La patasola

Andina · Mestizo

La patasola

Una mujer de una sola pierna cambia de forma, llama desde el monte y concentra temores sobre caminos, desmontes y encuentros nocturnos.

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La patasola: la entrada del relato

El relato

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En las montañas vírgenes del Tolima no se oía el canto del gallo. Tampoco ladraban perros ni pastaba el ganado. Allí vivían todavía el tigre y la danta, y allí mandaba la Patasola, el ser más sanguinario que turbó jamás a la gente del campo.

Cambiaba de figura a su antojo. Unos encontraban a una mujer hermosísima que avanzaba a grandes saltos sobre la única pata que tenía. Otros veían una perra grande y negra, collareja, de orejas inmensas. Otros, una vaca negra, grande y tope.

Antes de ser eso había sido una mujer muy bella, codiciada por todos, pero perversa y cruel. Se dio al vagabundaje y andaba haciendo daño con su hermosura. Para acabar con aquello le cortaron una pierna con un hacha, y el miembro ardió en una hoguera de tusas de maíz. Ella murió de la herida. Desde entonces vaga por el corazón del monte gritando como quien busca consuelo.

Ese lamento es su trampa. En lo más lejano y espeso se oye una voz triste. Quien la escucha piensa que alguien se extravió entre los árboles, y contesta. El grito vuelve, más cercano e igual de afligido. Una segunda respuesta, y ya suena al lado. A la tercera, la fiera aparece en cualquiera de sus formas, se lanza sobre el que respondió, le chupa la sangre o lo devora.

Odia cuanto el hombre cristiano lleva a su territorio: los aserríos grandes, los tambos, las trochas, las cacerías, las labranzas, y más que nada las siembras de maíz. Persigue al que maldice en el monte y al cazador que se adentra. Busca al aserrador que duerme en un rancho tosco junto al aserradero, al minero, al que abre camino para sacar maderas.

Por eso quien debe cruzar la montaña o trabajar en ella se aprende al dedillo una oración enrevesada que termina rogándole: «Patasola, no hagas mal, que en el monte está tu bien». Pero cuando ella se presenta de improviso, las palabras se borran y la víctima se queda muda. Entonces sólo queda juntar fuerzas y gritar: «¡El hacha!… ¡las tres tusas… y la candela!». Así le recuerda los tres objetos con que perdió la pierna.

Hay quien se escapa porque lleva un talismán o porque camina rodeado de animales domésticos. Ahí la rabia de la Patasola cambia de forma. Levanta ventarrones, hace bramar la montaña y temblar la tierra, desata tormentas de rayos y agua. Acaba con los sembrados vecinos, con los caseríos, los tambos y los animales de corral.

Muchos se salvaron así, en el último instante, metidos entre el ganado, los bueyes o los perros. En medio de aquel desorden de los elementos se oía su voz desilusionada: «Anda y agradecé que te encuentras en medio de esos animales benditos». La tormenta pasaba, y quien había contestado a los gritos quedaba libre de la muerte.

La patasola: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Una voz que suplica desde lo más espeso del monte puede ser la trampa que devora al que contesta.”

Territorio

Andina · Mestizo

Andina · Mestizo

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Andina
Comunidad
Mestizo
Referencia
4.570868° · -74.297333°

Ficha del relato

Contexto histórico

Este texto sale de «Folclor tolimense», de Misael Devia Morales, publicado en 1962 en la Revista Colombiana de Folclor (v. 3, n.º 7, pp. 9-106). Ediciones Unibagué lo reeditó en 2013 como Folclor Tolimense, y allí la entrada «La Patasola» ocupa las pp. 67-69 del capítulo de mitos, entre la Candileja y la Muelona. Eugenia Villa Posse la reprodujo en 1993 en el segundo tomo de Mitos y leyendas de Colombia (IADAP, Quito), pp. 152-153, sección «Mitos · Tolima».

Devia, oriundo de Armero, no nombra a ningún informante para esta figura ni la sitúa en un municipio. Escribe en tercera persona sobre lo que perturbaba «las mentes campesinas» y sólo cede la palabra dos veces: la oración de once versos que el campesino debe saberse, y la frase con que la Patasola despide al que se salvó. El origen lo introduce con «La leyenda reza»: es él quien transcribe el juicio sobre la mujer perversa y cruel, no un narrador con nombre.

El orden de la entrada es el de un inventario de creencias: territorio, formas, origen, enemigos, defensa, modo de ataque y escapatoria. La geografía del libro es la del sur del Tolima, el llano de Purificación, Coyaima y Natagaima, pero la Patasola vive en otra parte: en la montaña virgen, lejos de gallos, perros y vacas, que es exactamente el paisaje que la colonización campesina estaba desmontando con hacha, trocha y maizal.

Devia vuelve a nombrarla en la entrada del Cazador (p. 70): quien se ve en aprietos, dice, debe hacer como con la Patasola y meterse entre animales domésticos.

Resonancias con otros mitos

El paralelo más cercano está en el mismo libro. Devia abre la entrada de la Muelona (p. 69) diciendo que es muy parecida a la Patasola y con sus mismas características: también persigue a quien anda solo por los montes y lo devora. La diferencia está en el cuerpo. La Muelona siempre se presenta como mujer bonita y su arma es una dentadura enorme; no cambia a perra ni a vaca ni salta sobre una pata.

La Madremonte de Devia (pp. 64-65) comparte con la Patasola el castigo a quien invade el corazón de las arboledas y la furia que se desata como tempestad, viento e inundación. Pero la Madremonte defiende linderos y castiga pleitos entre vecinos, y su daño típico es extraviar al caminante en un bosquecito que parece infinito, no llamarlo con gritos.

El Cazador de la misma colección (pp. 69-71) aporta la escapatoria: quien se ve en peligro durante la cacería prohibida debe, como con la Patasola, meterse entre animales domésticos. En ambos casos el ganado, los bueyes y los perros, animales de la casa campesina, forman una frontera que lo salvaje del monte no cruza.

Rocha Castilla usa a la Patasola como medida de otro espanto: el Duende, escribe en Prehistoria y folclor del Tolima (Villa Posse II, p. 182), es tan maligno como ella. Pero el Duende tira terrones contra el techo de las muchachas casaderas, mientras la Patasola reina lejos de las casas.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. Devia y Villa Posse traen el mismo texto; sólo difiere alguna letra de imprenta. Las diferencias de fondo están en los otros registros tolimenses.

  2. Cesáreo Rocha Castilla, en Prehistoria y folclor del Tolima (edición de 1968, leída en Villa Posse II, p. 180), describe a una mujer hermosísima de cabellos rubios que, con una sola pierna, se traslada entre los ventarrones de su vuelo de bruja. No cuenta amputación ni castigo. Su Patasola ojea a los niños desobedientes, les mete grillos en los oídos y sapos en el estómago, y sólo curanderos especializados deshacen el daño. Su oración empieza con «Señora» y agrega un verso que la de Devia no tiene. El mismo libro trae un lance completo, narrado por un anciano labrador, en el que la aparición interrumpe una fiesta de San Juan.

  3. Diana Oliveros, en el tomo IV de la Geografía Humana de Colombia (p. 136), registra entre coyaimas y natagaimas una Patasola que devora a los cazadores enamorados que no respetan los días sagrados, y la lee como el único personaje pijao que alude al canibalismo atribuido a ese pueblo en la Conquista.

  4. El CINEP, en Colombia país de regiones (t. 3, p. 98), cambia el origen: la Patasola es la mujer infiel a la que el marido, llevado por el dolor, amputa una pierna; y transcribe la misma oración que Devia.

  5. Cuentos de espantos y otros seres fantásticos del folclor colombiano (Casa Editorial El Tiempo y Universidad Autónoma de Colombia, 2004, pp. 7-8) se declara «material de ficción» y reúne «documentos imaginarios». Compone una ficha técnica con hábitat, poderes y contras, y un monólogo grabado de un sobreviviente inventado en un maizal. De Devia conserva la hoguera de tusas, el hachazo y el odio al maíz y a los aserraderos; lo demás es invención del libro.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Mestizo · Tolima · Andina
Referencias
8
Última revisión
22 de septiembre de 2026

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Base documental · 3 referencias

  1. Folclor tolimense

    repositorio.unibague.edu.co

    Registro del relato: la mujer que se vuelve perra o vaca negra, salta sobre una sola pata, grita en la montaña y devora a quien anda solo; el remedio del hacha y la hoguera de tusas (pp. 67-69 de la edición de 2013).

  2. Mitos y leyendas de Colombia, tomo II

    flacso.edu.ec

    Segundo registro del texto de Devia en la sección 20 (pp. 152-153), y en la sección 21 la Patasola de Rocha Castilla y «La oración del monte» (pp. 174-180).

  3. Coyaimas y Natagaimas

    babel.banrepcultural.org

    En la cosmología de coyaimas y natagaimas, la Patasola «devora a los cazadores enamorados que no respetan los días sagrados» (pp. 134-137).

Contraste y contexto · 5 referencias

  1. Colombia país de regiones, tomo 3: Región del Alto Magdalena

    babel.banrepcultural.org

    Síntesis regional del Tolima Grande que describe a la Patasola y la oración del monte que se reza contra ella (pp. 96-101).

  2. Patrimonio cultural: un estudio integral de las leyendas del Tolima en la ciudad de Ibagué

    dialnet.unirioja.es

    Encuesta a 384 habitantes de Ibagué que registra a la Patasola entre las leyendas más reconocidas y la clasifica como figura antropomorfa.

  3. Cómo se formó nuestra mitología en el departamento del Tolima

    eltiempo.com

    Artículo de prensa que pone a la Patasola en el repertorio tolimense y nombra a maestros de Prado como informantes de la teoría de su origen.

  4. Aprendamos más de lo nuestro

    eltiempo.com

    Nota de prensa de 1995 que fecha la circulación de la Patasola en el Tolima.

  5. Los cuentos de Pascual: mitos y leyendas del piedemonte llanero

    babel.banrepcultural.org

    Incluye a la Patasola en «La mitología andina» (pp. 22-23), entre los mitos del interior que la migración llevó al piedemonte llanero.

Voces de la comunidad

Conversación

¿Así te la contaron?

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«La patasola» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «La patasola» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «La patasola» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

TÚ

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