
Caribe · Mestizo
Castellano viejo
El marqués de Villalta intenta decidir el futuro de Mariana; la pareja altera las apariencias para forzar una boda y el desenlace convierte los celos de Manuel en ruina.
Leer el relato
El relato
Escuchar el relato · 4 min
Una vecina lo vio cruzar la plazuela de El Tejadillo, tieso y ceremonioso, y soltó la pulla que se quedó en el barrio. A fe que don Gonzalo de Herrera se ha comido hoy un espadín.
Y humos no le faltaban. Marqués de Villalta, hábito de Calatrava, patrono de la iglesia de Santo Domingo y dueño de una fortuna que en Cartagena de Indias lo alzaba varios codos por encima de los gobernadores de la provincia. Gobernador lo había sido también él, y al aceptar dijo que el sayo le venía estrecho y que lo tomaba por hacer favor a su majestad.
Esa tarde, al desembocar en la plazuela, se topó con el mozo que rondaba a su hija y le echó una mirada que de cortar habría cortado. El mozo se mordió el bigotillo y tiró hacia el arrabal de La Marina, donde los galeones y los pataches soltaban a la gente de paso que iba y venía entre el Perú, Chile y España.
Se llamaba Manuel de Benavides y Ayala. Se fue a buscar al capitán Hernando de Azcoeta, que lo esperaba con una noticia peor que la suya. El marqués había encerrado a doña Mariana en Santa Clara para acabar con aquellos amores.
Lo que vino después lo ideó el capitán.
Días más tarde sonaron tres aldabonazos en el portalón de los Villalta. Abrió un viejo esclavo mandinga a quien nadie en la casa puso nombre, y entraron dos donados negros del convento cargando una litera. De ella bajó doña Mariana.
Su padre cerró la puerta de la estancia, le mostró un papel y le pidió que declarara allí mismo si su deshonra y la desventura de él eran ciertas. Ella contestó que tal era la verdad.
El papel venía firmado por Benavides. De los hombres es el error y de los malos persistir en él, empezaba. Se declaraba caballero e hijodalgo de solar conocido, aseguraba que doña Mariana había confiado en él y había confiado bien, y remataba con el argumento que lo decidía todo: cojeando así el suceso, ella no podría profesar. El cuándo y el dónde los pondría el marqués.
Esa misma noche, en la capilla del palacio, se casaron en silencio.
No tardó Cartagena en saber lo demás. La carta era una tramoya del capitán Azcoeta, urdida con su amigo y aceptada por Mariana, a quien se lo hicieron llegar por vías ocultas. Conocía a su padre, y aquella treta era la única tabla para salir del claustro y casarse con quien quería. Cuando la mujer lo quiere, dice la copla, ni el mismo Dios, con ser Dios, el brazo le hará torcer.
Al marqués no lo hirió la deshonra. Lo hirió la burla. Habría preferido la primera, decía, antes que aquel baldón sobre sus canas, y dejó la venganza en manos del cielo.
Tardó en llegar. A Benavides lo nombraron gobernador de Antioquia, y allí le vino una dolencia que dio en sospechar infidelidades de su mujer. La servidumbre lo vio perseguirla por las habitaciones con una daga, gritando que su honor pedía la muerte de aquella infeliz. Los señores del cabildo de Santafé de Antioquia resolvieron devolver a los esposos a Cartagena bajo custodia, y por el camino de Cáceres, rumbo a las sabanas de Ayapel, el enfermo perdió el poco juicio que le quedaba. Llegó loco y murió loco en el hospital de los juandedianos, quejándose de traiciones que nadie había cometido.
El día que lo supo, don Gonzalo de Herrera mandó quitar el paño de luto que él mismo había hecho poner sobre el escudo de su portalón.

La enseñanza
“Un padre humillado puede esperar años y celebrar la desgracia ajena quitando un paño de luto sin decir palabra.”
Territorio
Caribe · Mestizo
El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.
- Región
- Caribe
- Comunidad
- Mestizo
- Referencia
- 10.4236° · -75.5512°
Ficha del relato
Fuentes
Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.
- Procedencia
- Tradición oral · Mestizo · Bolívar · Caribe
- Referencias
- 12
- Última revisión
- 21 de septiembre de 2026
Base documental · 3 referencias
- Mitos y leyendas de Colombia, vol. II, sección 17: «Leyendas», de Enrique Otero D'Costa
flacso.edu.ec
Arranca en la página 21 del tomo y es el único sitio donde hoy puede leerse esta pieza. De aquí sale todo lo que la ficha cuenta: la pulla de la vecina en la plazuela de El Tejadillo, el marqués de Villalta con hábito de Calatrava y patronato en la iglesia de Santo Domingo, el encierro de doña Mariana en Santa Clara, la carta que urde el capitán Hernando de Azcoeta y firma Manuel de Benavides y Ayala, el interrogatorio de padre a hija, la boda nocturna en la capilla del palacio, la gobernación de Antioquia, la persecución con daga, el acuerdo del cabildo de Santafé de Antioquia, el camino de Cáceres hacia las sabanas de Ayapel, la muerte en el hospital de los juandedianos y el paño de luto retirado del escudo. El volumen reproduce «Leyendas» (Bogotá, Editorial Minerva, Biblioteca Aldeana de Colombia, Selección Samper Ortega, 1936, pp. 15-46), y la nota de cabecera de la sección declara que muchas de esas piezas fueron «oídas por el autor directamente de narraciones campesinas», que él recuerda y elabora «con el fin de dar una presentación más literaria».
- Vida cotidiana en Cartagena de Indias en el siglo XVII, en «Cartagena de Indias en el siglo XVII», pp. 451-499
banrep.gov.co
Confirma, fuera de Otero, tres de los escenarios que el relato da por sabidos. Al inventariar los edificios del poder colonial escribe que la ciudad tenía conventos de órdenes masculinas y sólo «dos de monjas (Santa Clara y Santa Teresa)»: encerrar allí a una hija no era una opción entre muchas, era una de dos puertas en toda Cartagena. Enumera después «tres hospitales (San Sebastián, de San Juan de Dios, para la población española, dentro de la ciudad…)», que es la casa donde el relato hace morir loco a Benavides. Y describe la Plaza Mayor y sus calles como el lugar «donde la mirada y el gesto daban el reconocimiento del lugar social de cada quien», que es exactamente el mecanismo de la primera escena: una vecina mira cruzar al marqués y su pulla se queda en el barrio.
- De la honra de las vírgenes al honor sexual de las demandantes: el tratamiento del estupro en la Nueva Granada y en la República de Colombia
dialnet.unirioja.es
Explica por qué la carta falsa de Benavides funciona y por qué el marqués no tiene salida. Reconstruye el régimen de las Partidas sobre el estupro y llega al punto que el relato convierte en trampa: «aún si el estupro era efectuado contra la voluntad de la mujer, el matrimonio restablecía la situación inicial, es decir, volvía a poner las cosas en su lugar, devolviéndole la honra a la mujer y el honor a la familia agraviada». Y añade la clave de a quién se repara: «La honra se configuraba en este caso como el elemento valioso a cuidarse, esto es, como un bien familiar de importante repercusión social para un grupo, más que como una condición intrínseca de una mujer». Eso es literalmente lo que hacen los tres hombres del cuento: tratar la deshonra de doña Mariana como un bien del padre que sólo la boda repone.
Contraste y contexto · 9 referencias
- Cárceles de Mujeres y del Divorcio: diferenciación sexual de las penas en el Virreinato del Nuevo Reino de Granada, siglos XVII a XIX
dialnet.unirioja.es
Nombra la institución que el cuento usa sin nombrar: el encierro de una mujer como sanción familiar, no penal. Documenta que el recogimiento, «como práctica institucional, involucraba a un número significativo de mujeres y niñas que vivían voluntaria o involuntariamente en Colegios, Casas de Arrepentidas, Casas de Recogidas, Hospitales, Hospicios, Divorcios, Conventos y Beaterios», y precisa que las mujeres de posición cumplían su reclusión «en casas de familia de reputación intachable, en conventos —para las nobles— o en casas de rehabilitación». Sitúa además esos espacios como herederos de un encierro pensado para «reconducir moralmente a quienes amenazaban el orden social y familiar», que es la razón que el marqués nunca enuncia y que el relato da por evidente.
- Gobierno, comercio y sociedad en Cartagena de Indias en el siglo XVII, en «Cartagena de Indias en el siglo XVII», pp. 353-377
banrep.gov.co
Da el retrato del grupo al que pertenece el hombre del paño de luto. Responde quién mandaba en Cartagena —«la administración provincial, gobernador y oficiales reales, que eran de nombramiento metropolitano, conformaba la cúspide del poder sociopolítico»— y precisa de qué estaba hecho ese poder además del mando: «el prestigio que conllevaban los hábitos militares que lucían en ocasiones y lugares de festividades religiosas y civiles». La insignia que el relato le cuelga al marqués, el hábito de Calatrava, aparece aquí como moneda corriente de esa élite, repartida entre vecinos con nombre y apellido. Y advierte que esos grupos dominantes «adolecieron de falta de permanencia», lo que explica que un personaje así pueda desaparecer de la memoria y sobrevivir sólo como anécdota.
- La fundación del convento de Santa Teresa de Cartagena de Indias
revistascientificas.us.es
Permite ver por dentro la otra mitad del par conventual cartagenero y, con ella, lo que costaba meter a una hija en un claustro. Estudia el acta que doña María de Barros y Montalvo firmó el 24 de marzo de 1609 para fundar Santa Teresa, y con ella los medios de financiación de una casa de monjas y el linaje que la sostiene: los Barros, descendientes del portugués Sebastián de Barros, «una de las más influyentes de la ciudad en los siglos XVI y XVII». Sirve a esta ficha para entender que un convento de Cartagena no era un depósito neutro sino una obra de familia poderosa, y que ingresar en él se negociaba entre linajes, tal como el marqués negocia el destino de doña Mariana sin consultarla.
- Poblamiento en la provincia de Antioquia (Nueva Granada) en los siglos XVI y XVII, en «Letras Históricas», n.º 4, pp. 15-41
publicaciones.cucsh.udg.mx
Da realidad al tramo final del cuento, el que saca a los esposos de Cartagena y los pierde en el camino. Reconstruye el triángulo minero que organizaba la gobernación —«Santafé de Antioquia, Cáceres, Zaragoza y Guamocó»— y sostiene que Santafé de Antioquia «era el principal centro político y económico de la provincia», lo que explica que sea su cabildo, y no otro, el que resuelve devolver a los esposos bajo custodia. Documenta también la decadencia minera del siglo, con la producción de Santafé caída a una tercera parte hacia 1625: la gobernación a la que nombran a Benavides no era un premio próspero. Y sitúa Cáceres y Ayapel en la ruta fluvial hacia el Cauca y el Magdalena, que es por donde el enfermo pierde el juicio.
- Más que distinción, en busca de la diferenciación: arqueología histórica de Cartagena de Indias en el siglo XVII, en «Cartagena de Indias en el siglo XVII», pp. 17-67
banrep.gov.co
Excava el edificio del que el relato hace patrono al marqués. Presenta los estudios arqueológicos del convento de Santo Domingo y de San Pedro Claver para indagar «las negociaciones de su autoridad religiosa y política, además de las estrategias de producción económica», y muestra cómo esas casas construían identidades que «incidieron y marcaron divisiones» en la sociedad cartagenera. Sirve a esta ficha para pesar lo que significa la línea que presenta a don Gonzalo como patrono de Santo Domingo: no es un adorno devoto sino una posición en una red de poder que el suelo excavado documenta. Y advierte que sobre los grupos subalternos —los esclavizados sin nombre que en el cuento abren la puerta y cargan la litera— «las fuentes documentales son escasas y mediadas por el colonizador», lo que explica su mudez en la página.
- Leyendas
revistas.upb.edu.co
Da texto legible al primer paralelo de «Similitudes», que en el tomo de Villa Posse queda dentro de un OCR defectuoso. Este pliego póstumo de seis piezas imprime «In illo tempore» en las páginas 58 a 61: la leyenda donde don Jerónimo de Vezga cambia de bando para que le concedan a la hija de don Diego Gutiérrez de los Ríos y el padre se la niega justamente por eso. Puestas una junto a otra se ve que el conflicto de esta ficha —padre poderoso, hija pretendida, maniobra del galán— era un molde que Otero repitió, y que allí lo resolvió al revés: la treta destruye a quien la hace. Confirma además que estas piezas venían de «Historietas» (1934) y seguían reimprimiéndose treinta años después.
- La selección Samper Ortega, 1926-1937: historia de un gran legado bibliográfico
banrepcultural.org
Fija el escalón bibliográfico que la ficha declara y explica por qué una anécdota de la plazuela de El Tejadillo terminó en las bibliotecas de aldea del país. Reconstruye la colección —cien volúmenes, 18.500 páginas, nueve años de trabajo entre 1928 y 1937, Editorial Minerva de Bogotá— y publica el índice completo, donde el número 39 es «Enrique Otero D'costa, Leyendas». Ése es el tomo que Villa Posse reprodujo en 1993, y el dato convierte una atribución vaga en referencia con número de serie dentro de una política editorial del Ministerio de Educación Nacional.
- Hacia una nueva comprensión de la historiografía colombiana: breve historia intelectual de Enrique Otero D'Costa (1883-1964)
repository.urosario.edu.co
Explica por qué esta pieza mezcla escritura de archivo con diálogo inventado sin avisar dónde acaba una y empieza el otro. Establece que en «Historietas» —el libro del que salen estas leyendas— «Otero no muestra una referencia documental específica sobre el uso de las fuentes con las que trabaja», aunque a veces advierta que existen documentos, y describe su empeño en interrogar el pasado por lo que sintieron las personas, que es lo que el relato hace con la humillación del marqués y con su venganza diferida. Reconstruye además, en las páginas 16 y 33 y con expediente del Archivo General de la Nación, la década cartagenera del autor: la que autoriza que un santandereano firme un cuento de la plazuela de El Tejadillo.
- Boletín de Historia y Antigüedades, año XIV, n.º 166
academiahistoria.org.co
Certifica el arraigo cartagenero que esta ficha necesita para sostener que el autor escribía sobre una ciudad que conocía. En las páginas 630 y 631, el informe de candidatura de Arturo Quijano y J. D. Monsalve, fechado el 1.º de abril de 1924, le reconoce «dos títulos que difícilmente pueden ostentar otros colegas: el de fundador de dos importantísimos centros de estudios históricos, el de Cartagena y el de Manizales, y el de sus respectivos órganos, el Boletín historial y el Archivo Historial». Es la Academia Colombiana de Historia diciéndolo por escrito y en documento fechado, once años antes de que la leyenda se imprima.
Voces de la comunidad
Conversación
¿Así te la contaron?
«Castellano viejo» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.
Versiones de este mito
0Ejemplo
No es realMi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.
Así se ve una versión publicada. De «Castellano viejo» todavía no hay ninguna.
Todavía nadie ha dejado la suya. «Castellano viejo» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.
- Qué cambió
- El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
- Dónde la oíste
- Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
- Quién la contaba
- Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.








