
Andina · Mestizo
El cerro encantado
Cantera huye hacia Sevilla mientras el romance de Vicente Arenas convierte una crisis en el origen legendario del cerro.
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El relato
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Todavía retumbaba la Conquista en los valles cuando existía la Villa del Cacho, la que después se llamó San Carlos y más tarde Piedecuesta. Cuatro cerros la rodeaban como las murallas de una fortaleza. Del sur le llegaba el viento, del oriente el agua limpia, del occidente el canto de los pájaros.
La gente de la villa era negra. El que mandaba era don Bernardino Ardila, y tenía una hija llamada Cantera. Era una niña de mejillas sonrosadas que cantaba como un ruiseñor, y su voz les quitaba las penas a los que la oían.
Cuando don Bernardino murió, todo se torció. El poder quedó en manos de Arnefo, un indio de cara sombría, famoso por su lascivia sin freno. Arnefo se hizo dueño de todo: El Zanjón, Riolato, La Curtida, y más allá El Tirol, Mensulí y La Cidra. Juzgaba con dureza y castigaba con furia, y también quiso apoderarse de Cantera.
La niña no se dejó. Montó en la yegua Pinta, cruzó por El Molino y subió a buscar refugio en el alto de Sevilla. Arnefo, rabioso, decidió borrar hasta el recuerdo del viejo Ardila y le prendió fuego a su rancho.
Mientras el rancho ardía, la gente vio a Arnefo bailando entre las llamas como un loco, y los que lo vieron lo compararon con Atila. En lo más fuerte de aquella danza la tierra tembló. Del cielo salió un estruendo y empezó a caer una lluvia de ceniza, como si el cielo quisiera borrar lo que acababa de pasar.
Lo que siguió fue la ruina. Muchos hombres desaparecieron, otros cayeron enfermos de peste, y los saqueadores se llevaron lo poco que quedaba. Así terminó el mando de Arnefo.
De todo aquello quedó el cerro que se ve desde la plaza. Le pusieron el nombre de la niña que cantaba y cuyo canto ya nadie volvió a oír: el cerro de la Cantera.

La enseñanza
“Un paisaje puede guardar el nombre de quien sufrió la injusticia y olvidar el de quien la cometió.”
Territorio
Andina · Mestizo
El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.
- Región
- Andina
- Comunidad
- Mestizo
- Referencia
- 6.99° · -73.05°
Ficha del relato
Fuentes
Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.
- Procedencia
- Tradición oral · Mestizo · Santander · Andina
- Referencias
- 7
- Última revisión
- 22 de septiembre de 2026
Base documental · 3 referencias
- Crónicas y romances (Biblioteca Mínima Santandereana)
ediciones.uis.edu.co
Es la obra de la que más probablemente procede el relato, narrado en primera persona por un piedecuestano. El catálogo describe el libro como cuadros de costumbres y «hechos curiosos» de Piedecuesta, Lebrija y Bucaramanga y enumera quince crónicas, entre ellas «El cerro de los compadres», «El correo de las brujas» y «Una librería piedecuestana». Fija editorial, colección e ISBN 978-958-8777-15-3.
- Proyecto de intervención urbana y artística «La Cantera vive» en Piedecuesta, Santander
revistas.uan.edu.co
Es la única fuente abierta que habla de una «leyenda de la Cantera». A partir del documento «La Cantera vive» de Pinzón (1995-2010) explica que el cerro fue decisivo en el nacimiento de Piedecuesta, que de allí salieron piedras y barro para las primeras casas y la piedra de la fachada y el atrio de la iglesia de San Francisco Javier, y que brotaban de él fuentes de agua. Sitúa el cerro a seis cuadras del parque La Libertad.
- La Cantera en Piedecuesta estrena virgen, atrio, plazoleta, mirador y senderos para convertirse en Parque Metropolitano
amb.gov.co
Confirma el lugar del relato: el cerro de la Cantera es «el cerro tutelar de Piedecuesta», con una Virgen visible desde todo el municipio, ruta de viacrucis y mirador, y se adecuó como Parque Metropolitano «El Cerro de la Cantera». Es el cerro que el relato dice que se ve desde la plaza.
Contraste y contexto · 4 referencias
- La Virgen del Cerro de La Cantera de Piedecuesta volvió a brillar
vanguardia.com
Documenta el uso religioso actual del cerro: la restauración de la Virgen de bronce del escultor Juan José Cobos tras trece años, la devoción de los feligreses que la llaman madre protectora del municipio y el cálculo de unos treinta mil visitantes ese año.
- Mitos y leyendas de Colombia, tomo II, sección 19: Juan de Dios Arias, «Folclor santandereano» (1954), «Lagunas encantadas», folios 135-138
flacso.edu.ec
Da el primer paralelo santandereano de un paisaje nacido de un choque en tiempos de la Conquista: el Socorro está edificado sobre una laguna donde los indios arrojaron sus tesoros; los conquistadores la secaron con 400 arrobas de sal y quedó reducida a dos vigas de oro, y tocarlas derrumbaría la ciudad. Recoge también la laguna de San Mateo en Bucaramanga y la del Peñón de la Luchata en Galán.
- Mitos y leyendas de Colombia, tomo III, sección 33: Javier Ocampo López, «Mitos colombianos» (1988), «Furatena y las esmeraldas de Muzo», pp. 153-155
flacso.edu.ec
Sostiene el segundo paralelo: Fura, Tena y su hijo Itoco terminan convertidos en los peñascos que se ven junto al río Minero o Zarbi, después de una historia de deseo, celos y muerte. Es el caso colombiano más conocido de una historia de violencia fijada en cerros que llevan el nombre de sus protagonistas.
- Cuentos de espantos y otros seres fantásticos del folclor colombiano
archive.org
Se revisó porque otras fichas de Piedecuesta resultaron ser láminas casi literales de este libro. Sus cincuenta láminas son espantos y seres, no leyendas de lugar, y el texto completo no nombra a Cantera, Ardila ni Arnefo: queda descartado como origen.
Voces de la comunidad
Conversación
¿Así te la contaron?
«El cerro encantado» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.
Versiones de este mito
0Ejemplo
No es realMi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.
Así se ve una versión publicada. De «El cerro encantado» todavía no hay ninguna.
Todavía nadie ha dejado la suya. «El cerro encantado» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.
- Qué cambió
- El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
- Dónde la oíste
- Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
- Quién la contaba
- Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.








