El patetarro

Andina · Mixto

El patetarro

Un gigante apoyado en un tarro de guadua cruza del monte a los sembrados y deja tras de sí plagas, malos olores y presagios.

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El relato

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En el monte vive un gigantón que sólo tiene una pierna de carne y hueso. Para poder andar, se acomoda en el muslo mocho un tarro de guadua, de esos que usan los montañeses para cargar agua. Es descomunal, feo, sucio y desgreñado, y el tarro le sirve de letrina. Cuando lo tiene lleno de sus líquidos pestilentes, baja a las sementeras y los derrama: donde cae, se secan hasta los árboles, o nacen gusaneras y hormigueros que arrasan las cosechas. Lo único que le da miedo son las calaveras de vaca; si no fuera por ellas, no quedaría vivo ni un papayo en los sembrados.

Cuando aparece, anuncia desgracia: muerte, inundaciones, cosechas perdidas. En las noches lluviosas y oscuras se oyen sus gritos y sus carcajadas en los socavones de las minas y en las hondonadas de los riachuelos, y antes de que llegue aúllan los perros, se sacuden los árboles y se revuelve la hojarasca. Según la región, es hombre o mujer. Donde es mujer, tiene el rostro entre mujer y bestia, va cubierta de hojarasca, con colmillos y uñas deformes, y baja de noche de los montes a los pueblos mineros a espantar con gritos a los mineros que encuentra en las calles vacías.

Entre los mineros, la Patetarro es una dueña del monte, perversa y vengativa, que no tolera que nadie entre en sus dominios, y persigue a los monteadores que se atreven a profanar la selva. De noche, cuando ya se apagaron las fogatas y están colgadas las hamacas, los perros empiezan a aullar. Los hombres buscan las armas, y algo como un búho enorme revolotea azotando las copas de los árboles, desgajando chamizas y levantando la hojarasca, y no los deja encontrar las armas ni los fósforos ni juntar la candela. Todos saben de qué se trata. «La Patetarro nos persigue», dicen con la voz temblando, y pasan la noche en vela hasta que entra la luz del amanecer.

En Samaná, Pensilvania, Manzanares y Marquetalia, los campesinos y los mineros cuentan de dónde salió. Unos dicen que perdió las piernas en la guerra de los Mil Días y que, en venganza, destruía los cultivos para que los ejércitos murieran de hambre. Otros, que era un hombre de mal carácter, peleonero y mujeriego, que perdió una pierna en una pelea a machete y se puso un tarro de guadua en su lugar. Otros, que es un hombre alto que esconde dentro del tarro un pie podrido, y que al caminar va dejando un líquido maloliente. Todas las historias terminan igual: donde aparece el Patetarro, viene la desgracia.

El patetarro: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Quien destruye lo sembrado por rencor deja el hambre como huella por donde pasa.”

Territorio

Andina · Mixto

Andina · Mixto

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Andina
Comunidad
Mixto
Referencia
6.5° · -75.5°

Ficha del relato

Contexto histórico

El testimonio literario más antiguo del Patetarro está en La marquesa de Yolombó, la novela de Tomás Carrasquilla publicada por entregas desde 1926 y en libro en 1928. En el capítulo de las noches de la hacienda, Carrasquilla describe «la corte infernal y selvática» de los montes antioqueños —la Patasola, la Madremonte, los ilusiones, el Bracamonte— y dice que sus genios vinieron de África con los barcos negreros a mezclarse con las deidades indígenas. Allí el Patetarro es el gigantón del tarro de guadua, de los líquidos que arruinan las sementeras y del miedo a las calaveras de vaca.

Fabio Vélez Correa, en Mitos, espantos y leyendas de Caldas (1.ª ed., 1997; ampliada después de 2007), le dedica un capítulo en que reúne tres fuentes: Agustín Jaramillo, que lo describe como hombre descomunal con la pierna de guadua que le sirve de letrina; Iván Salazar Duque (Mitos y mensajes, 1990, p. 76), que lo hace mujer y lo baja a los pueblos mineros; y Arturo Escobar Uribe (Mitos de Antioquia, 1950, p. 20), que lo llama «deidad montaraz» de los mineros y cuenta la noche de pavor de los monteadores. Vélez lo lee como la manera en que el colono antioqueño y el campesino caldense explicaron las heladas, las sequías y las plagas.

El libro del SENA de 2022, Remembranzas de mis abuelos, lo recoge en el alto oriente caldense (p. 70) con tres explicaciones de su origen. Y el escultor Pedro Nel Gómez talló «La Patetarro» en 1968 y 1972-1973, según el informe de conservación del Tótem Mítico de la Selva de la Universidad Nacional en Medellín.

Resonancias con otros mitos

En el mismo pasaje de La marquesa de Yolombó, Carrasquilla pone al Patetarro junto a la Patasola, el otro ser de una sola pierna del monte andino. En el Tolima, Misael Devia la recogió como mujer que se vuelve perra o vaca y salta sobre una pata; en Antioquia es la compañera del Patetarro en la corte selvática. Los dos tienen una pierna menos y los dos castigan desde el monte, pero la Patasola seduce y devora, y el Patetarro envenena la tierra.

Escobar Uribe, citado por Vélez, separa al Patetarro de la Patasola y la Madremonte: los tres son dueños del monte, pero la Patetarro de los mineros es más perversa y no tolera ninguna intromisión. Es la misma figura de dueña del bosque que castiga al que entra sin permiso, que en el Tolima encarnan la Madremonte de Devia y en el occidente caldense los seres vengativos que recoge Vélez.

La Rodillona de Vélez y del SENA, que se burla de los caminantes con carcajadas desde los barrancos, comparte con la Patetarro de Salazar Duque la risa como arma. Y el Patetarro de Pedro Nel Gómez, tallado en el tótem de la Universidad Nacional, lo convirtió en una de las figuras del arte público antioqueño.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. Las fuentes no se ponen de acuerdo ni en el sexo del Patetarro. Carrasquilla, Jaramillo y el SENA lo hacen hombre; Salazar Duque y Escobar Uribe, mujer. Vélez registra la diferencia: según la región aparece como uno u otra.

  2. Tampoco coinciden en su oficio. En Carrasquilla y en Jaramillo arruina las cosechas con el contenido del tarro. En Escobar persigue a los monteadores que entran a la selva, como un búho enorme que no les deja encender el fuego. En Salazar Duque espanta a los mineros por las calles de los pueblos. En el SENA anuncia la muerte, las inundaciones y la pérdida de cosechas.

  3. El origen es lo que más varía, y sólo lo da el SENA: una víctima de la guerra de los Mil Días que se venga destruyendo los cultivos, un hombre pendenciero que perdió la pierna a machete, un hombre alto con un pie podrido escondido en el tarro. El libro de 2004 Cuentos de espantos y otros seres fantásticos del folclor colombiano, que se declara ficción, lo sitúa en el Chocó y Antioquia y le inventa un relato de horror con personajes propios.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Mixto · Antioquia · Andina
Referencias
7
Última revisión
22 de septiembre de 2026

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Base documental · 3 referencias

  1. La marquesa de Yolombó

    siise.bibliotecanacional.gov.co

    Testimonio literario más antiguo: el Patetarro como gigantón de una pierna con el muslo en un tarro de guadua, que derrama líquidos pestilentes en las sementeras y teme las calaveras de vaca, en la corte selvática de genios africanos e indígenas.

  2. Mitos, espantos y leyendas de Caldas

    ellibrototal.com

    Capítulo «El Patetarro», con Agustín Jaramillo, Iván Salazar Duque (1990, p. 76) y Escobar Uribe (1950, p. 20): el tarro-letrina, la Patetarro de los pueblos mineros y la noche de los monteadores.

  3. Remembranzas de mis abuelos: memoria oral y ambiental del alto oriente caldense

    repositorio.sena.edu.co

    Recoge el Patetarro en Samaná, Pensilvania, Manzanares y Marquetalia con tres orígenes: la guerra de los Mil Días, la pelea a machete y el pie podrido en el tarro (p. 70).

Contraste y contexto · 4 referencias

  1. Propuesta de conservación del Tótem Mítico de la Selva

    proyectopatrimonio.info

    Informe de conservación del Tótem Mítico de la Selva: Pedro Nel Gómez talló «La Patetarro» en 1968 y 1972-1973.

  2. En Medellín: desfile de danzas, mitos y leyendas. Una noche a la colombiana

    eltiempo.com

    Cuenta al Patetarro entre las comparsas de un desfile de mitos en Medellín en 1990.

  3. Cuentos de espantos y otros seres fantásticos del folclor colombiano

    archive.org

    Lo trae como ficha técnica (demonio, Chocó y Antioquia) y relato de horror con personajes inventados (pp. 43-44).

  4. Folclor tolimense

    repositorio.unibague.edu.co

    Registra la Patasola del Tolima, mujer que se vuelve perra o vaca y salta sobre una pata (pp. 67-69), el ser de una pierna que compara Similitudes.

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«El patetarro» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

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EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «El patetarro» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «El patetarro» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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