
Andina · Mestizo
Las ilusiones
Sombras, hojas y sonidos crecen alrededor del fogón cuando el miedo les da forma; las Ilusiones no tienen un solo rostro ni una biografía.
Leer el relato
El relato
Escuchar el relato · 2 min
No son brujas ni aparecidos, y la gente sencilla lo tiene bien claro. Las ilusiones malas son otra cosa: endriagos sin carne, hechos de imaginación y engordados por el miedo, que apenas asombran a los cristianos. Aun así cargan con percances terribles, encuentros horribles y sustos de los que no se olvidan.
Quien las ve, las ve un instante. Son sombras de monstruos extravagantes o figuras disconformes que se alargan y se encogen delante de los ojos aterrados. Unas veces es la sombra de un pajarraco descomunal. Otras, la de un gigante. Otras, largas figuras blancas que se tienden sobre los tejados o asoman por encima de las copas de los árboles, y en un segundo crecen y descrecen hasta turbar los sentidos. No hablan. No hacen ruido alguno. Sólo salen de noche.
Aparecen en los despoblados, en las casas abandonadas, en las calles desiertas, en los montes, en los socavones de las minas y en los potreros, y sobre todo en la soledad nocturna. En los cementerios se las ve alumbradas por los fuegos fatuos o heridas por la luz vagabunda de los cocuyos, y ahí sí ponen los pelos de punta.
A veces una ilusión mala es una mata de salvia florecida que el viento mece en la oscuridad: su floración blanca parece un fantasma envuelto en un largo sudario que hace señas desde la falda de la colina. A veces es la sombra chinesca que echa sobre el camino la luz mortecina del farol. Al borracho enguayabado lo asusta el rumor del viento entre los árboles, o su propia sombra cuando la luz cambia de golpe. Al que tiene la pasma, con ansia de seguir la juma, se le aparecen trasgos espantosos.
Nada de eso les quita peso. Para los campesinos existen, tan de verdad como cualquier otro espanto, y se habla de ellas con el respeto que se guarda a lo que está por encima de los sentidos. Quien se topa con una la toma por anuncio fatal. Por eso los montañeses que salen de noche a sus aventuras galantes llevan, además de un arma blanca, alguna reliquia que los libre de ellas.
En los montes de las minas viejas se conoce además otra casta, los ilusiones, duendecillos sin cuerpo que no se dejan ver. Esos no asustan a los ojos: se meten en las orejas de los inocentes y les revelan secretos feos y pecaminosos, y así enseñan cosas horrendas desde la cuna.

La enseñanza
“Lo que el miedo agranda en la oscuridad sigue pesando aunque la luz del día lo reduzca a una rama.”
Territorio
Andina · Mestizo
El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.
- Región
- Andina
- Comunidad
- Mestizo
- Referencia
- 5.28417° · -75.2603°
Ficha del relato
Fuentes
Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.
- Procedencia
- Tradición oral · Mestizo · Antioquia · Andina
- Referencias
- 5
- Última revisión
- 22 de septiembre de 2026
Base documental · 3 referencias
- Mitos, espantos y leyendas de Caldas
ellibrototal.com
Capítulo «Las ilusiones malas», con la cita de Escobar Uribe (Mitos de Antioquia, 1950, p. 168); en el mismo libro, la Rodillona y María la Larga de Similitudes.
- La marquesa de Yolombó
siise.bibliotecanacional.gov.co
En el catálogo de «la corte infernal y selvática» de la novela describe a «los ilusiones», duendecillos incorpóreos que se van a las orejas de los inocentes, junto al Bracamonte que nombra Similitudes.
- Cuentos de espantos y otros seres fantásticos del folclor colombiano
archive.org
Trae las Ilusiones en sus pp. 71-72.
Contraste y contexto · 2 referencias
- Remembranzas de mis abuelos: memoria oral y ambiental del alto oriente caldense
repositorio.sena.edu.co
Registro oral de la Rodillona en el alto oriente caldense (p. 83), el espanto que Similitudes pone junto a las Ilusiones.
- Andes: identidad y memoria / sostenibilidad y resiliencia
andes-antioquia.gov.co
Cita a Escobar Uribe sobre María la Larga (p. 58), la mujer que crece hasta las nubes que compara Similitudes.
Voces de la comunidad
Conversación
¿Así te la contaron?
«Las ilusiones» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.
Versiones de este mito
0Ejemplo
No es realMi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.
Así se ve una versión publicada. De «Las ilusiones» todavía no hay ninguna.
Todavía nadie ha dejado la suya. «Las ilusiones» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.
- Qué cambió
- El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
- Dónde la oíste
- Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
- Quién la contaba
- Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.








