El guatín astuto

Andina · Chamí

El guatín astuto

Un guatín pequeño encadena engaños contra animales más fuertes hasta que sus perseguidores aceptan hacer la paz.

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El relato

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El guatín era gente y era muy pícaro. Se veía chiquito, pero molestaba hasta a la gente grande.

Un día comía frutas en el monte cuando llegó el tigre y le dijo que iba a matarlo para comérselo. El guatín respondió que no valía la pena, que estaba flaco porque tenía muy poca comida. El tigre le preguntó qué estaba comiendo. Entonces el guatín cogió una fruta de corozo, se la puso entre las piernas y le pegó con una piedra. «Estoy comiendo mis testículos, ¿quieres probar?». El tigre probó y dijo que era muy sabroso. «Tú eres tan grande, los tuyos deben estar mucho más sabrosos. ¿Por qué no vamos a comer uno?». El tigre aceptó, el guatín le cogió los testículos y les pegó con la piedra. El tigre pegó un grito, saltó y salió corriendo, y el guatín se quedó con mucha risa.

El tigre se sentó en el monte a llorar y vino el oso a preguntarle por qué estaba triste. Cuando supo, dijo que fueran a matar al guatín. Se escondieron los dos, pero el guatín llegó corriendo y les ofreció un venado que tenía bien amarrado allá arriba. Se fueron los tres, el guatín se adelantó y soltó una piedra grande que se derrumbó sobre el león y el tigre. «¡Allí va el venado, cójanlo!», gritó, y se fue corriendo con mucha risa mientras los otros quedaban casi muertos.

Otro día les dijo que había visto un animal grande, muy manso, que no se defendía, y que cuando paraba las orejas quería decir que ya se entregaba. Fueron a verlo. Era un burro, y al verlos paró las orejas. «¡Ya quiere entregarse, mátenlo!». El tigre y el león se le fueron encima, y el burro los aporreó, los mordió y los dejó casi muertos.

Después los otros hicieron una roza y sembraron maíz, pero el oso comía tanto que casi acaba la cosecha. El guatín dijo que había que castigarlo y le ofreció enseñarle a ensillar una bestia. Le puso riendas de bejuco, se montó en su espalda, le dio espuelas y lo dejó muerto de cansancio y de garrotazos. Cuando el tigre fue a defenderlo, cayó en una trampa que le lanzó una flecha.

Entonces prepararon una fiesta para emborracharlo y matarlo. El guatín llegó con su tambor, tomaron chicha por la noche y él tocaba y cantaba: pakuru-de usi-má, con un palo me pegaron. El tigre y el oso se lanzaron sobre él, y detrás todos los demás animales, hasta hacer un montón con el guatín por debajo. «¡Ya lo tengo cogido!», gritó el tigre, que lo tenía por la pierna. «Ja, ja, sólo tienes un pelo mío cogido», dijo el guatín. El tigre le soltó la pierna y el guatín se fue corriendo.

Se escondió en una cueva. Mandaron a la ardita a sacarlo, pero entró con los ojos cerrados del miedo. El guatín le dijo que los abriera, que así no podía verlo, y le echó tierra en los ojos. Mientras ella se limpiaba la cara llegó el zorro con su hacha, pegó un hachazo para abrir la cueva y le dio a la ardita en la cola. Con el llanto y el alboroto, el guatín salió y se fue.

La última vez lo esperaron escondidos junto al río, pero él los había observado. Se revolcó en un colmenar y después en las hojas, hasta parecer un animal grande, y llegó gritando: «¡Apártense, aquí viene el animal más grande del mundo!». El oso y el tigre se asustaron y prefirieron irse. El guatín tomó agua tranquilo, subió a una altura y gritó desde allá: «Fui yo, el guatín, a mí no me pueden matar». Por fin los otros dijeron que no podían matarlo, que él sabía más que ellos y que sería mejor hacer la paz con él.

El guatín astuto: lo que quedó del relato

La enseñanza

“La fuerza acorrala al pequeño hasta que el ingenio obliga a los grandes a negociar la paz.”

Territorio

Andina · Chamí

Andina · Chamí

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Andina
Comunidad
Chamí
Referencia
4.156111° · -76.287778°

Ficha del relato

Contexto histórico

Este es el primer relato de «Algunos mitos de los indios Chamí», que Gerardo Reichel-Dolmatoff publicó en 1953 en la Revista de Folklore, pp. 148-150 del artículo. Lo recogió en 1945, durante un reconocimiento corto a un grupo de unos sesenta chamí asentados en la vereda de Corozal, municipio de Río Frío, Valle del Cauca, llegados poco antes de la hoya del río San Juan, de Antioquia y de Caldas. Quien lo narró no quedó nombrado: Reichel-Dolmatoff anota que las personas narraron en castellano y que él transcribió el texto original sin cambio alguno, y admite en la misma página que carecía de perspectiva sobre el contexto cultural de lo que recogía. Lo primero da valor a la transcripción, lo segundo obliga a no leer sus notas como explicación.

Sus notas al pie son suyas, de 1953, y aquí una desafina: identifica al guatín como Coelogynis paca, que es la guagua, mientras que el nombre guatín o ñeque designa en la región al Dasyprocta punctata. Racero-Casarrubia y sus coautores registran en 2023 ese animal en el resguardo Jaikerazavi de Mutatá, con su nombre en lengua, Kuriwa, entre las presas de cacería más consumidas, aunque con emberá katío y no chamí. El relato de Río Frío, en cambio, nunca le da nombre en lengua: sólo conserva el verso que el guatín canta con el tambor, pakuru-de usi-má, que la transcripción traduce «con un palo me pegaron».

El nombre sí está del lado chamí en la otra fuente primaria. Milcíades Chaves, que viajó en la misma expedición de 1945, publica en el Boletín de Arqueología I-3 un cuarto relato titulado «Kurijía (Conejo de monte)», y advierte en la página 134 que los cuatro primeros de los nueve que transcribe se los narró Nicolás Henao, indio chamí de unos treinta años, llegado a Calima quince años antes desde Balboa, en Caldas, hermano del cacique y cuñado del curandero, que tradujo él mismo sus palabras. Los cinco últimos son de Rafael Bailarín, katío. Kurijía es, pues, chamí con narrador y procedencia. Antonio María Cardona y Jairo Guerra escriben Kuriva y describen al «humilde y astuto ñeque o guatín» que le da su merecido a Imamá, el tigre que se cree dueño del mundo, aunque su trabajo es de 2012 en el golfo de Tribugá, con emberá del Pacífico y por notas rápidas de campo.

Ninguna de las fuentes disponibles conserva esta cadena de engaños narrada en emberá bedea, ni un registro chamí posterior que la repita completa.

Resonancias con otros mitos

El paralelo más cercano y mejor documentado está entre los emberá katío del alto Baudó: «El ñeque y el tigre», narrado por Joaquín Conde en Miácora, encadena engaños que Río Frío también encadena, incluidos el de los testículos machucados con una piedra y la piedra que rueda ladera abajo en vez del animal prometido. La diferencia es el saldo. Allí el ñeque cocina a las crías del tigre, mata a la tigresa y deja al tigre sin sentido; en Río Frío nadie muere y los perseguidores acaban reconociendo que no pueden con él y proponiendo la paz.

El segundo paralelo es emberá eyábida: «Tigre con su mujer», narrado por Ezequiel Domicó en el resguardo de Polines, en Chigorodó, y recogido por la maestra Ligia Domicó Bailarín. Es la misma secuencia de la tierra en el ojo del guardián y de la fruta falsa, pero el pequeño es un conejo, el guardián una lechuza y el tigre muere. Que el papel del embaucador lo ocupe el conejo, el ñeque o el guatín según la zona muestra que lo que viaja es la trama, no la especie.

Conviene marcar un límite. Historias del tigre y el ñeque circulan también publicadas como guna de Panamá, y compartir protagonista no las vuelve emberá ni sirven para esta página: el pueblo guna aparece en la mitología emberá del lado de los enemigos antiguos, no de los narradores. Dentro del propio corpus chamí, el guatín se deja leer junto a Kurijía, aunque son dos tramas distintas del mismo personaje, y no junto a las metamorfosis de otras fichas, porque aquí nadie cambia de cuerpo: el guatín se disfraza de miel y hojas y sigue siendo el guatín.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. De esta cadena entera hay un solo testimonio, el de Río Frío de 1945, y su narrador quedó sin nombre. Todo lo que se puede comparar son relatos del mismo personaje recogidos en otras zonas emberá, y conviene decir de cuál es cada uno.

  2. El Kurijía que Nicolás Henao narró a Chaves es chamí y es el mismo embaucador, pero no cuenta nada de esto. Allí Kurijía pide prestada plata al sapo, al león, al tigre, al venado, al zorro y al mono, se la bebe en una fiesta, y cuando los acreedores llegan a cobrar les dice que se suban a un árbol mientras él almuerza y le vende sus cueros a un cazador. La segunda mitad ya no es suya sino del sapo, que se esconde en la maleta de Aguilonte para llegar volando a la fiesta de arriba y termina derrengado, y de ahí en adelante todos los sapos quedaron brincando así. Es decir: el corpus chamí conserva al personaje, con nombre, y no estos episodios.

  3. La cadena sí reaparece entre los emberá katío. «El ñeque y el tigre», que Joaquín Conde narró en Miácora y Mauricio Pardo recogió para Zrõarã Nẽburã, comparte tres eslabones exactos: el tigre que se machuca los testículos con una piedra creyendo comer táparo, donde Río Frío pone corozo; el perseguidor que suelta lo que creía tener agarrado porque le dicen que es otra cosa, donde Río Frío pone el pelo de la pierna; y la piedra enorme que rueda en lugar del animal prometido, allí una danta y aquí un venado. En cambio trae la muerte de las crías del tigre y el intento de ahogarlo con piedras, que Río Frío no tiene, y le faltan el burro, la roza, la fiesta con chicha y tambor, la ardita y el disfraz de miel y hojas.

  4. Entre los emberá eyábida de Polines, Ezequiel Domicó narró a la maestra Ligia Domicó Bailarín «Tigre con su mujer», donde el embaucador es el conejo, el guardián de la cueva es una lechuza y no una ardita, la fruta se llama tonaba y el tigre muere de comer lo que creía comida. En Río Frío no muere nadie y el ciclo se cierra con una paz negociada.

  5. La grafía del protagonista cambia con la fuente: guatín, ñeque, conejo, Kurijía, Kuriva, Kuriwa.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Chamí · Valle del Cauca · Andina
Referencias
9
Última revisión
17 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Algunos mitos de los indios Chamí (Colombia)

    redaprende.colombiaaprende.edu.co

    Transcribe catorce relatos narrados en castellano por integrantes de un grupo Chamí asentado en Corozal, municipio de Río Frío, Valle del Cauca, durante el reconocimiento de 1945.

  2. Ficha de Algunos mitos de los indios chamí

    redaprende.colombiaaprende.edu.co

    Acredita autoría, rango de páginas, procedencia en Río Frío y licencia del facsímil conservado por la Biblioteca Nacional.

  3. Mitos, tradiciones y cuentos de los indios Chamí

    publicaciones.icanh.gov.co

    Publica nueve relatos de la expedición de 1945 e identifica por separado cuatro narraciones de Nicolás Henao, Chamí de Balboa, y cinco de Rafael Bailarín, narrador Katío.

Contraste y contexto · 6 referencias

  1. Tejidos de transformación: oraliteratura y oralitegrafía en la memoria emberá chamí

    revistas.udea.edu.co

    Analiza relatos Chamí del Eje Cafetero y explica la transformación como principio relacional, además de rastrear mediaciones coloniales, cristianas y patriarcales.

  2. Mitología Embera. Principales mitos, características y funciones

    bioetnia.iiap.org.co

    Nombra al protagonista del ciclo en lengua emberá y lo caracteriza: «Kuriva, el humilde y astuto ñeque o guatín, decide darle su merecido» a Imamá, el tigre que «se cree dueño del mundo, oponiendo inteligencia a fuerza». Enumera tres de los engaños que el relato chamí también encadena: hacerle comer a sus propios hijos, burlarlo en un baile ante todos y hacerle «golpear con su manaza de tigre sus propias guevas». Aporta además la lectura que los autores oyeron de los narradores: es una historia contra la «importancia personal», no contra la fuerza en abstracto.

  3. El Sol babea jugo de piña. Antología de las literaturas indígenas del Atlántico, el Pacífico y la Serranía del Perijá (Biblioteca Básica de los Pueblos Indígenas de Colombia, tomo 3)

    babel.banrepcultural.org

    Incluye «El ñeque y el tigre» en la sección «Cuento de animales» de la literatura emberá katío, con narrador y lugar declarados: Joaquín Conde, Miácora. El texto encadena, en este orden, los mismos motivos que la versión chamí de Río Frío: el ñeque mata y cocina a las crías del tigre y se las sirve a los padres; huye a un hueco en la raíz de un choibá; hace que el perseguidor engarce una raíz creyendo que es su pata («Ahí lo que tiene agarrado es una raíz, afloje un momento»); y termina convenciendo al tigre de machucarse los testículos con una piedra para comer «táparo». La introducción de Rocha Vivas es lo más útil para la ficha: explica que la separación editorial entre textos katío y chamí «no responde a diferencias de raíz sino de ramas», y que ambos «comparten numerosos relatos»; cita también la clasificación de Pardo, que sitúa las historias de animales como las que «pueden representar facultades o comportamientos sociales».

  4. La Tradición Oral Embera en la Enseñanza de la Lengua Castellana. Un aporte en la recuperación de la cultura para la conservación y la educación ambiental

    awsassets.panda.org

    Trae «Tigre con su mujer», narrado por Ezequiel Domicó y recogido por la maestra Ligia Domicó Bailarín, donde el embaucador no es el guatín sino el conejo. Contiene dos episodios que la ficha chamí da por sueltos: el conejo le tira una bola de tierra en el ojo al guardián que el tigre dejó cuidando la cueva —una lechuza, donde el relato chamí pone una ardita— y, al final, «cogió tierra… se la tiró a la lechuza pegándole en el ojo» y hace que el tigre se golpee el testículo con una piedra creyendo que come «tonaba». Sirve para mostrar que la cadena de engaños circula entre los emberá con distintos animales en el papel del pequeño.

  5. Floresmiro Dogirama: «Zroara Nebura. Historia de los Antiguos. Literatura oral emberá» [reseña]

    publicaciones.banrepcultural.org

    Discute la colección donde se publicó «El ñeque y el tigre» y ataca justamente la etiqueta bajo la que aparece. Vasco objeta que agrupar los relatos por el tipo de protagonista no sirve, «dado el papel que las transformaciones de unos seres en otros y la antropomorfización de la naturaleza juegan en el pensamiento emberá», y recuerda que en el mito los personajes son «materializaciones narrativas de conceptos muy abstractos». Es el argumento que impide leer al guatín como fábula de animales con moraleja: da el contrapeso interno para la capa de Lección.

  6. Reconocimiento y usos tradicionales de medianos y grandes mamíferos por comunidades del resguardo indígena Jaikerazavi (Embera Katíos), Mutatá, Antioquia, Colombia

    dialnet.unirioja.es

    Fija quién es el animal del relato. Registra Dasyprocta punctata con su nombre castellano local, «ñeque», y su nombre en lengua emberá, «Kuriwa» —la misma palabra que Cardona y Guerra escriben «Kuriva» para el personaje—, y lo sitúa entre las presas de cacería más reconocidas y consumidas del resguardo. Permite decir en la ficha, con respaldo, que el guatín del relato es un roedor de monte que la gente caza y come, y no una figura exótica.

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«El guatín astuto» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

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EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «El guatín astuto» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «El guatín astuto» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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