La madremonte

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La madremonte

Cubierta de musgo, hojas o lianas, la Madremonte protege bosques y nacimientos de agua y extravía a quienes cruzan sus límites.

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El relato

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En los llanos tolimenses, así como el agua tiene su madre, el monte tiene la suya. La llaman la Madremonte. Quien la ha visto, y son muy pocos, habla de una señora grande y encopetada, robusta y alta, con un sombrero vistoso adornado con plumas y vestida toda de verde. Pero casi nadie la ve. La vista dura un instante, y el que cae bajo su influjo no la ve nunca: sólo siente sus efectos.

Sus iras son terribles. Cuando se enoja manda tempestades, vientos e inundaciones que tumban las cosechas, espantan el ganado y ahogan los terneros. Y se enoja por cosas precisas. Persigue con saña a los que discuten de mala fe por linderos, a los que rompen las cercas y destrozan las alambradas del vecino. A los que se enredan en pleitos de tierra les seca los manantiales de sus pegujales, y el que se queda sin agua es siempre el que no tiene razón. Por eso, entre compadres, cuando uno corre la cerca más de la cuenta, el otro le advierte: «Compadre, si me adelanta las cercas, cuidado con la Madremonte».

También castiga a los que roban, a los que andan en amores torcidos, a los que se meten sin permiso en el corazón de sus arboledas, a los cazadores que matan por diversión y a los niños vagos y desobedientes.

Su castigo es perder a la gente. Al que cae en su poder le viene un mareo, una especie de alucinación en que todos los lados del monte se ven iguales. Cualquier bosquecito se le vuelve una montaña inmensa y enmarañada, sin senda ni salida. El perdido camina y camina, se araña, se rompe la ropa y sufre toda clase de percances. Cuando al fin se le pasa el conjuro, descubre que estuvo dando vueltas en un rastrojo pequeño, y no le queda más que decir: «Eso fue esa vieja yerbatera de la Madremonte la que me hizo esta jugada».

Para andar por sus dominios sin que lo pierda, el campesino va fumando tabaco o lleva amarrado a la cintura un bejuco de adorote. Carga en el bolsillo pepas de cabalonga y se ayuda con un bordón recién cortado de cordoncillo, de chicalá o de guayacán. Lleva escapularios y medallas benditas, y va rezando la oración de San Isidro Labrador, abogado de los montes y de los aserríos.

En las fiestas de Corpus la sacaban a la calle: alguien se vestía de Madremonte con un traje hecho todo de hojas de plantas silvestres.

La madremonte: lo que quedó del relato

La enseñanza

“El que corre la cerca del vecino o abusa del monte termina perdido en un rastrojo.”

Territorio

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El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Varios
Comunidad
Mixto
Referencia
4.570868° · -74.297333°

Ficha del relato

Contexto histórico

El registro más completo es el de Misael Devia Morales en «Folclor tolimense» (1962), reproducido por Eugenia Villa Posse en el segundo tomo de Mitos y leyendas de Colombia (IADAP, Quito, 1993) y reeditado por la Universidad de Ibagué en 2013. Devia la presenta junto a la Madre de Agua: si ésta es la divinidad de las aguas, la Madremonte lo es «de los montes del llano». Escribe desde lo que dicen los campesinos, cuya voz cita, y describe tanto a la señora vestida de verde como las defensas contra ella: tabaco, bejuco de adorote, cabalonga, bordón de guayacán y la oración de San Isidro.

Cesáreo Rocha Castilla, en Prehistoria y folclor del Tolima (1959; segunda edición de 1968), le dedica un párrafo en la misma antología de Villa Posse. La llama una especie de ninfa de los montes del llano, dice que castiga secando las fuentes de los que pleitean por linderos, cita el dicho de los compadres sobre las cercas y añade un dato que Devia no trae: en las fiestas de Corpus la representaban con vestidos hechos de hojas de plantas silvestres.

Fuera del Tolima, la Madremonte es de la región cafetera. Esmeralda Van Vliet la incluyó en «Niños de las regiones de Colombia», páginas web del Instituto Colombiano de Antropología impresas en 1997 y conservadas en la base ERIC. Allí la cuenta Mauricio, un niño de la región cafetera, que dice haber oído estas historias de las chapoleras y los peones. La Biblioteca Nacional publicó en su serie Itinerancias la leyenda contada por María del Carmen Cardona, de la vereda La Plata, en Palestina (Caldas), tal como la oyó por primera vez. Javier Ocampo López (El pueblo boyacense y su folclor, 1977) la nombra entre los seres que recorren los campos de Boyacá.

El relato de esta ficha sigue a Devia y a Rocha. El nombre del catálogo coincide con el índice de Cuentos de espantos y otros seres fantásticos del folclor colombiano (El Tiempo, 2004), un libro de ficción declarada cuya copia digital no conserva la lámina de la Madremonte.

Resonancias con otros mitos

El pariente más cercano está en el mismo libro. Devia la presenta como pareja de la Madre de Agua, dueña de ríos y lagunas, y como vecina del Hojarasquín del monte, que en Van Vliet cambia de lugar para desorientar a leñadores y cazadores. Los tres personajes comparten el oficio de dueño del lugar que pierde a quien entra sin respeto.

En el Brasil, el Curupira cumple la misma tarea. Protector de la selva y de los animales, extravía a los cazadores que matan más de lo necesario y a los leñadores que talan sin medida; tiene los pies vueltos hacia atrás para confundir a quien lo sigue. Luís da Câmara Cascudo lo estudió como uno de los mitos más antiguos del Brasil, registrado ya por José de Anchieta en 1560. La Madremonte y el Curupira castigan con lo mismo: el monte se vuelve un laberinto.

La diferencia es que la Madremonte tolimense no sólo cuida árboles y animales. También cuida las cercas. En el llano del Tolima es, como dice Devia, defensora de los límites correctos de las propiedades, y su castigo cae sobre el vecino que corre la cerca de mala fe. Esa mezcla de guardiana del bosque y árbitro de linderos es lo más propio de esta versión.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. Las versiones no coinciden en su aspecto. En el Tolima de Devia es una señora alta y robusta, con sombrero de plumas y vestido verde. En la región cafetera de Van Vliet es una mujer alta que camina como mecida por la brisa, con cabellos de helechos y lianas bajo un sombrero de flores, la piel cubierta de musgo y de hojas, brazos de bejuco y manos de ramas tiernas. Allí es la guardiana de las selvas: cuando se tala un árbol sufre, llora gotas de rocío y, enojada, se transforma y desata tempestades e inundaciones.

  2. Tampoco coinciden en la falta que castiga. En Devia la lista es larga: linderos, cercas rotas, robos, amores torcidos, cazadores por diversión, niños desobedientes. En Rocha el acento está en los pleitos de tierras, y el castigo es la sequía, no la tormenta. En Van Vliet la falta es la tala.

  3. El castigo más contado es el mismo en casi todas: perder a la gente en el monte, hacerle ver todos los caminos iguales. Rocha agrega un uso festivo que Devia no menciona, el de la Madremonte vestida de hojas en las procesiones de Corpus, y Ocampo López la pone entre los seres que despistan a los cazadores en Boyacá. La versión caldense de María del Carmen Cardona se conserva en la Biblioteca Nacional con nombre y vereda.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Mixto
Referencias
9
Última revisión
22 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Folclor tolimense

    repositorio.unibague.edu.co

    Capítulo «La Madremonte» (pp. 63-64): la señora de verde con sombrero de plumas, las tempestades, los linderos, el monte que se vuelve laberinto y las defensas (tabaco, adorote, cabalonga, San Isidro).

  2. Mitos y leyendas de Colombia, tomo II

    flacso.edu.ec

    Sección 21, p. 181: Rocha Castilla, «La Madremonte»: la ninfa de los montes del llano que seca las fuentes de los que pleitean por linderos, el dicho de las cercas y la Madremonte vestida de hojas en Corpus.

  3. Colombia, Many Countries in One (Fulbright-Hays 1997), con las páginas «Niños de las regiones de Colombia» de Esmeralda Van Vliet (ICAN)

    files.eric.ed.gov

    La Madremonte de la región cafetera, contada por Mauricio: cabellos de helechos, piel de musgo, llora cuando talan un árbol y desata tempestades.

Contraste y contexto · 6 referencias

  1. Inventario turístico de Viterbo (Caldas): mitos y tradición oral

    repositoriocdim.esap.edu.co

    §1.4.1 «La Madremonte»: mujer musgosa enraizada en los pantanos o mujer alta vestida de ramajes con sombrero de hojas y plumas; tempestades, se baña en los nacimientos y enturbia el agua.

  2. La Madremonte (Itinerancias, vol. 2: mitos y leyendas)

    bibliotecanacional.gov.co

    Presenta la leyenda tal como la oyó María del Carmen Cardona, de la vereda La Plata (Palestina, Caldas).

  3. La Madremonte

    bancodecontenidos.mincultura.gov.co

    Sinopsis de la Madremonte de Tumaco: mujer de largos cabellos que cuida la lluvia y el viento, grita cuando cae una criatura del monte y persigue a leñadores y cazadores.

  4. El pueblo boyacense y su folclor

    babel.banrepcultural.org

    Nombra a la madremonte entre los seres que recorren los campos de Boyacá y despistan a los cazadores (p. 121).

  5. El mito Curupira en las narraciones orales de Boa Vista, una comunidad ribereña ubicada en el municipio de Nova Timboteua (PA)

    publicacoes.unifal-mg.edu.br

    Estudia el Curupira amazónico, protector de la selva que extravía a cazadores, con la noticia de Anchieta (1560) y el análisis de Câmara Cascudo: el paralelo de Similitudes.

  6. Oralitura y tradición oral colombianas: revisión de materiales sonoros

    revistas.udea.edu.co

    Registra la pista «Madremonte» del CD Mitos del Huila (2003).

Voces de la comunidad

Conversación

¿Así te la contaron?

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«La madremonte» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «La madremonte» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «La madremonte» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

TÚ

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