CaribeMestizomarqués de Villalta

Castellano viejo

El marqués de Villalta y su hija doña Mariana protagonizan una historia de amor y desvaríos en la antigua Cartagena de Indias.

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Ilustración de Castellano viejo

En la antigua Cartagena de Indias, donde el tiempo parecía fluir con la perezosa gravedad de un río ensimismado, el marqués de Villalta caminaba por la calle de El Tejadillo como un pavo real desplegando sus plumas. Don Gonzalo de Herrera, el mismo que aceptó el título de gobernador en tiempos pasados como quien concede un favor, era un caballero de aire majestuoso. Las vecinas al verle pasar murmuraban entre risas nerviosas, preguntándose si el marqués no se habría tragado un espadín, pues tal era su rigidez y altivez.

La vida le había sonreído con un título nobiliario, un hábito de Calatrava y extensas moradas, entre ellas, el imponente palacio de Villalta. Aunque hoy solo quedan ruinas de aquel esplendor, el escudo de armas todavía se alza sobre el portalón, sus calderas simbolizando la herencia noble de la casa de Lara, una sombra oscura de tiempos más gloriosos.

Aquella tarde, al cruzar la plazuela, una sombra atrajo la vista del marqués: un joven que lo había inquietado en días recientes. El resplandor de sus ojos debió haber fulminado al mozo, si la lumbre cortara como acero. Pero el joven, conocido como don Manuel de Benavides y Ayala, siguió su camino, mascullando su bigote negro, rumbo al centro de la ciudad. Cruzó barrios hasta llegar a La Marina, un hervidero de almas errantes, donde marinos y aventureros intercambiaban historias de lejanos reinos, entre risas y embriaguez.

Don Manuel pronto encontró a su amigo, el capitán Hernando de Azcoeta, bajo la sombra de unos tamarindos en la posada de la Garza Real. Allí compartieron preocupaciones y vino añejo. "El marqués encerró a doña Mariana en Santa Clara", confió Azcoeta, aportando una nueva ola de preocupación al rostro de Benavides. Pues doña Mariana, la virtuosa hija del marqués, era la luz por la que su corazón suspiraba.

Al caer la tarde, don Gonzalo esperaba en su palacio, con semblante hosco, a la hija que llamaba del convento. Fue guiada por esclavos mandingas hasta el pórtico, y ella, como un resplandor de luna, bajó de la litera. Detrás de puertas cerradas, el marqués la miró con una mezcla de ira y desconcierto. "¿Es cierto lo que dicen?", preguntó, mostrando una carta que hacía arder su mano. Y doña Mariana, con firmeza y temblor en sus labios, admitió la verdad de aquella farsa amorosa.

Una estratagema cuidadosamente tejida por Benavides y su amigo Azcoeta, con el silencioso asentimiento de Mariana, había convencido al marqués de una honra mancillada para evitar el claustro y unir a los amantes en sagrado vínculo. La carta mencionaba el honor y las intenciones de Benavides de reparar su culpa, y en aquella misma noche, uniendo las fuerzas del amor, don Manuel y doña Mariana se casaron en la capilla familiar.

La iracundia del marqués al enterarse del engaño fue volcánica. Prefería la deshonra al ridículo que su orgullo ahora sufría. "El cielo habrá de vengarme", exclamó, mientras una silenciosa tempestad arrasaba con su paz.

Y así fue, pues Manuel cayó víctima de una extraña dolencia de celos. En Antioquía, sus sospechas se desbocaban en delirantes escenas, donde perseguía a su esposa con daga en mano, clamando por un honor jamás mancillado. Tal fue la notoriedad del escándalo, que obligaron a la pareja a retornar a Cartagena, custodiados por la vergüenza y la desazón.

En el regreso, la razón de Manuel abandonó su alma. Loco llegó a Cartagena y loco murió, vagando por las sombras de un hospital, acosado por fantasmas de traiciones imaginarias. Y cuenta la tradición que cuando el orgulloso marqués supo de la muerte de su yerno, retiró el paño de luto del escudo de armas de Villalta, como un símbolo de un ciclo que se cerraba, el destino de sangre y orgullo sellado entre las piedras de su palacio. Así continúa la leyenda en las calles de Cartagena, un eco de amores y desvaríos que el tiempo no logra silenciar.

Historia

Por ahora no tenemos tan clara la historia de este mito, pero a medida que recopilemos más información les estaremos actualizando.

Versiones

El texto proporcionado parece ser una narrativa singular sobre el marqués de Villalta, don Gonzalo de Herrera, y los sucesos que rodean a su hija doña Mariana. Sin embargo, para realizar un análisis de las diferencias entre diferentes versiones, se necesitaría al menos una versión adicional del mismo relato para comparar. Basado únicamente en una versión del mito, no es posible realizar un análisis de diferencias.

Si existiera una segunda versión, el análisis probablemente se centraría en las variaciones específicas en la caracterización de personajes, los cambios en la estructura narrativa, la evolución de los temas centrales, o en cómo se representa la resolución del conflicto. Las diferencias podrían surgir en cómo se detalla la estratagema de la carta falsa y sus repercusiones, cómo se percibe la dinámica familiar y social en torno al marqués y su hija, o en la representación del desenlace trágico de don Manuel de Benavides y su relación con doña Mariana. Sin embargo, esto sería meramente especulativo en ausencia de una comparación directa con otra versión del texto.

Lección

El orgullo y el engaño pueden llevar a la ruina personal y familiar.

Similitudes

Se asemeja a mitos griegos como el de Edipo en cuanto a la tragedia familiar y el destino inexorable, y a mitos nórdicos que exploran el honor y la deshonra.

Territorio

Ubicacion geografica del mito

Ubicacion registrada para este mito en el territorio.

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