Baha, el trueno y el rayo

Andina · Katíos

Baha, el trueno y el rayo

Baha, antiguo dueño de un bohío de oro, se vuelve trueno; otra secuencia cuenta cómo dos jaibanás vencen al rayo.

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El relato

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El trueno había sido un hombre, y de los más ricos: vivía en un bohío de oro más hermoso que el del propio dios. Caragabí quiso cambiarle el bohío por el suyo y Baha se negó rotundamente. Caragabí, que podía más, lo cogió de la cabellera, lo arrojó a los aires y le ordenó que viviera en ese elemento. Desde entonces lleva un tambor en la mano, y lo toca para avisar a los hombres que empieza la lluvia.

Al rayo también lo llaman Baha, y también había sido un hombre, pero no de los indios, y les tenía envidia. Le temían mucho, porque iba robándoles a los niños chiquitos y, después de matarlos, subía los cuerpos al cogollo de la palmera más alta para que los gallinazos comieran sus carnes calcinadas.

Dos jaibanás soñaron que con una lanza lo vencerían. Eran de los más finos, de los que llaman jaibaná ara. Cuando aquel hombre entró en su bohío, se respaldaron en un estantillo de la habitación y le clavaron la lanza, la miatzu, en el pecho, con sorpresa de los demás, que lo creían invencible. Vencido, quedó incapacitado para seguir robando y matando niños.

De aquello quedó una costumbre. En los bohíos se guarda una lanza que no tiene nada de bonito, y apenas oyen el bramido de Baha la sacan y la colocan en el tejado mirando al cielo, y descansan tranquilos fiados en la virtud de esa lanza, que recuerda la otra, la que desarmó al rayo.

Los niños llevan otras defensas. Al recién nacido le soban los labios con barro antes de que haya mamado por primera vez, o lo frotan con un grillo, con lombrices o con mariposas pequeñas antes de su primer alimento. Cuando hay tempestad y el niño está tendido en su hamaca, le ponen una totuma boca abajo sobre el estómago. Mientras truena, los niños no pueden jugar con los animales de la casa ni con el sapo. Y apenas ven el primer relámpago escupen, para inmunizarse, y lo mismo hacen las personas mayores.

El bramido no siempre anuncia peligro. Los truenos avisan con días de anticipación la llegada de los grandes jaibanás, y en la dirección por donde han de venir se oyen esos precursores.

Baha, el trueno y el rayo: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Lo que atemoriza desde el cielo alguna vez tuvo casa, nombre y un arma que lo derrotó.”

Territorio

Andina · Katíos

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El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Andina
Comunidad
Katíos
Referencia
6.75611° · -76.18528°

Ficha del relato

Contexto histórico

El relato está en el capítulo de la metempsicosis de Severino de Santa Teresa, en la página 70 de la segunda edición de 1959, la única consultable: la primera, de Bogotá 1924, no está en acceso abierto. Ahí mismo, seguidas y en ese orden, aparecen las dos secuencias: el trueno rico del bohío de oro arrojado a los aires con su tambor, y el rayo que robaba niños y a quien dos jaibanás clavaron la lanza miatzu. Vasco Uribe cita este segundo pasaje como «Santa Teresa, 1924: 53» y Pardo Rojas como «op. cit.: 70», lo que da la medida del problema de paginación entre las dos ediciones. Severino no nombra a quién se lo contó, ni dónde, ni cuándo, y describe al rayo con una calificación racial que era la suya y la de su época, no un rasgo del personaje; las prácticas de protección de los niños las consigna él mismo más adelante, en el capítulo de costumbres, remitiendo expresamente a esta leyenda.

Las notas de 1929 no corroboran nada de esto, porque salen del mismo fondo de papeles misioneros, y además no traen ni el bohío de oro ni la lanza: dan otra explicación entera, que va en Versiones. Sí recogen, igual que Severino, las defensas de los niños y el aviso de la llegada de los jaibanás.

La fuente que ordena el conjunto es Pardo Rojas (1986), que dedica a Ba un apartado propio. Resume las dos versiones de Severino, añade la de María de Betania y tres de Constancio Pinto, y resuelve la duda que el expediente deja abierta: «los emberá tienden a conceptualizar en una sola idea los fenómenos del trueno y el rayo. Al preguntar por cualquiera de los dos dan la palabra /ba/», y si se insiste en separar el ruido del resplandor llaman a este último /ba purea/, «lo rojo del rayo». No son dos seres mal cosidos por un editor: son una sola noción. Pardo confirma también la costumbre de la lanza, referida en el alto Baudó y en San Matías por hombres ya mayores y como práctica abandonada. Su trabajo de campo, eso sí, fue en el alto Baudó y en Guanguí, y lo katío del Andágueda y del alto Sinú lo toma de Pinto.

Vasco Uribe (1985) aporta lo que ninguna de las dos fuentes misioneras tiene: una narración de Ba tomada a viva voz, la de Clemente Nengarabe, y la referencia de que el trueno anuncia a los grandes jaibanás. Su reseña de «Zroara Nebura» (1986) acredita además que Ba es un ciclo con nombre propio en la tradición oral emberá, con capítulo aparte entre las veintiséis narraciones que reunió Floresmiro Dogiramá, cacique del río Baudó. Y Rosique-Gracia y otros (2020) muestran que entre los eyábida de Chigorodó el trueno no es hoy un enemigo vencido: en el relato del jaibaná Arnulfo Domicó, quien busca conocimiento debe bañarse «con la luna, con los truenos, con los animales».

Resonancias con otros mitos

El paralelo más cercano es también el más distinto. Entre los emberá chamí, Clemente Nengarabe narró a Vasco Uribe un Bá que era «figura como nosotros mismos», casado, aborrecido por sus cuñados, que se hace un tambor nuevo y lo esconde en el zarzo; cuando lo emborrachan y lo golpean en el baile, baja el tambor, mata a todos los bailadores y sube por su propia decisión: «Cuando se oye el trueno, es el tambor de Bá que está tocando». Comparte el tambor y la subida al aire, pero no hay bohío de oro, ni dios que lo arroje por una casa que no quiso cambiar: el motivo es la violencia de la familia política.

Entre los katíos del Andágueda, Pinto recogió un trueno que es el hijo de un jaibaná, con un tambor de piel de sapo de loma, desterrado a las nubes por su propio padre porque molestaba tocándolo. Dentro del mismo pueblo, entonces, el trueno pasa de ser un rico castigado por un dios a ser un hijo castigado por su padre, y el tambor deja de ser instrumento de aviso para ser el motivo del castigo.

En el alto Sinú, el mismo compilador recogió una explicación sin persona alguna: el trueno es el ruido del choque de dos grandes piedras de hielo que están arriba y que, al derretirse, causan la lluvia. Ahí desaparece por completo la biografía y queda sólo el fenómeno.

Conviene decir que dos de estas tres versiones llegan por un solo recopilador, Pinto, y que la tercera es de otro pueblo emberá; el parecido entre ellas mide sobre todo la circulación del motivo del tambor, no un origen común demostrado.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. Las notas de 1929 dan una explicación completamente distinta y sin personaje caído: «Trueno es el ruido que produce, al girar, un tamborcito de oro, tirado por un niño cualquiera de los habitantes de arriba», y el rayo, relámpago y chispa, «es la risa de alguno de los habitantes de arriba». Ahí no hay bohío de oro, ni despojo, ni lanza. María de Betania recogió esa misma idea del tamborcito de oro tocado por los hijos de los dioses.

  2. Constancio Pinto reunió tres más. En el Andágueda le contaron que el trueno es el hijo de un jaibaná desterrado a las alturas por molestar demasiado con un tambor hecho de piel de sapo de loma, el memburé. En el alto Sinú, que el trueno es el ruido del choque de dos grandes piedras de hielo que están arriba y que al derretirse causan la lluvia. Y de la misma zona, que arriba hay unos hombres que pelean durante las tormentas y que el que pierde cae a la tierra en forma de rayo.

  3. Clemente Nengarabe, chamí, se lo contó a Vasco de otra manera: Bá era un hombre casado, con muchos cuñados que lo aborrecían; hizo un tambor nuevo y lo guardó en el zarzo, y cuando lo emborracharon y le pegaron bajó el tambor, «le tocó y les acabó a todos... Me iré al aire y ya no me van a ver». No lo arroja ningún dios: se va él.

  4. Hay también una confusión de etiquetas que conviene no heredar. Severino llama trueno al hombre rico del bohío de oro y rayo al que robaba niños; Pardo, al resumirlo, llama rayo al primero. Y hay una semejanza gráfica que no es identidad: Severino escribe Báha el cielo al que Caragabí lleva las almas, y Baha el trueno. Pardo registra el mundo de arriba como /bajá/ en el Baudó y /bajía/ en la transcripción de Chaves entre los chamí, mientras el trueno es /ba/, y en el relato katío que Rafael Bailarín narró a Chaves el cielo es el Bajía. Son palabras distintas que las transcripciones acercan.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Katíos · Andina
Referencias
8
Última revisión
17 de septiembre de 2026

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Base documental · 3 referencias

  1. Creencias, ritos, usos y costumbres de los indios Catíos de la Prefectura Apostólica de Urabá

    archive.org

    Reúne el corpus histórico más amplio consultado sobre Caragabí, Genené, Antomiá, Séver, los Domicó, la escalera, Herupotoarra, Baha, Aribamia y Dabeiba. La primera edición de 1924 no está en acceso abierto; el Libro Primero de «Los indios catíos, los indios cunas» (Medellín, 1959) es esa obra, según declara el propio autor en su razón de la segunda edición.

  2. Nociones sobre creencias, usos y costumbres de los Catíos del occidente de Antioquia

    persee.fr

    Publica notas reunidas por religiosas entre grupos del occidente antioqueño y conserva variantes de Caragabí, Genené, Antomiá, Costé, Séver, Herupotoarra, la escalera, Aribamia y el cerro Musinga. La nota inicial de Rivet aclara quién recogió el material: Rochereau lo remitió, no lo recogió.

  3. Mitos y leyendas de Colombia, volumen III

    flacso.edu.ec

    Facilita una transcripción consultable de capítulos de Severino 1924 y distingue el relato Chamí de Surranabe del conjunto atribuido a los antiguos Catíos de Urabá.

Contraste y contexto · 5 referencias

  1. Embera Katío

    onic.org.co

    Ofrece contexto contemporáneo sobre pueblos, territorios y diversidad Emberá sin reducirlos a una sola tradición.

  2. La escalera de cristal: términos y conceptos cosmológicos de los indígenas Emberá

    revistas.unal.edu.co

    Dedica un apartado entero, el 8, a Ba, y resuelve la duda que la ficha deja abierta. Reúne las dos versiones de Severino —'el rayo era un indio muy rico que vivía en un bohío de oro. Karagabí quiso cambiarle el bohío pero no accedió. Entonces Karagabí lo cogió de la cabellera y lo arrojó al aire confinándolo a vivir ahí arriba llevando un tambor para avisar la lluvia', y el hombre que mataba niños emberá y a quien dos jaibanás vencieron con una lanza— y añade las de Betania (un tamborcito de oro tocado por los hijos de los dioses) y de Pinto (en el Andágueda, hijo de un jaibaná desterrado por molestar con un tambor de piel de sapo; en el Alto Sinú, el choque de dos grandes piedras de hielo). Y zanja la cuestión de los 'dos Baha': 'los emberá tienden a conceptualizar en una sola idea los fenómenos del trueno y el rayo. Al preguntar por cualquiera de los dos dan la palabra /ba/', y llaman al relámpago /ba purea/, 'lo rojo del rayo'. Confirma también la costumbre de la lanza, referida en el alto Baudó y en San Matías 'como una práctica abandonada, por hombres ya mayores'.

  3. Jaibanás. Los verdaderos hombres

    luguiva.net

    Trae una narración completa de Bá tomada a viva voz a Clemente Nengarabe, con un móvil distinto al del intercambio de bohíos: Bá es un hombre casado, aborrecido por sus cuñados, que hace un tambor nuevo y lo guarda en el zarzo; cuando lo emborrachan y lo golpean, baja el tambor, 'le tocó y les acabó a todos... Me iré al aire y ya no me van a ver... Cuando se oye el trueno, es el tambor de Bá que está tocando'. Junto a ella cita la versión de María de Betania para los katíos del Andágueda, donde el trueno es el hijo de un jaibaná con un tambor de piel de sapo de loma (memburé), castigado por su padre. Y cita literalmente el episodio de la lanza con su referencia —'Dos jaibanás soñaron que con una lanza vencerían a Baha. Estos eran de los más finos (Jaibaná ara). Le clavaron la lanza (miatzu) en el pecho y lo vencieron (Santa Teresa, 1924: 53)'—, aclarando que en el Chamí las miasú eran lanzas de madera para cazar y para defenderse de los espantos nocturnos. Añade que el trueno anuncia la llegada de grandes jaibanás.

  4. Reseña de Floresmiro Dogiramá, «Zroara Nebura. Historia de los antiguos»

    publicaciones.banrepcultural.org

    Da noticia de un corpus emberá donde el trueno tiene capítulo propio: 'el compilador ha agrupado las veintiséis narraciones en varios capítulos de historias: del principio, de Ba (el trueno), de cuñados, de Jaibanás, de guerra, de cimarrones, de animales'. Menciona además 'la historia del trueno jaibaná', y discute precisamente que clasificarla como historia de jaibanás y no de trueno sea una decisión del compilador, no del narrador. Sirve para acreditar que Ba es un ciclo narrativo con nombre propio en la tradición oral emberá, y para nombrar al narrador principal, Floresmiro Dogiramá, cacique del río Baudó.

  5. «Todos en el mismo pensamiento»: las relaciones del pueblo embera con los sitios sagrados de los resguardos de Polines y Yaberaradó en Chigorodó (Antioquia)

    revistatabularasa.org

    Muestra qué sigue siendo hoy el trueno para los katíos de Urabá, y no es un enemigo vencido. En la narración del jaibaná Arnulfo Domicó, quien busca su identidad interroga uno por uno a los seres del mundo de arriba —'el sol, la luna, el viento, el rayo, la neblina, el arco iris'— y las plantas le indican después recorrerlos otra vez para impregnarse de su fuerza: 'usted debe bañarse cuando haya luna llena... y así con todos los que ha recorrido, con la luna, con los truenos, con los animales'. El trueno aparece como fuente de poder del jaibaná, no como adversario, lo que matiza la secuencia de los dos jaibanás que lo derrotan con la lanza.

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Versiones de este mito

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EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Baha, el trueno y el rayo» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Baha, el trueno y el rayo» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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