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La enfermedad - Hiwiha

La figura de Hiwihá en Palomino revela un linaje matrilineal único, destacando la división territorial y su impacto cultural.

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Ilustración de La enfermedad - Hiwiha

En el corazón del exuberante paisaje costero de Palomino, donde el río acaricia los pies de la Sierra Nevada antes de entregarse al mar, habita una historia que baila entre las sombras y la luz, tejida en la trama infinita del tiempo. Es aquí donde vive Hiwihá, la madre de todas las enfermedades, una figura de la que emanan los suspiros del viento y las melodías de las hojas al caer.

Dicen que Hiwihá no tiene padre, pues ella es hija única de Mulkokókwi, una mujer envuelta en el misterio de la creación. Mulkokókwi, bendecida con una fuerza primigenia, contaba a las estrellas sus secretos por las noches. Fue durante una de esas charlas estrelladas que, sin la intervención de hombre alguno, Hiwihá emergió en el mundo, una partícula de sombra en la claridad del crepúsculo. Su llegada no fue un mero acontecimiento; fue la grieta en el momento, permitiendo que el eco de lo eterno se hiciera tangible en el rítmico latir de la tierra.

Con el nacimiento de Hiwihá, el mundo tembló, no de miedo, sino de expectación. La tierra comenzó a exhalar nieblas doradas que se elevaron para dividir el mundo en porciones individuales. Fue entonces cuando el suelo se repartió entre las criaturas y aquellos que llamarían a esta tierra su hogar.

Alwawiku, pueblo de sol y risa, recibió una parte, donde los caminos se entrelazan como trenzas de colores vibrantes. Sintana, portador de los cánticos antiguos y contador de las historias que danzan en la memoria del río, recibió todo Palomino. En San Miguel, entre selvas que zumban con vida, Dukinawi encontró su morada, acompañado fielmente por Hatleja, su sombra y compañero, cuyas pisadas no dejaban huella y cuyos susurros movían montañas.

Cada uno de estos cuatro, hijos de Mulkokókwi, se cobijó bajo el manto de Hiwihá, quien todavía reside en el corazón de Palomino. Su presencia es como el rumor del agua: siempre presente, suavemente inalcanzable. Al caer la noche, en el crisol del crepúsculo, cuando las criaturas de la selva comienzan su canto, Hiwihá emerge entre las palmas. Con una mirada que contiene el azul profundo del universo y el peso de mil historias apenas susurradas, extiende sus manos en una danza lenta, esparciendo enfermedades que flotan como polen al viento.

Sin embargo, Hiwihá no es únicamente un emblema de aflicciones; ella es la custodia de la balanza de la vida, vigilando que el orden natural se mantenga en su flujo y reflujo. Pues en el dolor, en la fiebre y en el escalofrío, también habitan las semillas del renacimiento. Ella no es la sombra que extingue la luz, sino la que la resalta, asegurando que cada alma recuerde su fragilidad y en esa memoria forjar su fuerza.

Así, los habitantes de Palomino saludan su presencia con la reverencia debida a un misterio nunca resuelto y profundamente sentido. En sus historias, en sus susurros nocturnos, la esencia de Hiwihá conecta su piel con el alma de la tierra, haciéndoles parte de un relato que jamás cesa de escribirse, donde la eternidad se revela en los detalles más minúsculos y resplandece en lo incomprensible.

En Palomino, la tierra respira al compás de Hiwihá, y aunque el resto del mundo solo percibe olas rompiendo en la costa, aquellos que escuchan con el corazón saben que en cada brisa viaja la canción inacabable de Mulkokókwi y su hija, Hiwihá, la madre de enfermedades, la guardiana del equilibrio que se despliega entre todas las cosas que realmente importa.

Historia

El mito se origina en Palomino y se centra en una figura llamada Hiwihá, conocida como "la madre de las enfermedades". Hiwihá no tiene padre, solo madre, aunque el nombre de su madre no se menciona. Al llegar Hiwihá al mundo, la tierra se dividió en varias partes correspondientes a diferentes entidades: Alwawiku, Sintana, Dukinawi (quien reside en San Miguel), y Hatleja, quien acompaña a Dukinawi. La madre de estos cuatro individuos recibe el nombre de Mulkokókwi. Hiwihá todavía reside en Palomino.

Versiones

La versión presentada del mito de "La madre de las enfermedades" se centra principalmente en la figura de Hiwihá, destacando su ubicación en Palomino y enfatizando su linaje matrilineal, al mencionar que sólo tiene madre, Mulkokókwi, y no padre. Este aspecto es relevante, ya que en muchas tradiciones mitológicas las genealogías tienen roles parentales específicos que influyen en el origen y naturaleza de los seres míticos. La división de la tierra entre los personajes nombrados, como Alwawiku, Sintana, Dukinawi y Hatleja, también sugiere un orden territorial y social asociado a esta narrativa, con Hiwihá manteniendo su residencia en Palomino, lo que vincula directamente a este lugar con la figura mitológica de las enfermedades.

Esta versión es relativamente críptica y alude a un contexto más amplio de distribución territorial entre personajes que posiblemente representan tribus o linajes, como Alwawiku y Sintana, reforzando un elemento de estructura social o cultural ligada a la narrativa. A diferencia de otras versiones que podrían existir, esta se centra exclusivamente en la atribución de dominios y la ascendencia de Hiwihá, dejando de lado elementos narrativos más detallados o la explicación de su rol específico como madre de las enfermedades. Estos cambios sugieren que el enfoque de este relato es más sobre el establecimiento de un orden cósmico y territorial que sobre las características o hazañas individuales de Hiwihá.

Lección

El equilibrio natural es esencial y se debe respetar.

Similitudes

Se asemeja a los mitos griegos de Gaia y los mitos nórdicos de Ymir, donde seres primordiales dan forma al mundo.

Territorio

Ubicacion geografica del mito

Ubicacion registrada para este mito en el territorio.

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