Por la boca muere el pez

Caribe · Mestizo

Por la boca muere el pez

La historia del zapatero lusitano Domingo da Cunha revela el intrigante proceso inquisitorial de su tiempo y su condena por supuestas blasfemias.

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El relato

En la muy noble y leal ciudad de la cruz y los leones, allá por los comienzos del siglo XVII, la vida tejía su intrincado tapiz en torno al taller del zapatero lusitano, Domingo da Cunha. En la calle de "El Candilejo", donde el aire parecía susurrar secretos antiguos entre los adoquines, él tejía historias y suelas, cual desértico alquimista que transforma tiempo en obra. Su taller, un humillado santuario del cuero y la costura, se hallaba siempre abierto al mundo, dejando entrar el vibrato alegre de sus cantigas portuguesas y el murmullo continuo de los transeúntes que mataban el tiempo entre leznas y cordobanes.

El maestro Domingo era, sin duda, un ejemplar vecino, dotado de una lengua traviesa y un amor sin par por la bota de añejo. Cuando el sol en su cenit arrojaba calorías doradas sobre la ciudad, él, un amante ocasional del mosto, se perdía en disertaciones chispeantes que mezclaban la mística del vino con lo terrenal de las suelas.

Cierto día, cuando los vientos soplaron con un aire de premonición, Domingo daba el último toque a un par de chapines que, como joyas, reflejaban la gloria de su arte. Eran para la discreta señora del teniente-gobernador, y en cada puntada suspendía su alma como un equilibrista desafiando la gravedad del destino. Pero, como las mareas que amanecen sin aviso, dos alguaciles del Santo Oficio irrumpieron en el refugio del zapatero, agitando en el aire sus negras varas como cuervos convocando tormentas.

"¡Ténganse vuesas mercedes!", balbució Domingo, atrapado entre la incredulidad y el temor, "Yo, Domingo da Cunha, zapatero y chapinero de oficio, nacido del Obispado de Coimbra, en los reinos de Portugal, al servicio de Dios y los hombres". Los alguaciles respondieron con la certeza de la desgracia inminente, insistiendo en llevar su buen vecindario a las sombrías alcobas de la Santa Inquisición.

Así cayó el cielo sobre su cabeza, y el largo proceso se desató cual tormenta sobre un campo desatendido. Entre los rincones oscuros del calabozo, Domingo encontró que los amigos de antaño ahora eran sombras que lanzaban acusaciones cargadas de hiel. Ñuño Ximénez, uno de estos desalmados, juró que había oído a Domingo desear haber estado presente en la crucifixión de Cristo. Sus acusaciones relucían con la malicia de un cuchillo al sol del mediodía, y otros más se unieron a la danza del juicio, alegando que Domingo había blasfemado durante los días santos y que, quizás, el mosto le había dado demasiadas alas a su lengua.

Cada palabra testificaba en su contra como un ladrillo en el muro que se levantaba a su alrededor. Encontrándose impotente ante la marea, antes de que llegaran los terribles instrumentos de la confesión forzada, Domingo confesó sus pecados, desgajándolos de sus labios con más arrepentimiento que verdad, señalando al demonio del vino como culpable de su verbo descuidado.

El Santo Oficio, en su majestad inflexible, condenó a Domingo a cinco años de destierro y al pago de cien pesos para los gastos del tribunal. Entre otros penitentes, fue humillado públicamente en un auto de fe ante los ojos de nobles y pecheros que aclamaron el espectáculo con un entusiasmo pintado de miedo y fascinación macabra. Así, el buen zapatero fue llevado, cual un peregrino al exilio, camino de la galera que lo separaría de la ciudad que una vez llamó hogar.

Entregado al sino del mar y los años, Domingo, el zapatero, susurró para sí un último réquiem por sus posesiones: "Ya se fueron mis dineros a casa de todos los diablos". Y lo dijo con el aplomo de quien reconoce la ironía en el destino, cuidando que no lo oyeran aquellos que aún sostenían la espada de la justicia sobre su cabeza.

El mito de Domingo da Cunha permanece en las brisas inciertas de una historia donde el verdadero mar es la conjura del tiempo, llevándose tras de sí cabos sueltos de hombre y leyenda, dejando a su paso un eco indeleble en las calles donde antaño reinaban la cruz, los leones y los misterios sin resolver del alma humana.

La enseñanza

El descuido en las palabras puede llevar a consecuencias desastrosas.

Territorio

Caribe · Mestizo

Caribe · Mestizo

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Caribe
Comunidad
Mestizo
Referencia
10.423° · -75.517°

Contexto histórico

Por ahora no tenemos tan clara la historia de este mito, pero a medida que recopilemos más información les estaremos actualizando.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales para quien quiera profundizar.

Procedencia

Recopilado de la tradición oral de Mestizo, Caribe · Caribe > Bolívar > Mestizo.

Cómo documentamos cada relato

Fuentes y revisión editorial

La procedencia cultural está clasificada, pero la referencia bibliográfica primaria aún está pendiente de publicación en esta ficha. No presentamos esa clasificación como si fuera una cita documental.

Última revisión: 22 de julio de 2026Aportar o corregir una fuente

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