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El universo

Karaví sostiene nueve mundos, causando temblores al transferirlos de mano por su cansancio divino.

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Ilustración de El universo

En el principio, más allá de los confines de la memoria humana y del tiempo mismo, existía Dachisesé, el dios anterior a toda existencia, cuya contemplación podía dar origen a las cosas. De un suspiro primordial, Dachisesé modeló el universo y en su infinita creatividad hizo brotar de su propia saliva a Karaví, el dios artífice encargado de dar forma y propósito al vasto entramado del cosmos. Con su mirada penetrante y sus hábiles manos, Karaví creó un conjunto de mundos, respetando el equilibrio de la simetría cósmica.

Ocho mundos resplandecían en la jerarquía divina, dispuestos como platos luminosos en el vacío interminable: cuatro de ellos brillaban en lo alto, ascendiendo hacia lo desconocido, mientras que otros cuatro se cernían en lo profundo, hundiéndose en lo ignoto. En medio de este majestuoso desfile de orbes etéreos, nuestro mundo surgía como el más bajo de los superiores, una plataforma en la que Karaví había dispuesto el firmamento, cóncavo como un cuenco. Allí, las luces del sol, la luna, y las estrellas tejían historias desde el alba hasta el ocaso, ocultando los secretos del cielo —Ntré— que se alzaba más allá, inalcanzable y misterioso.

Sin embargo, este mundo no estaba exento de desafíos. En él se deslizaba Anmtomiá, la creación oscura nacida del enfrentamiento y la rivalidad, el demonio que enfrentaba las obras y designios de Karaví con sus sombras y tempestades. Así, la batalla entre la luz y la oscuridad se libraba cotidianamente, pintando paisajes de equilibrio y conflicto en el entorno terrenal.

Más abajo, en el mundo de Tutriaka llamado Armucura, la tierra se extendía vasta y plana, el más cercano de los mundos inferiores. Allí, relatos susurran sobre Orré, un dios cuya presencia se intuye, cuyo dominio es uno de esos ocho mundos, envuelto en el misterio de saberse superior o inferior, pero siempre invisible en el velo del tiempo.

De otra manera, se murmura en los cantos de los ancianos de un tiempo aún más antiguo, en el que nueve mundos flotan en el universo, cada uno con un destino entrelazado, dispuestos como segmentos de una esfera cósmica, semejando un huevo etéreo con su cúspide afilada mirando hacia el infinito. Estos mundos compartían una forma circular, pero decrecían en tamaño conforme se alejaban de nuestra propia morada terrena.

Karaví, custodio y sostén de estas esferas vivientes, las sostenía cuidadosamente entre los tres dedos de su enorme mano, jugando con ellos al ritmo constante de la existencia. Sin embargo, incluso los dioses se fatigan; y cuando Karaví sentía el peso del cansancio sobre sus divinas extremidades, transfería los mundos de una mano a otra. Este simple pero significativo paso, este cambio casi imperceptible para la mirada humana, desataba temblores y sismos a lo largo de la tierra, recordándole a la humanidad la delicadeza de su lugar en el orden cósmico.

Así, el mito continúa rondando los corazones y las mentes de quienes lo recuerdan, imbuyendo de magia las noches estrelladas y dando sentido al palpitar del suelo bajo sus pies. Un universo colmado de mundos, de luces y sombras, sostenido por manos divinas que, aunque lejanas, están eternamente ligadas a nuestras vidas, recordándonos que somos parte de un tejido mucho mayor, entre la danza de los dioses y el susurro de los antiguos secretos.

Historia

El mito tiene su origen en la figura de Dachisesé, un dios preexistente que creó a Karaví a partir de su saliva. Este dios, Karaví, es responsable de la creación de un sistema de ocho mundos organizados en dos grupos de cuatro: cuatro superiores y cuatro inferiores. Nuestro mundo pertenece al grupo de los mundos superiores y es identificado como el más bajo dentro de ese grupo. Los detalles proporcionados describen un firmamento situado sobre nuestro mundo, diseñado por Karaví para albergar el sol, la luna y las estrellas. Por encima de este firmamento se encuentra Ntré, el cielo de Karaví, seguido por otros tres mundos superiores.

Existe también la figura de Anmtomiá, descrito como creación y adversario de Karaví, actuando como un demonio en nuestro mundo. Entre los mundos inferiores, se menciona el mundo de Tutriaka, conocido como Armucura. Aunque hay más sobre estos mundos en el conocimiento de los antepasados, actualmente el detalle acerca de Dios Orré es incierto, pues no se sabe si su dominio está en los mundos superiores o inferiores.

Otra versión del mito introduce la noción de un total de nueve mundos (en lugar de ocho) distribuidos en una estructura que asemeja un huevo, con la parte más aguda hacia arriba. Esta versión presenta a Karaví como una deidad que sostiene estos nueve mundos, describiendo un fenómeno que según la creencia indígena genera temblores o sismos cuando se transfieren de mano en mano debido al cansancio del dios.

Versiones

Las dos versiones del mito de Karaví presentan diferencias notables tanto en la estructura del universo como en la cantidad de mundos que existen. En la versión inicial, se describe un universo compuesto por ocho mundos: cuatro superiores y cuatro inferiores. Nuestro mundo es el más bajo de los cuatro superiores y está cubierto por un firmamento, sobre el cual se encuentra el cielo de Karaví, con tres mundos superiores adicionales por encima de él. En contraste, la segunda versión introduce un total de nueve mundos, donde nuestro mundo es apenas uno más en el conjunto, y no se especifica una jerarquía de "superiores" e "inferiores". Esta versión también describe los mundos como platos planos que disminuyen en tamaño a medida que se alejan del nuestro, formando una estructura similar a un huevo.

Otra diferencia significativa radica en la concepción de temblores o sismos. En la primera versión, no se hace referencia directa a estos fenómenos, mientras que en la segunda versión se explica que los temblores ocurren cuando Karaví se cansa de sostener los nueve mundos en sus tres dedos y los transfiere de una mano a otra. Esta explicación añade una dimensión más personal a la interacción entre el dios y la estabilidad del cosmos que afecta directamente a los humanos, lo cual no está presente en la descripción inicial. Ambas versiones mantienen la esencia de un cosmos múltiple sostenido por deidades, pero ofrecen distintas interpretaciones en cuanto a la cantidad de mundos y las interacciones dinámicas entre ellos.

Lección

El universo es un delicado equilibrio sostenido por fuerzas divinas.

Similitudes

Este mito se asemeja a la mitología nórdica con Yggdrasil sosteniendo mundos y a la mitología griega con Atlas sosteniendo el cielo.

Territorio

Ubicacion geografica del mito

Ubicacion registrada para este mito en el territorio.

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