Anteta atraviesa.

Voces de la comunidad

Conversación

¿Así te la contaron?

0 publicadas0 en revisión

«Monoa, el hijo de la montaña» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Monoa, el hijo de la montaña» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Monoa, el hijo de la montaña» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

TÚ

Deja tu versión

Desde 10 caracteres. Sin enlaces: los descartamos.

No se publica. Sólo lo usamos si necesitamos preguntarte algo.

Cada versión la lee una persona antes de publicarse. Verás la tuya aquí mismo mientras esperas.