Mona, Mona

Caribe · Mestizo

Mona, Mona

La pieza atribuye a una revelación sobrenatural un conflicto de muerte, secreto y justicia en un entorno palenquero representado por el autor.

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Mona, Mona: la entrada del relato

El relato

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En el muelle del mercado de Cartagena descargaban al amanecer los botes que llegaban de los pueblos de la costa. Muchos de los que bajaban la carga venían de Palenque o de Rocha, y entre ellos hablaban una lengua que no era el español. Cuando se acercaba un extraño, callaban.

Aquella mañana dos hombres se saludaron a gritos por encima de los cestos.

—¡Mona! ¡Mona! ¿Cuándo viniste y cuándo te vas?

—¡Oé! Mona, yo vine mañana y me voy ayé.

Un tercero, que tenía una hija trabajando en la ciudad y creía manejar mejor el castellano, les corrigió el orden del mundo: ayer fue primero y mañana es después.

Mona no es un nombre. Es la palabra con que un palenquero llama a otro cuando lo saluda, y basta oírla para saber de dónde viene quien habla. Ese saludo, y la costumbre de poner los días al revés, bastaron para empezar una desgracia.

Cerca de ellos, dos hombres fingían conversar mirando la bahía. Otro les hizo un guiño señalando al que había hablado. Ellos no le quitaron la vista de encima.

Por la tarde, cuando las brisas del norte llenaron las velas y los botes salieron de vuelta a los pueblos, el hombre zarpó sin advertir que otra embarcación pequeña iba detrás.

A medianoche, en la soledad de los caños que enredan la salida de la bahía, lo alcanzaron. Estaba solo y no llevaba encima nada que valiera un asalto: ni dinero, ni carga, ni papeles.

Lo que querían era una traducción.

Traían copiadas en una hoja unas palabras en congo y necesitaban saber qué decían. Entre los suyos aquel hombre habría preferido callarse; a solas, y con las manos de dos desconocidos encima, aguantó lo que pudo y acabó cediendo. Le leyeron en voz alta lo que llevaban escrito y le exigieron la respuesta de una vez.

Abrió mucho los ojos, tragó saliva y contestó en su media lengua:

—Mi amo mató a mi ama y se huyó con todo el oro.

Los dos soltaron un grito: era él, era el mismo Capitán.

Mucho antes, un Capitán de Guardias Reales se había casado sin querer a su mujer, sólo por la fortuna de la familia. Se la llevó a una finca lejos de la ciudad y una noche la mató por el cofre de oro y piedras que ella había heredado. Lo vio hacerlo un viejo esclavo congo de la casa. El Capitán se volvió contra él, lo hirió de muerte, huyó con el cofre y armó una coartada: unos ladrones, y él ausente.

El viejo no murió en seguida. Se arrastró hasta el camino y alguien lo encontró todavía con vida, delirando en su lengua. Quien lo oyó copió aquellas palabras tal como sonaban, porque no había manera de volcarlas al español, y esa hoja empezó a circular.

Los dos hombres del caño eran agentes de la justicia y llevaban meses detrás del crimen. Con la traducción en la mano llegaron al culpable. Al Capitán le cayeron galeras y cadena perpetua.

En el muelle, al día siguiente, los botes volvieron a descargar como todos los días.

Mona, Mona: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Saber una lengua que los demás no entienden protege hasta el día en que alguien la necesita.”

Territorio

Caribe · Mestizo

Caribe · Mestizo

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Caribe
Comunidad
Mestizo
Referencia
10.39817° · -75.49328°

Ficha del relato

Contexto histórico

El texto se conserva en las páginas 93 a 95 del tomo segundo de «Mitos y leyendas de Colombia», antología de Eugenia Villa Posse editada por el IADAP en Quito en 1993, dentro de la sección decimoctava, que reproduce diecisiete piezas de «Cuentos y leyendas de Cartagena», de Eustorgio Martínez Fajardo. La nota de la página 65 identifica el libro de origen —Editorial Nuevo Mundo, Cartagena, 1948, páginas 25 a 177— y advierte que esas narraciones, oídas en la tradición popular de la ciudad, se reescribieron con propósito literario antes de publicarse. Aquí esa advertencia no es un detalle bibliográfico: es lo que separa el relato de un registro de campo.

La pieza tiene dos bloques separados por un asterisco, y cada uno se apoya en una autoridad distinta. El primero empieza lejos de la acción, con varias páginas sobre Palenque y Rocha escritas desde Cartagena, y anuncia que lo que sigue es una leyenda que cuentan los propios palenqueros que tratan con la ciudad. El segundo arranca de nuevo, ahora en voz de «los antiguos cronistas de Cartagena de Indias», para explicar de dónde salían las palabras del papel.

Conviene decir en qué términos está escrito ese primer bloque, porque condiciona todo lo demás. El autor habla de Palenque con el vocabulario racial de su época y describe a sus habitantes como una supervivencia cerrada y hostil al forastero; esa descripción es la premisa que hace funcionar la trama, y no una noticia sobre el pueblo. La escena central, por su parte, es la tortura de un hombre a manos de dos agentes del Estado, contada por el narrador como un recurso eficaz y sin una palabra de reproche. El único castigo del relato recae sobre el Capitán.

El título aparece impreso entre comillas y con puntos suspensivos, repitiendo dos veces la misma palabra, tal como se oye en el saludo del muelle.

Resonancias con otros mitos

El paralelo más directo está doce páginas más adelante, en «Celos de esclavo», páginas 105 a 107 del mismo conjunto. Son los dos únicos relatos de la sección cuyos protagonistas son personas negras de Cartagena, y los dos están construidos desde fuera: el que aquí sufre el asalto queda sin nombre y sin desagravio, y el que allí carga con la culpa del desastre es un hombre esclavizado. En ambos casos el remate del cuento se desentiende de quien puso el cuerpo.

La segunda comparación es con otra sección del mismo volumen, y sirve para medir la distancia. En las páginas 359 a 413 se reproduce «Al filo de la leyenda», de Judith Porto de González, impreso en Cartagena en 1982, y su nota declara que reúne leyendas de la tradición oral de la población negra de la ciudad. Misma ciudad y mismo tomo, procedimiento opuesto: aquel conjunto dice recoger de esas voces, y este las mira desde el muelle.

Hay además un rasgo de construcción que emparenta la pieza con el relato criminal más que con la leyenda. Todo depende de un mensaje cifrado —unas palabras copiadas tal como sonaban, imposibles de leer para quien las lleva encima— y de un intérprete al que hay que encontrar. El segundo bloque existe sólo para descifrar el primero, y el cierre judicial, con su condena a galeras y cadena perpetua, es el único de la sección que reparte penas. Donde otras piezas del libro terminan en un prodigio, esta termina en una sentencia.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. El relato no se sostiene en un solo testimonio sino en dos, y los dos son de la misma mano. El bloque del muelle se presenta como leyenda vernácula que cuentan algunos palenqueros; el bloque del crimen se presenta como noticia de los antiguos cronistas de la ciudad. Ninguno de esos cronistas se nombra, no hay título ni año, y del lado palenquero tampoco hay informante, fecha ni lugar de encuesta. La pieza funciona porque el lector acepta las dos atribuciones a la vez.

  2. Hay una diferencia de forma entre lo que dice el texto y lo que sugiere su propio rótulo. Dentro del relato se explica en un paréntesis que «Mona» es el término con que un palenquero se dirige a cualquier conocido, es decir, una fórmula de trato. El título impreso, en cambio, la aísla y la repite como si fuera el nombre del personaje, y así se ha citado después. El hombre asaltado no tiene nombre en ninguna parte del texto.

  3. Queda una advertencia sobre el estado material de lo que se lee. El diálogo del muelle está escrito imitando la pronunciación, y el escaneo de la antología separa las letras de algunas palabras, de modo que «ayé» aparece impreso con espacios en medio. Esa dispersión tipográfica ha llevado a transcribir mal la réplica más citada de la pieza, y aquí se cita según la forma que el impreso pide.

  4. Por último, la lengua del papel se llama «congo» en el texto y el preámbulo menciona además mandinga y camerón como orígenes de los dialectos que se hablan en Palenque. Son las denominaciones del autor en 1948, no una clasificación lingüística, y se citan como lo que son.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Mestizo · Bolívar · Caribe
Referencias
10
Última revisión
21 de septiembre de 2026

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Base documental · 3 referencias

  1. Mitos y leyendas de Colombia, vol. II · sección 18, «Cuentos y leyendas · Cartagena, Departamento de Bolívar», pp. 65-123

    flacso.edu.ec

    Conserva el texto en las páginas 93 a 95, con el título impreso entre comillas y con puntos suspensivos, repitiendo dos veces la palabra tal como suena en el saludo del muelle. Sólo aquí se leen los dos bloques que lo componen y las dos autoridades distintas en que se apoyan: el primero dice traer una leyenda que cuentan los propios palenqueros que tratan con la ciudad, y el segundo invoca a «los antiguos cronistas de Cartagena de Indias» para explicar de dónde salían las palabras del papel. Y sólo aquí consta la escena que la ficha tuvo que rescatar: la tortura de un hombre palenquero por dos agentes hasta arrancarle la traducción de una frase en congo, contada por el narrador como un recurso eficaz y sin una palabra de reproche. La nota de la página 65 declara el material elaborado literariamente, y es lo que separa esto de un registro de campo.

  2. Espacio Cultural de San Basilio de Palenque · Plan Especial de Salvaguardia

    patrimonio.mincultura.gov.co

    Es el contrapeso indispensable del primer bloque del relato, que describe Palenque desde Cartagena y con el vocabulario racial de 1948. El expediente documenta lo mismo desde dentro: una lengua propia de base africana viva y descrita como tal, un sistema de organización social por grupos de edad y parentesco, un ritual funerario y musical propio, y una relación con Cartagena que no es de aislamiento hostil sino de circulación constante de gente y de mercancías. Con este documento delante, la premisa del cuento —un pueblo cerrado del que hay que arrancar la traducción a golpes— se lee como lo que es, un prejuicio del autor, y no como una noticia sobre Palenque.

  3. Miedo, rumor y rebelión: la conspiración esclava de 1693 en Cartagena de Indias (Historia Crítica, n.º 31)

    scielo.org.co

    Documenta, con papeles de archivo, el miedo que el relato convierte en color local. Reconstruye cómo funcionaba en la Cartagena colonial la sospecha sobre la población negra —el rumor como prueba, el interrogatorio como método, la conspiración atribuida antes de ser probada— y con ello explica el reflejo de los dos agentes del cuento, que no buscan un intérprete sino que fabrican uno a la fuerza. Es la fuente que permite decir que el procedimiento descrito pertenece a una práctica documentada de poder, y no a un exceso inventado para la escena.

Contraste y contexto · 7 referencias
  1. Los estudios sobre la esclavitud en el Caribe colombiano (Historia Caribe, vol. 20, n.º 47, pp. 197-222)

    revistas.uniatlantico.edu.co

    Da la medida de hasta dónde llega hoy lo que se sabe, y por tanto de dónde queda esta pieza. Recorre lo publicado sobre esclavitud en el Caribe colombiano, con Cartagena como escenario principal, y muestra que la historiografía se ha ocupado de trata, cimarronaje, cofradías y vida urbana, pero no de la clase de episodio que el relato cuenta: un crimen resuelto por traducción forzada de una frase africana. Sirve para afirmar que la ausencia de corroboración no es un descuido de esta ficha, sino el estado del campo.

  2. Historia del Cerro de la Popa (Macroproyecto de Recuperación Integral del Cerro de la Popa, Producto 3)

    observatorio.epacartagena.gov.co

    Trae el precedente más cercano de lo que el cuento pone en escena: una autoridad que persigue una palabra africana y castiga a quien la pronuncia. Con cita del Archivo General de Indias documenta que el entorno del cerro era en el siglo XVII lugar de reuniones de cimarrones encabezadas por el mestizo Luis Andrea, condenado por el Santo Oficio en 1613 por rendir culto a un demonio con forma de cabro llamado Busiraco. Ese nombre —una voz que las autoridades registran, persiguen y juzgan— es la prueba de que en Cartagena las lenguas y los cultos africanos pasaban por los tribunales, que es el fondo institucional del relato.

  3. La virgen de la Candelaria: fiesta, idoloclastía y colonización de imaginarios en Cartagena de Indias

    dialnet.unirioja.es

    Nombra el mecanismo que el relato ejecuta sin saber que lo ejecuta. Su tesis es que sobre los imaginarios indígenas y africanos de Cartagena se practicó una colonización sistemática, con la idoloclastía como herramienta y el proceso del 2 de febrero de 1614 contra el mestizo Luis Andrea como caso; y que lo africano sobrevive en la fiesta como resistencia simbólica y no como igualdad. Esa doble condición —presencia constante, reconocimiento nulo— es exactamente la posición que ocupa el hombre palenquero de este cuento: imprescindible para que la trama funcione, invisible en el reparto de justicia del final.

  4. «Plaza de los Coches» (serie «cartapedia»)

    muhca.gov.co

    Ancla en un punto del plano la razón por la que en Cartagena se hablaban lenguas africanas. Entre los nombres sucesivos de la plaza figura, literalmente, el de «Plaza del Esclavo, por efectuarse en ella remates o ventas de esclavos». El esclavo congo agonizante que pronuncia la frase del relato llegó a la ciudad por ahí, y por ahí llegaron los hablantes que hacían falta para entenderlo: la página da la infraestructura urbana concreta de la que el cuento hace un enigma.

  5. Palacio de la Inquisición (Ciudades Patrimonio · Cartagena de Indias, «De paseo»)

    cvc.cervantes.es

    Pone en pie el tribunal que hace posible el desenlace, que es el único de la sección que dicta penas. Describe la sede del Santo Oficio en la ciudad, su jurisdicción y su forma de operar, y con ello recuerda que en la Cartagena del relato la justicia no era un trámite abstracto sino un edificio con calabozos a pocas calles del muelle, capaz de condenar a galeras y a cadena perpetua. Es lo que vuelve verosímil que un cuento que empieza con una frase en congo termine con una sentencia.

  6. Tres siglos de historia demográfica de Cartagena de Indias

    banrep.gov.co

    Cuantifica la población africana y afrodescendiente sobre la que se levanta el cuento. Su reconstrucción del censo de 1777 permite ver qué proporción de la ciudad y de su provincia estaba formada por gente traída de África o descendiente de ella, y por tanto cuán ordinario era en los muelles oír una lengua que un funcionario no entendía. El relato presenta ese hecho como un enigma excepcional; el libro muestra que era la condición normal del puerto.

  7. «Fiestas de la Candelaria» (serie «cartapedia»)

    muhca.gov.co

    Da el lugar desde el que está escrito el primer bloque, que es lo que más importa declarar en esta ficha. Identifica al autor como el periodista cartagenero que firmaba «Eumarfa» y describe su obra como recreación fantástica de la imaginación popular de la ciudad histórica: un letrado del centro amurallado escribiendo sobre Palenque en los años cuarenta. Esa posición explica el vocabulario racial del texto y explica también que atribuya la leyenda a los palenqueros sin haber hablado, que se sepa, con ninguno.

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«Mona, Mona» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Mona, Mona» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Mona, Mona» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

TÚ

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