Nofïdeño, la Madre que sostiene la tierra

Amazonas · Huitoto / Murui-Muina

Nofïdeño, la Madre que sostiene la tierra

Nofïdeño sostiene la tierra, provoca sus movimientos y reúne en sus nombres el origen de gente, frutos, lluvia y ríos.

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El relato

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Antes de que naciera la tierra ya estaba Nofïdeño, la madre de todo. Ella genera los temblores: se acurruca para dar a luz, y al hacer la fuerza necesaria para parir las frutas vienen los remezones del suelo.

Carga el mundo sobre un hombro y lo pasa al otro para descansar, y al cambiarlo revisa los árboles del otro lado. Cuando ve que sus hijos no aumentan, baja el mundo del hombro, busca entre los árboles los estériles, los arranca y los cambia por buenos, para que las mujeres den a luz en esta tierra y no se desperdicien las frutas.

Después de esos movimientos nació la gente, y nacieron el tabaco, la coca y los árboles frutales. La que parió a la gente fue Buinaiño, que es la misma Nofïdeño. Le dio de mamar y dejó ese poder a todas las mujeres, para que los hijos crezcan alimentándose sólo con líquido. Cuando terminó de parir se sacudió, se limpió la mugre que tenía y quedó jovencita; la basura la soltó lejos, y allí se convirtió en árboles cuyas frutas sólo comen las bestias. Fueron las primeras frutas de la tierra.

Contenta de ver crecer a sus hijos sin enfermedad, miró hacia arriba y vio que ya no estaba sola: desde arriba la miraba Juzíñamui, que vigila y cuida el mundo. Miró hacia abajo y vio a Buinaima, que también los cuidaba. Desde ese momento Buinaiño tomó varios nombres: Madre de las frutas, Madre de la humanidad, Madre de los ríos, Mensajera de Juzíñamui y Madre de la Creación. En medio de los ensueños lo encontró todo y lo trajo; no se la ve porque siempre viene en sueños.

Cuando se pone muy contenta cambia la tierra de un hombro a otro, y abajo se grita que el mundo se va a partir, y no pasa nada. Mueve la tierra para que la gente caiga en cuenta de que es hija suya. La mujer que pare en este mundo no es propiamente la madre: es sólo una imagen de Buinaiño, la que en verdad da la vida. Cuando tiembla y se pregunta quién hace el movimiento, la coca cuenta en sueños que es la madre, que se llama Nofïdeño y que ha nacido antes de haber nacido la tierra. Conoce los nombres de todas las cosas porque ella parió y nombró a todos los seres.

Arrulla con canciones dulces y hace dormir al mundo: es la noche. Al despertar baña a sus hijos con caricias y calma la sed de todos: es el rocío y la lluvia. Cuando las frutas se secan manda agua para que beban: es el invierno. Por eso todo lo que dejó, desde la leche hasta las frutas, es dulce.

Concluida su tarea se puso el nombre de Komuidaño, «Generadora de la gente», «La que hace nacer». Es dueña de la yuca brava, la yuca dulce, la piña y el maní, y lo dejó todo como herencia. Hizo jechar la tierra y la sostuvo, y por eso tomó el nombre de Moziraño; porque es capaz de hacer y multiplicar todas las cosas se llama Bagïdaño; y porque no se cansaba de sostener el mundo, cuya osamenta es la piedra, se llama Nofïdeño, Mujer de piedra. Cuando tomó los nombres de Komuya Buinaño y Jebuya Buinaiño, que quieren decir nacer y aumentar, empezaron a proliferar las gentes y vino la división por tribus. Todos vienen de una sola madre, aunque algunos digan sin saber: «yo soy de otra gente».

Al final cogió la tierra en sus manos y le puso goma para que no se le fuera a caer. Cuando hace los cambios de posición toma el nombre de Jerénoaño, y los hace para probar si está firme todo lo que ha hecho; luego lo coloca en su puesto. Viendo que todo estaba firme, asentó su cuerpo y dejó su nombre grabado en la tierra: Nofïdeño.

Nofïdeño, la Madre que sostiene la tierra: lo que quedó del relato

La enseñanza

“El temblor de la tierra recuerda que la vida entera viene de una sola madre.”

Territorio

Amazonas · Huitoto / Murui-Muina

Amazonas · Huitoto / Murui-Muina

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Amazonas
Comunidad
Huitoto / Murui-Muina
Referencia
-1.24° · -72.82°

Ficha del relato

Contexto histórico

Lo narró el Abuelo Jitoma Naïre en La Samaritana, cerca de Puerto Leguízamo (Putumayo), en 1971, y lo tradujo el Abuelo Jitoma Zafiama. Fernando Urbina Rangel lo recogió allí, en lo que él llama su segundo trabajo como etnógrafo, y lo publicó como capítulo primero de Las palabras del origen (Ministerio de Cultura, 2010), páginas 43 a 51. Es el único de los dieciséis capítulos de ese libro que Jitoma Naïre firma.

El propio Urbina conserva en el introito una nota que escribió mucho antes, al comparar este texto con los ocho que le había entregado Jitoma Zafiama: cree que lo dicho por Jitoma Naïre es «un fragmento mínimo de una inmensa tradición cosmológica» en la que la madre es la figura fundamental, y sostiene que Juzíñamui, Buinaima y Buinaiño fueron relevados por los misioneros, que vieron en ellos equivalentes fáciles del Dios Padre cristiano, de Cristo y de María. En nota al pie añade que en la tradición de los uitotos Buinaiño es la fecunda esposa de Buinaima. Esa advertencia es del compilador y no del Abuelo, y conviene leerla como hipótesis suya.

Desde ese mismo introito Urbina remite a su artículo «La mujer en el mito» (1999) para profundizar en el principio femenino, y reproduce dos materiales que no son de Jitoma Naïre: el mito de Añïraima que le narró el Abuelo Noé Rodríguez en la región de Guaimaraya, hacia el río Caquetá, y «El conjuro de la maloca», parte de «La gran historia» del Abuelo Rafael Núñez (Enókayi), recogida por Blanca Vargas de Corredor con versión castellana de Marceliano Guerrero. De ahí sale la fórmula «madre de la palabra / madre de la voz» que Maribel Berrío-Moncada cita de la página 47 en su trabajo de 2023 sobre la chagra de las mujeres murui-muina.

Las demás fuentes de esta página no cuentan este mito, y eso hay que decirlo. «Palabra de la Madre Cosechadora», que Hipólito Candre Kɨneraɨ dictó en 1992 y que Juan Álvaro Echeverri transcribió y tradujo en Tabaco frío, coca dulce, es palabra de curación, no cosmogonía, y despliega a la Madre en nombres-función sin nombrar nunca a Nofïdeño ni explicar los temblores. La tesis de Echeverri de 1997 razona la Madre como principio irreducible desde el rafue de Kɨneraɨ, en inglés y en el Caquetá medio. El trabajo de Fany Kuiru Castro sobre la manicuera documenta la yuca dulce como fuerza entregada a las mujeres de La Chorrera, pero atribuye ese don a moo y no a la Madre. La primera parte de Preuss aporta el contraste, no el paralelo: su corpus de 1914 no contiene a Nofïdeño.

Lo que falta es el registro en lengua. No hay transcripción bilingüe de este relato, no se conoce grabación, y del Abuelo Jitoma Naïre no consta clan, edad ni fecha exacta dentro de 1971.

Resonancias con otros mitos

El paralelo más exacto está a dos ríos de distancia y en otro género de palabra. En «Palabra de la Madre Cosechadora», dictada por el anciano okaina-uitoto Hipólito Candre Kɨneraɨ en el Igaraparaná y traducida por Juan Álvaro Echeverri, la Madre es La Cosechadora, La Amontonadora, La Recogedora, y su canasto acumula daledale, ñame, mafafa, batata, yuca brava y semillas para sembrar. Es el mismo mecanismo de una sola Madre desplegada en nombres que son oficios, y la misma herencia de cultivos. La diferencia es de función: eso es palabra de curación, para enfriar y alegrar el corazón, y no cuenta que la Madre cargue la tierra ni que la mueva.

Dentro del mismo libro, el mito de Añïraima que narró el Abuelo Noé Rodríguez en Guaimaraya pone a la Madre por encima del Padre, que retiene las palabras pero cuya fuerza creadora es de ella. Ahí la Madre gana un pulso; aquí no hay pulso ninguno, porque Juzíñamui arriba y Buinaima abajo se limitan a mirar mientras ella pare y sostiene.

El contraste más útil es con el texto de la creación que Preuss recogió en 1914 en el Orteguaza: allí el principio es un Padre que palpa la nada, la ata con un hilo soñado y va sacando de sí el agua, el cielo y los animales. Los dos son relatos uitoto de comienzo del mundo, y son inversos: uno empieza en un padre que no tiene nada y el otro en una madre que ya lo tiene todo dentro.

Fuera de la Amazonia, entre los muiscas, Fray Pedro Simón recogió a Bachué, que sale de la laguna de Iguaque con un niño y va poblando la tierra antes de volver al agua convertida en serpiente. También es una madre de la humanidad que se despide, pero no queda cargando el mundo: se va, y el suelo no vuelve a moverse por su causa.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. De este relato hay un solo testimonio: el del Abuelo Jitoma Naïre en 1971. No existe otra versión publicada de la Madre que carga la tierra y la cambia de hombro, y eso significa que los temblores como esfuerzo de parto, la serie Komuidaño, Moziraño, Bagïdaño, Jerénoaño y la goma con que asegura el mundo entre sus manos descansan en una sola voz, un solo día y un solo lugar. No es «lo que dicen los uitotos»: es lo que contó un anciano en La Samaritana.

  2. Los nombres funcionan dentro del texto como aspectos de una misma Madre, no como diosas distintas. Nofïdeño y Buinaiño son la misma, y el propio relato lo dice dos veces. Cualquier lectura que las separe está partiendo en dos a un mismo personaje.

  3. Hay otras figuras maternas publicadas en el mismo libro, y no se confunden con ésta. El Abuelo Noé Rodríguez narró en Guaimaraya el extenso mito de Añïraima, donde la Madre es tan preeminente que impone su autoridad sobre el Padre, simple depositario de las palabras, cuya fuerza creadora pertenece a ella. En «El conjuro de la maloca» del Abuelo Rafael Núñez la Madre es la maloca misma, la que fue trazada abajo y a la que el Hijo pide «las palabras de la verdad». Son tres madres distintas de tres sabedores distintos, y sólo la de Jitoma Naïre sostiene la tierra sobre los hombros.

  4. Las grafías cambian entre las publicaciones del propio Urbina. La edición de 2010 imprime Nofïdeño, Buinaiño y Juzíñamui; el artículo de Ideas y Valores de 1973, del mismo compilador y con otro relator, escribe Buynaiño y Jutsiñamuy. La sexta vocal del uitoto y la africada del nombre del padre celeste son los dos puntos donde más se mueve la ortografía, y aquí se conserva la del texto de 2010.

  5. El corpus que Konrad Theodor Preuss levantó en 1914 no contiene este mito. Buineiño aparece allí sólo como nombre dentro de cantos y como figura lunar en el análisis del propio Preuss, y no hay en esos textos una madre que cargue el mundo ni una explicación de los temblores.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Huitoto / Murui-Muina · Caquetá y Putumayo · Amazonas
Referencias
10
Última revisión
17 de septiembre de 2026

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Base documental · 3 referencias

  1. Las palabras del origen: breve compendio de la mitología de los uitotos

    babel.banrepcultural.org

    Publica dieciséis relatos con introitos, créditos de narración o traducción y notas comparativas. Es la fuente directa de Nofïdeño, Uuikï, los ciclos de Jitoma, Dïïjoma, Nofïzazima, Buinaima, Yiida Buinama, Yarokamena, Juma, Kanifaido, Kugï y Nokuerai, Guyataiba y Konago.

  2. Religión y mitología de los uitotos, primera parte

    repositorio.unal.edu.co

    Aporta contexto histórico sobre religión, fiestas, palabra, territorio y organización narrativa uitoto.

  3. Religión y mitología de los uitotos, segunda parte

    repositorio.unal.edu.co

    Ofrece textos en lengua uitoto con traducción y un repertorio léxico para comparar nombres sin tratar grafías distintas como personajes nuevos.

Contraste y contexto · 7 referencias
  1. Muina Murui

    onic.org.co

    Sitúa las variedades mika, minika, búe y nipode, la dispersión causada por la Casa Arana y la recuperación territorial y cultural.

  2. Mito y ética: una lectura del pensamiento mítico de los Uitoto y Muinane

    dialnet.unirioja.es

    Explica cómo relatos amazónicos relacionan perspectiva, dueños de animales, cuidado y consecuencias sin reducirlos a moralejas universales.

  3. La mujer en el mito

    repositorio.unal.edu.co

    Es el artículo al que el propio Urbina remite desde el introito del capítulo «Nofïdeño: los nombres de la madre» cuando anuncia que allí profundiza el principio femenino. Reúne los fragmentos que sostienen la misma tesis de la ficha: la Madre existía cuando no existía nada, engendró de su primer suspiro al Padre Creador (Unámarai), lo sostiene con sus manos y es Dueña de las Palabras míticas, a las que llama «madre de la palabra / madre de la voz». Incluye «La gran historia» del abuelo Rafael Núñez (Enókayi), recogida por Blanca Vargas de Corredor, donde la maloca es ícono de la Madre generadora, y el mito de Añɨraima del abuelo Noé Rodríguez, en el que la Madre le arrebata al Padre las palabras que retenía y revive al hijo.

  4. Tabaco frío, coca dulce: palabras del anciano Kɨneraɨ de la tribu Cananguchal para sanar y alegrar el corazón de sus huérfanos

    repositorio.unal.edu.co

    Aporta el paralelo vivo más exacto de lo que la ficha llama «sus muchos nombres». El texto 7, «Palabra de la Madre Cosechadora», muestra a la Madre acumulando en su canasto yuca brava, yuca dulce, piña, ají, maní y semillas para sembrar, y la nombra La Amontonadora, La Recogedora, Madre de las cosechas. El texto 6 y su comentario despliegan una oración de enfriamiento que recorre la letanía Eiño jáibikɨiño, Eiño rɨero buinaiño, Eiño nozeko buinaiño, Eiño jírueiño, Eiño zúuiyaiño, Eiño jɨfaiya buinaiño, Eiño fareka buinaiño, Eiño mázakaiño, glosada por Echeverri como madre de la albahaca, del rocío fresco, del alivio, de la yuca dulce, del maní. Es el mismo mecanismo de una sola Madre desplegada en nombres-función y la misma herencia de cultivos que enumera esta página, en boca de otro sabedor y de otro río.

  5. Monifue rɨngo: sembrío y sabiduría entre las murui-muina

    revistas.unal.edu.co

    Es el trabajo reciente que cita literalmente el capítulo de Nofïdeño: toma de la página 47 de Las palabras del origen la fórmula «madre de la palabra / madre de la voz» y la usa para sostener que Eiño —el territorio y la tierra entendidos como madre-vientre cósmica— «nombrada también como Buinaiño», se materializa en el vientre de cada mujer murui-muina. Permite leer la ficha no como cosmogonía cerrada sino como fundamento actual del trabajo de chagra (jakafaɨ) y del canto danzado (aiyaɨa), y nombra las cuatro carreras ceremoniales (yuaɨ, zɨkɨi, menizaɨ, yadiko) como fundadas en ese saber femenino.

  6. The People of the Center of the World: A Study in Culture, History, and Orality in the Colombian Amazon

    repositorio.unal.edu.co

    Dedica una sección entera, «Topology of the Mother's Womb», y dos capítulos («The Axe and the Mother», «Cooling Down the Mother's Vessel») a la figura de la Madre en el rafue de Kɨneraɨ. Su conclusión es la que sostiene esta ficha por otra vía: la Madre no es una diosa entre otras sino un principio irreducible y común —«a principle of common» pertenencia— del que proceden los productos cultivados, el aliento del vientre y la curación de la comunidad, y al que se vuelve cuando la palabra del Padre se queda sin respaldo.

  7. La fuerza de la manicuera: acciones de resistencia de las mujeres uitoto de La Chorrera-Amazonas durante la explotación del caucho - Casa Arana

    repository.urosario.edu.co

    Escrita por una mujer uitoto de La Chorrera, documenta la manicuera (juiñoi), bebida sagrada obtenida de la yuca dulce (fareka), entregada a las mujeres como fuerza y poder, y sitúa a la mujer como protectora del territorio, la comunidad y la chagra. Sostiene con material propio el nudo de esta ficha donde la Madre deja yuca brava, yuca dulce, piña y maní como herencia y deja a las mujeres la capacidad de alimentar.

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«Nofïdeño, la Madre que sostiene la tierra» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Nofïdeño, la Madre que sostiene la tierra» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Nofïdeño, la Madre que sostiene la tierra» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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