Jirayauma y la Mujer-Jaguar

Amazonas · Huitoto / Murui-Muina

Jirayauma y la Mujer-Jaguar

Jirayauma enfrenta a la Mujer-Jaguar después de que ella devora a su hermano y escapa con ayuda de varios animales.

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El relato

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La Mujer-Jaguar cuida a los animales de la selva: los protege, les comunica la fuerza para multiplicarse y también los devora, porque necesita compensar la fuerza que gasta en semejante trabajo. Su oficio es que los cazadores no tengan demasiado éxito y castigar a quien no cumple la ley, que ordena no matar para alardear, sino solo lo indispensable y de las especies abundantes.

El hermano menor de Jirayauma no tuvo en cuenta esa ley y mataba a diestra y siniestra sin pedir permiso. Ella se enfureció, le tendió una trampa y se lo comió.

Jirayauma era el gran maestro de la cerbatana. Al ver que su hermano no regresaba se preparó con los ritos que le darían concentración para evitar descuidos fatales, y salió a rastrearlo. Las huellas lo llevaron a la casa de la Mujer-Jaguar, que tenía una hija hermosísima: era la trampa con que mataba a los cazadores imprudentes, pero los dos se enamoraron. Cuando la Mujer-Jaguar supo de quién era hermano el recién llegado resolvió matarlo también, pero la hija lo salvó de la asechanza y la convenció de conservarlo con vida, pues siendo tan buen cazador podía aligerarle la tarea de conseguir presas. Así se quedó él en la maloca, averiguando qué suerte había corrido su hermano.

Después tuvo que huir, y la ogresa salió tras él armándole trampas. Cada animal que lo ayudó cobró su pago, y esos dones les quedaron para siempre. En una gran palizada descubrió a Perdiz y le pidió que lo pasara. Ella no quiso al principio, porque el hermano había matado un montón de sus parientes, cuando la ley del monte ordena no cazar más de cinco aves de cada tropa. Jirayauma sacó de su mochila el yerakï, el coquillo pulido donde guardaba el tabaco sagrado, y le enseñó a soplarlo: ese sonido sería su voz, y con ella avisaría del peligro a los suyos. Perdiz lo cargó en el lomo y lo pasó, y a la Mujer-Jaguar, que llegó preguntando, le respondió que por allí no había pasado nadie.

Al borde de un gran río vio a un hombre que examinaba los bejucos de la ribera y le pidió ayuda. Le dijo que esperara, pues buscaba la planta que lo iba a transformar en Anaconda y eso requería algún tiempo; mejor le pidiera al Caimán que lo pasara. A Jirayauma le quedaba el banco en que se sentaba su padre a contar historias, y con eso pagó el pasaje: quedó dándole forma a la cabeza del Caimán. Aquel brujo se llamaba Dïïjoma y no acabó lo que había empezado: la escamita de culebra que tenía en la frente se le cayó a la quebrada mientras se bañaba, creció como una gran serpiente y terminó tragándose a su hija y a él mismo. La ley de los ancianos dice que lo que se comienza hay que llevarlo a término.

Al subir el barranco de la otra orilla quedó enredado en unos bejucales, y Cangrejo se los cortó con sus tenazas. Jirayauma le preguntó por qué tenía así las patas, y él le contó la historia del chontaduro. La gente del agua era dueña de esa palma y la escondía, hasta que un cultivador se casó con una mujer pez y se la robó; los peces inundaron la tierra para recuperarla, Cangrejo les escarbó las raíces y no le pagaron, y el hombre, al no hallar la palma, lo golpeó hasta dejarle las patas quebradas. Entonces Cangrejo le entregó una raicilla guardada, y así el chontaduro quedó entre las gentes como regalo y no como robo. Como ya no tenía nada que dar, y era tan buen bailarín como cazador, le enseñó unos pasos de danza: por eso los cangrejos parecen bailar cuando corren por la playa.

Jirayauma siguió su camino, y la Mujer-Jaguar siguió cuidando a los animales de la selva y castigando a quien caza sin medida.

Jirayauma y la Mujer-Jaguar: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Quien caza más de lo que necesita deja una deuda que otro termina pagando.”

Territorio

Amazonas · Huitoto / Murui-Muina

Amazonas · Huitoto / Murui-Muina

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Amazonas
Comunidad
Huitoto / Murui-Muina
Referencia
-1.24° · -72.82°

Ficha del relato

Contexto histórico

El ciclo lo narró el Abuelo José Octavio García, hablante de uitoto en dialecto búe e hijo del gran sabedor don José García, gente de Muinanî, a Fernando Urbina Rangel, en La Samaritana, cerca de Puerto Leguízamo, Putumayo, en 1971. Esa nota de procedencia aparece repetida en cada uno de los cuadernillos publicados.

Urbina adaptó el ciclo para la maleta didáctica «Calima. Narraciones indígenas, animales míticos» del Museo del Oro del Banco de la República, y en 2016 el grupo de investigación Chirimoya de Colores, del programa de Diseño Gráfico de la Institución Universitaria de Bellas Artes y Ciencias de Bolívar, en Cartagena, lo publicó ilustrado bajo el título La Mujer Jaguar y el Cerbatanero, con dirección de arte de Yudy Silva Calvo y realización de personajes de Kevin Martelo. Son ocho episodios: Llegando de la chagra, La Mujer-Jaguar, El Búho del Mal Agüero, La Bolsa de Zarigüeya, El Canto de Perdiz, La Dueña de los Sapos, El Hombre Serpiente, y Cangrejo y el Chontaduro. El primero no pertenece al mito: es el marco didáctico, unos niños que vuelven de la chagra con un armadillo y un Abuelo que, sentado en su banco de sabedor, se pone a contarles la historia.

Es adaptación, no transcripción: Urbina reescribe y reordena para lectores infantiles, y no existe publicación del dictado de 1971 en lengua. De los ocho episodios solo cuatro se consultan hoy sueltos en línea, La Mujer-Jaguar (pp. 18-27), El canto de perdiz (pp. 53-62), El hombre serpiente (pp. 80-85) y Cangrejo y el chontaduro (pp. 89-96), de modo que el tramo central del ciclo queda sin texto accesible.

Hay una segunda versión, con otra narradora. Urbina oyó el relato a la Abuela Filomena Tejada en 1979, en su casa cerca de El Encanto, en el río Uyukoe, durante una jornada de chagra, y lo publicó en 2007 en Cuadernos de Literatura 11 (22), pp. 171-178, como «Las mariposas amarillas y el banco de contar historias». Él mismo advierte que se trata de una recreación literaria escrita en homenaje a García Márquez, con marco de conversación entre la abuela y sus nietos, y anota allí que José Octavio García, yerno de doña Filomena, le había dado en 1971 una versión mucho más extensa.

El trasfondo normativo lo documenta un texto uitoto desde dentro: «Riaki rafue: palabra de consejo sobre la cacería», de Eudocio Becerra Bigidima (Forma y Función, 2008, pp. 59-86), bilingüe murui-castellano. Allí el salado es «la caguana de los animales» y «los senos de la madre Jaire», y sobre ese lugar se coloca al jaguar; de ahí las prohibiciones de despresar allí al animal y de cazar en exceso. Becerra advierte que la historia de los salados se cuenta de manera superficial porque se considera materia reservada, y no nombra a Jirayauma: identificar a la madre Jaire con la Mujer-Jaguar es inferencia, no afirmación suya.

Lo que falta: ni Las palabras del origen ni el corpus que Preuss recogió en 1914 traen este ciclo, de modo que no hay registro anterior con el que cotejarlo.

Resonancias con otros mitos

El motivo del dueño que se defiende de la caza excesiva ya está, entre este mismo pueblo, en el corpus que Preuss dictó en 1914, medio siglo antes de que García narrara este ciclo. En el mito de Jadoma, la gente del protagonista cerca el salado donde beben las dantas; durante la tempestad el espíritu de los tapires llega con gran estruendo, brama a lo largo del cerco y lo tumba, y así los animales beben guiados por él. La escena es la misma discusión sobre el salado y el exceso, pero allí el dueño es el espíritu de una especie, no una mujer, y no hay boda ni persecución: el castigo se agota en derribar el cerco.

En el mismo corpus, el relato de Joyareño, que Preuss llamó la odisea de las dos hermanas, pone al dueño en el papel contrario. Neeimuada, el dueño de las hormigas, pasa de madrugada haciéndose pasar por el tío de las hijas de Buineiyama y se las lleva creyendo ellas que lo siguen a él. El dueño engaña en vez de devorar, y el daño recae sobre unas muchachas que no habían cazado nada.

El tercer punto de comparación no es un mito sino una palabra de consejo. En «Riaki rafue», Eudocio Becerra escribe que el salado es la caguana de los animales y los senos de la madre Jaire, y que sobre ese lugar se coloca al jaguar; de ahí las prohibiciones de despresar allí la presa y de cazar más de la cuenta. Es la norma que el relato pone en escena, dicha en prosa y por un hablante uitoto, con una diferencia que conviene no borrar: Becerra llama a esa dueña madre Jaire y nunca la nombra Mujer-Jaguar.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. Las dos publicaciones de este ciclo no son dos ediciones de un mismo dictado, sino dos narraciones distintas, y no deben leerse como una sola.

  2. La de José Octavio García, recogida en 1971 y adaptada en 2016, es la que sigue el relato de esta página. En ella la Mujer-Jaguar nunca muere: persigue al Cerbatanero hasta el final, es ella misma quien le arma trampas en el camino y al cierre continúa siendo la que cuida y castiga.

  3. La de la Abuela Filomena Tejada, oída en 1979 y publicada en 2007, cuenta otra cosa. Allí la ogresa mata a sus pretendientes obligándolos a pararse en el vano de la puerta y girar el cuerpo para dispararles un pedo como un rayo; Jirayauma salta a un lado en el instante exacto y vuelve a su puesto, y ella, sorprendida, tiene que aceptarlo como yerno, porque las Dueñas-de-animales siempre cumplen su palabra. Él encuentra la cabeza de su hermano debajo de una gran olla, espía a la suegra y descubre su punto débil: en el salado ella se sienta y abre las piernas, y de su sexo mana la sustancia que impregna la tierra y atrae a los animales a lamer ese barro. Ahí está su poder, y ahí le clava dos dardos envenenados. Un nubarrón tapa el sol y suenan truenos; la esposa entiende, se vuelve tigre a su vez y, convertida en la nueva Dueña-de-animales, ordena a toda la selva atajar a su marido. Los que lo ayudan son Perdiz, Caracol, Culebra-cazadora y Hormiga-arriera, y quien lo cruza es Naïma, el primer Caimán.

  4. Los dos textos coinciden en dos cosas: Perdiz recibe el yerakï y de ahí le queda el canto, y el banco de contar historias del padre queda de pago en la cabeza del Caimán. Fuera de eso divergen. La muerte de la Mujer-Jaguar, el salado y los dardos pertenecen a 1979 y no ocurren en 1971; Cangrejo, el chontaduro y el encuentro con Dïïjoma pertenecen a 1971 y no aparecen en 1979, donde tampoco el Caimán queda sin nombre.

  5. Dos advertencias de lectura. El encuentro con Cangrejo ocurre después de cruzar el río con el Caimán, no antes. Y el Dïïjoma que aparece en El hombre serpiente está resumido en dos páginas: la muerte del brujo y de su hija queda apenas apuntada, y ese resumen no puede tomarse como versión del ciclo propio de Dïïjoma, que Urbina publicó aparte.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Huitoto / Murui-Muina · Caquetá y Putumayo · Amazonas
Referencias
10
Última revisión
17 de septiembre de 2026

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Base documental · 3 referencias

  1. Las palabras del origen: breve compendio de la mitología de los uitotos

    babel.banrepcultural.org

    Publica dieciséis relatos con introitos, créditos de narración o traducción y notas comparativas. Es la fuente directa de Nofïdeño, Uuikï, los ciclos de Jitoma, Dïïjoma, Nofïzazima, Buinaima, Yiida Buinama, Yarokamena, Juma, Kanifaido, Kugï y Nokuerai, Guyataiba y Konago.

  2. Religión y mitología de los uitotos, primera parte

    repositorio.unal.edu.co

    Aporta contexto histórico sobre religión, fiestas, palabra, territorio y organización narrativa uitoto.

  3. Muina Murui

    onic.org.co

    Sitúa las variedades mika, minika, búe y nipode, la dispersión causada por la Casa Arana y la recuperación territorial y cultural.

Contraste y contexto · 7 referencias
  1. Mito y ética: una lectura del pensamiento mítico de los Uitoto y Muinane

    dialnet.unirioja.es

    Explica cómo relatos amazónicos relacionan perspectiva, dueños de animales, cuidado y consecuencias sin reducirlos a moralejas universales.

  2. La mujer jaguar

    babel.banrepcultural.org

    Episodio que define al personaje que la ficha nombra sin explicar: «La Mujer-Jaguar es la divinidad encargada de cuidar a los animales de la selva. Los protege, les comunica la fuerza para multiplicarse, pero también los devora pues necesita compensar la fuerza que gasta en semejante trabajo». Ahí está, dicho por la fuente, el porqué de que al final del ciclo no desaparezca sino que quede como dueña y protectora de los animales.

  3. El canto de la perdiz

    babel.banrepcultural.org

    Da el contenido concreto del intercambio que la ficha sólo enuncia: Perdiz se niega al principio porque el hermano de Jirayauma «había matado un montón de sus familiares, cuando la ley del monte ordena que no se deben cazar más de cinco aves de cada tropa», y acepta a cambio de un regalo que le permitirá advertir del peligro a su grupo. Es la fuente publicada de la lección sobre desperdicio y medida que la ficha atribuye al cierre del ciclo.

  4. El cangrejo y el chontaduro

    babel.banrepcultural.org

    Desarrolla el episodio que la ficha menciona de pasada: Cangrejo corta con sus tenazas los bejucos en que Jirayauma queda enredado tras cruzar el río, y le cuenta a cambio la historia de la deuda impaga —la palma de chontaduro robada a la gente del agua, la inundación con que los peces la recuperaron y el trabajo por el que nunca le pagaron.

  5. El hombre serpiente

    babel.banrepcultural.org

    Es el episodio del cruce, y da la formulación exacta de los dos puntos que la ficha resume: Dïïjoma, ocupado en buscar la planta que lo volvería Anaconda, le dice a Jirayauma que la transformación «requería algún tiempo» y lo remite al Caimán; y el banco de contar historias del padre, entregado como pasaje, «quedó dándole forma a la cabeza del Caimán». Añade la moraleja explícita: la ley de los ancianos dice que lo que se empieza hay que llevarlo a término.

  6. Las mariposas amarillas y el banco de contar historias

    revistas.javeriana.edu.co

    Segunda versión publicada del mismo relato, con otra narradora: la abuela Filomena Tejada, oída por Urbina en 1979 cerca de El Encanto, río Uyukoe (Urbina anota que José Octavio García, yerno de doña Filomena, le había dado una versión mucho más extensa en 1971). Aporta lo que la adaptación ilustrada no trae: cómo mata la Mujer-Jaguar a sus pretendientes en el vano de la puerta, cómo Jirayauma esquiva el golpe, el salado donde ella atrae a los animales y por qué eso la hace Dueña-de-animales, los dardos en el centro de su poder, y el pago a Perdiz, Caracol, Culebra-cazadora y Hormiga-arriera. Cierra con Naïma, el primer Caimán, y el banco que le queda en la cabeza.

  7. Riaki rafue: palabra de consejo sobre la cacería

    revistas.unal.edu.co

    Texto bilingüe murui-castellano sobre la palabra de consejo que regula la cacería. Documenta desde dentro lo que en el mito es escena: el salado es «la caguana de los animales», «los senos de la madre, la dueña del salado», y sobre él se coloca al jaguar; de ahí las prohibiciones de despresar allí al animal y de cazar en exceso. Permite a la ficha sostener que la Mujer-Jaguar del salado no es una invención narrativa sino una figura con norma asociada.

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«Jirayauma y la Mujer-Jaguar» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

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EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Jirayauma y la Mujer-Jaguar» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Jirayauma y la Mujer-Jaguar» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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