Lisha, la madre del agua

Andina · U’wa

Lisha, la madre del agua

Kusbasha entra en Lisha, madre del agua, y transforma su fuerza en los ríos que recorren el territorio U’wa.

Leer el relato
Lisha, la madre del agua: la entrada del relato

El relato

Escuchar el relato · 3 min

Los ancestros hablaron de Lisha, la madre del agua. Vivía donde hoy nace el río Keroa, en una laguna entre las peñas. Allí Lisha se transformaba en olas y se comía todo lo que pasara. Por eso los U’wa tenían miedo de caminar cerca de ese lugar: cuando ella se levantaba, después no se encontraba nada.

Un día llegó un hombre poderoso llamado Kusbasha, al que los U’wa le pidieron ayuda para calmarla. Kusbasha tomó chicha de maíz en la casa de una familia y escuchó todas sus quejas. Luego se fue con su hermano mayor a mirar el lugar donde se levantaba Lisha.

El hermano lo esperó de lejitos y le advirtió que no se acercara mucho, porque Lisha se lo podía comer. Cuatro veces fue Kusbasha hasta la punta del camino y cuatro veces regresó. La quinta vez, Lisha se lo comió.

Cuando ella abrió la boca, su interior se iluminó. Kusbasha pudo ver que la madre del agua tenía dentro de su cuerpo cuatro espinas en las que morían personas y animales. Pasó deslizándose y evitó las espinas. Cayó directo al estómago y vio que era como una casa en la que ella guardaba los huesos de los que se había comido.

En su mochila llevaba un cuchillo, yopo y ebará. Inhaló yopo cuatro veces y prendió candela para buscar el corazón de Lisha. Después de cuatro días adentro se dio cuenta de que ella tenía cuatro corazones, cuatro riñones y cuatro hígados, y uno a uno los fue cortando.

Cuando terminó, el agua de la laguna se fue secando, pero él alcanzó a enterrar una vena del cuerpo de Lisha. Esa vena la repartió por distintos lugares para que la sangre no se uniera, porque si llegaba a unirse el espíritu de la madre del agua reviviría y ella volvería a comerse a los U’wa y a todo lo que pasara por ahí.

Kusbasha vio que de la vena enterrada salía una gota de agua. Luego salió una totumada y después agua en gran cantidad. Así supo que el agua no se había acabado.

A los cuatro días, su hermano mayor fue a la laguna a rescatarlo. Lo encontró cansado, maltratado y débil. Al llegar a la casa, la familia se dio cuenta de que Lisha se había tomado la sangre de Kusbasha, porque estaba pálido y desnudo. Él pidió chicha y le dieron una totumada; también le dieron un guayuco viejo para que se tapara y una ruana para que se cobijara. Luego pidió una hamaca para descansar un rato y se quedó dormido.

Al despertar les contó que Lisha no volvería a comerse a nadie y que nunca faltaría el agua en el territorio U’wa. Ahora la sangre de Lisha es el agua que corre por los ríos del territorio ancestral.

Lisha, la madre del agua: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Una fuerza devoradora deja de serlo cuando se reparte en muchos cauces en vez de concentrarse.”

Territorio

Andina · U’wa

Andina · U’wa

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Andina
Comunidad
U’wa
Referencia
6.81137° · -72.15992°

Ficha del relato

Contexto histórico

La narración la aportó la Sede Tabut Ak Lia de la Institución Etnoeducativa U’wa Izketa Segovia, en el Resguardo Unido U’wa, Norte de Santander, y se publicó en 2020 en Historias ancestrales U’wa — Kajkin Luin Karita, número 32 de la serie Territorios Narrados del Ministerio de Educación Nacional y el Cerlalc. Los textos y la traducción al u’wajka son de Senén Airima Ríos Santos y Camilo Andrés Delgado Rodríguez, con la revisión del wejen Situa Kamara y las orientaciones previas del wejen Kuanima Runía.

Dos objetos de la mochila de Kusbasha los define el glosario del propio libro. El ebará es un bejuco sagrado que al secarse se usa para prender la candela, y el yopo es la planta sagrada de Tame y Casanare que fortalece el saber de los mayores y que no puede consumirse sin que antes la armonice la autoridad tradicional.

Que el agua tenga dueña no es exclusivo de esta narración. En la lista alfabética de deidades u’wa que Ann Osborn levantó entre los kubaruwa aparecen Thithiyara, Dueña-Señora del agua, y Rithbara, Dueña-Señora de los peces, ambas femeninas y ambas intermediarias en el mundo del medio; y aparece Riachiroa, que Osborn glosa como la época del solsticio de junio, la luna mojada y la madre del agua terrestre. El cargo existe en el sistema; lo que cambia es el nombre y el carácter.

El canto a la creación que Sergio Daza recogió en 1962 entre los tunebos del grupo Cobaría reparte el agua de otra manera. Allí Sira encarga las aguas a Iáchawa, que las hace y cría en ellas los peces para que los coman los tunebos y los blancos, y pone de cuidandero de los peces a Risbara, con el poder de crear más hasta que se acabe el mundo. Risbara y la Rithbara de Osborn son, con mucha probabilidad, el mismo cargo escrito por dos recopiladores distintos con cincuenta años de diferencia.

El número cuatro estructura el relato entero: cuatro espinas, cuatro inhalaciones, cuatro días adentro, cuatro corazones, cuatro riñones, cuatro hígados y cuatro días hasta el rescate. Osborn documentó que todos los mitos cantados u’wa están divididos en cuatro partes.

Resonancias con otros mitos

Dos paralelos documentados explican por qué este relato no termina con la destrucción de Lisha sino con su reparto.

El primero está en el mito cantado del ordenamiento de las abejas, que Osborn transcribió entre los kubaruwa. Allí la misma materia original, la kenoba, se convierte en dos cosas opuestas según el lago por el que pase: miel pura por el amarillo, insectos con ponzoña por el rojo. El destino de una sustancia no depende de lo que es, sino de por dónde circula y en cuántas partes queda. Kusbasha aplica esa lógica con el cuerpo de Lisha: no la anula, la distribuye, y al distribuirla convierte una laguna que se tragaba todo en una red de ríos.

El segundo está en la manera u’wa de fijar propiedades en el territorio. Osborn documenta que el bita de los dones que las deidades envían suele ser enterrado o sembrado debajo de los menhires del mundo del medio, y que esos menhires, llamados kerkacha en el habla de los mitos cantados, son postes de casa que unen las dos mitades del azul. Enterrar la vena para que la sangre no se reúna es una operación del mismo tipo: se siembra en el suelo aquello que no debe volver a concentrarse.

Un tercer punto de contacto es el precio del viaje. Kusbasha vuelve pálido y desnudo porque Lisha se bebió su sangre, y necesita chicha, guayuco, ruana y hamaca para reponerse. Es el mismo balance de pérdida y reposición que Osborn describe para las ceremonias de soplar, donde quien oficia queda expuesto y debe ser purificado después.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. La madre del agua no aparece con el mismo signo en todas las fuentes, y las diferencias importan.

  2. En la narración de Tabut Ak Lia, Lisha es una fuerza devoradora a la que hay que desarmar, y el desenlace no la elimina sino que la reparte: la vena enterrada se distribuye por distintos lugares precisamente para que la sangre no vuelva a unirse, y esa sangre repartida es hoy el agua de los ríos. En la lista de deidades de Ann Osborn no hay ninguna Lisha; hay dos dueñas femeninas del agua y de los peces, Thithiyara y Rithbara, que no devoran a nadie, y una Riachiroa asociada al solsticio de junio y a la luna mojada, glosada como madre del agua terrestre.

  3. El canto Cobaría de 1962 tampoco conoce una laguna peligrosa. Allí el agua es obra de Iáchawa por encargo de Sira, y el único cargo asociado es el de Risbara, cuidandero de los peces. La caracterización del Ministerio de Cultura añade una tercera imagen: en los espacios de abajo se encuentra el agua, en forma de cuerpo de mujer, y es la base de todos los elementos que sostienen la tierra.

  4. Las cuatro fuentes coinciden en que el agua es femenina y en que tiene quien responda por ella. Discrepan en si esa figura es una amenaza que hubo que vencer o un cargo que siempre estuvo en su sitio.

  5. El lugar sí está nombrado con precisión en una sola de ellas: el nacimiento del río Keroa, en una laguna entre peñas, según Tabut Ak Lia. La caracterización del Ministerio de Cultura clasifica lagunas, chorros, remansos y sitios de origen como lugares prohibidos y encantados, donde no se entra sin permiso de los seres espirituales y mediante rituales de limpieza.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · U’wa · Boyacá · Andina
Referencias
8
Última revisión
19 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Historias ancestrales U’wa — Kajkin Luin Karita

    colombiaaprende.edu.co

    Publica el relato íntegro como «Lisha», Sede Tabut Ak Lia, con el nacimiento del río Keroa, las cuatro espinas, los cuatro corazones, riñones e hígados, el reparto de la vena y la reposición de Kusbasha con chicha, guayuco, ruana y hamaca; el glosario define ebará y yopo.

  2. Las cuatro estaciones: mitología y estructura social entre los U’wa

    babel.banrepcultural.org

    Su lista alfabética de deidades registra a Thithiyara, Dueña-Señora del agua, a Rithbara, Dueña-Señora de los peces, y a Riachiroa, glosada como la época del solsticio de junio, la luna mojada y la madre del agua terrestre: el cargo de dueña del agua existe en el sistema kubaruwa.

  3. Documento madre: Leyes de Origen de los pueblos indígenas de Colombia

    smt-onic.com

    Aporta el reparto Cobaría del agua: Sira encargó las aguas a Iáchawa, que las hizo y crió en ellas los peces, y puso de cuidandero de los peces a Risbara, con poder de crear más hasta que se acabe el mundo.

Contraste y contexto · 5 referencias

  1. Caracterizaciones de los pueblos indígenas de Colombia: Pueblo U’wa

    mng.mincultura.gov.co

    Aporta dos elementos: que en los espacios de abajo se encuentra el agua en forma de cuerpo de mujer, base de todos los elementos que sostienen la tierra, y la clasificación de lagunas, chorros y remansos como lugares prohibidos y encantados en los que no se entra sin permiso de los seres espirituales.

  2. Comer y ser comido: los animales en la tradición oral u’wa (tunebo)

    publicaciones.banrepcultural.org

    Aporta la lógica de las dos vías de una misma sustancia: la kenoba de las abejas se convierte en miel pura o en insectos con ponzoña según el lago por el que pase, que es el mismo procedimiento con el que Kusbasha transforma a Lisha al repartirla.

  3. La ofrenda y la semilla: notas sobre el simbolismo del oro entre los Uwa

    publicaciones.banrepcultural.org

    Aporta el principio de que ciertos bienes se siembran o depositan en puntos del territorio para que queden fijados allí, que es la operación que Kusbasha realiza al enterrar la vena para que la sangre no se reúna.

  4. Pueblo U’wa

    colecciones.icanh.gov.co

    Confirma el territorio u’wa en el norte de la Cordillera Oriental, donde nacen los ríos que el relato explica.

  5. Reseña de «Tengo los pies en la cabeza», de Berichá (Esperanza Aguablanca)

    publicaciones.banrepcultural.org

    Aporta el episodio del río Cobaría, cuyo pescado comido sin purificar tuvo consecuencias corporales irreversibles, y muestra que en esta tradición el agua no es un recurso neutro sino un cuerpo con reglas.

Voces de la comunidad

Conversación

¿Así te la contaron?

0 publicadas0 en revisión

«Lisha, la madre del agua» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Lisha, la madre del agua» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Lisha, la madre del agua» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

TÚ

Deja tu versión

Desde 10 caracteres. Sin enlaces: los descartamos.

No se publica. Sólo lo usamos si necesitamos preguntarte algo.

Cada versión la lee una persona antes de publicarse. Verás la tuya aquí mismo mientras esperas.