
Caribe · Mestizo
Este era un jóven que estaba estudiando
Explora un lenguaje coloquial y humorístico en una narrativa de malentendidos lingüísticos que Clara descubre en su internado.
Leer el relato
El relato
En un pueblo donde las campanas de la iglesia resonaban con ecos de suaves murmullos y las golondrinas suspendían sus vuelos para escuchar, había un internado de muros altos y secretos aún más altos. Las muchachas que allí residían solían ver el mundo tras delgadas cortinas, como si la vida fuera una obra cuya verdadera esencia sólo podía adivinarse entre sombras y figuras evasivas.
Una de esas muchachas era Clara, cuyos ojos negros tenían la habilidad de capturar la magia en lo cotidiano. Una tarde, mientras el sol teñía de oro los vitrales, Clara se sentó junto a la ventana a tejer, observando con curiosidad tres figuras que, cual cometas, llenaban de risas y exclamaciones el aire al otro lado del vidrio.
Eran tres muchachos, apenas más que niños, que jugaban con bolitas de cristal con el fervor de aquellos que creen firmemente en la morbosa eternidad del momento. Clara, intrigada por sus voces, pudo escuchar el desenlace de su juego.
“¡Ya te gané!”, exclamó el primero con el triunfo impregnado en las sílabas, a lo que el otro respondió rápido y con acerada sorna: “¡La monda fue que me ganaste!”. Esta extravagante expresión caía como resquicio de un lenguaje ajeno en los oídos atentos de Clara, algo que iluminaría su imaginación como un relámpago en la noche.
El segundo muchacho, no menos persistentemente animado, repitió la aparente victoria y recibió una contestación similarmente incongruente: “¡La chuha es que es!”. Por último, el tercer muchacho, no queriendo ser menos, también celebró su triunfo al grito de “¡Ya te gané!”, solo para escuchar la respuesta: “¡Ají pelito que es!”.
Cada palabra quedaba flotando, como suspendida por hilos invisibles en el aire, mientras Clara tejía y desataba la trama de sus propios pensamientos, intrigada por ese rompecabezas de sonidos y significados.
Llegó el domingo, y con él, la calidez de la visita de su madre, una mujer de sentidos preclaros y un conocimiento profundo del latir de la lengua popular. Clara narró el jugueteo de palabras a su madre, hambrienta de decodificar aquellos misterios fragmentados que había absorbido desde su ventana.
La madre, entre risas que nacían del fondo de su ser, explicó que en su folklore local, “la monda” se refería al dedo, “la chucha” a la boca y el “pelito” a un fideo. Clara escuchaba con aire de reverencia, llenando su mente con la danza de estas metáforas que jugaban con la percepción de lo que las palabras podían llegar a ser.
El día de la ceremonia de graduación llegó, y con él, una fiesta adornada de momentos extraordinarios atrapados en la aparente normalidad. En la mesa, los manteles bordados parecían mares de lino, y las conversaciones, susurros de olas que chocaban en suaves murmullos. Mientras finalizaban, un pequeño fideo se quedó adherido al borde de la boca de su madre, un gesto tan diminuto, y sin embargo, tan inmenso en significancia.
“Mira, mamá”, dijo Clara con la dulzura de quien vuelve tangible la magia, “tienes un pelito en la chucha, métaselo con la monda”. Las palabras, despojadas de su lúdica inocencia y ahora transformadas en un ejercicio de ingenio, causaron que la sala estallara en una carcajada compartida, tan dulce y etérea como el humo de una vela apagada.
Así, se tejieron los hilos invisibles entre las generaciones, enhebrando lenguaje y experiencia, como si cada expresión compartida hubiera tejido una red de realidades en la que el significado era tan volátil y caprichoso como las nubes que flotaban más allá de las ventanas del colegio.
La enseñanza
“El lenguaje puede unir generaciones a través del humor y la comprensión.”
Territorio
Caribe · Mestizo
El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.
- Región
- Caribe
- Comunidad
- Mestizo
- Referencia
- 8.75° · -75.5°
Contexto histórico
Por ahora no tenemos tan clara la historia de este mito, pero a medida que recopilemos más información les estaremos actualizando.
Otras versiones y matices
Variaciones, precisiones y límites documentales para quien quiera profundizar.
- 01
En este análisis, solo se presenta una versión del mito, lo que implica que no hay variaciones comparativas entre diferentes relatos para analizar. Sin embargo, podemos examinar elementos internos que podrían variar en otros contextos donde este tipo de narrativa es conocido. La presente versión del mito se centra en el uso de un lenguaje coloquial y humorístico que gira en torno a una serie de malentendidos lingüísticos. La anécdota explora cómo una joven que escucha por accidente expresiones coloquiales sin conocer su significado, las repite inadvertidamente en un contexto inapropiado, generando una situación cómica.
- 02
Dado que no hay otras versiones para comparar, podemos hipotetizar sobre cómo podrían diferir otras narrativas de este mito. Variaciones potenciales podrían incluir diferentes palabras o términos equívocos, alteraciones en el contexto en que la joven escucha las expresiones (por ejemplo, en diferentes ambientes o formatos), o incluso modificaciones en la reacción final de los presentes al malentendido de la joven. Así, mientras esta versión se enfoca en el humor derivado de un equívoco cultural y lingüístico, otras interpretaciones podrían reformular la conclusión para enfatizar distintas lecciones o reacciones, adaptando el mito a diferentes contextos culturales o morales.
Procedencia
La procedencia cultural de este relato está clasificada y es la que aparece abajo. Lo que todavía no tiene es bibliografía publicada.
- Clasificación
- Tradición oral · Mestizo · Córdoba · Caribe
- Última revisión
- 22 de julio de 2026
Cómo documentamos cada relatoAportar una fuente
Una clasificación no es una cita, y no la presentamos como si lo fuera: mientras no haya una referencia contrastada, este relato se lee como versión editorial de una tradición viva.
Si usted conoce una crónica, un estudio o un registro comunitario que documente este mito, puede proponerlo y lo revisamos.
Sigue explorando
También te puede interesar
Voces de la comunidad
Conversación
¿Así te la contaron?
«Este era un jóven que estaba estudiando» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.
Versiones de este mito
0Ejemplo
No es realMi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.
Así se ve una versión publicada. De «Este era un jóven que estaba estudiando» todavía no hay ninguna.
Todavía nadie ha dejado la suya. «Este era un jóven que estaba estudiando» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.
- Qué cambió
- El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
- Dónde la oíste
- Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
- Quién la contaba
- Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.









