El toro negro Patorreal

Orinoquía · Mestizo

El toro negro Patorreal

Un toro negro parece prolongar la protección de un padre muerto, dentro de un cuento de hacienda y abuso patrimonial.

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El relato

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El Catire Melecio era llanero de a caballo y, cosa rara en el Llano, también hombre de pala y hacha. Se fundó en un viso alto sobre el Ariporo, y de un rebaño pequeño sacó El Viso, un hato de miles de reses.

Ya canoso y solo, en un baile del día de Angelitos se enamoró de una muchacha de quince años. Sus padres, que vivían en el raudal del Tautaco, se la entregaron a cambio de quinientas novillas. Se llamaba Rosa Linda. A los dos años nació un hijo rubio que heredó el nombre del padre; a los doce enlazaba como nadie y pescaba con el arpón y la flecha de sus lejanos antepasados. El viejo lo mandó a estudiar a Bogotá.

Tiempo después, en una vaquería, Melecio enlazó él mismo a un toro barroso que los peones no podían dominar. Al soltarlo, el animal embistió; el caballo rodó sobre su jinete y el toro corneó al viejo. Lo enterraron bajo los mangos que había sembrado. Al terminar el novenario, a Rosa Linda le llegó un amor nuevo.

Al hijo le avisaron por telegrama desde Moreno y le pidieron no dejar los estudios. En vacaciones, Cirilo, el mensual que fue a recogerlo, le contó que su madre iba a casarse con el caballicero mayor, y que en el rodeo de Matarrala andaba un toro negro marcado con el hierro y la señal del hato. Una medianoche de luna menguante había pitado junto a la tumba del finado. Hilarión, el caballicero, ordenó vigilarlo, y una estampida destrozó el corral.

El muchacho puso flores sobre la sepultura y anunció que él administraría el hato. Esa medianoche el animal llegó pitando al frente de un rebaño enorme y lo metió entero en el corral. Al amanecer, cuando pensaban castrarlo, ya no estaba. Los vaqueros decían que era el mismo Mandingas.

Junto a la tumba, el hijo le dijo a su madre que no aceptaría un casorio que sólo buscaba dinero. Ella cedió, y a Hilarión lo despidieron con un par de caballos.

Un día el muchacho fue solo, con los perros viejos, al rodeo del toro. En los médanos la bestia levantó la cabeza y pitó, desafiante. La fiera se echó sobre la arena, gimió, se dejó acariciar y le lamió las manos. El joven lo abrazó llorando. Esa noche soñó que el toro, echado junto a la tumba, le hablaba: dentro de él estaba el alma de su padre, que Dios había dejado en la tierra para cuidar el hato mientras él estudiaba.

Regresó a la capital y fijó reglas: los machos no se venderían antes de los cinco años y las vacas de saca morirían de viejas, para abonar la sabana. El negro Cirilo y su madre llevarían el hato.

El seis de enero, en la fiesta de la Virgen de Manare, Rosa Linda se encontró a escondidas con Hilarión. El caballicero reapareció, y ella le confió la administración.

En mayo reunieron dos mil novillas para darle a Hilarión a medias. Con luna menguante reapareció el negro, más furioso; hubo estampida y luego se plantó frente al tranquero. Hilarión le disparó con el viejo Grass que el abuelo había llevado a la guerra de los Mil Días. La bestia ni se inmutó: embistió y deshizo el tranquero.

Al amanecer salieron a amarrarlo para la carne. Cirilo lo enlazó y a Hilarión le tocó manearlo. El toro reventó las sogas, lo alcanzó, lo lanzó al aire y con un cuerno le partió el corazón. Rosa Linda lo lloró, y lo enterraron en el cementerio de la vereda, no en el hato.

El heredero terminó la carrera y retornó para siempre a Casanare. En abril el toro negro entró manso al corral con el ganado y pasó allí la noche. Al abrir el tranquero, el Catire mandó dejarlo ir, y el toro se alejó pitando hasta perderse en la llanura.

El toro negro Patorreal: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Lo que se ganó con trabajo encuentra quien lo guarde aun después de la muerte de su dueño.”

Territorio

Orinoquía · Mestizo

Orinoquía · Mestizo

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Orinoquía
Comunidad
Mestizo
Referencia
4.77827° · -72.2619°

Ficha del relato

Contexto histórico

«El toro negro patorreal» es el segundo texto de «Cuentos, mitos y leyendas del llano» (Villavicencio, Corpes Orinoquía, 1996) y ocupa las páginas 12 a 21 de la edición digital del Banco de la República, lo que lo hace uno de los más largos del volumen. Vargas Barón lo abre con un marco sobre el oficio de contar: los cuentos llaneros nacían de noche en las vaquerías, en las hamacas de la peonada, y el llanero, «hombre dado a la exageración», los volvía fábulas en las que costaba distinguir lo real de lo imaginario. Luego se pone él mismo en escena como oyente: «Oí de boca de Saúl, la historia del toro negro». El relato siguiente del libro llama a ese Saúl «el Niño Mentiroso». No hay fecha ni lugar de la audición, y a partir de la segunda página narra el autor en tercera persona, con la prosa descriptiva que la Presentación atribuye a su manera de recrear el Llano «con inspiración de artista».

La geografía es la del Casanare del norte que el autor conocía: el Ariporo, el raudal del Tautaco, Moreno, Manare, y la subida a la cordillera por Pore y Támara, que es su pueblo natal según el obituario de El Tiempo. Vargas Barón fue alcalde de Paz de Ariporo, el municipio donde se venera desde 1953 la Virgen de Manare, cuya fiesta de enero organiza el tramo central de la trama. Las marcas de época —telegrama, bus a Villavicencio, avión a Moreno, comisarías e intendencias, un fusil Grass de la guerra de los Mil Días en manos de la tercera generación— sitúan la acción a mediados del siglo XX.

El título no es un nombre inventado. El Glosario del mismo libro (p. 128) define «patorreal» como pelaje: «Toro negro con barriga y mono blancos». El texto nunca describe esas manchas; usa la palabra como nombre propio del animal.

Resonancias con otros mitos

El paralelo más exacto está en los testimonios de Portuguesa que Carmen Pérez Montero reunió en 2014. En uno, el familiar de un ganadero de Turén es un toro negro que arrea hacia el hato todo el ganado suelto y, cuando llega el cura a confesar al dueño moribundo, salta la cerca y se lleva la manada. En otro, contado por un vecino de Sabana Dulce que lo oyó de su abuelo, un toro blanco que se eleva cada vez que el lazo lo alcanza embiste al caporal y lo mata. Patorreal repite los dos gestos, el de meter en el corral un rebaño que nadie reunió y el de burlar las sogas para matar al jinete, pero al servicio de un difunto y no del diablo.

En Colombia el motivo está fijado desde 1979 por Miguel Ángel Martín, que lo cuenta en una línea dentro de las creencias llaneras: quien vende el alma un Viernes Santo recibe fincas ganaderas vigiladas por un toro negro y muere una noche de relámpagos. El cuento de 1996 conserva el toro y la finca y cambia el contrato: en vez de un pacto por riqueza, una herencia ganada con trabajo.

El mismo autor vuelve al animal en verso. En «Ser poeta», su poemario de 1999, escribe que «en el medanal un toro pita, fuerte y desafiante», la misma escena de los médanos donde el muchacho encuentra a Patorreal. Y en el propio libro de 1996, «Leal hasta la muerte» trae otro animal que sigue a su amo más allá de la muerte, un perro llamado Encuentro que no se deja apartar de la tumba: la fidelidad animal es una idea que Vargas Barón trabaja en más de una pieza.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. Dentro del propio texto conviven dos explicaciones del toro, y cada una tiene dueño. Los vaqueros, cuando lo encuentran vacío el corral que él mismo llenó, dicen que «ese animal era el mismo Mandingas», el diablo según el Glosario. El hijo, en cambio, recibe en sueños otra: el toro guarda el alma de su padre, puesta en la tierra por mandato de Dios para cuidar el hato. El narrador no desmiente a ninguno, pero el desenlace le da la razón al sueño, porque el toro mata al que codicia la herencia y se va cuando el heredero vuelve.

  2. La lectura de los vaqueros tiene respaldo fuera del libro. Miguel Ángel Martín, en «Del folclor llanero» (1979), registra entre las creencias de la región el pacto con el diablo, que se paga con fincas ganaderas donde hay «un toro negro que es el vigilante del amo». Del lado venezolano, Carmen Pérez Montero recoge en Portuguesa, en el capítulo «El familiar o los pactos con el diablo» de su libro de 2014, dos casos: el toro negro que Lucifer mandó a un ganadero de Turén y que recogía todo el ganado suelto de la sabana hasta que los corrales no alcanzaban, y el toro blanco de un hato de Sabana Dulce, hacia 1910, que nadie lograba enlazar y que corneó al caporal. En ambos el animal sirve al dueño que pactó. Vargas Barón toma el mismo toro que llena corrales y mata al hombre de a caballo y lo pone del lado del muerto y de su hijo.

  3. El nombre del rodeo también varía: es Matarrala en la página 15 y Matarrata en la 17.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Mestizo · Orinoquía
Referencias
9
Última revisión
22 de septiembre de 2026

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Base documental · 3 referencias

  1. Cuentos, mitos y leyendas del llano

    babel.banrepcultural.org

    Trae el único texto completo de «El toro negro patorreal» (pp. 12-21): la fundación de El Viso por el Catire Melecio, su boda con Rosa Linda, la muerte del viejo corneado por un toro barroso, la aparición de un toro negro con el hierro del hato junto a su tumba, el encuentro del hijo con el animal en los médanos, el sueño en que el toro dice guardar el alma del padre, el romance de la viuda con Hilarión en la fiesta de Manare, la muerte de Hilarión y la partida final del toro. El autor dice haberlo oído «de boca de Saúl», y el Glosario (p. 128) define «patorreal» como toro negro con barriga y mono blancos.

  2. Del folclor llanero

    bffrepositorio.unal.edu.co

    En la sección «El pacto con el diablo» registra la creencia llanera de la que sale el toro de Vargas Barón: quien cambia el alma al diablo por dinero lo recibe «en fincas ganaderas donde habrá un toro negro que es el vigilante del amo», vende el alma un Viernes Santo y muere una noche de relámpagos. Es el registro colombiano, diecisiete años anterior al cuento, del toro negro guardián de hato, y explica por qué los vaqueros del relato llaman al animal «el mismo Mandingas».

  3. Mitos y leyendas del estado Portuguesa, cap. 10: «El familiar o los pactos con el diablo»

    bibliofep.fundacionempresaspolar.org

    Recoge testimonios con nombre de dos toros «familiares» del llano venezolano que anticipan cada gesto de Patorreal: el toro negro que Lucifer mandó a un ganadero del fundo El Chaparral, en Turén, que recogía todo el ganado suelto de la sabana hasta que no cabía en los corrales y se fue con la manada cuando llegó el cura; y el toro blanco de un hato de Sabana Dulce, hacia 1910, que nadie lograba enlazar y que corneó al caporal hasta matarlo, contado por un vecino que lo oyó de su abuelo.

Contraste y contexto · 6 referencias

  1. Ser poeta: poemas al llano

    bffrepositorio.unal.edu.co

    El mismo autor vuelve en verso a la escena central del cuento: «En el medanal un toro / pita, fuerte y desafiante», y en otro poema lamenta que «ya no pita el toro criollo». El pitar del toro en los médanos, que en el relato anuncia a Patorreal, es para Vargas Barón una imagen del Llano que se pierde.

  2. El santuario de los llaneros

    eltiempo.com

    Documenta la fiesta que organiza el tramo central del cuento: la imagen de la Virgen de Manare, traída por jesuitas, el rescate del rostro de la imagen tras la destrucción del pueblo en la Violencia y su traslado a Paz de Ariporo en 1953, y la fiesta de cada 6 de enero, adonde llegan llaneros de lugares remotos y en la que se celebran matrimonios y bautizos. Coincide con lo que el relato dice de la romería de Manare, con sus bodas y bautizos del seis de enero.

  3. Murió Getulio Vargas Barón

    eltiempo.com

    Sitúa al autor en la geografía del cuento: nació en Támara, uno de los pueblos por los que Melecio y su hijo suben a la cordillera camino de Bogotá, fue alcalde de Paz de Ariporo, donde se venera la Virgen de Manare, y gerente del Fondo Ganadero de Boyacá. Explica la precisión con que el relato maneja el oficio del hato y la ruta de Casanare a la capital.

  4. Colombia país de regiones, tomo IV (cap. 4, «Vida y cultura del llano»)

    babel.banrepcultural.org

    La sección «El hato llanero» explica el mundo en que ocurre el cuento: el hato como espacio en torno al cual giró la organización económica, social y cultural del Llano, origen de la mayoría de sus pueblos, y el llanero como descendiente de los «indios vaqueros» que aprendieron el ganado en los hatos. Da contexto al arpón y la flecha «de sus lejanos antepasados» que el hijo de Melecio maneja junto al lazo.

  5. Reseña de José Eduardo Rueda Enciso, «Campos de Dios y campos del hombre. Actividades económicas y políticas de los jesuitas en el Casanare» (2018)

    scielo.org.mx

    Resume la historia de las haciendas ganaderas de las órdenes religiosas en Casanare —con Caribabare como la principal, sus mayordomos y caporales, y su remate a particulares tras la expulsión jesuita—, que es el antecedente histórico de la acusación que el cuento pone en boca del narrador: que con el dinero de la Virgen de Manare «la comunidad religiosa compró» hatos en la región.

  6. Mitos y leyendas del estado Portuguesa, cap. 16: «Las ánimas del Purgatorio»

    bibliofep.fundacionempresaspolar.org

    Describe la creencia llanera en las ánimas de los difuntos: en Portuguesa se les reza los lunes, a veces a «un difunto con quien se hubiese soñado»; salen a las doce de la noche a recorrer «los lugares que ellas habitaron en vida» y vuelven en sueños a reclamar lo que se les debe. Es el marco del catolicismo popular en que se entiende el cuento: el toro aparece a medianoche junto a la tumba, y el alma del padre se revela al hijo en un sueño.

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«El toro negro Patorreal» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «El toro negro Patorreal» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «El toro negro Patorreal» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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