Entre las serenas montañas del Tolima, donde los cafetales se mecían suavemente al ritmo del viento, se contaba la leyenda de La Patasola, una figura tan etérea como aterradora. Era un relato antiguo, susurrado por las hojas y aireado en las noches festivas, cuando las familias se reunían alrededor de una fogata y compartían historias que erizaban la piel.
Ñor Mica, un longevo del lugar, había relatado la leyenda con la pasión de quienes llevan la sabiduría ancestral grabada en el alma. Era un hombre de serena compostura y extensa memoria, conocido por su destreza con el tiple y por haber visto de cerca lo que muchos solo habían imaginado. Se decía que su mirada, a la vez terna y profunda, había cruzado con la de La Patasola una madrugada en que el mundo parecía contener su aliento.
La Patasola, afirmaba Ñor Mica con voz entrecortada y ojos encendidos como brasas, no era una simple espectro del bosque. Era mujer y bestia a un tiempo; vestía la hermosura de un ángel caído, con cabellos dorados que rivalizaban con el oro y una sola pierna que desafiaba las leyes de la naturaleza mientras corría entre los susurros del viento. Su origen estaba teñido de tragedia y traición, pues había sido una esposa, madre de tres niños, que un desliz amoroso condenó a la eternidad.
Era una fiesta de San Juan cuando, tras los ecos de la música y el calor del aguardiente, Ñor Mica oyó por primera vez su canto. Atravesando el manto de estrellas, aquella voz era un llanto que desgarraba el silencio, anunciando con sus notas funestas la presencia de la Patasola. Los presentes, conocedores de los males que podía infligir, rogaban en secreto por la protección de la oración del monte, un rezo enigmático que solo pocos osaban memorizar.
"Señora", comenzaba la recitación en un murmullo coral, "yo, como sí, pero como ya se ve..." y así continuaba, con palabras que parecían suspendidas en un aire que las mantenía intactas desde tiempos inmemoriales. Sin embargo, en aquel momento crucial, sus versos parecían desvanecerse de la mente y, si alguna esperanza había de ahuyentar a la Patasola, se perdía en los recovecos de un olvido desesperante.
Las historias contadas por ancianos como Ñor Mica hablaban de la ira de un esposo traicionado que, cegado por los celos, había dejado a su mujer con una sola pierna de un cruel machetazo. En un arranque febril, había prendido fuego a su hogar, llevándose a sus hijos lejos del tormento. Desde entonces, se decía que ella vagaba entre cañadas y despeñaderos, buscando redimir su pena y quizás, encontrar el perdón.
No obstante, no todas las versiones eran tan clementes. Algunas voces afirmaban que La Patasola no era más que una estratagema masculina para infundir temor en el corazón de las mujeres, una advertencia sobre las consecuencias del amor prohibido. La leyenda fluctuaba entre ser un espanto para los incautos y una advertencia para los desleales, su figura danzando al ritmo de un aire que susurraba secretos prohibidos.
La Patasola, como describió Ñor Mica una noche, no solo era perniciosa por el destierro que sufría, sino por el inexplicable deseo de arrastrar consigo a los desprevenidos. Se decía que atraía a los hombres con una belleza celestial, su voz tan seductora como el tintineo de campanas distantes, pero al entregarse a su abrazo, revelaba una abominación con dientes de felina y ojos llameantes, consumando un acto de brutalidad que pocos vivían para contar.
En su desdicha, varios clamaban haber oído su lamento en la espesura del bosque, para luego hallar los cuerpos inertes de aquellos seducidos por su engaño, con los ojos abiertos de par en par, reflejando el horror que desenmascaraba su verdadera naturaleza. Y así, el murmullo sobre sus víctimas pasadas —con almas robadas por su trémulo vuelo— resonaba con un eco interminable, mientras ella seguía su curso por los caminos del olvido, siempre en busca, siempre predicando su eterna sentencia.
Cuentan los abuelos que mientras los hombres danzaban bajo la luz de la luna y el cumbiambero llenaba la noche de música con destellos de acordes, La Patasola permanecía sollozando en las sombras, arrancando un quejido de susurros de la flora nocturna, como una historia que se rehúsa a morir. Pero en medio de todas las versiones y olvidos, algo resplandecía clara la figura deñoro y relatos de un más allá misterioso, un mito perpetuo que desafiaba el paso del tiempo como ella misma, a pie bravo sobre la tierra.—
Historia
El mito de la Patasola encuentra su origen en una historia de traición amorosa. Según varias versiones del relato, se trata de una bella mujer que estaba casada con un campesino. Su esposo, quien se ausentaba frecuentemente para vender cosechas, fue informado de que su mujer le era infiel con el patrón. En un ataque de ira y celos, el campesino descubrió a los amantes y, tras matar al patrón, hirió a su esposa cortándole una pierna con un machete. Desde entonces, la mujer, ahora la Patasola, vaga como un espíritu errante con una sola pierna, buscando venganza. La leyenda se popularizó en Colombia, especialmente en regiones como Tolima Grande, y se utiliza para advertir sobre las consecuencias de la infidelidad, además de servir como un cuento para asustar a los niños.
Versiones
El mito de la Patasola presenta variaciones significativas en sus diversas versiones, tanto en su caracterización como en su origen y función dentro del folklore colombiano. En la primera y segunda versiones, la historia se presenta como un relato costumbrista y oral que describe a la Patasola como una figura en la que prima el aspecto sobrenatural y la superstición. La Patasola se describe como una mujer de notable belleza que, a pesar de tener una sola pierna, se desplaza rápidamente gracias a poderes sobrenaturales que derivan del viento, y es empleada por los campesinos para asustar a los niños. La oración del monte se destaca como el medio para ahuyentarla, aunque se enfatiza la dificultad de recordarla en momentos de necesidad, apuntando a un lado más humorístico y folclórico del relato.
En versiones posteriores, se ahonda más en el origen de la figura de la Patasola, vinculándola con historias de traición amorosa y violencia pasional. Por ejemplo, una versión narra la historia de una mujer infiel quien, tras ser sorprendida con su amante, sufre un ataque violento por parte de su esposo, perdiendo una pierna en el proceso, lo cual lleva a su transformación en la Patasola. Este relato se asemeja a otras leyendas latinoamericanas sobre espíritus atormentados, como La Llorona, sugiriendo un componente moralizante sobre las consecuencias de la infidelidad. Esto contrasta con descripciones donde la Patasola es un espíritu seductor que atrae a los hombres antes de mostrar su naturaleza monstruosa, reforzando temas de advertencia en el folclore. La función de la Patasola como figura mítica varía desde un ser aterrador y vengativo hasta un símbolo de advertencia moral, reflejando diferentes aspectos de la psicología y la cultura popular en diversas regiones.
Lección
Las consecuencias de la infidelidad pueden ser eternas y devastadoras.
Similitudes
El mito se asemeja a La Llorona en la cultura latinoamericana y comparte elementos con espíritus vengativos de otras mitologías, como las sirenas griegas.
Territorio
Ubicacion geografica del mito
Ubicacion registrada para este mito en el territorio.



