La bola de fuego

Orinoquía · Mestizo

La bola de fuego

Una luz errante recorre sabanas y caminos de los Llanos; sus orígenes y defensas cambian con cada versión.

Leer el relato
La bola de fuego: la entrada del relato

El relato

Escuchar el relato · 2 min

Hubo en el llano una madre que mató a su hijo con un hacha. Por ese crimen Dios la maldijo: «¡Maldita serás por siempre y tu corazón rodará por la tierra envuelto en llamas!». Y así fue. Desde entonces se ve en la llanura una gran bola de fuego que va saltando y saltando, porque es el corazón de aquella mujer, que sigue palpitando dentro de las llamas. Quien la tiene cerca le oye el latido, pum, pum, pum, mientras ella recorre las inmensidades de la sabana buscando alivio para su castigo.

Los viejos que saben de ella dan un consejo que parece al revés: hay que maldecirla, no rezarle. Al que se pone a rezar, la bola es capaz de saltarle encima del caballo, y si va a pie lo aplasta. También se le puede tirar la soga, porque el espanto sólo avanza hasta donde la soga cae. José Ortiz, del Casanare, lo oyó así desde niño, en la voz de sus abuelos.

Otros cuentan que la bola no fue una sola persona sino dos. En los Llanos de la Orinoquia los padrinos son los segundos padres de la criatura, y dos compadres jamás pueden mirarse con deseo, porque quedan condenados para siempre. Pero un compadre y una comadre se enamoraron perdidamente, y una noche se estaban amando en un rancho solitario en medio de la sabana. Entonces se desató una tempestad seca, de esas en que las centellas parten el cielo a latigazos, y una chispa cayó sobre el rancho. El rancho ardió como una tea. Los amantes salieron abrazados y prendidos, incendiando los sabanales, y se fueron encogiendo hasta quedar hechos una sola bola de fuego. Esa no se apagará nunca, porque no alcanza todo el fuego del mundo para limpiar aquel pecado.

Sea cual sea su culpa, así la ve llegar el que anda de noche: primero como un punto pequeño de candela, allá lejos, que se va acercando y creciendo hasta volverse una gran bola de fuego. Es un alma en pena que vaga por la gran llanura, corre a gran velocidad y busca a los viajeros de la noche. Hay quien dice que lo que salva es quedarse quieto, porque al que se mueve le da un quemonazo que lo mata. En el piedemonte, adonde bajó desde los Llanos Orientales, se la espanta con un látigo para que no se acerque y no queme, y hay quien la llama también la Candileja.

La bola de fuego: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Una culpa que no se limpia sigue ardiendo y alcanza a quien anda de noche por la sabana.”

Territorio

Orinoquía · Mestizo

Orinoquía · Mestizo

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Orinoquía
Comunidad
Mestizo
Referencia
4.2° · -71.4°

Ficha del relato

Contexto histórico

Las dos biografías del fuego que se cuentan aquí vienen de Silvia Aponte de Torres, Cuatro caballos del tiempo (Santafé de Bogotá, GM Editores, 1998). El libro no está en abierto; lo que sí se puede leer es la reproducción que hizo el Ministerio de Educación Nacional en la guía Secundaria Activa de Lenguaje para grado séptimo (2012), capítulo 3, tema 6, pp. 55-56, donde aparecen como «Primera versión» y «Segunda versión» de «La bola de fuego» para un ejercicio escolar de comparación. La primera trae narrador en primera persona: José Ortiz, que se declara del Casanare y dice haberla oído desde niño a sus abuelos. La segunda no tiene voz propia y se abre con una explicación del compadrazgo como sacramento respetado en el llano.

El recorrido de la luz y las defensas que cierran el relato vienen de otras dos obras colombianas. El Esquema de Ordenamiento Territorial de Campohermoso, municipio de la provincia boyacense de Lengupá, levantado entre 1998 y 2000 con talleres de cartografía social en las veredas, recoge en su dimensión cultural (p. 51 del PDF) la «Leyenda de la Bola de Fuego»: el punto de candela que crece, el látigo, y la advertencia de que es «una leyenda tradicional de los Llanos Orientales que se ha ido incorporando a la región de piedemonte». Alberto Baquero Nariño, en el preámbulo de Los cuentos de Pascual, p. 24, la define como alma en pena que se acerca a los viajeros nocturnos, que deben quedarse quietos; en la p. 56 la iguala con la Candileja.

Que el espanto es repertorio llanero lo confirman dos libros más, aunque ninguno la narra. Miguel Ángel Martín, Del folclor llanero (Villavicencio, 1979), la pone en su sección de folclor junto al Silbón y la Mancarita, y lista entre las fiestas un Festival Folclórico de la Bola e'fuego en la vereda Cabuyare, en Arauca. Getulio Vargas Barón, en Cuentos, mitos y leyendas del llano (CORPES Orinoquía, 1996), la sitúa donde se contaba: en «La culebra cascabel» (p. 34) el muchacho oye desde el chinchorro los cuentos de la Bola de Fuego que narran los peones, y en «El llano cobra sus cuentas» (p. 93) los vaqueros de una faena en Arauca pasan la noche en vela contando el Silbón y la Bola de Fuego.

Resonancias con otros mitos

El paralelo más cercano es la propia Bola de Fuego venezolana de Portuguesa, que Carmen Pérez Montero documenta con seis testigos y que comparte con la colombiana el crecimiento desde un punto de luz y la prohibición de rezarle. Dentro de Colombia, el EOT de Campohermoso pone a su lado a la Zorra Perruna, mujer bella que relinchaba como mula y se llevaba a los hombres adúlteros, y que se ahuyenta con el sonido de un tiple: otro espanto que castiga el pecado de la carne y se aleja con un objeto del trabajo o de la fiesta campesina. En el mismo piedemonte, Baquero Nariño la hace andar las noches del Silbón y del Tirapiedras, y describe la Candileja como rueda con una luz que gira. Del lado andino, Enrique Otero D'Costa, en «No hay deuda que no se pague», recogido por Villa Posse entre las leyendas de varias regiones, cierra el pacto del perulero Damián Vásquez Montiel con el Demonio con una mula que se aleja «cual si fuera una gran bola de fuego»: la imagen del condenado que se vuelve fuego errante también se usa fuera del llano.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. La figura se comparte con Venezuela, y los dos lados tienen registro. Del colombiano, lo que varía es la culpa: la madre que mató a su hijo con un hacha en el relato de José Ortiz, o los compadres fulminados en el rancho en la segunda versión de Aponte de Torres. Del venezolano, Carmen Pérez Montero, Mitos y leyendas del estado Portuguesa (Fundación Empresas Polar, 2014), cap. 12, pp. 80-83, da otra lista de orígenes: el alma de un obispo pecador, un hijo que maldijo a su madre, dos comadres que pelearon un jueves santo, el judío errante, el tirano Aguirre o una pareja que se amó en Semana Santa. Esa pareja de Portuguesa y los compadres del llano colombiano comparten el castigo por fuego de un amor que profana lo sagrado: allá los días santos, acá el sacramento del compadrazgo.

  2. Las defensas se contradicen de orilla a orilla y dentro de cada una. En Colombia sirven maldecirla, tirarle la soga, llevar un látigo o quedarse inmóvil. En Portuguesa, Mercedes de Mena cuenta que las mujeres mayores la insultaron y se alejó, y Juan del Cerro Tovar recuerda a un tío que prohibió rezarle porque «mientras más le recéis más se nos va a pegar atrás», que es el mismo aviso de José Ortiz. Pero Eduardo Daza la vio recorrer la sabana sin hacerle daño y Matilde Torres dice que no daba calor; en Colombia, en cambio, quema y aplasta.

  3. Sobre la Candileja, Baquero la describe en la p. 24 como figura aparte, una rueda con una luz que gira, inofensiva, y en la p. 56 escribe que la Bola de Fuego se llama también así.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Mestizo · Orinoquía
Referencias
10
Última revisión
22 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Secundaria Activa. Lenguaje grado séptimo (cap. 3, tema 6: «La bola de fuego», primera y segunda versión)

    contenidos.mineducacion.gov.co

    Reproduce en las pp. 55-56 las dos biografías de la Bola de Fuego que fijan el mito: la madre que mata a su hijo con un hacha y cuyo corazón rueda en llamas y late, contada en primera persona por José Ortiz, del Casanare, con el consejo de maldecirla, no rezarle y tirarle la soga; y los compadres que se aman en un rancho de la sabana, fulminados por una centella en una tempestad seca.

  2. Esquema de Ordenamiento Territorial de Campohermoso, Boyacá, 1998-2000: «Campohermoso a través del tiempo», dimensión cultural

    repositoriocdim.esap.edu.co

    En la «Leyenda de la Bola de Fuego» (p. 51 del PDF) la describe como un punto pequeño de candela que se acerca y crece hasta volverse una gran bola, y da el látigo como defensa para que no se acerque ni queme. Dice que es una leyenda de los Llanos Orientales incorporada al piedemonte: fecha y localiza el préstamo.

  3. Mitos y leyendas del estado Portuguesa, cap. 12 «La Bola de Fuego»

    bibliofep.fundacionempresaspolar.org

    La orilla venezolana, pp. 80-83: una lista de orígenes (obispo pecador, hijo que maldijo a su madre, dos comadres que pelearon un jueves santo, judío errante, tirano Aguirre, pareja que se amó en Semana Santa) y seis testimonios con nombre y lugar: Eduardo Daza, Mercedes de Mena, Matilde Torres, José «Cacho» Linares, Juan del Cerro Tovar y Francisco «Pancho» Pérez, entre ellos la prohibición de rezarle y el insulto que la ahuyenta.

Contraste y contexto · 7 referencias
  1. Los cuentos de Pascual: mitos y leyendas del piedemonte llanero

    babel.banrepcultural.org

    En el preámbulo, apartado «Los mitos llaneros» (p. 24), define la Bola de Fuego como alma en pena que vaga por la llanura, viaja rápido y se acerca a los viajeros nocturnos, que deben quedarse quietos para no recibir un quemonazo letal; describe aparte la Candileja como rueda con una luz que gira. En «El domador de brujas» (p. 56) la llama «también la Candileja».

  2. Del folclor llanero

    bffrepositorio.unal.edu.co

    Fija la Bola de Fuego en 1979 como espanto del repertorio llanero, junto al Silbón y la Mancarita (sección «Folclor», p. 5 del PDF), y registra en su calendario de fiestas un Festival Folclórico de la Bola e'fuego en la vereda Cabuyare, Arauca.

  3. Cuentos, mitos y leyendas del llano

    babel.banrepcultural.org

    Muestra dónde se contaba la Bola de Fuego: en «La culebra cascabel» (p. 34) el narrador oye de noche, desde el chinchorro, los cuentos de los peones sobre la Bola de Fuego, el Silbador y el Mandingas; en «El llano cobra sus cuentas» (p. 93) los vaqueros de una faena la cuentan junto al Silbón. La Presentación (p. 4) la pone entre las historias típicas del llano.

  4. Mitos y leyendas: riqueza del Llano

    eltiempo.com

    Resume la Bola de Fuego como dos cuerpos, un compadre y una comadre infieles quemados por un rayo en su rancho, que es la segunda versión de Aponte de Torres; identifica a Silvia Aponte como escritora araucana y recoge el regaño llanero de que «a los infieles también les sale la bola de fuego».

  5. Mitos y leyendas del estado Portuguesa: presentación, introducción y aspectos generales

    bibliofep.fundacionempresaspolar.org

    Clasifica la Bola de Fuego entre «las luces y resplandores», junto a las luces que indican tesoros o entierros dejados por difuntos: sitúa la figura dentro de una tipología de espantos del llano venezolano.

  6. La Candileja. Leyenda de los llanos orientales

    ant.culturarecreacionydeporte.gov.co

    Describe la Candileja como leyenda de los Llanos Orientales: una bola ardiente de tres antorchas que persigue a borrachos, infieles y padres irresponsables. Es el testimonio de la otra lectura de la Candileja, frente a la rueda con una luz de Baquero y a su equivalencia con la Bola de Fuego.

  7. Mitos y leyendas de Colombia, vol. II, sección 17 «Varias regiones»: Enrique Otero D'Costa, «No hay deuda que no se pague…»

    flacso.edu.ec

    El cuento andino del perulero Damián Vásquez Montiel, que pacta con el Demonio, termina con una mula que se aleja echando fuego «cual si fuera una gran bola de fuego»: paralelo de la imagen del condenado convertido en fuego errante fuera del llano.

Voces de la comunidad

Conversación

¿Así te la contaron?

0 publicadas0 en revisión

«La bola de fuego» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «La bola de fuego» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «La bola de fuego» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

TÚ

Deja tu versión

Desde 10 caracteres. Sin enlaces: los descartamos.

No se publica. Sólo lo usamos si necesitamos preguntarte algo.

Cada versión la lee una persona antes de publicarse. Verás la tuya aquí mismo mientras esperas.