Wejké, la danta, y el pito que abría la tierra

Amazonas · Tucano

Wejké, la danta, y el pito que abría la tierra

Wejké dijo que se comería a la gente y enseñó el pito con que iba a matar; Yepá Huáke se lo quitó, se lo dio al mono y le dejó el pitico chiquito.

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Wejké, la danta, y el pito que abría la tierra: la entrada del relato

El relato

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Después de las marchas sobre el güío, Yepá Huáke mandó bailar, tomar chicha, comer coca y fumar tabaco, y así amanecieron. Mientras la gente hacía fiesta él se puso a averiguar quiénes eran los que hablaban en contra de las personas diciendo que se las iban a comer. La primera que había hablado era Wejké, la danta, y había dicho que ella se comería a la gente.

Yepá Huáke la llamó y le preguntó qué era lo que había dicho. «Yo no dije nada», contestó Wejké. «Dígame la verdad y no me mienta». Wejké no contestó nada. Entonces él cambió la pregunta: «Cuando usted mata a una persona, ¿cómo va a matarla?». Wejké sacó un pito y dijo: «Con este pito yo voy a matar». «Pítelo para ver cómo suena». «Bueno», dijo Wejké, y lo tocó.

Cuando Wejké sonó el pito, la tierra se abrió y la naturaleza se hizo pedazos.

«Muéstreme el pito para mirarlo», dijo Yepá Huáke. Y Wejké se lo entregó. Con el pito en la mano le dijo: «Usted no va a comer gente, al contrario, la gente se la come a usted». Se lo pasó entonces a Emo, el mono, que tenía un pitito chiquito que no servía para comer gente. «Lleve este pito de Wejké y súbase encima de los árboles, y allí puede jugar con ese pito». Y a Wejké le entregó el pitico chiquito que había sido del mono.

«Pítelo», le dijo. «Bueno», dijo Wejké. Y lo sonó, y el pito sonaba como el pito de un policía. Wejké se puso a llorar.

Entonces Yepá Huáke le dijo: «Váyase para la selva».

Así se fue la danta al monte, con un silbido que no abre la tierra ni rompe nada, mientras el instrumento que sí lo hacía quedó arriba, en las ramas, en manos de un animal que lo usa para jugar. Y lo que había anunciado que comería quedó dicho al revés, de manera que desde entonces es ella la que se come, y la que se espera de noche en los bebederos del río.

Wejké, la danta, y el pito que abría la tierra: lo que quedó del relato

La enseñanza

“El poder de un ser puede pasar a otras manos, y entonces cambia quién come y quién es comido.”

Territorio

Amazonas · Tucano

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El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Amazonas
Comunidad
Tucano
Referencia
1.25° · -70.23°

Ficha del relato

Contexto histórico

La escena es del dictado que Marcos Sierra hizo en Guadalajara, sobre el río Paca, entre el 13 de junio y el 9 de julio de 1953, con su hermano Manuel Sierra de intérprete, publicado por Marcos Fulop en 1954. Las dos identificaciones que sostienen la página son notas al pie del propio Fulop: donde el texto dice Wejké, la nota 45 dice «la danta»; donde dice Emo, la nota 48 dice «el mono». Sin esos dos pies de página el episodio quedaría entre nombres sin animal.

La comparación del pito nuevo con el de la policía es del dictado, no de esta edición, y pertenece al mismo repertorio con el que Manuel Sierra tradujo todo el texto: presidente, juez, ministro de gobierno, banda militar, colegio, himno nacional, escudo, batallones, aduana. Fulop marcó una por una esas palabras como transculturización y advirtió en la nota 13 que los títulos jerárquicos que daba el intérprete no se pueden leer contra la jerarquía militar y policíaca colombiana.

El final del relato tiene contrapeso etnográfico en el mismo artículo. Fulop describe la cacería tukana de 1953: se hacía de noche y casi siempre solo, el animal no se perseguía por la selva sino que se esperaba en los bebederos a orillas de los ríos y caños, el cazador permanecía en su canoa y usaba la linterna para distinguir al animal por el color de los ojos y cegarlo un momento; y anota que los animales más codiciados eran el venado, la danta, la paca y el cerdo salvaje. La frase de Yepá Huáke describe, en el orden del relato, una relación que el etnógrafo vio funcionando.

Esta dirección de página había quedado ocupada por otro relato. Se le devuelve la danta, que es lo que su nombre anuncia.

Resonancias con otros mitos

El primer paralelo es de vecindad tukano y del lado brasileño. Arlindo Maia, del clan Ye'pârã Oyé, y Geraldo Andrello explican en 2019 que los pueblos del Vaupés se definen como pa'mûri-masa, «gente de transformación», porque al final del viaje de la cobra-canoa, al quitarse una «ropa de pez», pasaron de la condición de waí-masa, «gente-pez», a la de diagí-mahsã, «humanos verdaderos». Allí la condición no es una naturaleza sino algo que se lleva puesto y se puede perder o cambiar. Es exactamente la lógica del pito: entregar el instrumento es cambiar de condición, y la danta se va al monte siendo otra cosa de la que entró a la fiesta.

El segundo paralelo es de otro pueblo y del Brasil, y hay que decirlo. En la mitología desana que Umusi Pãrõkumu y Tõrãmü Kehíri publicaron en 1995, el quinto y último de los Truenos, el que brillaba por sí mismo, se llama Abepõwehkü, «Danta del Zarcillo del Sol». Es la misma raíz que el Wejké tukano y el animal está en el extremo contrario: allá es un ancestro luminoso del armado del mundo, aquí es quien presume y se queda sin instrumento. Dos vecinos que comparten la palabra y le dan destinos opuestos.

Dentro del propio corpus de Marcos Sierra, el poder vive en objetos —los Yuruparises, el palito de campana, el mueble del que dependía la vida de todos— y quitarlos o romperlos cambia lo que un ser puede hacer. El pito de la danta pertenece a esa serie.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. Fulop dejó escrito en la primera página de 1954 que «no nos permitimos asegurar la exactitud de la versión» por el corto tiempo de la investigación y por haber consultado un solo informante. En este episodio la reserva tiene una consecuencia concreta: los nombres de los animales dependen enteramente de que el intérprete supiera —y quisiera— dar el equivalente, y sólo dos de los cuatro que hablan quedaron identificados al pie.

  2. En la misma ronda de la averiguación hablan otros tres. Uno de ellos se llama Boraró y dice también que comerá gente; huye con su mujer antes de que le pregunten. Dos años después, en la colección que Fulop publicó en 1956 con material recogido entre el 11 de junio y el 9 de septiembre de 1954, Boraró abre el volumen como sección propia y con otra escala: allí es una pareja de hermanos que se quedó en Diaojpekowí, que no tiene hijos y no morirá, que a veces tiene forma humana y a veces de espíritu, que roba el alma de quien sueña con ella y que se deja ver muy a menudo comiendo cangrejos. El mismo nombre aparece en un artículo como una línea de fuga y en el otro como un ser entero. Esta página no funde las dos apariciones.

  3. De Wejké, en cambio, no hay segunda aparición en el material a mano. Lo que hay es el pito, y la transcripción no dice de dónde lo sacó ni qué era antes de ser suyo. Tampoco dice qué pasó después con el pito grande en las ramas. Se deja así.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Tucano · Vaupés · Amazonas
Referencias
6
Última revisión
22 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Aspectos de la cultura Tukana: Cosmogonía

    revistas.icanh.gov.co

    Revista Colombiana de Antropología 3, pp. 99-137. Es la fuente madre: el ciclo de Yepá Huáke tal como lo narró Marcos Sierra, payé del caserío de Guadalajara sobre el río Paca, afluente del Papurí, con su hermano Manuel de intérprete, en la campaña del 13 de junio al 9 de julio de 1953 por comisión del Instituto Colombiano de Antropología.

  2. Aspectos de la cultura Tukana: Mitología, parte I

    revistas.icanh.gov.co

    Revista Colombiana de Antropología 5, pp. 337-373. Nueve conjuntos narrativos —entre ellos Boraró y Boraró Numió, Wejké y el pito, y la semilla de la yuca— recogidos en Guadalajara entre el 11 de junio y el 9 de septiembre de 1954, con los mismos Marcos Sierra de informante y Manuel Sierra de intérprete.

  3. Ye'pâ-Di'iro-Mahsã, gente de carne da terra: os Tukano do rio Vaupés

    revistas.unal.edu.co

    Mundo Amazónico 10(1), pp. 53-81. Un autor tucano y un antropólogo cuentan juntos el orden del mundo, la Canoa de Transformación y el reparto de los clanes desde el Vaupés de hoy. Es lo que permite leer a Fulop con nombres y términos que los propios tucano usan.

Contraste y contexto · 3 referencias

  1. Antes o mundo não existia. Mitologia dos antigos Desana-Kẽhíripõrã

    acervo.socioambiental.org

    Primer volumen de la colección Narradores Indígenas do Rio Negro: la mitología dictada por el kumu Umusĩ Pãrõkumu a su hijo, que la escribió en cuadernos desde 1968. Sirve para cotejar la canoa que sube el río, el Lago de Leche y la salida de los pueblos.

  2. Historia del Vaupés

    revistas.unal.edu.co

    La historia del Vaupés —misión, caucho, comercio, escuela— en la que se inscribe todo el corpus recogido por Fulop.

  3. Dahsea Hausirõ Porã ukushe wiophesase merã bueri turi. Mitologia sagrada dos Tukano Hausirõ Porã

    acervo.socioambiental.org

    Mitología dictada por el kumu Akuto (Joanico Azevedo) a su hijo y a su nieto. En pp. 143-147 la Anta es «compañera de los Yepá Mahsã» con mucho espíritu y poder: se apropia a escondidas del carozo de luz del umarí, se hace su única dueña, canta en el dabucurí que las semillas que ofrece son «feas y huecas», y Oãkü, convertido en garrapata, la sigue, oye su fanfarronería y le quita la semilla madre, que esconde en la Serra de Acutivaia. La danta aparece como un ser del tiempo de los orígenes que retiene un poder y lo pierde por su propia boca.

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¿Así te la contaron?

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«Wejké, la danta, y el pito que abría la tierra» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Wejké, la danta, y el pito que abría la tierra» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Wejké, la danta, y el pito que abría la tierra» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

TÚ

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