El oso y el hombre

Andina · U’wa

El oso y el hombre

Un oso protege Bakokuira, pero una huella mal interpretada lleva a un hombre a herir a su aliado.

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El relato

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En las montañas de la comunidad U’wa de Bakokuira vivía un oso grande. Era un oso amigo: desde las montañas más altas protegía el territorio de esa comunidad y no le hacía daño a nadie.

Lo que la gente hacía a diario le daba curiosidad. Por eso se acercaba poco a poco a una casa y, desde el rastrojo, miraba. Veía llegar al papá con carne y con pescado. Veía entrar a la mamá con una chinchorrada de plátano, la mochila llena hasta el borde. También los veía jugar: el papá y la mamá se escondían, divertidos, mientras los niños trataban de encontrarlos. El oso se ponía alegre sobre todo cuando los padres traían banano y bagala para los hijos.

Después subía a lo alto de la montaña, se alimentaba de los frutos de los árboles y se dormía. Cuando llegaba la madrugada bajaba otra vez, muy despacio y en silencio, hasta los alrededores de la casa, y desde allí los observaba de nuevo.

Una tarde el papá encontró el rastro cerca de la vivienda y lo leyó como una amenaza. Se dijo a sí mismo que ese no era su amigo el oso, sino otro oso que les haría daño a sus hijos. Entonces empezó a cargar palos para hacer una trampa. El oso no alcanzó a ver nada de eso, porque ya había subido a la parte alta de la montaña.

A la mañana siguiente descendió muy temprano, como siempre, y cayó en la trampa. Lloraba desesperado y adolorido, lleno de tristeza. No entendía por qué el hombre al que él cuidaba y protegía había hecho esa trampa para cazarlo.

Cuando el papá llegó y vio a su amigo atrapado, se sintió muy triste. Les pidió a los seres de la naturaleza que armonizaran su error. Él no había querido cazar al oso; había leído mal las señales y había actuado desde el miedo. Pero ya era demasiado tarde: el animal estaba malherido y pronto moriría.

Las lágrimas del papá y las del oso bañaron el bosque de Bakokuira.

Desde entonces, un rastro cerca de la casa no anuncia solamente un peligro. También puede ser la huella de alguien que estaba cuidando desde una distancia que las personas no alcanzan a ver, y que ya no volverá a bajar por ese camino.

El oso y el hombre: lo que quedó del relato

La enseñanza

“El miedo lee las señales del territorio más rápido de lo que la memoria alcanza a corregirlas.”

Territorio

Andina · U’wa

Andina · U’wa

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Andina
Comunidad
U’wa
Referencia
6.81137° · -72.15992°

Ficha del relato

Contexto histórico

La narración la aportó la Sede Bako Kuira de la Institución Etnoeducativa U’wa Izketa Segovia, en el Resguardo Unido U’wa, y su título en u’wajka es Manoji Ujia. Llegó al libro por una ruta que el propio libro detalla: desde 2017 el equipo de Material Pedagógico Propio de la institución, liderado por la licenciada Mireya Suárez Santafé y el maestro de lengua materna Senén Airima Ríos Santos, recopila y ajusta los relatos con las orientaciones del wejen Kuanima Runía. Las narraciones se socializan cada año entre el 7 y el 12 de octubre en el encuentro Unkarkuba, donde intercambian saberes siete comunidades U’wa de Norte de Santander; en 2019 se compilaron seis en el documento U’kajkut shit saunga; y para la edición de 2020 se escogieron nueve, revisadas y adaptadas al castellano y al u’wajka por el lingüista Camilo Andrés Delgado Rodríguez y el wejen Situa Kamara. El libro se cerró tras un recorrido por el territorio hecho entre julio y octubre de 2020 con las autoridades tradicionales, los wejen y los niños del cabildo Unido U’wa de Toledo.

El error del padre tiene una explicación que la etnografía documenta. Ann Osborn registró entre los kubaruwa una clasificación de parentesco extendida a los animales: los U’wa y los animales que no son rikuma, es decir los que no están «más allá del límite», son raba, hermanos y primos paralelos. Los animales rikuma, entre ellos los que comen gente como el jaguar y el oso, quedan del otro lado junto con la gente de otras tribus y los clanes con los que no hay intercambio matrimonial, y se clasifican como shara, primos cruzados. El oso no es ni pariente de casa ni enemigo: es el pariente ambiguo con el que hay que tratar.

Osborn recogió además un hecho ocurrido poco antes y que le fue narrado. Un oso atacó y mató a una criatura que habían dejado un momento al borde de un cultivo. Los kubaruwa no culparon al animal: tenía hambre y vio a la niña como maíz, de modo que se trataba de una identidad equivocada y la culpa era de las deidades que le habían dado el alucinógeno. Lo mataron para que no cometiera otra vez el mismo error y le dieron un entierro como gente, porque en el mundo de abajo él se volvería un ser humano.

Resonancias con otros mitos

El motivo del protector confundido con una amenaza tiene dos paralelos documentados dentro de la propia tradición u’wa, y los dos giran sobre lo mismo: la vista falla y el parentesco se equivoca.

El primero es el caso del oso que Osborn recogió en Cobaría. Allí el animal ve una criatura humana y ve maíz. La explicación kubaruwa es que el chamán, cuando viaja, se ve a sí mismo como jaguar, oso o pájaro según baje al mundo de abajo o suba al de arriba, y que esos animales a su vez se ven a sí mismos como gente en sus respectivos mundos. En Bakokuira el error corre en la otra dirección: el hombre ve unas huellas y ve un peligro.

El segundo está en el mito cantado del aya. Osborn señala que los términos de parentesco funcionan como metáforas de clasificación en toda la tradición oral u’wa, y que de ahí derivan rúwa raba, hermanos de carne, que designa a los mamíferos que comen el mismo alimento que la gente, y shara, los carnívoros que comen gente. Las huellas del rastrojo obligan al padre a decidir en cuál de esas dos categorías cae el animal, y decide mal.

Roberto Lleras describió para los Andes Orientales el funcionamiento general de las estructuras de pensamiento dual, donde los pares de opuestos son la regla. Lo que la comparación deja ver aquí es que la oposición no se resuelve eliminando un término: el oso muere, el hombre queda con el error encima y el bosque queda marcado por las dos lloradas.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. El relato de la Sede Bako Kuira no deja dudas sobre el final: el oso queda malherido y va a morir, y las dos lloradas bañan el bosque. Ahí termina. No hay reparación ni castigo.

  2. Osborn documenta el mismo problema resuelto al revés. En el caso que le contaron, quien mata es el animal y quien decide es la comunidad, y la decisión incluye ejecutar al oso y darle honras funerarias humanas. En Bakokuira quien mata es el hombre, y lo único que hay es la petición de que los seres de la naturaleza armonicen el error.

  3. Las dos coinciden en un punto que separa este relato de una historia de caza: en ninguna se dice que el animal obró mal. La responsabilidad se busca en la lectura equivocada, no en la intención.

  4. La clasificación del oso tampoco es idéntica. Para los kubaruwa que trabajó Osborn el oso está entre los animales rikuma, comedores de gente, que no se cazan porque hacerlo equivaldría a matar gente. En la narración de Bakokuira el oso es explícitamente «un oso amigo» que protege el territorio, y la trampa es justamente el acto que no debía ocurrir. La distancia entre las dos lecturas corresponde a comunidades distintas: Osborn trabajó alrededor de Cobaría, en Boyacá, y esta narración viene de Norte de Santander.

  5. El libro de 2020 añade un marco que Osborn no formula así: cada especie animal tiene un ser supremo en otra dimensión que la controla y la protege, y para ese ser supremo los animales son sus cultivos y su alimento diario.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · U’wa · Boyacá · Andina
Referencias
8
Última revisión
19 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Historias ancestrales U’wa — Kajkin Luin Karita

    colombiaaprende.edu.co

    Publica el relato íntegro con su atribución exacta: «El oso y el hombre / Manoji Ujia», Sede Bako Kuira, y aporta los detalles que dan textura a la escena —la chinchorrada de plátano, la bagala, el juego de escondidas de los padres— y el desenlace, en el que el oso queda malherido y va a morir.

  2. Comer y ser comido: los animales en la tradición oral u’wa (tunebo)

    publicaciones.banrepcultural.org

    Aporta el caso real que le fue narrado en Cobaría: un oso mató a una criatura dejada al borde de un cultivo, no se le culpó porque tenía hambre y vio a la niña como maíz, se le mató para que no repitiera el error y se le dio entierro como gente, porque en el mundo de abajo iba a volverse humano. También aporta la doctrina de que el chamán se ve como jaguar, oso o pájaro según hacia dónde viaje.

  3. Las cuatro estaciones: mitología y estructura social entre los U’wa

    babel.banrepcultural.org

    Aporta la clasificación que explica el error del padre: los animales que no son rikuma son raba, hermanos y primos paralelos, mientras que los rikuma —entre ellos los que comen gente, como el jaguar y el oso— quedan «más allá del límite» y se clasifican como shara, primos cruzados, junto con la gente de otras tribus.

Contraste y contexto · 5 referencias

  1. Caracterizaciones de los pueblos indígenas de Colombia: Pueblo U’wa

    mng.mincultura.gov.co

    Aporta el marco institucional del territorio y de los clanes, y la formulación de que el pueblo no ve el territorio como fuente de riqueza sino como un ser vivo con espíritu propio, que es el supuesto bajo el que un animal puede ser protector.

  2. Las estructuras de pensamiento dual en el ámbito de las sociedades indígenas de los Andes Orientales

    publicaciones.banrepcultural.org

    Permite leer la oposición amigo-amenaza dentro del repertorio de estructuras duales documentado para los Andes Orientales, donde el par de opuestos suele resolverse por combinación y no por eliminación.

  3. Linajes y circuitos de matrimonio en tres grupos chibcha: u’wa, kogui y muisca

    publicaciones.banrepcultural.org

    Aporta la lógica de los circuitos de parentesco chibchas que sustenta la distinción entre raba y shara, es decir, entre los parientes con los que hay intercambio y los que quedan del otro lado del límite.

  4. Pueblo U’wa

    colecciones.icanh.gov.co

    Sitúa el territorio de las comunidades U’wa en el norte de la Cordillera Oriental, incluido Norte de Santander, que es de donde procede esta narración.

  5. Reseña de «Tengo los pies en la cabeza», de Berichá (Esperanza Aguablanca)

    publicaciones.banrepcultural.org

    Documenta que existe una autobiografía mitogónica escrita por una mujer U’wa, Berichá, hija de uejes y de mancena, y que en su cultura una transgresión alimentaria acarrea consecuencias corporales duraderas.

Voces de la comunidad

Conversación

¿Así te la contaron?

0 publicadas0 en revisión

«El oso y el hombre» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «El oso y el hombre» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «El oso y el hombre» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

TÚ

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