
Andina · Mestizo
El perro negro
En los caminos oscuros del suroeste antioqueño, un perro grande acompaña al viajero hasta volverse presagio, alma o figura del Patas.
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El relato
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De noche, en los caminos y los parajes solitarios, cuando hay tormenta y oscuridad cerrada, se oye aullar a un perro como si pidiera misericordia. Unos dicen que es un alma en pena; otros, que es el Patas en figura de animal. Es tan grande que se confunde con las sombras, arrastra una cadena atada al cuello y echa candela por los ojos y la boca. Con sólo verlo, la gente pierde el conocimiento, y hay quien ha muerto del susto. Después se hunde en la tierra sin que nadie sepa cómo.
Un hombre iba una noche por un camino de la vereda Guacaica, cerca de la bocatoma, en Neira, cuando oyó un grito horrible por el lado del río. Llegó a la orilla y, al ir a cruzar, vio en la otra un perro negro de unos dos metros y medio de largo y uno de alto. Andaba por el rastrojo y el rastrojo no se movía; tampoco se oían sus pasos. Sintió un frío intenso y se puso a temblar. Cuando se dio vuelta para regresar, el perro desapareció sin saberse por dónde.
En el centro de Neira, en la última década del siglo XIX, se aparecía un perro negro grandísimo, cargado de cadenas que arrastraba con estruendo. En las noches oscuras echaba fuego por la boca y chispas por los ojos, y nunca se le aparecía a más de una persona a la vez. A los trasnochadores que iban callados se les ponía de frente, en la partida de la carretera hacia Manizales con el camino de Pueblo Rico, y no los dejaba pasar. En el pueblo había un descreído que se jactaba de ser amigo íntimo del diablo y de no tenerle miedo en ninguna de sus figuras. Una noche el perro se le tiró encima aullando, ladrando y lanzando dentelladas. Él se defendía con el palo del zurriago, pero no lo tocaba, porque el perro saltaba muy alto. Lo persiguió un buen trecho, hasta que el hombre invocó a Cristo y a la Virgen, y el espanto desapareció.
En Marulanda, un muchacho de 25 años salió borracho de la cantina a la una de la madrugada, aunque las muchachas le advirtieron que lo iban a asustar. En la esquina de la cooperativa encontró un perro negro sentado, ni muy grande ni muy pequeño, que empezó a darle vueltas meneando la cola sin dejarlo andar. Alzó el pie para patearlo y quedó montado en él, y el perro se volvió una mula grande, orejona y gorda que se lo llevó calle abajo. Se acordó de lo que decía su mamá, que al diablo se le dice el Ave María, pero sólo le salió un murmullo, y la mula lo descargó en una esquina. Pasó tres meses sin salir de noche. La primera vez que volvió a salir, esperando a un amigo en una esquina, vio otra vez al perro rondándolo, y agarró a un muchacho que pasaba para que lo acompañara a su casa.
En Marmato, el Alto del Perro se llama así porque allí se le presentaba el diablo a un cura en figura de perro que echaba candela por la trompa. Y en el puente de Maibá, camino de Filadelfia, el conductor que sube de noche siente pesado el carro, mira atrás y ve un perro negro echando candela en el asiento trasero. El carro no sube, y el espanto sólo desaparece cuando vuelve al puente.

La enseñanza
“El miedo a lo que ronda los caminos de noche ha servido para devolver a casa a más de uno.”
Territorio
Andina · Mestizo
El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.
- Región
- Andina
- Comunidad
- Mestizo
- Referencia
- 5.54481° · -73.35756°
Ficha del relato
Fuentes
Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.
- Procedencia
- Tradición oral · Mestizo · Antioquia · Andina
- Referencias
- 4
- Última revisión
- 22 de septiembre de 2026
Base documental · 3 referencias
- Mitos, espantos y leyendas de Caldas
ellibrototal.com
Capítulo «Presencia animal del diablo»: el perro negro de Ocampo López (p. 215) y los testimonios de Guacaica, Neira, Marulanda, Marmato y el puente de Maibá, con la mula de tres patas que compara Similitudes.
- Remembranzas de mis abuelos: memoria oral y ambiental del alto oriente caldense
repositorio.sena.edu.co
Recoge en Manzanares tres casos del Perro Negro: la linterna que se apaga cuando el perro mira, el perrito que echa candela y crece, y el perro bajo la cama en el velorio de un hombre malo (pp. 75-77).
- Cuentos de espantos y otros seres fantásticos del folclor colombiano
archive.org
Trae un Perro Negro en sus pp. 15-16.
Contraste y contexto · 1 referencia
- El pueblo boyacense y su folclor
babel.banrepcultural.org
Recoge en Tunja el espanto del perro de San Francisco, con aullidos, arrastre de cadenas y ojos con luces fuertes, el paralelo de Similitudes.
Voces de la comunidad
Conversación
¿Así te la contaron?
«El perro negro» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.
Versiones de este mito
0Ejemplo
No es realMi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.
Así se ve una versión publicada. De «El perro negro» todavía no hay ninguna.
Todavía nadie ha dejado la suya. «El perro negro» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.
- Qué cambió
- El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
- Dónde la oíste
- Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
- Quién la contaba
- Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.








