
Varios · Mixto
El silbón
En un trapiche de Guatiguará, Silvestre y los trabajadores oyen un silbido cuya intensidad invierte la distancia.
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Silvestre era un viajero de alma inquieta que llegó a Piedecuesta buscando curarse de sus muchas dolencias. Se quedó en el valle de Guatiguará, tierra de trapiches y montañas que alguna vez gobernó el cacique de Guarguatí, y consiguió trabajo en un trapiche, como todos los hombres que llegaban a esos parajes.
Cada vez que terminaba la molienda se celebraba con un banquete de carne, aguardiente y guarapo. Después de comer, los jornaleros se juntaban en el caney a contar historias.
Una de esas noches el aire se puso pesado. Primero se oyó un susurro, que fue creciendo hasta volverse un grito desgarrador. Era el Silbón. «¿Oyeron al Silbón?», preguntó un viejo. Le contestaron en murmullos, temblando: «Está cerca. Huele a azufre y a desgracia».
El Silbón vagaba entre montañas y sabanas arrastrando un costal abultado, lleno de huesos de hombres cuya culpa todavía estaba sin pagar. Estaba condenado por sus propios actos de violencia y por deseos que nunca cumplió, y buscaba alivio en los rezos ajenos, en las almas que rezaban por su paz. Sus silbidos eran música de muerte, y el viento los llevaba por los campos, las veredas y hasta las ciudades. Se le oía en cuaresma, al anochecer, y en Piedecuesta lo enfrentaban con oraciones, incensarios y plegarias.
En cada lugar tenía su forma. En Piedecuesta estaba también la Bruja Silbona, que pasaba como un ave negra sobre los tejados buscando a los jóvenes que desafiaban la noche. En Pescadero y en la vereda Lugencio, el grito del Silbón marcaba la hora en que el atardecer se volvía noche de espantos, y la gente sabía de memoria cuándo sonaba cada quejido.
También lo conocían en las montañas de Cundinamarca. Pascual Herrera, un campesino de allá, recordaba en las tardes, mientras bebía, la historia de don Juan Pataquive, el viejo al que los caminos y el Silbón le cobraron una vida llena de silencios y de amores prohibidos. «No le conteste nunca al Silbón», aconsejaba con la voz gastada. «No le siga el juego, porque en su silencio le va susurrando a uno destinos que se pierden en el eco de su desesperación».
Pasaron los días y las noches, y el Silbón siguió en su camino errante, juntando a los vivos y a los muertos con su silbido.

La enseñanza
“Quien siembra violencia en vida la sigue cargando, como un costal, después de muerto.”
Territorio
Varios · Mixto
El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.
- Región
- Varios
- Comunidad
- Mixto
- Referencia
- 4.570868° · -74.297333°
Ficha del relato
Fuentes
Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.
- Procedencia
- Tradición oral · Mixto
- Referencias
- 6
- Última revisión
- 22 de septiembre de 2026
Base documental · 3 referencias
- Leyendas y cuentos de Santander (fragmento de cubiertas publicado por el autor)
drive.google.com
Es la procedencia más probable del Silbón de Guatiguará: el volumen reúne cuarenta y seis leyendas de Santander con Piedecuesta como centro, y la contraportada muestra que trabaja con espantos de camino, vereda y trapiche. Fija editorial (Sic Editorial, Bucaramanga) e ISBN.
- Tres leyendas ganadoras y algo más… (fragmento publicado por el autor: portada, prólogo «Los senderos de Germán» y p. 7)
drive.google.com
El prólogo enumera los títulos del libro, y uno es «La Bruja Silbona», la figura que el relato pone junto al Silbón en Piedecuesta como ave negra sobre los tejados. Es el único rastro escrito de una pieza del conjunto, y documenta que Valenzuela recogió estas leyendas en las veredas del municipio.
- Cuentos, mitos y leyendas del llano, «La leyenda del silbón», pp. 50-74
babel.banrepcultural.org
Es la versión colombiana más extensa del motivo, contada por el narrador Saúl, el Niño Mentiroso: Secundino Quanay, caballicero envidioso, se adueña de una sabana, espanta a sus vecinos con su silbo y muere destrozado en el monte; desde entonces su espíritu recorre el Llano silbando como presagio de muerte. De aquí sale la mención de Saúl que trae el texto publicado.
Contraste y contexto · 3 referencias
- Mitos y leyendas de Colombia, tomo II, sección 20: Misael Devia, «Folclor tolimense» (1962), «El Silbador», folios 161-164
flacso.edu.ec
Registra el Silbador como creencia exclusiva del sur del Tolima: un pájaro de mal agüero invisible, ave del demonio y compañero de las brujas, cuyo aviso son tres silbidos prolongados que oye quien va a sufrir una desgracia, sobre todo la muerte de un ser querido. Trae el testimonio en habla campesina de don Baltasar Cabrera.
- Cuentos de espantos y otros seres fantásticos del folclor colombiano, «El Silbador» (pp. 87-88)
archive.org
Es de donde sale el episodio de Edilberto Triana que el texto publicado mezclaba con el Silbón: fragmentos inventados de un diario sobre la reconciliación de Dodó y Río Bello en la finca El Refugio, el 26 de junio de 1950, rota por el graznido del Silbador, que vuelve bestias a los hombres. La ficha técnica lo describe como «Ave del Demonio», invisible y compañero de las brujas.
- El Silbón
es.wikipedia.org
Resume la tradición venezolana del Silbón, difundida en los Llanos Orientales de Colombia: el alma en pena de un joven que mató a su padre y fue maldecido a vagar cargando sus huesos en un saco; si su silbido suena lejos, está cerca. Es el paralelo del costal de huesos que conserva el relato de Piedecuesta.
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¿Así te la contaron?
«El silbón» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.
Versiones de este mito
0Ejemplo
No es realMi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.
Así se ve una versión publicada. De «El silbón» todavía no hay ninguna.
Todavía nadie ha dejado la suya. «El silbón» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.
- Qué cambió
- El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
- Dónde la oíste
- Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
- Quién la contaba
- Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.








