El cerro encantado

Andina · Mestizo

El cerro encantado

Cantera huye hacia Sevilla mientras el romance de Vicente Arenas convierte una crisis en el origen legendario del cerro.

Leer el relato
El cerro encantado: la entrada del relato

El relato

Escuchar el relato · 2 min

Todavía retumbaba la Conquista en los valles cuando existía la Villa del Cacho, la que después se llamó San Carlos y más tarde Piedecuesta. Cuatro cerros la rodeaban como las murallas de una fortaleza. Del sur le llegaba el viento, del oriente el agua limpia, del occidente el canto de los pájaros.

La gente de la villa era negra. El que mandaba era don Bernardino Ardila, y tenía una hija llamada Cantera. Era una niña de mejillas sonrosadas que cantaba como un ruiseñor, y su voz les quitaba las penas a los que la oían.

Cuando don Bernardino murió, todo se torció. El poder quedó en manos de Arnefo, un indio de cara sombría, famoso por su lascivia sin freno. Arnefo se hizo dueño de todo: El Zanjón, Riolato, La Curtida, y más allá El Tirol, Mensulí y La Cidra. Juzgaba con dureza y castigaba con furia, y también quiso apoderarse de Cantera.

La niña no se dejó. Montó en la yegua Pinta, cruzó por El Molino y subió a buscar refugio en el alto de Sevilla. Arnefo, rabioso, decidió borrar hasta el recuerdo del viejo Ardila y le prendió fuego a su rancho.

Mientras el rancho ardía, la gente vio a Arnefo bailando entre las llamas como un loco, y los que lo vieron lo compararon con Atila. En lo más fuerte de aquella danza la tierra tembló. Del cielo salió un estruendo y empezó a caer una lluvia de ceniza, como si el cielo quisiera borrar lo que acababa de pasar.

Lo que siguió fue la ruina. Muchos hombres desaparecieron, otros cayeron enfermos de peste, y los saqueadores se llevaron lo poco que quedaba. Así terminó el mando de Arnefo.

De todo aquello quedó el cerro que se ve desde la plaza. Le pusieron el nombre de la niña que cantaba y cuyo canto ya nadie volvió a oír: el cerro de la Cantera.

El cerro encantado: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Un paisaje puede guardar el nombre de quien sufrió la injusticia y olvidar el de quien la cometió.”

Territorio

Andina · Mestizo

Andina · Mestizo

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Andina
Comunidad
Mestizo
Referencia
6.99° · -73.05°

Ficha del relato

Contexto histórico

Para la historia de Cantera, la hija de Bernardino Ardila, y del incendio de Arnefo no hay hoy un texto impreso al alcance del lector. El texto que circula está narrado en primera persona por alguien que llama a Piedecuesta su ciudad natal, y todo apunta a Vicente Arenas Mantilla, el cronista piedecuestano cuyo libro Crónicas y romances salió en 2012 con el sello universitario UIS. El catálogo de la editorial enumera quince crónicas, entre ellas «El cerro de los compadres» y «El correo de las brujas», y presenta el volumen como un libro costumbrista sobre sucesos de tres ciudades santandereanas; pero el texto no se puede descargar, y ninguna de esas crónicas lleva el nombre de Cantera. Tampoco hay ejemplar digital de Estampas de mi tierra (1941), del mismo autor. Valenzuela Sánchez y Villa Posse no lo recogen, y el libro de espantos de El Tiempo tampoco.

El cerro, en cambio, tiene documentación propia. El de La Cantera se levanta a pocas cuadras del parque principal de Piedecuesta y es su cerro tutelar. Un trabajo publicado en 2023 en la revista Documenta de la Universidad Antonio Nariño, a partir del documento La Cantera vive, de Pinzón, explica que el cerro fue decisivo en el nacimiento del pueblo y que de allí nace la leyenda de la Cantera: de él salieron piedras y barro para las primeras casas y la piedra de la fachada y el atrio de la iglesia de San Francisco Javier, y en él brotaban fuentes de agua. Hace más de una década lo corona una Virgen de bronce del escultor Juan José Cobos; el Área Metropolitana de Bucaramanga lo adecuó como parque metropolitano, y Vanguardia calculaba en 2025 que ese año subirían a él cerca de treinta mil feligreses.

La explicación práctica del nombre, una cantera de piedra, convive así con la de este relato, que se lo atribuye a una niña.

Resonancias con otros mitos

En Santander, Juan de Dios Arias recogió en Folclor santandereano (1954) varias leyendas en que un lugar entero depende de un encanto. La más cercana es la del Socorro: la ciudad está edificada sobre una laguna donde los indios arrojaron sus tesoros al llegar los españoles; cuando los conquistadores quisieron secarla con sal, quedó reducida a dos vigas de oro, y tocar una de ellas derrumbaría el Socorro. Como en Piedecuesta, el paisaje que se ve hoy es el resto de un choque entre gentes distintas en tiempo de la Conquista, y guarda la memoria de lo que se perdió.

El segundo paralelo es el mito muzo de Furatena, que Javier Ocampo López incluyó en Mitos colombianos (1988) y reprodujo Eugenia Villa Posse: Fura, Tena y su hijo Itoco se convierten en los peñascos que todavía se ven junto al río Minero, después de una historia de deseo, celos y muerte. Allí las personas se vuelven montaña; en Piedecuesta la montaña no es Cantera, pero lleva su nombre. En los dos casos una historia de violencia termina fijada en un cerro que cualquiera puede señalar.

La diferencia está en quién queda. Fura y Tena son los protagonistas convertidos en piedra; en el cerro de la Cantera queda la niña que huyó, no el usurpador que provocó la ruina.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. No se conoce otra versión del relato de Cantera y Arnefo. Lo que hay son dos maneras de explicar el nombre del mismo cerro.

  2. La primera es la que recoge el trabajo de Documenta a partir de Pinzón. Allí la Cantera es literalmente eso: el lugar de donde se sacaron piedra y barro para levantar las primeras casas de Piedecuesta y la fachada de su iglesia mayor, y donde había manantiales. La leyenda de la Cantera, en esa lectura, es la del cerro que dio materia al pueblo. No hay niña, ni Arnefo, ni incendio.

  3. La segunda es la del relato. El nombre viene de una persona, la hija de Bernardino Ardila, y el cerro queda como memoria de una catástrofe: la muerte del mandón negro, la usurpación del indio Arnefo, la huida de la niña a caballo, el incendio del rancho, el temblor, la lluvia de ceniza, la peste y el saqueo. Es un relato de origen del paisaje, con los topónimos de las veredas de Piedecuesta —El Zanjón, Riolato, La Curtida, El Tirol, Mensulí, La Cidra, El Molino, el alto de Sevilla— puestos como dominio del usurpador y como ruta de la fuga.

  4. Hay un tercer uso del cerro que ninguna de las dos recoge: el religioso. Desde que se puso allí una Virgen, el cerro de la Cantera es sitio de viacrucis y de peregrinación, y el Área Metropolitana lo describe como el cerro tutelar del municipio. La niña que cantaba y la Virgen que protege ocupan hoy, en la memoria del pueblo, la misma cumbre.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Mestizo · Santander · Andina
Referencias
7
Última revisión
22 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Crónicas y romances (Biblioteca Mínima Santandereana)

    ediciones.uis.edu.co

    Es la obra de la que más probablemente procede el relato, narrado en primera persona por un piedecuestano. El catálogo describe el libro como cuadros de costumbres y «hechos curiosos» de Piedecuesta, Lebrija y Bucaramanga y enumera quince crónicas, entre ellas «El cerro de los compadres», «El correo de las brujas» y «Una librería piedecuestana». Fija editorial, colección e ISBN 978-958-8777-15-3.

  2. Proyecto de intervención urbana y artística «La Cantera vive» en Piedecuesta, Santander

    revistas.uan.edu.co

    Es la única fuente abierta que habla de una «leyenda de la Cantera». A partir del documento «La Cantera vive» de Pinzón (1995-2010) explica que el cerro fue decisivo en el nacimiento de Piedecuesta, que de allí salieron piedras y barro para las primeras casas y la piedra de la fachada y el atrio de la iglesia de San Francisco Javier, y que brotaban de él fuentes de agua. Sitúa el cerro a seis cuadras del parque La Libertad.

  3. La Cantera en Piedecuesta estrena virgen, atrio, plazoleta, mirador y senderos para convertirse en Parque Metropolitano

    amb.gov.co

    Confirma el lugar del relato: el cerro de la Cantera es «el cerro tutelar de Piedecuesta», con una Virgen visible desde todo el municipio, ruta de viacrucis y mirador, y se adecuó como Parque Metropolitano «El Cerro de la Cantera». Es el cerro que el relato dice que se ve desde la plaza.

Contraste y contexto · 4 referencias

  1. La Virgen del Cerro de La Cantera de Piedecuesta volvió a brillar

    vanguardia.com

    Documenta el uso religioso actual del cerro: la restauración de la Virgen de bronce del escultor Juan José Cobos tras trece años, la devoción de los feligreses que la llaman madre protectora del municipio y el cálculo de unos treinta mil visitantes ese año.

  2. Mitos y leyendas de Colombia, tomo II, sección 19: Juan de Dios Arias, «Folclor santandereano» (1954), «Lagunas encantadas», folios 135-138

    flacso.edu.ec

    Da el primer paralelo santandereano de un paisaje nacido de un choque en tiempos de la Conquista: el Socorro está edificado sobre una laguna donde los indios arrojaron sus tesoros; los conquistadores la secaron con 400 arrobas de sal y quedó reducida a dos vigas de oro, y tocarlas derrumbaría la ciudad. Recoge también la laguna de San Mateo en Bucaramanga y la del Peñón de la Luchata en Galán.

  3. Mitos y leyendas de Colombia, tomo III, sección 33: Javier Ocampo López, «Mitos colombianos» (1988), «Furatena y las esmeraldas de Muzo», pp. 153-155

    flacso.edu.ec

    Sostiene el segundo paralelo: Fura, Tena y su hijo Itoco terminan convertidos en los peñascos que se ven junto al río Minero o Zarbi, después de una historia de deseo, celos y muerte. Es el caso colombiano más conocido de una historia de violencia fijada en cerros que llevan el nombre de sus protagonistas.

  4. Cuentos de espantos y otros seres fantásticos del folclor colombiano

    archive.org

    Se revisó porque otras fichas de Piedecuesta resultaron ser láminas casi literales de este libro. Sus cincuenta láminas son espantos y seres, no leyendas de lugar, y el texto completo no nombra a Cantera, Ardila ni Arnefo: queda descartado como origen.

Voces de la comunidad

Conversación

¿Así te la contaron?

0 publicadas0 en revisión

«El cerro encantado» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «El cerro encantado» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «El cerro encantado» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

TÚ

Deja tu versión

Desde 10 caracteres. Sin enlaces: los descartamos.

No se publica. Sólo lo usamos si necesitamos preguntarte algo.

Cada versión la lee una persona antes de publicarse. Verás la tuya aquí mismo mientras esperas.