En un tiempo inmemorial, cuando los cielos se cubrían con alas multicolores de aves y la selva murmuraba secretos solo discernibles para los ancianos sabios, el mundo vibraba al compás de las canciones de los pájaros. En medio de este vibrante entramado de vida, Fïzido Jïzuma, conocido como el Huevo de Picaflor, merodeaba con inquietud por el bosque, perturbado por un canto burlón que perseguía sus días y sus noches. Era un canto travieso, una afirmación repetida al viento por un pájaro insolente: "¡El hermano de Jitoma es tuerto!"
La imprudencia de tal canción casi carcomía el alma de Fïzido, despertando en él un deseo de demostrar su honor. Sin consultar a Jitoma, que ostentaba el poder soberano del Sol, Fïzido decidió construir una trampa con la esperanza de atrapar al ave irreverente. Una por una, las criaturas emplumadas sucumbieron a su ingenio. Las interrogó con severidad, liberándolas solo cuando le convencía su inocencia.
Eventualmente, el último prisionero, el Paujil Colorado, quedó temblando en la celada. Imitó los cantos de otros, tratando de confundir a Fïzido, pero este, familiarizado con cada nota del bosque, no fue engañado. Bajo la presión de la confrontación, el Paujil reveló su insolencia y, en un arrebato de impaciencia, Fïzido lo mató, cocinándolo al borde del río Caquetá. Allí, invitó a Jitoma a un banquete de carne y venganza.
Sentados sobre las riberas, esculpidas en piedra por el tiempo, Jitoma advirtió a su hermano: "No comas el tuétano de los huesos. Hay misterios que deben quedar intactos."
La advertencia se perdió en la curiosidad voraz de Fïzido. Sospechando que su hermano quería guardarse lo mejor, succionó ávidamente el tuétano, provocando un flujo incesante de un líquido cálido, que pronto se desbordó por el mundo. En un intento desesperado por contener la crecida, vertió el líquido en un bejuco, y luego en carrizos, yarumos, y todo árbol de la selva. Pero el flujo era incontenible.
La tierra se inundó en vastas aguas que devoraron el bosque, desplazaron a los animales, destruyeron las malocas y ocultaron a los espíritus humanos bajo tierra, esperando su salvación. Ante la magnitud del desastre, Jitoma ascendió a la loma de Adokï, donde solo lo alto afloraba entre la inmensidad oceánica. Desde allí ideó una solución: inventó la arena y, al esparcirla sobre el diluvio, la tierra reverdeció bajo un milagro de renovación.
Fïzido, debilitado por la consecuencia de sus acciones, sufrió una enfermedad sin tregua que lo postró. Compasivo, Jitoma entonó un conjuro: "Así como el agua se estancó en el bejuco, así quedará estancada en tu vientre." Las palabras tranquilizaron el tumulto en su estómago, y el hermano menor entendió finalmente su imprudencia.
El mundo recobró su forma, pero una desolación extraña colmaba el aire. Buinaima, conocido como el Dueño del Agua, vagaba en soledad, buscando a las gentes perdidas en silencio. Hasta que, un día, llegó a sus oídos una canción encantadora desde más allá de las nieblas humeantes del diluvio. "¿Quién canta con tal regocijo en esta desolación?" preguntó.
Una melodiosa voz respondió: "Soy Jérofaikoño, la Mujer de los Sapos. Sobreviví al gran diluvio y canto para liberar a las almas prisioneras. Soy libre para cumplir cualquier compromiso."
Buinaima ansió unírsele para devolver la vida a aquel mundo desolado. "¿Cómo puedo alcanzarte?" preguntó. Pero la respuesta fue firme: "No es propio que una mujer busque al hombre. Ven a mí tú mismo." Con détermination, Buinaima construyó una maloca y fue en su encuentro. Vivieron juntos, aunque ella mantenía un misterio sobre la providencia de la cauana, su único sustento, que obtenía de su propia espalda.
Para rescatar a los espíritus, Buinaima imploró al Dios Supremo, Juzíñamui, quien respondió en sueños: "Las gentes están bajo tierra. Toma una vaina de achiote, extrae sus semillas y siémbralas donde escuches sus voces cuando las llames."
Obediente, Buinaima recorrió el mundo, llamando y sembrando. Al regresar, advirtió a Jérofaikoño: "Cuando las gentes emerjan, guarda silencio. Un grito las ahuyentará." Pero, aquella tarde, los espíritus volvieron a las sombras asustados por una voz desde la maloca. Dándose cuenta de la traición, Buinaima entendió que Janaba, la sombra envidiosa, les había engañado. Sin rendirse, buscó a Juzíñamui de nuevo, quien le sugirió utilizar semillas de tabaco.
La noche en que los espíritus finalmente emergieron y llegaron a la maloca, donde fueron recibidos con una bienvenida solemne, las sombras de Buinaima y Jérofaikoño se unieron para mantener el silencio. Las tribus resurgieron del secreto, aunque tiritaban de frío y carecían de un lenguaje para comunicarse plenamente.
Buinaima acudió de nuevo al consejo divino, obteniendo la dirección hacia una llamita custodiada en el Oriente por Muinájema y su hija. Envió a Fïzido, quien, transformado en un pajarillo, robó las brasas y regresó, con las flamas contenidas en su garganta, provocando desgracia en el Paujil que se tragó las llamas, cumpliéndose la maldición sobre él.
Con las llamas ahora entre ellos, el fuego alimentó a las tribus y ají en sus bocas despertó la palabra y el lenguaje. La algarabía ensalzó el renacimiento con canciones y danzas que rodeaban a Buinaima como las raíces envuelven sus plantas.
Sin embargo, la armonía era efímera mientras Buinaima buscaba la compañía verdadera. Una música le guió hacia Buinaiño, la Madre de Todos, que llegó con su gente convertida en los utensilios de la vida cotidiana. Un ancestro cultivado desde tiempos remotos, Buinaiño trajo consigo un resplandor que transformó el entorno.
Unimos las voces muchas veces distantes de aquellos que formaron las estrellas en un firmamento de mitos, entretejiendo hilos de narraciones que, en su diversidad, reflejan las mismas verdades profundas del cosmos, de las gentes, y de los espíritus que, desde lo más anciano, susurran a nuestras almas recordándonos quiénes somos. Con ella, el ciclo de vivencias se cerraba, perpetuando la danza interminable de la creación y destrucción de la tierra, hasta que la eternidad se ilumine con el fuego del amor y el caos, contenido en el corazón de todas las historias que nos hacen humanos.
Historia
El mito parece tener su origen en la selva, donde se narra cómo Fïzido Jïzuma, bajo la influencia de un canto burlón de un pájaro, provoca una inundación catastrófica al desobedecer a su hermano Jitoma, el Sol. Esta historia, centrada en una figura llamada Jitoma, aparece en varias versiones, donde se habla de un diluvio que cubre la tierra hasta los pies del cielo, relacionado también con la ira de personajes que cultivan una tierra reblandecida por las lluvias en la tradición mitológica. Las historias convergen frecuentemente en temas de diluvios, pérdidas de civilización y moralejas sobre la obediencia y el respeto a los mayores. Sin embargo, la información proporcionada no da un origen inequívoco o singular sobre el mito, ya que las narrativas varían y se entrelazan con personajes como Jitoma, Buinaima, y figuras celestiales o animales simbólicos.
Versiones
Las versiones del mito presentan variaciones significativas tanto en sus protagonistas como en sus elementos narrativos y contextos culturales. En la primera versión, centrada en Fïzido Jïzuma y su interacción con entidades naturales, el relato se enfoca en un diluvio provocado por la curiosidad y desobediencia de Fïzido. La historia incluye una interacción con el Paujil Colorado y culmina con una solución creativa de Jitoma, quien usa arena para restaurar el mundo después de la inundación. El tono aquí es de aprendizaje y redención, con una fuerte presencia de elementos naturales y un ciclo de transgresión y corrección que involucra a los espíritus y dioses del panteón indígena.
En contraste, las demás versiones cambian los protagonistas y los eventos principales, generalmente enlazados a conflictos interpersonales y simbolismo sobre el tema de la renovación. La segunda versión presenta un relato sobre el uso de un hacha y geomorfismo, relacionado con un diluvio provocado por un conflicto cósmico donde el héroe Kuio es central para narrar la destrucción y la transformación. La tercera y cuarta versiones también abordan temas de relaciones entre deidades y humanos, pero a través de la interacción con seres míticos como Yaere, quien, al igual que en las otras historias, se enfrenta a desastres naturales. Además, los eventos en estas versiones integran la interacción con seres sobrenaturales y la creación de nuevos elementos, como las primeras tribus y elementos fundamentales para la vida. Cada versión encarna distintas perspectivas cosmológicas y realza un sentido de causa y efecto diferenciado por la cultura específica de origen, con nombres y eventos distintos que reflejan la riqueza y diversidad de las mitologías indígenas sudamericanas.
Lección
La desobediencia puede llevar a la catástrofe.
Similitudes
Se asemeja al mito del diluvio universal en la mitología mesopotámica y la historia de Prometeo en la mitología griega.
Territorio
Ubicacion geografica del mito
Ubicacion registrada para este mito en el territorio.



