
Varios · Mestizo
El judío errante
Una leyenda cristiana antijudía llegó a Tunja y se vinculó con una talla de Santo Domingo; su revisión hace visible el estigma que transmitió.
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Cuando Jesús iba camino del Calvario con la cruz a cuestas y quiso sentarse a descansar en una piedra, un judío llamado Ahseverús le gritó: «¡Anda!». Y Jesús le contestó: «Anda tú, anda hasta cuando yo vuelva, hasta el fin de los tiempos». Desde entonces anda por el mundo.
En Tunja, en la iglesia de Santo Domingo, hay una talla de madera de un judío que sale en las procesiones de Semana Santa. Va delante del Nazareno, arrogante, tirando de Jesús con una cuerda, mientras Simón Cireneo ayuda a cargar la cruz por detrás. Es oscura, y daba tanto miedo que hubo gente que se desmayó al verla por primera vez.
Los novicios del convento creían que el Judío salía de noche, a escondidas, de su celda, recorría los claustros y robaba comida. Decían que la estatua volvía de pronto la cabeza y clavaba miradas tenebrosas, que a veces lo encontraban sentado, llorando, con la frente escondida entre los brazos, y que hablaba, y que en el convento le daban de comer las sobras de la cocina.
Un viernes santo, el padre Luis recibió en el convento a un viajero que le preguntó por la estatua del Judío de Santo Domingo. Lo llevó a la celda donde estaban las tres figuras. El viajero y la estatua vestían de la misma manera. El viajero le preguntó al Judío de Santo Domingo si lo conocía, y el Judío le contestó que sí:
—El mismo soy. La esperanza de la humanidad está toda en este martirio, en esta muerte que tuvo lugar hace dieciséis siglos y que yo presencié.
El viajero era Ahseverús, el Judío Errante. Recorrió los claustros, salió del convento y siguió su camino con paso lento y cansado, hasta la consumación de los siglos.
También ha pasado por Pasto. Una noche de Jueves Santo, una mujer que volvía a su casa en el sector de San Ignacio, después de visitar los monumentos, vio a un hombre de apariencia extraña, con ropas antiguas, que rezaba de espaldas a una pared con la voz más dolorosa que había oído: «Dios mío, perdóname, Dios mío, perdóname, ya no puedo caminar más». Cuando se acercó, el hombre se esfumó en el aire. En su casa se lo contó a su marido, y él le dijo que acababa de ver al Judío Errante.

La enseñanza
“El que niega un descanso a quien sufre puede quedarse sin descanso para siempre.”
Territorio
Varios · Mestizo
El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.
- Región
- Varios
- Comunidad
- Mestizo
- Referencia
- 4.570868° · -74.297333°
Ficha del relato
Fuentes
Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.
- Procedencia
- Tradición oral · Mestizo
- Referencias
- 7
- Última revisión
- 22 de septiembre de 2026
Base documental · 3 referencias
- El pueblo boyacense y su folclor
babel.banrepcultural.org
El Judío Errante de Tunja (pp. 124-125): la talla de Santo Domingo, los novicios y el viajero que visita al padre Luis.
- El Judío Errante en Tunja
eltiempo.com
El paso procesional tunjano, las tallas del siglo XVI, la voz de Guillermo Rodríguez (Academia Boyacense de Historia) y el diálogo tomado de Rubio y Briceño (1909).
- Espantos que todavía asustan en las semanas santas
diariodelsur.com.co
El Judío Errante del Jueves Santo en Pasto: el hombre que reza de espaldas a la pared y pide perdón porque ya no puede caminar.
Contraste y contexto · 4 referencias
- Didáctica de la sensibilidad y el pensamiento crítico 2
ensst.edu.co
«El Judío Errante · La leyenda», con la acuarela de Adrián Munar del claustro de Santo Domingo.
- Cuentos de espantos y otros seres fantásticos del folclor colombiano
archive.org
Ficha del Judío Errante (pp. 51-52).
- Wandering Jew
jewishencyclopedia.com
La leyenda europea de Ahasvero y Cartáfilo: los nombres que cita Similitudes.
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¿Así te la contaron?
«El judío errante» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.
Versiones de este mito
0Ejemplo
No es realMi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.
Así se ve una versión publicada. De «El judío errante» todavía no hay ninguna.
Todavía nadie ha dejado la suya. «El judío errante» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.
- Qué cambió
- El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
- Dónde la oíste
- Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
- Quién la contaba
- Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.








