El patetarro

Andina · Mixto

El patetarro

El Patetarro es una figura de calamidad que afecta zonas rurales, vinculada a desastres naturales y males agrícolas en Colombia.

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El patetarro: la entrada del relato

El relato

En lo profundo de los montes colombianos, allí donde la niebla abraza las cumbres y la selva murmura secretos antiguos, emerge una figura que desafía la razón y estremece la conciencia del hombre. Aquel es el dominio del Patetarro, una presencia que navega entre lo tangible y lo etéreo, un ser moldeado por el miedo y el misterio. Su leyenda se despliega con múltiples pieles, arropada por las voces de las montañas y el rugido de los ríos embravecidos. Susurros de un alma en pena, de un siniestro guardián de lo impuro, invaden las mentes de aquellos osados que se aventuran a profanar sus dominios.

En el corazón de Antioquia, Cundinamarca y los litorales del Chocó, el nombre del Patetarro es un rezo olvidado y una maldición susurrada. Se dice que, en un tiempo remoto, fue un hombre mortal, un ser de cálido aliento y manos movidas por el deseo terrenal. Nacido en el vientre de la discordia y el vicio, su vida estuvo marcada por riñas perpetuas y amores fraudulentos. La fiebre del machismo y el licor lo llevó a una pelea que sería su condena. Herido de gravedad, su pierna se convirtió en un pozo de enfermedad y putrefacción.

Buscando refugio, este hombre errante dio con el oscuro abrazo de un socavón minero. Allí, con su carne descomponiéndose, encontró la sombra que pronto devoraría su humanidad. En un acto de desesperación y locura, amputó su pierna para sustituirla por un tarro de guadua, dentro del cual hacía sus necesidades y dejaba fluir la corrupción que consumía su ser. El socavón no sólo le ofreció escondite; le otorgó la inmortalidad de quien es temido y odiado por igual.

El rumor del Patetarro se esparce como el eco de las montañas, resonando en las comunidades mineras y campesinas. Se le describe como un ser furibundo, de proporciones desmesuradas y un olor tan repulsivo que los propios demonios se apartarían al respirarlo. Su pie, encajonado en el cruel recipiente de guadua, arrastra con él toda la vileza de su maldición. Allí donde sus "huellas" caen, brota la infestación de gusanos y la proliferación de plagas. Las cosechas se marchitan, y el trabajo del hombre es devorado por la podredumbre.

El silencio de la noche se rasga cuando el Patetarro escapa de sus montes. Los perros aúllan al olfatear su presencia y el viento canta con miedo. Se dice que en sus incursiones nocturnas, este ser descomunal roba gallinas y arruina los cultivos como venganza por aquellos que una vez osaron dispararle, confundiéndolo con una bestia salvaje. En cada gallinero donde desata su caos, deja el indeleble rastro de su malignidad. El campesino, que solía mirar su campo de flores con orgullo, ahora contempla impotente cómo la pestilencia helada consume sus colores bajo la sombra oscura del Patetarro.

Pero hay quienes aseguran que él es más que un monstruo. Dicen que en sus facciones, que a veces se debaten entre lo humano y lo bestial, se puede ver un reflejo de tristeza y abandono. Algunos lo creen una deidad guardiana de los bosques, azotada por la furia de aquellos que destruyen la naturaleza, o incluso, una figura que reta al hombre a mirar las sombras de sus propios excesos.

Y así, el Patetarro se convierte en leyenda, una figura que danza entre las nieblas del mito y la realidad, siempre cambiante, siempre eterna. Con carcajadas que vuelan por encima de los riscos y gritos que despliegan un coro de presagios infernales, se mueve a través de los paisajes de Colombia como una advertencia viva, recordando al oído atento que en el corazón del país habitan las almas de quienes han sido, son y serán engullidos por el vasto misterio de lo desconocido.

La enseñanza

La naturaleza responde a los excesos y vicios del hombre.

Territorio

Andina · Mixto

Andina · Mixto

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Andina
Comunidad
Mixto
Referencia
6.5° · -75.5°

Contexto histórico

El mito del Patetarro parece originarse como una forma en que los colonos antioqueños y los campesinos caldenses trataron de explicar mitológicamente los desastres naturales y las calamidades que afectaban sus cultivos, como las heladas y sequías severas o infestaciones de langostas que causaban desolación y ruina. Este mito se relaciona principalmente con las zonas mineras de Antioquia, Chocó y Cundinamarca en Colombia, donde se describen tanto figuras masculinas como femeninas asociadas a esta entidad, denominada Patetarro. Se mencionan varios relatos que explican su origen potencial en la figura de un hombre con reputación de violento y mujeriego, quien, tras una herida grave en una pelea, reemplazó su pierna con un tarro de guadua que utiliza también como letrina, lo que conecta con la característica de verter pestilencia en los campos. Tanto su presencia como sus acciones se asocian con señales de desgracias y eventos catastróficos.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales para quien quiera profundizar.

Procedencia

La procedencia cultural de este relato está clasificada y es la que aparece abajo. Lo que todavía no tiene es bibliografía publicada.

Clasificación
Tradición oral · Mixto · Antioquia · Andina
Última revisión
22 de julio de 2026

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Una clasificación no es una cita, y no la presentamos como si lo fuera: mientras no haya una referencia contrastada, este relato se lee como versión editorial de una tradición viva.

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«El patetarro» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

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EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «El patetarro» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «El patetarro» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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