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El mohán

El Mohán es una figura multifacética, variando su apariencia y características según las regiones y versiones del mito.

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Ilustración de El mohán

En el corazón palpitante del Tolima, donde los ríos susurran secretos ancestrales, surge una figura mítica que abraza el tiempo y el espacio: el Mohán. De él se susurran cuentos en todos los rincones, desde las moyas de Ambalema hasta las montañas brumosas del Chocó, tejiendo una narrativa que es tanto terrorífica como fascinante, una historia tan llena de realismo mágico que coexiste con la cotidianidad de los habitantes de estas tierras.

En las riberas del Magdalena, cuando el sol comienza su descenso y las sombras se alargan, se dice que aparece el Poira, el otro nombre mutante de nuestro Mohán; tan ansioso de amor como lo es de travesura. Las lavanderas, con sus cánticos que resuenan en el río, posiblemente rebotando en las rocas, cuentan haber visto una figura masculina de cabellos largos y barba espesa, colmada de joyas de oro que chisporrotean incluso bajo la luz pálida de la luna.

El Poira, o Mohán, se muestra algunas veces como un hombre pequeño, ágil y robusto, que se adentra despreocupado en los mercados del día para confundirse entre la gente, sabiendo que allí encuentra el deleite del cotilleo y la oportunidad de trastocar destinos. Otras veces, sin embargo, es la estampa de un gigante musgoso, teñido de sombras y luces rojizas, un espectro del río cuya mera presencia es suficiente para helar la sangre de los bogas y pescadores.

Cuentan las historias, siempre en tono susurrante, que el Mohán disfruta complicando las labores cotidianas de quienes interfieren con el fluir natural de los ríos. Mientras los pescadores lanzan sus redes con precisión aprendida, él se dedica a enredarlas con risas que se mezclan con el ruido del agua, desvanece cargamentos de peces y confunde las brújulas interiores de aquellos que tratan de aprovechar la abundancia del río en los días de precepto. Los pescadores, presas de una rabia temerosa, invocan santos y años de creencias para alejar su influencia, sabiendo que al menor descuido podrían ser arrastrados a unas aguas de las que no volverían.

Sin embargo, el lado más conocido del Mohán es su atracción fatal hacia las jovencitas que encuentran al río un aliado para purgar sus recelos. Bajo el sol del Magdalena, el mismo que besa sus mejillas y arranca destellos de sus cuerpos jóvenes, estas muchachas no sospechan que el Mohán las observa hechizado. Las historias, algunas reales y otras imaginadas, apuntan que este espíritu las transporta a un mundo subacuático hecho de palacios de oro y música hipnótica, donde el tiempo se detiene y la vida como la conocían se convierte en un eco distante.

Pero no todo es plenitud en el reino del Mohán. Existe también la Mohana, un enigma en sí misma, quien, según algunos pescadores, vive ajena al mundo del Mohán, llevando consigo a los hombres más codiciados en sus redes de brujería a lugares donde los recuerdos se sumergen y no retornan. Se dice que sus acciones no están motivadas por capricho, sino por un deseo profundo de poseer belleza y juventud en un mundo donde lo efímero lo gobierna todo.

Los relatos dicen que ambos seres se transforman con facilidad, surgiendo de las aguas o de los montes como jaguares, serpientes, o incluso ráfagas de viento que arrastran consigo una sinfonía de sonidos inverosímiles, recordándonos que lo místico está en todas partes, escondido a la vista de lo obvio. Aquellos que han sido presa de su encanto regresan cambiados; traen consigo el olor de las aguas y del tabaco fumado en las profundidades, sus ojos reflejando sombras de tesoros escondidos entre rocas y corrientes.

Conforme las historias del Mohán se esparcen entre las comunidades ribereñas, los abuelos narran sus encuentros a los niños con temor reverente, manteniendo así viva la leyenda. El Mohán, el Poira, el guardián y persecutor de los ríos, sigue siendo una fuerza cuya sombra alargada toca cada faceta de la vida en el Tolima. Este es un ser tan real en el folclore como lo son los árboles que la brisa mece y el río que nunca deja de fluir, recordándonos la tenue línea entre lo tangible y lo etéreo, entre el mito y nuestra realidad cotidiana.

Historia

El origen del mito del Mohán se sitúa principalmente en la región del Tolima, donde es considerado el personaje más importante de su mitología. Su figura es multifacética, variando su apariencia y características según las versiones y las regiones. El Mohán es descrito como un ser con elementos demoníacos, musgoso y cubierto de pelo, o con rasgos de un indio viejo. Se asocia con las aguas y los ríos, especialmente el Magdalena, y se le atribuyen poderes sobrenaturales, como la capacidad de metamorfosis y la protección de tesoros en sus dominios acuáticos. Es conocido como un espíritu que persigue a jóvenes mujeres casaderas, llevándolas a sus oscuras guaridas, y es temido por los pescadores, quienes dicen que hace zozobrar sus embarcaciones y les roba sus equipos de pesca. También se le considera un guardián de la naturaleza y un protector de los ecosistemas acuáticos. En algunas versiones, se menciona la existencia de una figura similar llamada Mohana, que persigue a jóvenes hombres. El mito refleja una mezcla de elementos culturales y naturales, como el respeto por los ríos y la superstición, provocando miedo y admiración a lo largo de diferentes épocas y comunidades.

Versiones

El análisis de las diversas versiones del mito del Mohán revela una notable diversidad tanto en su descripción física como en las acciones y características atribuidas al personaje. La versión del Tolima, por ejemplo, describe al Mohán como un ser respetado y temido, cuyas manifestaciones varían significativamente según la región. En Ambalema, aparece como un hombre pequeño, social, pero en Coyaima y Chenche, se transforma en una figura más oscura y solitaria, asociada con desastres y persecuciones feroces. Aquí, el Mohán no solo es un raptor de mujeres sino también un ser que castiga a los pescadores, saquea al pueblo y desata tragedias naturales. En contraste, otros relatos, como los de Octavio Marulanda, muestran al Mohán como un personaje más juguetón y musical, enfatizando elementos culturales como la música y el baile, lo que sugiere una figura menos temida y más relacionada con el folclor alegre.

Otras variaciones presentan al Mohán con atributos sobrenaturales o demoníacos, como la capacidad de metamorfosis y la conexión con el Diablo, sugiriendo una relación entre su mito y aspectos morales o religiosos. Las versiones caldenses remarcan esta conexión, presentando al Muán como un ser capaz de transformarse y proteger tesoros, uniendo ingeniosamente la figura con elementos del folclor universal, como la figura de Fausto. Estas versiones añaden un matiz de temor y fascinación, mezclando relatos de encantamientos y transformaciones con advertencias ecológicas y morales. En una dimensión similar, las historias en el Chocó y el Magdalena presentan a Mohán como un protector de los ríos, sugiriendo un rol medioambiental que alerta y castiga a quienes no respetan la naturaleza, proporcionando así una conexión entre la leyenda y el comportamiento ético hacia el entorno natural.

Lección

El respeto por la naturaleza y sus guardianes es esencial.

Similitudes

Se asemeja a mitos como el de Proteo en la mitología griega, que también posee la capacidad de metamorfosis y está asociado al mar.

Territorio

Ubicacion geografica del mito

Ubicacion registrada para este mito en el territorio.

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