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La aparición del sol, del viento y los mares

Yepá Huake, creador del sol y los vientos, transformó el mundo con su magia, otorgando dones únicos a tukanos, blancos y animales.

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Ilustración de La aparición del sol, del viento y los mares

En medio de la vasta selva, donde el río susurraba secretos antiguos y las hojas de los árboles sostenían mil historias, vivía Zabulón, un hombre cuya sabiduría era tan densa como la niebla que a menudo envolvía la tierra al amanecer. Zabulón siempre recibía gustoso a Paola y Beatriz, dos hermanitas cuyas mejillas se sonrojaban de vida y cuyos ojos brillaban con la curiosidad de quienes aún no han visto el mundo en toda su plenitud. Las niñas acudían a él después de terminar sus tareas escolares, anhelantes de escuchar más relatos sobre los indios tukanos y su pasado mágico.

Aquel día, Zabulón decidió relatarles un episodio muy especial sobre Yepá Huake, una figura envuelta en misterio y poder, conocida entre los tukanos por sus grandes hazañas. Con voz tranquila, como si cada palabra tuviese el peso del tiempo, comenzó su narración.

Desde un paraje aislado y de belleza indescriptible, de donde apenas se recuperaban de un baño en un río alegre, los tukanos y los blancos fueron conducidos por Yepá a un nuevo lugar. Allí, en el corazón latente de la selva, Yepá desplegó su indescriptible magia. Preparó una mezcla de jugos de frutas exóticas que, al revolverse, parecían esconder un enjambre de arañas y otros bichos. Ofreció esta bebida a sus seguidores: blancos e indígenas, quienes miraron con recelo aquella mezcla que consideraron horrorosa, negando probar siquiera un sorbo.

Sin embargo, el hombre de magia no se amilanó. Ofreció entonces aquel extraño brebaje a los animales que se habían reunido, testigos insospechados de su poder. Con naturalidad y sin rastro de dudas, las criaturas del bosque bebieron de la totuma y consumieron la bebida, desconocedores de los miedos humanos.

Sorprendidos, los tukanos y los blancos escucharon a Yepá decir con serenidad: — Ustedes, tukanos y blancos, no serán eternos porque no bebieron. En cambio, los animales no morirán, tan solo cambiarán sus pellejos y sus cueros al ritmo pausado de la naturaleza.

Tras una pausa que pareció sumergir al mundo en un segundo de eterno silencio, Yepá continuó: — Los tukanos tendrán las riquezas de las plumas de las aves, las flechas de caza, sus cerbatanas, escudos y otros pocos bienes. Los blancos, en cambio, poseerán escopetas, hachas, cuchillos, libros y cuadernos para anotar las cosas, puesto que no podrán recordar sin haber escrito, mientras que el indio, con su sola memoria, guardará en el corazón el eco de todo cuanto acontece en el mundo.

Los ojos de Yepá se cerraron, y sus brazos se alzaron hacia el cielo, uniendo el arriba y el abajo en un gesto de majestad simple. Un conjuro salió de sus labios, invisible pero palpable. En ese instante, como si hubiera sido siempre su hogar, el sol apareció por primera vez, inundando al mundo con una claridad que robó el aliento de los presentes, quienes solo conocían la penumbra de la noche.

Contemplando la luz que llevaba el día, Yepá explicó cómo, con la misma magia que había salpicado estrellas en el firmamento, había inventado un soplo vital, un regalo secreto para los enfermos, un aliento que contaba con el poder de prolongar la vida ante las enfermedades. Este soplo, que subyacería en cada ser, algún día cesaría, confirmando lo dicho antes: blancos y tukanos serían finalmente pasto de la muerte.

Pero no todo estaba perdido, pues Yepá también forjó los auténticos vientos, aquellos que llevarían en vuelo a los pájaros y moverían las nubes danzarinas. Sus increíbles capacidades dieron forma visible a la inmensidad de la Tierra, un lugar que hasta entonces había estado sin estructurar. Con su magia, Yepá tejió selvas abundantes, llanuras doradas y cordilleras que rozaban las moradas de los dioses con sus picos altos.

A pesar de la belleza desplegada ante ellos, algo aún faltaba. Así que, con una lentitud que solo el universo entiende, Yepá hizo un signo mágico. Al gesto, el murmullo del viento se convirtió en el rugido del agua, como si miles de timbales y tambores fueran golpeados con furia. En la orilla de aquella música celestial, aparecieron los mares con sus crestas de olas danzantes y los ríos majestuosos como el Amazonas, anchos, hermosos y llenos de peces desconocidos.

Con cada palabra de Zabulón, las niñas podían casi ver el resplandor del sol naciente, el soplo de los vientos vivificadores, el vasto mundo cobrando forma bajo el toque eterno de Yepá. En la fugacidad de sus propias vidas, comprendieron que los mitos no eran solo relatos de viejos, sino ventanas a las verdades que trascienden el tiempo.

Y así, en la noche que creció con sombras amables, bajo el resguardo de los árboles que recordaban la creación del cielo y la tierra, Paola y Beatriz supieron que las historias de Yepá Huake vivían, tan ciertas y palpables como la inmensidad de la selva misma.

Historia

El mito presentado en las versiones tiene su origen en relatos sobre la figura de Yepá Huake, un ser con poderes mágicos que influye en los destinos de diferentes seres en el mundo. Según la narrativa, Yepá llevó a los tukanos y a los blancos a un lugar donde utilizó su magia para crear una bebida extraña que sólo los animales se atrevieron a consumir. Debido a esto, Yepá decretó que los animales no morirían verdaderamente, sino que simplemente mudarían sus pieles, mientras que los tukanos y los blancos serían mortales.

Adicionalmente, Yepá otorgó diferentes riquezas a los tukanos y los blancos, diferenciando sus roles y habilidades en el mundo —los tukanos con sus recuerdos y objetos culturales, y los blancos con herramientas y escritura para recordar. Yupá también fue responsable de la creación del sol, que trajo luz al mundo, y de un "soplo" que permitía a los seres resistir enfermedades, aunque de manera temporal.

Finalmente, Yepá utilizó su magia para manifestar los elementos del mundo, como las selvas, las llanuras, las cordilleras, y, posteriormente, los mares y ríos, completando así el mundo donde todos los seres vivirían. Sin embargo, este mundo, aunque lleno de riqueza natural, aún estaba en formación hasta que Yepá dio los toques finales a través de su magia.

Versiones

La narrativa presentada sugiere una única versión del mito de Yepá Huake, centrado en el relato de Zabulón a Paola y Beatriz sobre una historia que mezcla aspectos de creación y creencias sobre la inmortalidad. En el contexto del mito, Yepá Huake invita a los tukanos y a los blancos a probar una bebida mágica que estos rechazan por su apariencia grotesca, mientras que los animales la aceptan sin reservas, otorgándoles el beneficio de cambiar sus pieles en lugar de morir. Yepá introduce una dualidad cultural al presentar diferentes dones y capacidades para tukanos y blancos, subrayando la memoria natural de los indígenas en contraste con la dependencia de los blancos en la escritura para recordar.

Además, Yepá realiza actos de creación notablemente lúcidas, como traer luz al mundo con el sol y utilizar su magia para curar, además de modelar los elementos naturales del mundo, como los vientos, mares y ríos, subrayando su rol como el arquitecto primordial del paisaje terrestre.

El relato no presenta múltiples versiones, sino un solo desarrollo del mito donde se destacan las capacidades transformativas de Yepá Huake y sus decisiones que afectan de manera duradera las realidades de los tukanos, blancos y animales. La historia se enfoca claramente en establecer contrastes entre culturas, en la responsabilidad del protagonista en la creación cósmica y natural, y en la distribución de habilidades y recursos entre las diferentes maneras de existencia (humanos y animales), reflejando la riqueza y profundidad cultural de los mitos indígenas sudamericanos. Además, no se observan cambios entre versiones que ilustren divergencias significativas en el relato de Yepá Huake, sino una consolidada narrativa llena de simbolismo y enseñanzas respecto a la percepción del mundo natural y social.

Lección

La aceptación de la naturaleza y el conocimiento como fuente de vida y continuidad.

Similitudes

Se asemeja al mito griego de Prometeo en el sentido de otorgar dones a la humanidad y al mito nórdico de Ymir, donde se crea el mundo a partir de un ser primordial.

Territorio

Ubicacion geografica del mito

Ubicacion registrada para este mito en el territorio.

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