La candileja

Andina · Mixto

La candileja

Tres luces rojizas avanzan junto a ríos, cerros y caminos del Tolima como memoria de una abuela y sus dos nietos.

Leer el relato
La candileja: la entrada del relato

El relato

Escuchar el relato · 3 min

Hubo una anciana que quiso tanto a sus dos nietos que nunca les negó nada. Les perdonaba todas las travesuras y jamás les hizo el menor reproche. Su alcahuetería llegó a tanto que un día a los muchachos se les antojó ensillarla y montarla como si fuera una bestia de carga. Ella, como si nada, los dejó hacer. Le pusieron la silla, se le subieron encima y la cabalgaron todo el tiempo que quisieron, y la vieja no protestó ni una vez.

Cuando murió, la llamaron a rendir cuentas. Le reprocharon que hubiera sido tan blanda con los nietos y no la dejaron entrar al cielo. Primero tenía que pagar su pena, y la pena fue vagar. Por mandato de lo alto anda desde entonces por los llanos, los montes, los ríos anchos, las quebradas y los caminos reales. Lleva en la mano un hachón encendido que le alumbra el paso con un chisporroteo del infierno.

Sale entre oscuro y claro, cuando amenaza lluvia y ya empiezan a caer las primeras gotas. Sale también en la madrugada grande, cuando todo está callado y el gallo todavía no ha cantado. Su luz es rojiza y echa chispas como un tizón que azota la brisa. Baja por la madre del río en las crecientes. Se ve a lo lejos en la cresta de los cerros. Asoma en las casas abandonadas, en las ruinas, en los caminos y en los llanos, y en los sitios donde se cree que hay tesoros enterrados. Por eso algunos la han confundido con la llama de una guaca. Los que saben no se equivocan: la luz de la guaca es blanca o azulita, según sea oro o plata, y es mansa. La de la vieja es roja, inquieta, se mueve como un fantasma y aparece y desaparece de golpe. A veces se distinguen tres hachones en fila: el de la anciana y los de sus dos nietos.

Al que viaja de a caballo le sale a la orilla del camino, lo sigue y se le monta en la grupa. Allí lo atormenta y lo araña hasta dejarlo sin sentido. Prefiere a los que andan solos de noche. Persigue a los borrachos, a los malos padres, a los enamorados de mala fe, a los que andan en malos pasos, a los perjuros, a los masones y a quien carga algún remordimiento. Dicen que sale de las orillas de los pantanos.

Quien quiera verla de cerca no tiene más que rezar, y ella viene. Quien quiera espantarla tiene que insultarla. Hay que gritarle vieja farolona, vieja alcahueta, que el demonio la ha de tener en la paila mocha, y todas las maldiciones que se le ocurran. Por eso los campesinos no la llaman por su nombre sino así: la vieja farolona. Y a los muchachos les aconsejan no andar solos por el llano cuando cae la noche.

La candileja: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Quien consiente todo a los suyos termina alumbrando de noche caminos que ya no son de nadie.”

Territorio

Andina · Mixto

Andina · Mixto

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Andina
Comunidad
Mixto
Referencia
4.43229° · -75.23983°

Ficha del relato

Contexto histórico

El relato sale de dos entradas tolimenses. La principal es «La Candileja», del capítulo de mitos de «Folclor tolimense», que Misael Devia Morales publicó en 1962 en la Revista Colombiana de Folclor (v. 3, n.º 7). La Universidad de Ibagué lo reeditó como libro en 2013 (Ediciones Unibagué, pp. 65-67, acceso abierto). Eugenia Villa Posse la reprodujo en 1993 en el tomo II de Mitos y leyendas de Colombia (IADAP, Quito), p. 151. Devia da la causa de la pena, la anciana consentidora ensillada por sus nietos, y la manera de aparecer, con la luz rojiza, la grupa del caballo y los tres hachones. También dice a quiénes persigue y cómo se la atrae o se la ahuyenta. La segunda es una entrada breve de Cesáreo Rocha Castilla en Prehistoria y folclor del Tolima (1959; ed. de 1968), dentro de «Algunos de los mitos populares del Tolima», reproducida por Villa Posse en el mismo tomo, p. 180. Rocha no cuenta la historia de la anciana. Dice que es una luz en llama que persigue de noche a los caminantes del llano cuando van solos, que sale de las orillas de los pantanos y que se ceba en quien tiene remordimiento. Ninguno de los dos da narrador ni fecha de recolección: describen una creencia campesina de los llanos del Tolima tal como circulaba a mediados del siglo XX. El marco es el de un alma en pena católica. Hay una sentencia divina, un cielo que se le niega mientras no purgue su falta y un demonio con su paila, invocados para echarla. La lista de perseguidos reúne pecados de la moral de la época, entre ellos el perjurio y la masonería.

Resonancias con otros mitos

El paralelo más cercano está en el mismo libro de Devia: la luz de la guaca. También es un resplandor nocturno que aparece en ruinas y lugares solitarios, pero es blanca o azul, mansa, y marca oro o plata enterrados. En el capítulo del Tunjo, Devia cuenta cómo los labriegos salían a buscar esas guacas y tesoros indígenas en las noches de Viernes Santo. La Candileja es lo contrario: una luz que no promete riqueza sino castigo. En el mismo repertorio tolimense, la Madremonte de Devia castiga a borrachos, pleiteros y adúlteros, igual que la Candileja castiga a borrachos, perjuros y malos padres. Las dos hacen de guardianas de una moral campesina. En la misma página de Rocha, la Patasola sirve a los campesinos para asustar a los niños y obligarlos a portarse bien. La Candileja invierte esa pedagogía: el castigo no cae sobre los muchachos traviesos sino sobre la abuela que nunca los corrigió, y los nietos, cuando aparecen, la acompañan en la pena.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. Los dos registros tolimenses comparten la luz nocturna que persigue a los caminantes culpables y se sube a la grupa del jinete. Difieren en casi todo lo demás. Devia la explica con una historia de culpa familiar: la abuela que no corrigió a sus nietos, condenada a vagar con un hachón. Añade que a veces se ven tres luces, la de ella y las de los dos muchachos. Rocha la deja sin biografía: es sólo una llama que sale de los pantanos y castiga el remordimiento, y de ella saca el consejo de no viajar solo de noche. Devia distingue su luz roja y chispeante de la luz blanca o azul de las guacas, una diferencia que Rocha no menciona. En Devia se la atrae rezando y se la ahuyenta a insultos. Rocha no da remedio. La encuesta de Guarnizo Sánchez y sus coautores en Ibagué (MODULEMA, vol. 8, 2024) resume la forma de Rocha: la luz de los caminantes del llano que escoge a quienes andan en malas acciones. En los Llanos Orientales circula con el mismo nombre una Candileja de tres llamaradas, abuela y nietos, pero lo que puede consultarse de esa forma es divulgación sin registro de campo.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Mixto · Tolima · Andina
Referencias
6
Última revisión
22 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Folclor tolimense

    repositorio.unibague.edu.co

    Registro del relato: la anciana y sus dos nietos convertidos en tres hachones de fuego que persiguen a borrachos, perjuros y malos padres (pp. 65-66 de la edición de 2013).

  2. Mitos y leyendas de Colombia, tomo II

    flacso.edu.ec

    Segundo registro de Devia (sección 20, p. 151) y la Candileja de Rocha Castilla como luz del llano en «Algunos de los mitos populares del Tolima» (p. 180).

  3. Patrimonio cultural: un estudio integral de las leyendas del Tolima en la ciudad de Ibagué

    dialnet.unirioja.es

    Registra a la Candileja entre las leyendas reconocidas en Ibagué y la clasifica como figura que se percibe por uno o dos sentidos.

Contraste y contexto · 3 referencias

  1. Cómo se formó nuestra mitología en el departamento del Tolima

    eltiempo.com

    Nombra a la Candileja en el repertorio tolimense de espantos.

  2. Aprendamos más de lo nuestro

    eltiempo.com

    Fecha la circulación de la Candileja en la prensa en 1995.

  3. La Candileja

    www2.culturarecreacionydeporte.gov.co

    Divulgación de la Candileja como bola ardiente de tres antorchas.

Voces de la comunidad

Conversación

¿Así te la contaron?

0 publicadas0 en revisión

«La candileja» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «La candileja» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «La candileja» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

TÚ

Deja tu versión

Desde 10 caracteres. Sin enlaces: los descartamos.

No se publica. Sólo lo usamos si necesitamos preguntarte algo.

Cada versión la lee una persona antes de publicarse. Verás la tuya aquí mismo mientras esperas.