Horchíbarí

Andina · Chamí

Horchíbarí

Un joven escapa del cautiverio, recibe ayuda de seres peligrosos y pierde el regreso al tocar la mano de su madre.

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Horchíbarí: la entrada del relato

El relato

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En una lucha cogieron presos a dos jóvenes y se los llevaron bien amarrados. Ellos alcanzaron a escaparse y llegaron a su casa, y el padre los escondió en una bóveda profunda. Pero los enemigos volvieron de noche, los buscaron y no los encontraron. Al otro día le dijeron al padre que si no decía dónde estaban lo mataban. «Para no morir te lo voy a decir», contestó, y los llevó a la bóveda. Cogieron a los hermanos y se los llevaron, y la madre les dio comida y mantas.

En el camino encontraron un derrumbe. Enemigos y presos se caían en él, y los dos hermanos llegaron muy aporreados y sin sentidos, casi muertos. Fueron a una quebrada y se bebieron una totuma de harina con agua. «¿Qué haremos? Si vamos a la casa nos buscarán», dijeron, y siguieron río abajo un día.

Por la mañana encontraron a tiumía. Cogió a uno y lo ensartó, pero el otro se escondió detrás de un balso y la lanza sólo entró en el palo ese. «Ve, hermano, ya me mató el animal», alcanzó a decir el herido. El que se salvó salió a matar al animal y siguió río abajo. Entonces vino un negro chipote, el dueño del animal, con su arco para matarlo. El hombre se escondió bajo las piedras mientras el negro tiraba flechas, y cuando el negro se devolvió se escondió en el agua, y así no lo encontró.

En el río el hombre encontró a Horchíbarí y le pidió que lo protegiera. «¡Que venga! Escóndete detrás de esta piedra», le dijo. El negro llegó como para luchar y preguntó si por ahí no había pasado gente. «¿Por qué?» «Porque mató mi animal.» «Tú eres un pícaro», le dijo Horchíbarí, y se pusieron a pelear, y ganó Horchíbarí. El negro corrió.

Horchíbarí se llevó al hombre a la casa y le daba carne de tatabro, pescado y plátano maduro. Pero Horchíbarí acostumbraba comer brea, y comía brea también su mujer, y le dieron brea al hombre, que la comió y la escupió porque era tan amarga. «¿Por qué no comes eso?» «Porque no tengo costumbre.» Le siguió dando carne y plátano, y así Horchíbarí no lo molestó nada.

Pero el juego de Horchíbarí era rodarse por los derrumbes monte abajo, y un día se lo llevó a jugar. «¿Cómo te parece ese juego?» «¡Hágalo otra vez!», dijo el hombre, y cuando lo repitió añadió: «Si yo hago eso me muero.» Así Horchíbarí se rodó y se rodó, y después tomó figura humana y dijo: «Voy a enseñarte.» Pero cuando se rodó por tercera vez, el hombre se fue corriendo.

Corriendo por el monte cayó en una trampa de chinchorro que había hecho Dumío. «Estoy corriendo de Horchíbarí», dijo. «Escóndete en el zarzo, en la olla grande.» Vino Horchíbarí con una maza grande, pero Dumío cogió su asientico y con él lo mató. Allá donde estaba quedó sólo un montón de brea, que recogieron en un canasto, y el hombre se quedó allá para vivir.

Dumío tiraba pitas delgadas a una cuadra con bodoquera y el hombre no podía. «Falta mucho para enseñarlo», dijo el viejo, y lo bañó con pita hasta que acertó. Fueron a matar zahíno al monte, y el viejo mataba tominejos y los estiraba del pescuezo hasta volverlos zahínos grandes. Cuando el hombre le pidió que le enseñara, le mostró una yerba.

Dumío vivía con su hija, y el hombre se casó con ella. Con el tiempo se aburrió y quiso ir adonde sus padres, y Dumío lo dejó ir. Caminó dos días hasta la casa de Kokoró, que le enseñó el camino y le dijo: «No cojas la mano de tu madre.» El hombre llegó a la casa de sus padres, pero cogió la mano de su madre. Así tuvo que quedarse para siempre en la casa de Kokoró, porque se le olvidó todo.

Horchíbarí: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Quien logra escapar de todos sus perseguidores puede perder de todos modos el camino de regreso.”

Territorio

Andina · Chamí

Andina · Chamí

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Andina
Comunidad
Chamí
Referencia
4.156111° · -76.287778°

Ficha del relato

Contexto histórico

Este es el relato número 3 de «Algunos mitos de los indios Chamí (Colombia)», de Gerardo Reichel-Dolmatoff, publicado en la Revista de Folklore de Bogotá en 1953, pp. 153-156. Lo recogió en 1945, durante un reconocimiento corto a un grupo chamí de unos sesenta habitantes asentado en la vereda Corozal, municipio de Río Frío, Valle del Cauca, gente llegada en migración reciente desde la hoya del río San Juan y desde Antioquia y Caldas. Reichel-Dolmatoff advierte dos cosas en su primera página: que los relatos fueron narrados en castellano por los propios indios y que él los transcribió «en su texto original, sin cambio alguno», y que carecía de una perspectiva del contexto cultural del que forman parte. Lo primero da valor a la transcripción; lo segundo obliga a no leer sus notas como explicación.

Quién narró este relato en particular no se sabe: Reichel-Dolmatoff numera los catorce textos y no nombra a nadie. La comparación duele, porque Milcíades Chaves, que viajó en la misma campaña y publicó ese mismo año en el Boletín de Arqueología, sí separó a sus narradores en la página 134 y dijo cuál era chamí, Nicolás Henao, de Balboa, y cuál katío, Rafael Bailarín. Aquí esa restitución no es posible.

Las glosas entre paréntesis son notas al pie de Reichel-Dolmatoff, de 1953, y no palabras del narrador: tiumía es «animal mítico, armado con una lanza y que come gente», Horchibarí «caníbal mítico», Dumío y Kokoró «un ser mítico», el negrochipote se explica sólo como «grande», «se volvió cristiano» se aclara como «tomó figura humana» y el zahíno se identifica en latín.

Fuera de esa publicación el relato está agotado. No existe versión independiente: lo único publicado fuera del primario es una transcripción literal que además lo atribuye mal. Víctor Zuluaga lo reproduce entero, con la grafía Hórchibarí, en el capítulo «Mitos de los Chamí de Río Frío» de Dioses, demonios y brujos de la comunidad indígena Chamí, de 1991; dice tomarlo de Reichel-Dolmatoff, pero da como referencia el Boletín de Arqueología I-3, pp. 133-159, que es el artículo de Chaves, y su libro no tiene bibliografía. Luis Guillermo Vasco, al reseñarlo en el Boletín Museo del Oro 34-35, pp. 199-200, documenta que Zuluaga «transcribe en toda su extensión, sin ningún comentario ni análisis, varios de los relatos que publicaron los antropólogos Milcíades Chávez y Gerardo Reichel-Dolmatoff en los años 40, contados por los chamí que habitaban en Riofrío, Valle del Cauca». La reseña sirve para calificar la fuente y nada más: no nombra a Horchíbarí.

Las demás fuentes acompañan sin narrar. Jaibanás. Los verdaderos hombres, de Vasco, trabaja con chamí de Risaralda y no conoce a Horchíbarí, aunque documenta el complejo antomiá, antumiá o tumí de los seres que huelen, roban y devoran gente. Mitos y tradiciones Chamí, de Héctor Castrillón Caviedes, sería el lugar donde buscar, porque dedica un apartado entero a «las entidades maléficas agresivas», pero el editor sólo publica en línea la tabla de contenido.

Resonancias con otros mitos

El paralelo más cercano está en el mismo campamento y en el mismo año. En «Erubidá y Siebidá», que Nicolás Henao, chamí de Balboa, narró a Milcíades Chaves en Corozal en 1945, dos jóvenes siebidá que bajan a pescar se topan con los erubidá, huyen, avisan y no les creen; en el ataque nocturno reconocen a uno y lo matan, y el otro se salva brincando al río y atravesando al otro lado. La misma pareja de hermanos sorprendidos río abajo, el mismo muerto y el mismo sobreviviente que se salva metiéndose al agua. La diferencia es el final: allí el sobreviviente vuelve, la guerra termina en un pacto y el mandón erubidá regala un cacique de oro en señal de amistad; aquí el sobreviviente no regresa nunca.

El segundo paralelo es emberá pero no chamí. En el origen del jaibanismo que Donungubí Domicó, katío de Urabá, narró al padre Severino de Santa Teresa, dos niños robados por una diabla que los cría y los instruye se libran de ella pidiéndole que les enseñe cómo hay que asomarse a las ollas hirviendo, y la empujan mientras hace la demostración. Es el mismo mecanismo con que el hombre se libra de Horchíbarí: pedirle al ser peligroso que repita el gesto que iba a servir para matarlo. La diferencia es que allí la treta viene dictada en sueños y funda un oficio, y aquí no hay sueño ni oficio, sólo un «hágalo otra vez» y una carrera.

El tercer paralelo es de objeto. La entrada de tiumía que Zuluaga recogió entre chamí de Puerto de Oro, en Mistrató, mata al animal con un muñeco de balso preparado por la comunidad; en Río Frío el balso salva por azar, porque el hermano se esconde detrás de un tronco y la lanza se queda clavada en la madera. La misma propiedad del balso, una vez como estrategia colectiva y otra como accidente.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. Hay un solo testimonio y una sola escucha. Este relato se narró una vez, en Corozal en 1945, y nadie lo ha vuelto a recoger de otra boca ni en otro lugar. No hay segundo narrador, no hay variante regional y no hay episodio que una versión traiga y otra no.

  2. Lo que sí se puede confrontar son dos transcripciones del mismo texto. Zuluaga, en 1991, acentúa el nombre y escribe Hórchibarí donde el original escribe Horchibarí, pone berea por brea y tatabra por tatabro, separa en dos palabras el negrochipote y, en el mismo párrafo final, escribe primero Kojoró y después dos veces Kokoró, mientras el original mantiene Kokoró las tres veces. Dos diferencias pesan más que las grafías. Zuluaga atribuye a Horchíbarí la frase «Si yo hago eso, me muero» poniéndola en boca del animal, cuando en el texto de 1953 la dice el hombre y es la razón por la que el anfitrión insiste en enseñarle; y funde en una sola frase las dos del original, «se quedó solo un montón de brea» y «recogieron la brea en un canasto», con lo que se pierde que alguien guardó los restos. Son errores de copia, no otra manera de contarlo.

  3. El antagonista, en cambio, sí tiene registro propio. Zuluaga recogió por su cuenta, entre chamí de Puerto de Oro, corregimiento de Mistrató, en Risaralda, una entrada de tiumía sin ninguna relación con Río Frío: un animal con arpón que lo disparaba sobre quien pasaba por el río, lo atraía hacia sí y se lo comía, y al que mataron echando al agua un muñeco grande de balso para que le clavara el arpón. Eso confirma que tiumía vive como figura chamí fuera de este texto y explica por qué el hermano que sobrevive se salva justamente detrás de un balso. Horchíbarí, Dumío y Kokoró no reaparecen en ninguna parte.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Chamí · Valle del Cauca · Andina
Referencias
7
Última revisión
17 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Algunos mitos de los indios Chamí (Colombia)

    redaprende.colombiaaprende.edu.co

    Transcribe catorce relatos narrados en castellano por integrantes de un grupo Chamí asentado en Corozal, municipio de Río Frío, Valle del Cauca, durante el reconocimiento de 1945.

  2. Ficha de Algunos mitos de los indios chamí

    redaprende.colombiaaprende.edu.co

    Acredita autoría, rango de páginas, procedencia en Río Frío y licencia del facsímil conservado por la Biblioteca Nacional.

  3. Mitos, tradiciones y cuentos de los indios Chamí

    publicaciones.icanh.gov.co

    Publica nueve relatos de la expedición de 1945 e identifica por separado cuatro narraciones de Nicolás Henao, Chamí de Balboa, y cinco de Rafael Bailarín, narrador Katío.

Contraste y contexto · 4 referencias

  1. Dioses, demonios y brujos de la comunidad indígena Chamí

    drive.google.com

    Es la única reaparición impresa del relato fuera de la publicación de origen. En el capítulo «Mitos de los Chamí de Río Frío» (p. 147 y ss.) Zuluaga reproduce entero el número 3 con la grafía Hórchibarí y añade glosas de clasificación que no están en el original: Hórchibarí es «caníbal mítico», Dumío y Kojoró/Kokoró son «seres míticos», tiumía es «animal armado que come gente». Además, en «Animales míticos o fabulosos» (p. 126 y ss.) da una entrada propia a TIUMIA, recogida por su cuenta cerca de Puerto de Oro (corregimiento de Mistrató, Risaralda): un animal con arpón que atrae y devora a quien pasa por el río y al que los indios matan lanzándole un muñeco de balso. Eso confirma que tiumía existe como figura chamí viva en Risaralda, independiente del texto de Río Frío, y explica por qué el joven del relato se salva justamente detrás de un balso.

  2. Reseña: Dioses, demonios y brujos de la comunidad indígena Chamí

    publicaciones.banrepcultural.org

    Boletín Museo del Oro 34-35, pp. 199-200. Es la pieza que permite leer con reservas la única reaparición del relato: Vasco documenta que «Víctor Zuluaga transcribe en toda su extensión, sin ningún comentario ni análisis, varios de los relatos que publicaron los antropólogos Milcíades Chávez y Gerardo Reichel-Dolmatoff en los años 40, contados por los chamí que habitaban en Riofrío, Valle del Cauca». También señala que la obra carece de bibliografía, que Zuluaga pone versiones frente a frente pero no confronta semejanzas y diferencias, y que carga el vocabulario de prejuicios etnocéntricos («brujos», «dioses», «leyendas indígenas»). PDF abierto.

  3. Jaibanás. Los verdaderos hombres

    luguiva.net

    Estudio de referencia sobre los chamí de Risaralda, en PDF completo. Es la fuente que permite situar a los antagonistas del relato sin inventarles nada: describe el complejo antomiá / antumiá / tumí («los espíritus del mal, sean de la tierra o del agua», «dueños de la noche, señores de la oscuridad»), documenta que Antomiá puede ser de ambos géneros y que el jaibaná se apoya en él sin que la separación bueno/malo funcione, y reúne las versiones de los seres que roban, huelen y devoran gente. Da el marco chamí en el que un anfitrión caníbal que alimenta, juega y persigue no es una contradicción.

  4. Mitos y tradiciones Chamí: la visión del mundo de los indígenas Chamí

    librosypublicaciones.uniclaretiana.edu.co

    Recopilación hecha durante treinta años de convivencia con los chamí de Purembará, dedicada «al pueblo Chamí y a la memoria de Clemente Nengarabe». Su tabla de contenido (PDF abierto en la ficha) muestra que la primera parte abre con «El mundo de los espantos», cuyo apartado 1 es «Las entidades maléficas agresivas» (pp. 25-42), seguido de «Entidades benéficas» (p. 74), y que la segunda parte, «Narraciones y mitos Chamí», empieza en la p. 167. Es la clasificación chamí de los seres agresivos más extensa que existe y el lugar donde cabría un anfitrión caníbal como Horchíbarí.

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«Horchíbarí» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Horchíbarí» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Horchíbarí» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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