
Andina · Mestizo
La dama verde
Una mujer cubierta con bayetón verde cruza las calles antes del amanecer y desaparece cuando quienes la siguen alcanzan el borde del pueblo.
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El relato
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Cuando las calles de las ciudades antiguas se quedan solas, de alguna casa abandonada sale la Dama Verde. Es una anciana más bien alta, de porte y compostura distinguidos, vestida con un largo sayal de bayetón verde. Una mantilla negra le cubre la cabeza y la cara y le cae suelta sobre los hombros. Por debajo le brillan los ojos como rubíes, con la profundidad de un abismo.
Trae siempre entre las manos un rosario de ébano, y hay quien jura que las cuentas le fosforecen. Otros la han visto pasar con un atado de ropa bajo el brazo. Toda ella alumbra en lo oscuro.
Recorre los parques y las plazoletas donde se citan los enamorados, y a ellos no les hace nada. A las parejas que se ven a escondidas las ampara. Su enojo es para los borrachos y para los jugadores empedernidos, que se espantan en cuanto la ven venir.
En varios pueblos se aparece de otro modo. Es una mujer alta, toda de verde, con la cara tapada, que sale de golpe al paso de los hombres trasnochadores. Les hace señas feas y sucias, los convida a lo que no se debe, y ellos la siguen. Ella los lleva a un lugar oculto y allí, de improviso, se destapa la cara: debajo no hay rostro, sólo una calavera. Más de un galán ha amanecido desmayado en el suelo.
Quién es, lo explica una historia vieja. Fue una dama de alcurnia que guardaba un pecado oculto. Tuvo un niño, lo mató y lo escondió dentro de una tapia, y luego volvió a revocar la pared para que nadie notara nada. Por esa culpa tiene que vagar sin fin, purgando. Su pena tiene un oficio: servir de guía hacia los objetos preciosos que escondieron los muertos. Esos difuntos no descansan mientras lo suyo siga bajo tierra, y sólo encuentran la paz cuando alguien lo desentierra.
Por eso a la Dama Verde se la mira hasta el final. El último punto donde se apaga su figura luminosa es la seña. Allí hay que cavar, porque cerca está el entierro, la guaca que algún muerto dejó guardada y que ella, con su rosario y su sayal, sigue señalando noche tras noche.

La enseñanza
“Una culpa escondida en la pared no descansa hasta que otros sacan a la luz lo enterrado.”
Territorio
Andina · Mestizo
El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.
- Región
- Andina
- Comunidad
- Mestizo
- Referencia
- 6.55687° · -75.82806°
Ficha del relato
Fuentes
Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.
- Procedencia
- Tradición oral · Mestizo · Antioquia · Andina
- Referencias
- 5
- Última revisión
- 22 de septiembre de 2026
Base documental · 3 referencias
- Mitos, espantos y leyendas de Caldas
ellibrototal.com
Capítulo «La Dama Verde» de los mitos menores, con la cita de Iván Salazar Duque (Mitos y mensajes, 1990, p. 104) y la versión de Molina Uribe (1967) en que se destapa y es calavera; en el mismo libro, María la Larga y la Madrelagua de Similitudes.
- Cuentos de espantos y otros seres fantásticos del folclor colombiano
archive.org
Trae la Dama Verde en sus pp. 11-12.
- Remembranzas de mis abuelos: memoria oral y ambiental del alto oriente caldense
repositorio.sena.edu.co
Recoge en Marquetalia, en voz de Jorge Echeverry, a María la Parda, que enterró sus mulas cargadas de oro junto al camino a Samaná (p. 58), el paralelo que nombra Similitudes.
Contraste y contexto · 2 referencias
- Andes: identidad y memoria / sostenibilidad y resiliencia
andes-antioquia.gov.co
Cita textualmente a Escobar Uribe (Mitos de Antioquia, 1950) sobre María la Larga (p. 58), el espanto que Similitudes pone junto a la Dama Verde.
- Narrativas y lógicas de una memoria mestiza
revistas.udea.edu.co
Estudia a María del Pardo, «la Centena» y María la Parda en el occidente y el bajo Cauca antioqueño, la mujer ligada al oro escondido.
Voces de la comunidad
Conversación
¿Así te la contaron?
«La dama verde» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.
Versiones de este mito
0Ejemplo
No es realMi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.
Así se ve una versión publicada. De «La dama verde» todavía no hay ninguna.
Todavía nadie ha dejado la suya. «La dama verde» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.
- Qué cambió
- El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
- Dónde la oíste
- Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
- Quién la contaba
- Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.








