Hiwihá, madre de las enfermedades

Caribe · Kogui (Kággaba)

Hiwihá, madre de las enfermedades

Hiwihá llega a Palomino, participa en la distribución del territorio y queda allí como madre de enfermedades y de cuatro Mulkokókwi.

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El relato

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La madre de las enfermedades vive en Palomino. Se llama Hiwihá, y solamente tiene mamá: no tiene papá.

Cuando Hiwihá vino a este mundo, la tierra se repartió en varias partes. Primero le dieron una parte a Alwawiku, que es gente. A Sintana le dieron todo Palomino. A Dukinawi, que vive en San Miguel, le dieron la parte de San Miguel, y a Hatleja, que lo acompaña, la otra parte.

La madre de estos cuatro indios se llama Mulkokókwi.

Hiwihá todavía vive en Palomino.

Hiwihá, madre de las enfermedades: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Nombrar el lugar donde vive una enfermedad no convierte ese lugar en un sitio maldito.”

Territorio

Caribe · Kogui (Kággaba)

Caribe · Kogui (Kággaba)

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Caribe
Comunidad
Kogui (Kággaba)
Referencia
10.84° · -73.71°

Ficha del relato

Contexto histórico

Lo narró Benito Sontinkama, cabo del mama Julián en el grupo de San Andrés, y es el relato número veintiuno de los veintidós que Milcíades Chaves Ch. recogió en noviembre de 1946 y publicó en 1947 en «Mitología kágaba», dentro del Boletín de Arqueología, volumen II, números 5 y 6. La narración ocupa unas noventa palabras y es de las más breves del artículo; por eso este relato es corto.

Hay un parentesco que esta página tenía invertido y conviene corregirlo con la fuente delante. El texto dice que Hiwihá «solamente tiene mamá, no tiene papá», sin nombrar a esa madre, y dice después que «la madre de estos cuatro indios se llama Mulkokókwi», refiriéndose a Alwawiku, Sintana, Dukinawi y Hatleja, que son quienes reciben las partes de la tierra. Mulkokókwi es, pues, la madre de los cuatro que reparten, no cuatro hijos de Hiwihá; y la lista de personajes que Chaves pone debajo lo repite en los mismos términos. La versión anterior de esta ficha decía que Hiwihá tuvo cuatro hijos llamados Mulkokókwi, y sobre esa lectura advertía además, con razón, contra el reparto de cuatro enfermedades entre ellos. No había cuatro hijos que repartir.

El lugar del relato no es un sitio maldito, y hay con qué demostrarlo. Eduino Carbonó-Delahoz y Juan Carlos Dib-Diazgranados publicaron en Caldasia, volumen 35 número 2 de 2013, páginas 333 a 350, un inventario de las plantas medicinales usadas por los cogui en el río Palomino: ciento ochenta y nueve especies, incluidas en ciento sesenta y dos géneros y setenta y siete familias, con su modo de uso y su preparación, levantado en entrevistas con los mamos durante recorridos por zonas silvestres, cultivadas y huertas en los distintos pisos térmicos de la cuenca, y con el ochenta y nueve por ciento de las plantas obtenido de espacios silvestres. Palomino es una cuenca habitada, cultivada y conocida planta por planta, y quienes la conocen así son las mismas autoridades que el relato presupone.

De cómo se atiende hoy la enfermedad dentro del sistema kogui hay descripción con nombres propios. Falk Parra Witte, en Tabula Rasa número 36 de 2020, documenta los pagamentos y las confesiones —aluna ishguashi, donde se descargan pensamientos, emociones, sueños, acciones y recuerdos en trozos de algodón sostenidos entre dos dedos que luego se depositan en un sitio sagrado— y la adivinación como el procedimiento que determina qué pago y qué confesión corresponden, dónde, cuándo, por quién y a qué padres espirituales. No es un repertorio de remedios: es un modo de reparar relaciones, y explica por qué en este corpus «enfermedad» no se deja traducir sin más a un diagnóstico.

Y hay otro origen de la enfermedad en el mismo corpus, que no se funde con este. Fabio Gómez Cardona, en su libro de 2020 sobre el jaguar en la literatura kogi, reconstruye el relato de Kashindúkua, enviado por la Madre como gran médico que sabía curar toda enfermedad, que abusa del poder y es castigado, y sostiene que de ese castigo nacen las enfermedades y la muerte. Esa lectura es del autor y pertenece a otro relato: aquí la madre de las enfermedades tiene nombre, río y una sola madre, y nadie la castiga.

Chaves advierte al abrir el artículo que trabajó por interrogatorios en castellano, y el Plan Especial de Salvaguardia firmado por el Consejo Territorial de Cabildos de la Sierra declara que este sistema de conocimiento «no concibe la necesidad de su divulgación externa».

Resonancias con otros mitos

El paralelo más útil de este archivo es ette ennaka y muestra una enfermedad que funciona como cuenta. En «La enfermedad después de la guerra», número dieciséis de los veintiún relatos que el cacique Tangrutaya Mutsu le narró a Gerardo Reichel-Dolmatoff y que se publicaron en 1945, el cacique de los indios del Gran Río oye que van a atacarlo y anuncia que por cada hombre que maten morirá uno de los suyos de enfermedad, y por cada niño, un niño. No dice cuándo, ni de qué enfermedad, ni a quiénes. Allí la enfermedad es retribución, llega después de un acto y se cobra uno por uno. Aquí no hay culpa ni castigo: la madre de las enfermedades simplemente llega, hay un reparto de tierra y ella se queda donde se queda.

El segundo es wayuu y lo recogió el mismo hombre un año antes. «El Piache Umaralá» se publicó en 1946 en el Boletín de Arqueología, dentro de «Mitos, leyendas y cuentos de la Guajira», y se lo contó a Milcíades Chaves un informante nombrado, Juan Manuel Iguarán, de cuarenta y seis años, que dominaba el guajiro y el castellano. Allí una epidemia azota la Guajira, un muchacho empeora hasta perder el habla y el conocimiento, y su tía, que es piache, lo piacha día y noche hasta que entiende que la vida del sobrino exige una pérdida y entrega la suya, poniendo la maraca sobre el pecho del enfermo. La enfermedad tiene allí quien la cante, quien la discuta y quien la pague. En el texto kogui no hay cura, no hay curandero y no hay muerto: el relato se detiene antes de que la enfermedad haga nada.

La diferencia que los tres comparten y que conviene retener es la forma. Uno hace de la enfermedad una aritmética de guerra, otro un intercambio de una vida por otra, y este una geografía: una madre, un río y una permanencia. Que el nombre de un daño esté anclado a un lugar no dice nada malo del lugar, y el inventario botánico levantado en esa misma cuenca con los mamos lo confirma del modo más terrenal posible.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. De este episodio hay un solo testimonio, el de Benito Sontinkama, y la reimpresión de Eugenia Villa Posse de 1993 lo reproduce sin narrador nuevo. Noventa palabras dejan fuera casi todo lo que querríamos saber: quién repartió la tierra, si Hiwihá recibió parte, por qué no tiene padre y qué relación hay entre su llegada y el reparto, que el texto pone seguidos sin unirlos con ninguna causa.

  2. El nombre principal no está fijado ni siquiera dentro de esas dos páginas. El título lo escribe Hiwihá; la narración lo escribe Hiwihá, Hiwibá y Hiwila en tres frases distintas; y la lista de personajes lo escribe Hiwilá. Cuatro formas del mismo nombre en un texto de noventa palabras, y con ellas viaja una ambigüedad que no se puede resolver: la última frase del impreso dice «Hiwila todavía viven en Palomino», con el verbo en plural, de modo que no queda claro si el nombre designa a un ser o a un grupo. Lo mismo pasa con los demás: Alwawiku y Alawawiku, Hatleja y Hatleha, Mulkokókwi y Mulkukokwi, todos con dos grafías a una página de distancia. Es la huella de nombres tomados de oído en castellano, la lengua que, según el propio recopilador, sus interlocutores no manejaban con destreza.

  3. Dukinawi merece una nota aparte porque el mismo artículo lo escribe de otro modo cinco relatos antes: allí es Dugunawi, y con Ñiwiwe limpia y prepara la tierra. El tomo I de Reichel-Dolmatoff escribe Duginávi y traduce el nombre como «hermano jaguar». Son tres grafías y probablemente la misma figura, pero la identificación no la hace ninguna de las tres fuentes y aquí no se da por hecha.

  4. Del tomo I no se puede esperar ayuda para este relato: Hiwihá no aparece allí ninguna vez, como tampoco Mulkokókwi ni Alwawiku. El corpus del que sale esta página es el de Chaves, y el volumen que traería otras versiones del mismo material, el tomo II, sigue sin acceso abierto en ninguna parte.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Kogui (Kággaba) · Magdalena · Caribe
Referencias
9
Última revisión
18 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Mitología kágaba

    publicaciones.icanh.gov.co

    Publica veintidós relatos kággaba y acredita el narrador de cada uno: «Informador:» aparece veintidós veces, una por mito. Es la fuente de la que salen las grafías del sitio —Kashindukwe, Seiskwisbuche, Naowa, Susabanka— y presenta a los dos narradores con edad, cargo y comunidad: Benito Sontinkama, cabo del mama Julián en el grupo de San Andrés, y Seye Ababi Makó, cabo del mama Ignacio Abiguí de Tucurinca.

  2. Los Kogi: una tribu de la Sierra Nevada de Santa Marta, tomo I

    publicaciones.icanh.gov.co

    El volumen que ninguna ficha citaba, en acceso abierto y con el texto legible. Documenta el territorio, los linajes, la casa ceremonial —que llama «cansamaría», es decir «casa de María»— y nombra a la Madre Gaulchováng, de la que descendían los cuatro Padres del Mundo.

  3. The Great Mother and the Kogi Universe: A Concise Overview

    ehrafworldcultures.yale.edu

    Describe a la Gran Madre, la estructura de nueve mundos, los siete puntos del universo, el templo como modelo cósmico y varias versiones de la creación.

Contraste y contexto · 6 referencias

  1. Plan Especial de Salvaguardia del Sistema de Conocimiento Ancestral de los cuatro pueblos de la Sierra Nevada

    mincultura.gov.co

    Expone la responsabilidad Kággaba sobre espacios sagrados, gobierno propio, Ley de Origen y equilibrio territorial desde voces de autoridades de la Sierra.

  2. Decreto 1500 de 2018 sobre el territorio ancestral de la Línea Negra

    normograma.mincultura.gov.co

    Reconoce la Línea Negra como tejido de espacios sagrados conectado con la Ley de Origen y documenta funciones Kogui de lugares, madres y pagamentos.

  3. Plantas medicinales usadas por los Cogui en el río Palomino, Sierra Nevada de Santa Marta (Colombia)

    revistas.unal.edu.co

    Es la única fuente nueva que trata directamente el lugar del relato: la cuenca del río Palomino, y a la gente kogui (cogui, kággaba) que vive allí. Documenta el conocimiento sobre plantas medicinales a partir de entrevistas con los mamos durante recorridos por zonas silvestres, cultivadas y huertas en los distintos pisos térmicos de la cuenca, y registra 189 especies útiles en 162 géneros y 77 familias, con el modo de uso y la preparación para tratar enfermedades comunes; el 89 % procede de espacios silvestres. Permite hablar de curación dentro del sistema kogui —con sus propias autoridades, su propio territorio y su propio repertorio— y no desde el asombro, y desmiente de paso que Palomino sea un sitio de enfermedad: es una cuenca habitada, cultivada y conocida planta por planta.

  4. El jaguar en la literatura Kogi: análisis del complejo simbiótico asociado con el jaguar, el chamanismo y lo masculino

    doi.org

    El capítulo «Kashindúkua: el chamanismo y la concepción de la enfermedad» reconstruye cómo el corpus kogui explica el origen de las enfermedades y muestra que hay más de una figura fundadora, no solo Hiwihá. Kashindúkua es enviado por la Madre como gran médico —sabía curar toda enfermedad, «comía» las enfermedades—, con una bola de piedra azul y una máscara que le permiten transformarse en tigre y cambiar de visión; abusa del poder, es castigado por Búnkua-sé y de ese castigo, dice el análisis, nacen las enfermedades y la muerte. La enfermedad aparece así como consecuencia de romper una medida, no como agente externo, que es la lectura con la que el relato de Hiwihá puede conversar sin forzarse.

  5. The structure that sustains life: nourishment and exchange among the Kogi

    revistatabularasa.org

    Describe el sistema kogui de prevención y reparación en términos actuales y con nombres propios, que es el marco en el que hoy se entiende la enfermedad sin pasar por la biomedicina ni por el exotismo: los pagamentos (zubihi) y las confesiones (aluna ishguashi) como prácticas de conocimiento, y la adivinación (íltueld) como el mecanismo que determina qué pago y qué confesión corresponden, dónde, cuándo, por quién y a qué padres espirituales. Documenta también el gesto material de la confesión, descargando los pensamientos en algodón que luego se deposita en un sitio sagrado. Permite explicar que en el corpus kogui «enfermedad» nombra relaciones dañadas, tal como advierte la ficha.

  6. La ecología kogi en el devenir del mundo

    revistas.ucm.es

    Organiza el pensamiento kogui sobre el mundo en tres términos —equilibrio, deterioro y renovación— y trata el deterioro como categoría propia y no como metáfora prestada. Es el apoyo más limpio para la advertencia de la ficha sobre que «enfermedad» en este corpus puede abarcar alteraciones que no coinciden con la biomedicina: el artículo sitúa esas nociones en una ecología con principios cosmológicos explícitos y en la movilización política kogui frente a las amenazas ambientales sobre el territorio.

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«Hiwihá, madre de las enfermedades» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Hiwihá, madre de las enfermedades» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Hiwihá, madre de las enfermedades» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

TÚ

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