Memorias Katío de la conquista

Andina · Katíos

Memorias Katío de la conquista

Dos fragmentos recuerdan casas de oro, una reina cautiva y la resistencia de Ambeu frente a la conquista.

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El relato

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Hace mucho tiempo, allá muy lejos, en otra tierra, más allá del mar, vivían dos reyes blancos, rey y reina. De este lado del mar vivían también dos reyes indios, rey y reina. Estos tenían muchas riquezas, y entre ellas cuatro casas de oro, adornadas todas de oro.

Los reyes blancos lo supieron y arreglaron una expedición para arreglar amigablemente con los reyes indios la partición de esas riquezas. El rey indio se negó, y se entabló la lucha.

Los indios eran valientes, pero fueron vencidos por la superioridad de las armas extranjeras. Los soldados blancos le cortaron la cabeza al rey indio y tomaron cautiva a la reina, y luego se partieron: la mitad fue a dar cuenta al rey blanco y a presentarle la cabeza del rey indio y la viuda cautiva; la otra mitad se quedó con el propósito de apoderarse de los tesoros mientras los demás daban cuenta de la expedición.

El rey blanco, al oír las noticias de sus soldados y ver la cabeza del rey indio y a la reina cautiva, se indignó contra ellos, e hizo que la cautiva se sentara en su presencia, como para consolarla. Pero ella lloraba mucho. Entonces envió otra expedición con nuevas órdenes de traer riquezas. Cuando esa segunda expedición llegó, los soldados de la primera, los que se habían quedado, tenían ocultos todos los tesoros. Y aún permanecen ocultos.

En tiempo de la venida de los españoles había un jefe indio de extraordinario valor y destreza militar, llamado Ambeu. Este luchó valerosamente por salvar a su gente de los españoles, y aunque su gente fuese vencida, formaba tropas nuevas y hacía resistencia otra vez. Los españoles lo perseguían sin descanso. A fuerza de balas no habían podido matarlo, de modo que idearon otro medio: hicieron un hoyo profundo y lo cubrieron de ramas. En un combate él corrió por ahí, ignorando el peligro, y se fue a lo profundo. Los españoles se acercaron a tirarle flechas y piedras hasta que murió.

Corpus y Umucumia eran sus hijos y ayudantes, valerosos como él.

Memorias Katío de la conquista: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Una memoria rota en dos pedazos alcanza para recordar quién resistió aunque no explique la derrota.”

Territorio

Andina · Katíos

Andina · Katíos

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Andina
Comunidad
Katíos
Referencia
6.75611° · -76.18528°

Ficha del relato

Contexto histórico

Estas dos piezas están en el artículo de 1929 del Journal de la Société des Américanistes, bajo un encabezado común, Tradiciones relativas a la conquista, entre el detalle del gran jenené con las cuatro velas de metal y el Origen de los jaibanáes. Ocupan una página escasa y no hay más. Las notas fueron recogidas por las Hermanas misioneras de la Inmaculada Concepción y Santa Catalina de Sena, Henri Rochereau se limitó a remitirlas y Paul Rivet las publicó respetando la forma que les dieron sus autoras; ninguna de las dos piezas acredita narrador, ni lugar, ni fecha de recolección. Del archivo consultable no puede copiarse una sola palabra literal, porque el reconocimiento óptico del tomo se hizo con modelo de francés sobre un texto español y no dejó intacta ninguna vocal acentuada.

A diferencia de casi todo lo demás de este corpus, aquí no hay pasaje paralelo. En el Libro Primero de Severino de Santa Teresa no aparecen ni Ambeu, ni Corpus, ni Umucumia, ni las cuatro casas de oro: la guerra que organiza su libro es la de catíos contra cunas, y los españoles no figuran en ella como enemigos. Este mito descansa, por tanto, sobre un solo testimonio.

El primer fragmento cambia de sentido en cuanto se lo devuelve a su vecindario documental. Patricia Vargas, cruzando crónicas, documentos de encomienda e historia oral del Atrato y el Baudó, establece que los que son conocidos en las crónicas como catíos, en la tradición oral emberá se identifican como los carautas, los dueños del oro, y que la palabra carauta aparece en esas tradiciones como nombre genérico de una nación sobresaliente por ser dueña del oro, asentada en Guaca, Nore y Buriticá. Sofía Botero propone en la misma dirección que catío podría ser hispanización de carauta, y recuerda que Buriticá y Dabeiba fueron sitios legendarios desde la conquista por su riqueza aurífera. Las cuatro casas de oro no son entonces un reino katío perdido: son el motivo emberá de los dueños del oro, el mismo que en las crónicas españolas se volvió fama aurífera y movilizó expediciones. El nombre sigue en el mapa: Carauta es hoy corregimiento, río y cordillera del municipio de Frontino, según documenta Carlo Emilio Piazzini.

Los reyes también son una traducción. Neyla Castillo establece que las unidades sociopolíticas diferenciadas del occidente antioqueño en el siglo XVI eran Guacas, Nares, Catíos, Hevéjicos, Noriscos, Peques e Ituangos, con niveles que iban del tribal avanzado, como entre los catíos, a cacicazgos en formación y a cacicazgos consolidados como el de los Guacas. Hablar de rey y reina indios es verter en molde monárquico organizaciones que no lo eran, aunque la confederación ocasional frente a gente foránea que el relato supone sí tenga respaldo.

Lo que queda sin verificación externa son los nombres del segundo fragmento. Ambeu, Corpus y Umucumia no aparecen en el archivo colonial que manejan Botero, Vargas o Castillo. El despojo que sí quedó documentado es otro y es posterior: Elizabeth Karina Salgado sigue en el Archivo Histórico de Antioquia la colonización del occidente entre 1880 y 1920 sobre el resguardo de San Carlos de Cañasgordas, con memoriales, pleitos y quejas firmadas por indígenas. Esa conquista tiene nombres, fechas y folios. La del relato no.

Resonancias con otros mitos

El primer paralelo es del mismo corpus katío y tiene narrador. En Bibidigomia, relato que Rafael Bailarín, katío, le contó a Milcíades Chaves en 1945 y tradujo él mismo, los indios pierden gente que sale de cacería y no vuelve, descubren que se la lleva un pueblo que vive en un gran árbol hueco con balcón, guardado por un tigre, y lo aniquilan quemando ajíes, barbascos y anamú en la raíz del árbol hasta que los de arriba caen emborrachados por el humo. La misma estructura de invasión y respuesta, con dos diferencias decisivas: el enemigo es un pueblo vecino con nombre propio, no un imperio de ultramar, y los invadidos ganan.

El segundo es regional y está documentado. Mauricio Pardo muestra que en el Atrato, el Sinú y el Baudó se han registrado relatos de guerra emberá contra los cunas, a quienes llaman Jurá, y también contra burumiás, bibidícomias y carautas, cada uno con gentilicio propio; el hecho de que los narradores reconozcan además a los cunas contemporáneos descarta que Jurá sea un simple sinónimo de enemigo. La conquista española, en ese conjunto, es una guerra más dentro de un repertorio bélico largo, y no la única ni la fundadora.

El tercero obliga a mirar desde el otro lado. Vargas sostiene que emberás y cunas, habitantes de la cuenca del Atrato al momento de la invasión española, narran en sus tradiciones respectivas formas complementarias de metaforizar un mismo proceso de alianza y guerra vivido por más de cien años, y apoya la lectura en testimonios de encomienda como el de Pedro Criollo, que declaró que su madre no era natural de esa gobernación, sino de la provincia de los heras, y que fue hurtada y cautivada estando entre sus parientes. El rapto de la reina cautiva del relato tiene, en ese archivo, un equivalente con nombre, con fecha y con folio, aunque no sea el mismo hecho.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. Hay un solo texto y, dentro de él, dos fragmentos que llegaron juntos bajo un mismo encabezado sin que nada los ate. No comparten personaje, ni lugar, ni tiempo declarado: el primero no nombra españoles y transcurre en una geografía de reyes, el segundo los nombra y sitúa la acción en tiempo de su venida. No deben leerse como capítulos de una misma crónica ni fundirse en un héroe único.

  2. Del primer fragmento se pierde casi siempre la mitad final, que es la que le da filo. No termina con la indignación del rey blanco. Termina con la segunda expedición llegando a buscar riquezas que los soldados de la primera ya habían escondido, y con la frase de que aún permanecen ocultos. El desenlace no es un rey justo corrigiendo a sus soldados, sino un tesoro robado dos veces y nunca devuelto.

  3. Del segundo se pierde el detalle que explica la trampa. A Ambeu no lo matan en combate porque a fuerza de balas no habían podido; el hoyo cubierto de ramas es el recurso al que obliga esa invulnerabilidad, y quienes lo rematan en el fondo lo hacen con flechas y piedras, no con armas de fuego.

  4. Fuera de este artículo hay memorias emparentadas que no son variantes de estas. Vargas recoge en el Atrato una sucesión de tres edades, burumias, carautas y emberas, en la que los carautas son los dueños del oro; y cita una versión donde esos carautas, muy ricos y trabajadores de oro, fueron castigados y convertidos en animales por sus uniones ilícitas. Allí la memoria de los dueños del oro termina en metamorfosis y no en conquista. Es otra manera de contar el mismo vecindario, y conviene no confundirla con esta.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Katíos · Andina
Referencias
8
Última revisión
17 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Creencias, ritos, usos y costumbres de los indios Catíos de la Prefectura Apostólica de Urabá

    archive.org

    Reúne el corpus histórico más amplio consultado sobre Caragabí, Genené, Antomiá, Séver, los Domicó, la escalera, Herupotoarra, Baha, Aribamia y Dabeiba. La primera edición de 1924 no está en acceso abierto; el Libro Primero de «Los indios catíos, los indios cunas» (Medellín, 1959) es esa obra, según declara el propio autor en su razón de la segunda edición.

  2. Nociones sobre creencias, usos y costumbres de los Catíos del occidente de Antioquia

    persee.fr

    Publica notas reunidas por religiosas entre grupos del occidente antioqueño y conserva variantes de Caragabí, Genené, Antomiá, Costé, Séver, Herupotoarra, la escalera, Aribamia y el cerro Musinga. La nota inicial de Rivet aclara quién recogió el material: Rochereau lo remitió, no lo recogió.

  3. Misiones, región y clasificación indígena en Urabá

    biblioteca-repositorio.clacso.edu.ar

    Explica que la categoría regional Catío fue parcialmente consolidada por el proyecto misionero en el occidente de Antioquia, Urabá y Chocó.

Contraste y contexto · 5 referencias

  1. De los hevexicos a los catíos en la provincia de Antioquia

    revistas.udea.edu.co

    Es la fuente que permite distinguir de quién es esta memoria. Botero argumenta que asimilar embera y catíos es un error histórico: los "catíos" de las crónicas serían descendientes de la nación hevexico, y el propio nombre catío podría venir de carauta, como los emberá llaman a "una nación sobresaliente por ser la dueña del oro", asentada en Buriticá y Dabeiba. Eso cambia la lectura del primer fragmento: las cuatro casas adornadas con oro no son un reino katío perdido, sino el eco del motivo emberá de los dueños del oro, que en las crónicas españolas se convirtió en la fama aurífera de Buriticá y Dabeiba y movilizó las expediciones. Reconstruye además la secuencia documentada de resistencia: Sinago muerto, Yutengo y Arame que "queman sus asientos y labranzas" y huyen al "partido de Carauta".

  2. Los emberas y los cunas en frontera con el imperio español. Una propuesta para el trabajo complementario de la historia oral y de la historia documental

    publicaciones.banrepcultural.org

    Hace justo lo que esta ficha pide: leer la memoria oral y el archivo español como dos narrativas sobre los mismos hechos, sin subordinar una a la otra. Su tesis de partida es que "las historias que tradicionalmente se han conocido como mitos, refieren según convenciones culturales acontecimientos y procesos históricos". Aporta el dato decisivo: "Los que son conocidos en las crónicas como Catíos, en la tradición oral Embera se identifican como los Carautas, los dueños del oro". Documenta con testimonios de encomienda el rapto de mujeres en las guerras con los catíos (el caso de Pedro Criollo, cuya madre fue cautivada en la provincia de los heras), la captura y encomienda de carautas en Santa Fe de Antioquia a comienzos del XVII, y el uso de Cieza de León, Oviedo y la carta de Juan de Vadillo de 1537.

  3. Complejos arqueológicos y grupos étnicos del siglo XVI en el occidente de Antioquia

    publicaciones.banrepcultural.org

    Pone nombres y jerarquías a lo que el relato resume como "un rey y una reina indígenas". Castillo establece que las unidades sociopolíticas diferenciadas del occidente antioqueño en el siglo XVI eran Guacas, Nares, Catíos, Hevéjicos, Noriscos, Peques e Ituangos, con "distintos niveles de desarrollo de sus estructuras sociopolíticas, desde un nivel tribal avanzado tal como aparece entre los Catíos, de cacicazgos en proceso de formación —Peques, Noriscos, Ituangos y Hevéjicos— hasta cacicazgos consolidados y en proceso de expansión como los Guacas". El relato de reyes y reinas es, entonces, una traducción monárquica de organizaciones que no lo eran; y la confederación esporádica para enfrentar grupos foráneos que ella documenta sí tiene respaldo arqueológico.

  4. Estrategias de negociación y resistencia indígena a la colonización del occidente de Antioquia, 1880-1920

    revistas.unal.edu.co

    Muestra la conquista que sí quedó documentada, y que no es la del relato. Entre 1880 y 1920 la colonización del occidente antioqueño chocó con el resguardo de San Carlos de Cañasgordas —en cuyo territorio histórico se crearon Cañasgordas, Dabeiba, Frontino, Urrao, Abriaquí, Caicedo y Murindó— y los indígenas respondieron con memoriales, pleitos y quejas a las autoridades. Salgado transcribe, por ejemplo, la comunicación del 11 de junio de 1894 en que la Prefectura de Occidente conmina con multa al alcalde de Dabeiba "para que proteja... a los indígenas Carmelo Majoré y Nepomuceno Domicó de los ataques a la propiedad de estos, efectuados por los colonos Nemesio David, Ignacio Sepúlveda, Ángel María Echavarría y otros". La despojo tiene nombres, fechas y folios; la conquista del relato no.

  5. ¿Son los embera katío del Alto Sinú étnicamente correctos?

    ram-wan.net

    Enseña cómo funciona hoy una memoria de invasión entre emberá katío, y por tanto cómo leer la de 1929. Castañeda reconstruye la lucha de los Cabildos Mayores del río Sinú y río Verde contra Urrá y muestra que el mito del origen del agua —donde Karagabí y todos los emberá deben derribar el árbol de jenené para liberar el agua acaparada— se volvió el marco explícito de la movilización: "los embera del presente debían combatir a Urrá como los embera sin tiempo... combatieron a quién acaparaba el agua". El relato de conquista no es archivo congelado: es material que se reactiva, se reinterpreta y a veces se transforma en actas, tomas y sentencias.

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«Memorias Katío de la conquista» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

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EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Memorias Katío de la conquista» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Memorias Katío de la conquista» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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