En la enigmática y palpitante Cartagena de Indias, sobre el borde del muelle del mercado, donde las olas susurran secretos al oído atento, la prolífica descendencia de los antiguos esclavos del África se agolpa, persiguiendo el eco de sus raíces. Los palenqueros, gentes de tez oscura y miradas profundas, habitan en los alrededores del pintoresco puerto suramericano, aferrándose con devoción a sus viejos mitos y costumbres ancestrales en aldeas como Rocha y, sobre todo, Palenque. Allí, las historias se entrelazan con el aire, contadas con el dialecto autóctono del Congo, Mandinga, o Camerón, como si pintaran con palabras un tapiz místico que el tiempo no ha podido destejer.
En Palenque, todavía se observa la danza ritual alrededor de sus muertos, las ancianas plañideras entonando cantos que celebran los capítulos vividos por aquel que ha pasado al otro lado del velo de la existencia. Se dice que cuando muere un pequeño, su alma se arrienda para la fiesta del velorio de aquellos pudientes en banquetes luminosos y danzas que buscan en cada paso prolongar la vitalidad del infante al mundo de los vivos.
Las tradiciones son férreas, el matrimonio entre una doncella jacarandosa y uno de otra raza es un sueño prohibido, y el forastero de ojos azules que se atreve a cruzar el umbral de su comunidad siente el peso de la hostilidad tal como un cielo plomizo antes de la tormenta. Son tiempos de resguardo y de un lenguaje que se resiste a ser desentrañado por cualquiera que no sea de su propia casta.
De todas las leyendas que navegan entre los labios de los palenqueros, la que más resuena es aquella que se originó en un simple saludo. Un negro palenquero preguntaba en el dialecto enrevesado: "Mona!... Mona!... ¿cuándo vinite y cuándo te váa?" A lo que el interpelado respondía con una mística temporalidad invertida: "Mona, yo vine mañana y me voy ayé." En un ejército de palabras tan desordenadas como la espuma de mar, las voces del tiempo atrapaban el presente en una danza irreverente.
Fue entonces sobre el pequeño bofe del muelle, que otro negro curioso, joven y robusto, observó cómo dos individuos de apariencia sospechosa escuchaban, fingiendo charlar entre ellos mientras sus miradas se deslizaban furtivas hacia los interlocutores. Aquellos hombres, cuyo secreto se escondía detrás de la bahía azul celeste salpicada de botes entoldados por las brisas del norte, perseguían un enigma cuya respuesta se bifurcaba en las venas del dialecto.
El "Mona", el mismo que no conocía que ayé es primero que mañana, zarpó rumbo a la noche sin prevención de que era seguido por una embarcación con los dos curiosos en pos del hilo perdido. Fue en lo hondo de la soledad del río, donde los intrincados cuerpos de agua formaban arterias escondidas, que lo atraparon, demandando conocer el significado de las palabras que llevaban inscritas en un papel ajado por el tiempo: "Batú ji noe... Camadínga joe... Vina cosaca malimbá!"
La tortura del enigma se libró en susurros bajo el manto sagrado de la noche, al que "Mona" se resistía con el gemido apagado de su voz quebrada. Finalmente, ante el peso de la amenaza, abrió los ojos como lunas, revelando, entre jadeos, una verdad oculta: "Mi amo mató a mi ama... y se juyó con too el joro..."
Con esta seña, un acto de júbilo prendió entre los asaltantes de aquel misterio, puesto que las palabras condenaban a un Capitán de Guardias Reales. La historia clama que ese Capitán se había unido en santo matrimonio con una rica heredera sin amor alguno, sólo por el deseo insaciable de fortuna que ardía en su corazón. Una noche fatídica, en la distancia de la finca donde la retiró, sucumbió a la avaricia, asesinándola. Lo fue testigo un anciano exclavo congo, quien fiel en sus labores, fue herido y dejado por muerto al descubrir la atrocidad. Con el espantajo de la muerte sobre los hombros, el exclavo musitó en su lengua materna las palabras inconexas que el viento se llevó, pero que alguien alcanzó a registrar.
Los hombres que asaltaron al Mona fueron vigilantes de la justicia, portadores del lazo que ató a las palabras el destino del Capitán. Sus investigaciones crucificaron la inocencia fingida bajo una fachada de dolor por el doble crimen, sellando su sentencia a galeras perpetuas, allí donde el eco de su codicia no podría volver a resonar.
Así, entre las sombras de Cartagena, el río cambió su curso bajo la luna callada, y la historia que se tejió a través del rompecabezas del tiempo, se integró en las olas del mar que, entre murmullos, sigue narrando el mito de "Mona" a quienes se atreven a escuchar.
Historia
El mito en cuestión se origina en la comunidad de Palenque, un lugar en Cartagena de Indias donde los descendientes de antiguos esclavos africanos aún practican sus tradiciones y lenguas ancestrales. La leyenda que se cuenta se basa en un incidente con una persona conocida como "Mona", un palenquero que fue asaltado por dos individuos en busca de la traducción de unas palabras del dialecto congo. Este suceso se relaciona con la historia de un Capitán de Guardias Reales que había asesinado a su esposa por dinero y fue descubierto por un esclavo congo. El esclavo, antes de morir a causa de sus heridas, pronunció unas palabras en su lengua nativa que fueron cruciales para resolver el crimen. La leyenda refleja el uso de las lenguas y tradiciones africanas como elementos clave en la transmisión de eventos y juicios dentro de esta comunidad.
Versiones
El análisis de las dos versiones del mito resalta un enfoque distinto en la interpretación y presentación de la cultura y las tradiciones de la comunidad palenquera de Cartagena. En la versión dada, se describe a la comunidad como un enclave cultural cerrado y defensivo, donde las antiguas tradiciones africanas se mantienen con fervor, y la comunicación en su dialecto se protege celosamente de los forasteros. Esta protección lingüística se centra en impedir que los intrusos, especialmente aquellos de raza distinta, capturen o comprendan sus secretos. En esta narrativa, el nexo entre la tradición y el aislamiento se ilustra a través de un episodio donde un "Mona", representante de esta comunidad hermética, es asaltado por dos hombres que buscan descifrar un mensaje en congo, el cual resulta ser la clave para resolver un crimen.
Una diferencia crucial entre las versiones es el desenlace de esta intriga. En el documento, el supuesto misterio lingüístico es revelado como vinculante para un viejo crimen perpetrado por un capitán codicioso. Aquí, los investigadores, usando el conocimiento involuntario del "Mona", descifran una confesión incriminatoria pronunciada por un esclavo agonizante en su lengua nativa, que se traduce en una evidencia condenatoria contra el capitán. Este giro implica una interacción más directa entre la comunidad tradicional y el sistema de justicia externo, desentrañando secretos que van más allá de un simple resguardo cultural. Así, mientras la primera parte desarrolla el entorno cultural y el enigma del dialecto, la segunda parte muestra una integración práctica de este conocimiento en la resolución de una injusticia histórica, destacando una relación compleja entre aislamiento cultural y participación involuntaria en un proceso judicial.
Lección
La preservación de la cultura y el lenguaje puede ser una herramienta poderosa para la justicia.
Similitudes
Se asemeja a mitos donde el conocimiento oculto o prohibido es clave para resolver injusticias, similar a las historias griegas de oráculos.
Territorio
Ubicacion geografica del mito
Ubicacion registrada para este mito en el territorio.



