Las ilusiones

Andina · Mestizo

Las ilusiones

Explora las sombras y susurros que habitan la antigua casona de San Justina, una historia de lo sobrenatural y lo cotidiano.

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El relato

Sobre la antigua ciudad de San Justina, donde los vientos cargan murmullos de historias jamás escritas, se alza una casona que es en sí misma un archivo vivo de tiempos idos. La casona perteneció a los abuelos de Matilde Puerta, actual alcaldesa de la ciudad, y ahí yace gestada una historia compartida con las sombras y ecos más insólitos.

Matilde, durante su infancia, percibía a la casona como un ente viviente, venerable por su edad centenaria, y temido por su capacidad para acoger entidades invisibles que susurraban entre las paredes. Cuando las noches se pintaban de luna llena, los corredores largos y fríos de la casona despertaban en una danza de sombras que, acompasadas con la brisa, solían pronunciar palabras en lenguas olvidadas. Las Ilusiones, como Matilde aprendió a llamarlas, eran presencias burlonas que, con la grácil voluntad de un niño, movían los objetos en su habitación y susurraban incitaciones tentadoras a sus oídos.

Un extraño suceso ocurrió en 1867, cuando la abuela de Matilde, vencida por la naturaleza, salió al jardín con una vela que la ventisca apagó de inmediato. Fue en ese momento que una sombra no humana, macilenta y oscilante, se posó detrás de ella, nunca siendo enfocada pero siempre presente. El miedo no paró a la abuela, quien huyó sin mirar atrás; no obstante, las entidades nunca abandonaron la casa.

Por otro lado, en la hermética ciudad de Tierrabuena, no muy lejos de San Justina, la figura de Clementina ocupaba un lugar central entre relatos de magia y penumbras. Era ella la bruja que habitaba más allá de los límites de lo cotidiano, marcando su territorio en la confluencia de carreteras y caminos ocultos por la maleza. En su choza de oscuros secretos, Clementina mantenía retratos de aquellos a quienes había lanzado maleficios. Aquí, se mezclaban las prácticas de lo sobrenatural con lo tangible; baúles llenos de retratos eran iluminados con velas de sebo y poblados por una pléyade de esencias florales y hojas que se entrelazaban en una habladuría sin sonido.

Clementina, como líder de las sombras, ejercía un dominio enigmático sobre el arte de la brujería. Entre fórmulas de amor y de protección, usaba ingredientes inusuales y cantos que igualaban nociones escritas en los manuales de folclor más antiguos. Pero su rol en el ciclo de relatos deambulantes apenas comenzaba a desvelarse, pues en las tierras lejanas de Marulanda, también surcadas por leyendas de brujas, historias de apariciones y transmutaciones desafiaban la realidad conocida.

Teresa García, la temida "Duenda", era la preeminente maestra de esas artes arcanas. Vestida en un manto de negrura perpetua, Teresa rondaba la calle que hoy se llama "Alto del Diablo". Ella, amante de la vida y de oscuros encantamientos, entretuvo el miedo y la fascinación de su pueblo con artimañas que transformaban hombres en sombras, aprovechándose de libros que contenían el espíritu mismo de la magia blanca y negra.

Teresa, al igual que Matilde y Clementina en sus propios reinos, habitaba una frontera donde lo cotidiano se confundía con lo sobrenatural. Penaba a aquellos que no sucumbían a sus encantos con maldiciones de la mente y del corazón, dejándolos marcados por su presencia a través de cicatrices invisibles.

Era solo cuestión de tiempo antes de que el destino de Teresa como bruja se confrontara con el poder del Padre José María Melguizo, quien, convocado por los actos siniestros de Teresa, encontró la manera de contener sus fechorías mediante el uso del poderoso Cordón de San Nicolás. Al final, Teresa, derrotada por el peso de sus transgresiones, suplicó por redención ante el sacerdote, entregando su bagaje de hechizos y promesas de sombras para ser destruido.

La historia de estas mujeres y sus brujerías continúa danzando en el viento que atraviesa San Justina y los bosques que encubren los caminos de Tierrabuena y Marulanda. Los susurros de Las Ilusiones y las risas de las brujas, lejos de perecer, se entrelazan con las historias nocturnas de aquellos que aún aguardan entre sombras a que las leyendas emergidas del polvo de sus abuelas respiren vida en las noches de luna llena. Y así, las antiguas brujas de la región y las sombras de la vieja casona permanecen, siempre presentes, en una danza infinita entre lo visible y lo oculto.

La enseñanza

La línea entre lo visible y lo oculto es tenue y siempre presente.

Territorio

Andina · Mestizo

Andina · Mestizo

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Andina
Comunidad
Mestizo
Referencia
5.28417° · -75.2603°

Contexto histórico

Por ahora no tenemos tan clara la historia de este mito, pero a medida que recopilemos más información les estaremos actualizando.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales para quien quiera profundizar.

Procedencia

La procedencia cultural de este relato está clasificada y es la que aparece abajo. Lo que todavía no tiene es bibliografía publicada.

Clasificación
Tradición oral · Mestizo · Antioquia · Andina
Última revisión
22 de julio de 2026

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Una clasificación no es una cita, y no la presentamos como si lo fuera: mientras no haya una referencia contrastada, este relato se lee como versión editorial de una tradición viva.

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«Las ilusiones» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

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EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Las ilusiones» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Las ilusiones» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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