Las hijas del Sol y el ordenamiento de la miel

Andina · U’wa

Las hijas del Sol y el ordenamiento de la miel

Rukwa y Kanwara envían a las abejas por los mundos de colores para llevar miel, cera y renovación al territorio U’wa.

Leer el relato
Las hijas del Sol y el ordenamiento de la miel: la entrada del relato

El relato

Escuchar el relato · 3 min

Las selvas del mundo del medio, el de los U’wa, estaban secas. Había hambre y sed, porque todavía no habían llegado las abejas, ni su miel, ni su cera, y el mundo carecía de los medios de germinación.

Entonces Rukwa, la deidad del mundo de arriba, y Kanwara, la del mundo de abajo, cooperaron para producir la kenoba de las abejas. Los dos mascaron y escupieron dentro de grandes vasijas. No hubo unión sexual: la kenoba se produjo mascando, igual que mascan las mujeres para hacer las bebidas fermentadas y que se masca el maíz que se pone en las trampas. También la lluvia de ciertas estaciones se llama así, porque se piensa que es el masticar de los inmortales.

Rukwa les dijo a sus criaturas, las abejas, que debían bajar al mundo del medio. Yagshowa y Rúwahama, Dueños y Señores de los Animales, guiaron el kanoba de las abejas a través de las esferas de colores.

En los lagos de riqueza del amarillo, unas se bañaron y allí desarrollaron cuerpos. Volaron por encima del lago rojo de Kanwara sin detenerse. Recibieron una iniciación y les dieron de comer coca, ají, jengibre y tabaco. Como pago por habitar el mundo del medio recibieron coronas, semillas, cobertizo y protección, tierra amarilla e instrumentos musicales.

A otras las engañaron para que se bañaran en el lago rojo, y allí las tocó Rúwahama. Desarrollaron cuerpos con sangre y quedaron como hijas de las hermanas de Kanwara. Bajaron al mundo del medio y se asentaron como moscas, avispas y otros insectos voladores con ponzoña, que comen excrementos de animales. Después volaron hacia las tierras altas y frías, entraron por la puerta de la cueva y salieron convertidas en venado de tierra alta, venado de tierra baja, liebre y pecarí, conducidos por Rúwahama y cargando las enfermedades de Kanwara.

Yagshowa tomó kanoba de las abejas del lago amarillo y la sembró por todo el mundo del medio, donde se transformó en plantas: coca, ají y jengibre. Las abejas se asentaron y mascaron el polen de las palmas, de los árboles y de las calabazas, y lo convirtieron en cera. Los machos les dieron a sus hermanas tierra amarilla y polen de un bejuco para que mascaran y procrearan.

Desde entonces la miel es pura, sin contaminación y sin mortalidad, y da fuerza y fertilidad a quien la toma; es además el antídoto de las enfermedades que vienen del amarillo. La cera es lo que se intercambia. Las dos juntas son lo que los U’wa llaman raiya: riqueza, que aquí quiere decir a la vez fertilidad y aquello con lo que se comercia.

Cuando el canto termina, al amanecer, todas las propiedades y las cosas han vuelto a su lugar.

Las hijas del Sol y el ordenamiento de la miel: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Lo que sostiene la vida se produce mascando y circulando, no acumulándose en un solo lugar.”

Territorio

Andina · U’wa

Andina · U’wa

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Andina
Comunidad
U’wa
Referencia
6.81137° · -72.15992°

Ficha del relato

Contexto histórico

El nombre del mito es anbaiya, que Ann Osborn traduce como el Ordenamiento de las Abejas: aiya es una declinación de aya, ordenar. Osborn lo registró entre los kubaruwa, el clan con el que trabajó catorce años en los alrededores de Cobaría, y lo publicó en 1995 en Las cuatro estaciones y, resumido, en 1990 en el Boletín Museo del Oro, en el artículo Comer y ser comido que tradujo Fabricio Cabrera.

La celebración tiene sitio y hora exactos. Se canta en la estación que abarca el solsticio de diciembre, cuando los kubaruwa residen en las tierras bajas y recogen la cosecha principal de coca. La recolección de miel y la preparación de cera se hacen antes del solsticio; pasado el solsticio, pequeños grupos de hombres bajan a recoger yopo o suben a cambiar cera de abejas por sal mineral. Los hombres cantan el mito después de recoger la miel. El canto empieza poco después del anochecer: se sientan con las piernas cruzadas sobre hojas puestas en el piso, en la mitad este de la casa, mirando al este; las mujeres permanecen atrás, donde está la bebida fermentada de miel o la chicha; canta todo el grupo siguiendo a un cantante principal; y cuando el mito menciona los vuelos de las abejas, los hombres van y vienen dentro de la casa desde la puerta este hasta el centro. Al amanecer, terminado el canto, hombres y mujeres toman chicha y pueden tener relaciones sexuales.

Los kubaruwa se comparan con las abejas más que con cualquier otra criatura de su entorno. Viven en sociedad, construyen casas, tienen reuniones, ceremonias y cantos —sobre todo al enjambrar—, fabrican recipientes ceremoniales llamados kumtas y consumen una bebida hecha, como la chicha, a partir de su kanoba. Las colmenas sin aguijón se arman en capas horizontales o en forma esférica, igual que ellos ven el universo.

Hay una segunda mención documentada de estas colmenas fuera del clan kubaruwa. En el canto a la creación que Sergio Daza recogió en 1962 entre los tunebos del grupo Cobaría, es Sira quien hace las colmenas de miel del monte, «la cera para vender y la miel para comer», y añade una frase que coincide con lo que Osborn llama raiya: «la cera es nuestra plata». Allí quien cuida las colmenas se llama Rukcoa y tiene dos encargados, Busena y Casirá, que las envían del cielo a los montes.

Resonancias con otros mitos

Los dos paralelos más firmes están dentro del mismo corpus y se refieren a cómo la sociedad humana se piensa mirando a las abejas.

El primero es el del incesto. Osborn documenta que los kubaruwa creen que las abejas se reproducen mediante el cruce de hermanos de distinto sexo, y que el polen del bejuco que consumen se llama kwika, término que designa a la vez la magia, la inversión del orden y el incesto. Esa reproducción, que en la sociedad humana sería la transgresión mayor, se lee aquí como prueba de pureza: al no intercambiar líquidos sexuales ajenos, las abejas conservan intacta su materia, y de ahí viene el poder curativo de su miel. Entre las personas la regla funciona al revés, con circuitos de matrimonio entre clanes que Eduardo Londoño comparó con los de koguis y muiscas.

El segundo es el del oro. Ana María Falchetti mostró que los U’wa obtenían objetos de oro mediante intercambio silencioso: dejaban cera de abejas y otros productos en puntos ceremoniales y recogían después las piezas, que ellos decían dejadas por las abejas. La tierra amarilla que las abejas reciben como pago en el mito se refiere indirectamente al oro, y la cera, que el canto Cobaría de 1962 describe como «nuestra plata», es el bien que sale del territorio.

Un tercer contraste ordena los dos anteriores. La miel y el yopo se consumen por las mismas razones y buscando efectos parecidos, pero de maneras opuestas: la miel se toma y recorre el tracto digestivo nutriendo y limpiando, como la leche del maíz tierno; el yopo se inhala, sube por la columna vertebral y llega a los genitales, y se cree que produce el material de los huesos y del alma.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. El mito cantado no cuenta una sola historia de abejas sino dos, que se separan en los lagos de colores, y suprimir una destruye el sentido del ordenamiento.

  2. La materia prima de ambos grupos es la misma kenoba, producida sin unión sexual por deidades inmortales. Lo que las diferencia es el lago donde desarrollan cuerpo. Las que pasaron por el amarillo evitaron el lago rojo de la menstruación, se reproducen asexualmente y su kanoba esencial, la miel, propicia salud, longevidad y pureza. Las que se bañaron en el rojo, engañadas, quedaron con sangre y dieron origen a los insectos que pican y pueden causar enfermedades, la antítesis de las abejas sin aguijón nativas.

  3. Las fuentes tampoco reparten igual los papeles. En Osborn, Rukwa y Kanwara cooperan produciendo la kenoba, y quienes guían a las abejas por las esferas son Yagshowa y Rúwahama. En el canto Cobaría de 1962 no hay esferas ni lagos de colores: Sira hace directamente las colmenas y Rukcoa queda de cuidandero, con Busena y Casirá encargados de enviarlas del cielo a los montes.

  4. También difiere el estatuto de Rukwa. Osborn escribe que Thira, Racha, Teca y Rukwa son cuatro nombres de una misma luz, uno por esfera, y que Rukwa corresponde al azul; Rukwa no es un dios solar independiente sino el nombre que el Sol lleva en el mundo habitado. La caracterización del Ministerio de Cultura y el artículo de María Mercedes Arias-Valencia recogen en cambio el planteamiento de Ana María Falchetti y Guiomar Nates-Parra, para quienes las abejas son hijas del sol, seres que favorecen la fertilidad y los comienzos y la continuidad de la vida, sin entrar en la correspondencia de nombres por esfera.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · U’wa · Boyacá · Andina
Referencias
8
Última revisión
19 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Las cuatro estaciones: mitología y estructura social entre los U’wa

    babel.banrepcultural.org

    Contiene el mito cantado completo del ordenamiento de las abejas, anbaiya, con sus cuatro partes, los dos grupos de abejas separados en los lagos de colores, la kenoba producida por Rukwa y Kanwara mascando, los guías Yagshowa y Rúwahama, la lista de pagos que reciben las abejas y las condiciones exactas de la celebración en la casa ceremonial.

  2. Comer y ser comido: los animales en la tradición oral u’wa (tunebo)

    publicaciones.banrepcultural.org

    Resume el mismo mito cantado y añade los datos rituales precisos: los hombres lo cantan después de recoger la miel, sentados en la mitad este de la casa mirando al este, recorriendo la casa de la puerta al centro cuando el canto menciona los vuelos; y explica que aiya es declinación de aya, ordenar.

  3. Documento madre: Leyes de Origen de los pueblos indígenas de Colombia

    smt-onic.com

    Aporta la versión de otro clan sobre el mismo asunto: Sira hace las colmenas de miel del monte, «la cera para vender y la miel para comer», y precisa que «la cera es nuestra plata»; quien cuida las colmenas se llama Rukcoa y tiene por encargados a Busena y Casirá.

Contraste y contexto · 5 referencias

  1. La ofrenda y la semilla: notas sobre el simbolismo del oro entre los Uwa

    publicaciones.banrepcultural.org

    Documenta el intercambio silencioso por el que los U’wa dejaban cera de abejas y otros productos en puntos ceremoniales y recogían después objetos de oro que decían dejados por las abejas, lo que explica la tierra amarilla que las abejas reciben como pago en el mito.

  2. Calendario reproductivo en mujeres indígenas U’wa (Tunebo) de Boyacá, Colombia

    scielo.org.mx

    Reproduce y atribuye la formulación de Falchetti y Nates-Parra de que en la mitología u’wa las abejas son hijas del sol, seres que favorecen la fertilidad y los comienzos y la continuidad de la vida, y sitúa esa idea en los hábitos sociales y los patrones de vida en comunidad.

  3. Caracterizaciones de los pueblos indígenas de Colombia: Pueblo U’wa

    mng.mincultura.gov.co

    Confirma la pareja reowa y aya como los dos tipos de mito cantado, con el aya definido como mito de ordenamiento que trata la aparición de los seres y el orden que ese proceso genera, categoría a la que pertenece el anbaiya.

  4. Linajes y circuitos de matrimonio en tres grupos chibcha: u’wa, kogui y muisca

    publicaciones.banrepcultural.org

    Aporta el contraste entre la reproducción de las abejas, que los kubaruwa piensan como cruce de hermanos, y los circuitos de matrimonio humanos que comparó entre u’wa, kogui y muisca.

  5. Historias ancestrales U’wa — Kajkin Luin Karita

    colombiaaprende.edu.co

    Su capítulo cultural aporta el principio de que cada especie animal tiene un ser supremo en otra dimensión para el cual esos animales son sus cultivos y su alimento diario, marco en el que se inscribe que las abejas sean criaturas de una deidad solar.

Voces de la comunidad

Conversación

¿Así te la contaron?

0 publicadas0 en revisión

«Las hijas del Sol y el ordenamiento de la miel» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Las hijas del Sol y el ordenamiento de la miel» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Las hijas del Sol y el ordenamiento de la miel» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

TÚ

Deja tu versión

Desde 10 caracteres. Sin enlaces: los descartamos.

No se publica. Sólo lo usamos si necesitamos preguntarte algo.

Cada versión la lee una persona antes de publicarse. Verás la tuya aquí mismo mientras esperas.