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La llorona

La Llorona, una figura mítica, refleja el dolor maternal y la culpa en diversas culturas de Hispanoamérica.

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Ilustración de La llorona

En un país donde las montañas parecían querer alcanzar las estrellas y los ríos corrían con secretos susurrantes, se tejía una antigua leyenda que rugía en las entrañas de la tierra como un susurro perpetuo. Esta era la historia de La Llorona, una mujer condenada a vagar por senderos oscuros, llorando por sus hijos perdidos, un espectro tejido con hilos de dolor y arrepentimiento que trascendía el tiempo y las fronteras.

En aquellos días de antaño, cuando el mundo aún era joven y la conquista apenas tatuaba su primera cicatriz sobre la tierra, vivía una india de insondable belleza. Se dice que su cabello largo y negro reflejaba las sombras de las selvas, y que sus ojos, profundos como lagunas al anochecer, guardaban una misteriosa tristeza. Esta doncella, que algunos llamaban Chocacíhuatl, se enamoró de un hombre cuya presencia en su vida fue tan evanescente como el reflejo de la luna en las aguas de un pozo. Le pidió un imposible: que le trajera aquella joya lunar que oscilaba en el agua. En un impulso febril de amor, el galán se lanzó al pozo y jamás regresó. La doncella, al verse sola y consciente de su petición irreal, se lanzó tras él al oscuro abismo, iniciando así la primera de sus transmutaciones en leyenda.

Pero esta no es la única encarnación de la Llorona que puebla la memoria de los pueblos. En una noche de plenilunio, una mulata quinceañera, temerosa de la mirada inquisitiva de su propia sangre, llevó a su hijo al borde de un río. El remanso que debía guardar el secreto de su vergüenza se lo llevó en un murmullo acuático. Desde entonces, su silueta etérea vaga por los cauces, arrullada por el llanto que el viento lleva y trae, gimiendo "¡Aquí lo eché... aquí lo eché! ¿En dónde lo encontraré?".

Asimismo, en los cafetales y riberas andinas, algunos narran la historia de Bárbara, una mujer que, endulzada por las falsas mieles de la juventud, cegó la luz de sus propios retoños con sus propias manos impías. Se dice que en sus años finales, postrada en un lecho de enfermedad, Bárbara intentó desandar los ríos de culpa que ella misma había desbordado, gritando entre estertores: "¡Ay!, ¡el niño mío, el niño mío!". Desde su muerte, en los caminos donde otrora transitaba, resuenan los llantos y el clamor de una madre que jamás encontró paz.

Por generaciones, en los valles y montañas, en las urbes bulliciosas o en los campos silentes, su figura se desdibuja en el aire cual un espectro esquivo. Vestida de blanco inmaculado, salvo por las manchas de hojarasca y barro que cubren su atuendo, ella sigue la etérea procesión de sus lágrimas, caminando errante por senderos nocturnos. Sus pies descalzos no temen a la piedra ni a la espina, como si el dolor del mundo se le hubiera hecho ya familiar.

Algunos aseguran que la Llorona es un reflejo viviente de antiguas deidades: de Cihuacóatl y Mictlancíhuatl, diosas que habitaron antes de que los conquistadores trajeran consigo nuevas culpas. Cihuacóatl, patrona de las mujeres guerreras que murieron en el parto, transforma el lamento de la vida en un bálsamo para el alma.

Dicen que la Llorona no conoce el descanso, que su peregrinaje hecho de sollozos y masacres emociona hasta a la luna, quien, celosa de su reflejo, se oculta tímidamente tras sus velos de nubes. Al mascar noche y al exhalar luna, su lamento reverbera entre las montañas, surcando los aires como un ave invisible en anhelante vuelo. Un murmullo que resuena en quebradas y cañadas, en valles y poblados, convirtiendo su historia en un eco perpetuo y macabro.

La Llorona no busca venganza; su sino no es el del castigo. Sin embargo, en las noches cargadas de lujuria o de embriaguez, el encuentro con su mirada centelleante en rojo, su aliento gelido o su llanto iracundo pueden quebrantar hasta al más temerario de los hijos de Eva. Algunos hombres incautos, sorprendidos bajo una capa de etílica amnesia o infidelidad, la ven aparecer, formando parte de sus peores pesadillas, coligiendo que lo que es sombra es realidad y lo que es pesadumbre, eternidad.

Siempre perseguidas por sus penas, diseminadas como polvo en el viento, las historias de La Llorona se enredan en el hilo de lo intangible, haciéndose eco de una vieja canción que resuena aún en la sien de aquellos que prestan oídos a las leyendas. Y así seguirá ella, raíz y fruto de un dolor que en cada primavera renueva su ciclo, buscando, gimiendo, presagiando, llena de un insondable anhelo que le negará para siempre la liberación.

Historia

El mito de La Llorona tiene sus orígenes en el periodo prehispánico en Mesoamérica, específicamente entre los mexicas, con vinculaciones a figuras divinas y leyendas de varias culturas mesoamericanas. La leyenda se consolidó durante la época colonial, integrando elementos indígenas y españoles, convirtiéndose en una historia de sincretismo cultural. Su relato, que se ha diversificado y adaptado a diferentes regiones geográficas a lo largo de Hispanoamérica, se describe generalmente como el espíritu de una mujer que asesinó a sus propios hijos y ahora vaga lamentándose eternamente. La figura de La Llorona está asociada con diversas deidades prehispánicas, tales como Cihuacóatl, una diosa de la tierra y de los partos entre los mexicas. Elementos del mito también están presentes en narrativas de otras culturas indígenas a través de América, reflejando una rica diversidad cultural y simbólica. Estos rasgos fueron adaptándose con el tiempo, añadiendo y transformando características de acuerdo a la región en la que se cuenta la historia. En México, el personaje es también relacionado con el folclor colonial como la figura de la dama de blanco, y está incluso considerado un Patrimonio Cultural Intangible en la Ciudad de México.

Versiones

El mito de La Llorona presenta múltiples versiones a lo largo de diferentes regiones de Hispanoamérica, y cada una aporta un matiz distinto al origen y motivación del personaje central. En el relato recogido de los diarios de don Rafael Restrepo, se narra una experiencia personal que conecta lo sobrenatural con un ambiente específico: un trayecto en el territorio colombiano en 1826. Este relato se centra en la atmósfera ominosa y el fenómeno inquietante del llanto sin detallar demasiado sobre la figura en sí misma, poniendo énfasis en la percepción de los viajeros. Por otro lado, las versiones de Arturo Escobar Uribe y otros relatos colombianos como el del corregimiento de Riosucio, se refieren a la leyenda de forma colectiva, donde La Llorona es una mujer indígena o mestiza que cometió filicidio y ha sido condenada a vagar llorando. Estas versiones definen su apariencia de forma macabra, con detalles más gráficos y específicos, y destacan las consecuencias del remordimiento y la condena eterna.

Las versiones más extendidas del mito en contextos más amplios son evidentes en fuentes que integran elementos histórico-culturales mesoamericanos y vinculan a La Llorona con deidades prehispánicas como Cihuacóatl. En estas narrativas, se mezcla el simbolismo de la cultura indígena y la transformación que sufrió la leyenda durante la época colonial, enriqueciendo el mito con una lectura de sincretismo cultural e identitaria. Por contraste, algunas leyendas sudamericanas, como las presentes en Argentina o Perú, adaptan la narrativa haciéndola más visceral con versiones donde los hijos son raptados o asesinados, convirtiendo a la Llorona en una figura más victimizada, lo que a menudo cambia el enfoque del mito de un acto de violencia pasional a una tragedia externa. De forma general, el mito sirve como puente para expresar y explorar tensiones culturales, históricas y sociales en las diferentes regiones en las que se desenvuelve, destacando tanto la universalidad del tema del dolor maternal y la culpa como las particularidades regionales que lo conforman.

Lección

El dolor y la culpa pueden condenar eternamente.

Similitudes

Se asemeja al mito griego de Medea y al mito japonés de Yūrei, ambos centrados en el tema del dolor maternal y la venganza.

Territorio

Ubicacion geografica del mito

Ubicacion registrada para este mito en el territorio.

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