El hijo de la nutria

Andina · Chamí

El hijo de la nutria

Nacido de una pantorrilla, un joven combate seres acuáticos, desafía a la luna y viaja al mundo subterráneo.

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El relato

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Un día un hombre se fue al río a pescar, con luna llena. Vino una nutria, lo llamó y le habló, pero él no hizo caso, y entonces ella se le pegó a la pierna. El hombre la sacó y en la casa contó que el animal no lo había mordido sino abrazado. Un mes después la pantorrilla se le hinchó por demás, se reventó y apareció un niño, y el hombre se murió. Lo crió una mujer, pero el único alimento que quiso fue la sangre menstrual, y ella tuvo que darle la suya.

Cuando creció preguntó por su madre. De noche iba al pueblo a beber la sangre de las mujeres dormidas, que quedaban como privadas y no lo oían, y ellas le cogieron mucho odio. Un hombre le dijo por fin que a su madre se la había tragado la gran ballena que come gente, allá en el charco.

Fue al lago con su lanza y tocó un carrizo para llamar a la ballena, que salió y se lo tragó con todo y balsa. Adentro encontró gente vivita, animales, aves y quebradas. Le dijeron que el río grande salía por debajo de la cola: puso la lanza como tranca en la salida, salió con su balsa y volvió a entrar a buscar el corazón, que era una gran ahumaya, y lo mató. Después hizo asientos de balso y puso uno en cada casa. Vino una gran tempestad, y cada relámpago se llevaba un asiento, hasta que se acabaron y se acabó la tempestad. El animal quedó muerto en la orilla y el río corría rojo de sangre.

Pero lo odiaban. Le dijeron que no había sido la ballena sino otro animal del río, nusi ur. Botó al agua un muñeco grande de balso, el animal se lo tragó, y él se metió detrás y lo cogió del pescuezo. La boca era como una flor de granadilla y las aletas como hoja de palma real. Lo mató, y los indios lloraron mucho porque ese animal era su dios.

La gente se fue y él la siguió molestando a las mujeres. Una muchacha le dijo que detrás de la montaña vivía el animal que sí la había matado. Se llamaba unangaramia y no era uno solo: era la mata de los animales, y salía humo. Mató a muchos, pero siempre quedó viva la mitad, y se fue diciendo que si los mataba a todos no habría más animales en el mundo.

En el camino agarró a unas mujeres de otra tribu para beber su sangre. Preguntó otra vez, y le dijeron que la había matado la luna. Cortó guadua, la fue amarrando y subió como por una escalera. Se quedó esperando en el camino de la luna, pero vino el pájaro carpintero y le trozó la escalera. Al caer dijo mofódda, pluma, y bajó lento, lento como una pluma, hasta otro mundo debajo de la tierra. Allí había indios muy bajitos que botaban los pescados y comían sólo el humo, porque no tenían ano. Él se puso a comer los pescados y dijo que eso lo podía arreglar: cogió un palo de chontaduro y los chuzó. Muchos se murieron. Le preguntaron si no sabía de otro modo, dijo que no, y lo echaron: el cacique le mandó montarse en un animal y no abrir los ojos hasta llegar.

Llegó al monte de este mundo, donde no había gente, cogió un venado y al segundo día llegó al pie de su casa. Allá contó todo, y así los indios supieron del mundo subterráneo. Siguió molestando a las mujeres y sólo lo soportaban porque era un gran cazador: cuando unos quisieron echarle agua caliente mientras dormía, otros lo defendieron. Un día lo picó una avispa grande y lo mató. No lo enterraron: lo lloraron dos días, y al tercero los indios se durmieron, y cuando despertaron el muerto había desaparecido.

El hijo de la nutria: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Quien nace de una herida busca culpables toda su vida y hiere a quienes lo acogen.”

Territorio

Andina · Chamí

Andina · Chamí

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Andina
Comunidad
Chamí
Referencia
4.156111° · -76.287778°

Ficha del relato

Contexto histórico

Es el segundo y el más largo de los catorce relatos que Gerardo Reichel-Dolmatoff publicó en 1953 como «Algunos mitos de los indios Chamí», pp. 150-153, recogidos en 1945 en la vereda de Corozal, municipio de Río Frío, Valle del Cauca. El protagonista no recibe nombre, ni tampoco quien lo narró: sólo consta que narraron en castellano y que el recopilador transcribió sin cambio alguno, y que él mismo declaró no haber tenido perspectiva del contexto cultural. Las glosas en latín de sus notas al pie —la ahumaya como Cucurbita maxima, el chontaduro como Socratea durissima, el nusi ur como tiburón— son suyas, de 1953.

Mauricio Pardo le da el nombre que el texto no trae: /jerúpotó uarra/, de pantorrilla e hijo, y lo llama uno de los mitos más populares entre los emberá, conservado en casi todas las zonas. Precisa además que nació de la pierna de una mujer y que en algunas zonas se cuenta que fue un hombre, con lo cual el parto paterno de Río Frío queda como variante documentada y no como rareza. Su trabajo, sin embargo, es del alto Baudó entre 1980 y 1983, y lo chamí le llega de segunda mano por este mismo artículo de 1953.

Simone Ferrari estudia el ciclo en dos versiones embera dóbida grabadas en 2022 —Graciliano, de la comunidad de Yucal, a orillas del río Panguí, y Lizandro, de Boca de Jagua, sobre el río Chorí— y sostiene que las aventuras del personaje integran la mitopoiética de distintos pueblos embera, «entre ellos los embera dóbida, los embera catío y los embera chamí». Una nota suya es decisiva para esta ficha: «El padre de Jinu Potó difiere según las versiones. Algunas lo mencionan como Picario, el primer jaibaná, otros como una nutria o un murciélago, otro más como un espíritu o como la luna».

Del lado chamí hay dos apoyos concretos. Milcíades Chaves publicó en 1945 «Arrumia», narrado por Nicolás Henao, chamí de Balboa —uno de los cuatro relatos que Chaves declara en su página 134 como chamí, frente a los cinco de Rafael Bailarín, katío—, con el mismo mundo de abajo de los Aremuko que sólo comen vapor. Y el libro de maestros emberá de Chigorodó de 2006, que la lista de esta página cita sólo por una nota de grafía, contiene una versión completa narrada por Óscar Cano, maestro embera chamí del Centro Educativo Rural Indígena Guapa Alto, escrita Jerupotowarra.

Lo que ninguna fuente alcanza: no hay registro en emberá bedea del relato de Río Frío, ni manera de saber quién lo narró.

Resonancias con otros mitos

El paralelo más útil está dentro del propio corpus chamí. «Arrumia», que Nicolás Henao narró a Milcíades Chaves en 1945, lleva a otro hombre —el marido de la hormiga arriera— al mismo mundo de abajo, donde los Aremuko tienen figura de hombres pero el ano tapado y sólo comen el vapor de la comida. La diferencia está en el resultado: allí la operación se hace con cuidado y con chicha, funciona, y el visitante queda como médico y deja hijos; aquí mata a muchos y lo expulsan. Dos narraciones chamí recogidas el mismo año resuelven al revés el mismo problema.

El segundo paralelo es emberá dóbida: las versiones que Graciliano, de Yucal, y Lizandro, de Boca de Jagua, narraron en 2022. Comparten el nacimiento por la pantorrilla, el je que lo traga y el mundo de los seres sin ano que se nutren por el olfato, pero allí es la madre quien pare y muere, y el héroe termina convertido en los insectos que chupan sangre. En Río Frío el cuerpo simplemente desaparece.

Hay un tercer eco interior que conviene marcar como diferencia y no como parecido: el relato trece de la misma recolección de Río Frío manda al hijo de Karagabí al mundo de los aramúko dohurá con la misma intención de abrirles el ano, y allí mueren todos. Es el mismo episodio en dos relatos vecinos, con dos protagonistas distintos y sin ningún vínculo declarado entre ellos.

Los descensos a mundos inferiores abundan en muchas tradiciones, y el propio Chaves los comparó en 1945 con los polinesios. Esa clase de coincidencia no prueba parentesco: lo que distingue a este relato es la balsa de balso, el carrizo con que llama a la ballena, el palo de chontaduro y la guadua amarrada.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. La versión de esta página es la de Río Frío de 1945 y es anónima, pero el ciclo es el mejor atestiguado del corpus emberá, y conviene ver qué se mueve de una versión a otra.

  2. La nutria no es un rasgo propio de Río Frío. En la versión emberá eyábida que José Bernardo Domicó escribió en Juradó Alto, un animal parecido a una nutria se pega de la pantorrilla del hombre que pesca, la pierna se hincha, revienta a los nueve meses y el padre muere en el parto, exactamente como aquí. Ferrari registra en cambio versiones donde la nutria o un murciélago son el padre, junto a Picario el primer jaibaná, un espíritu o la luna, y donde quien pare y muere desangrada es la madre.

  3. Quién da a luz cambia con la versión. La única versión chamí completa que encontré, la de Óscar Cano, no tiene nutria: allí una mujer joven tiene la vagina en el dedo gordo, al dar a luz se le raja la pierna y se muere de dolor, y a la criatura la crían un viejito y una viejita. Zuluaga recoge en Risaralda que en unas versiones nacen gemelos de la pantorrilla y en otras un solo niño.

  4. El mundo de abajo se resuelve distinto en cada relato, y esto se ve dentro del mismo corpus chamí. En Río Frío el visitante chuza con un palo de chontaduro y muchos mueren; en el relato trece de la misma recolección, el hijo de Karagabí les corta las nalgas con un cuchillo y mueren todos; en el Jerupotowarra de Óscar Cano unos mueren y otros quedan con el ano abierto; y en «Arrumia», narrado por Nicolás Henao, el hombre emborracha con chicha, corta un huequito con una navajita de macana y la operación funciona hasta fundar descendencia.

  5. El final cambia por completo. Aquí lo mata una avispa grande y el cuerpo desaparece al tercer día sin ser enterrado. En la versión eyábida de Juradó Alto muere de un flechazo cuando busca a Ambuima y su cuerpo se vuelve moscas, mosquitos, tábanos y murciélago, los que se alimentan de sangre. Ferrari enumera además la fiera, el aberrojo, el tronco de guayacán, la sanción de un espíritu y el indio brujo.

  6. El episodio lunar apenas se insinúa en Río Frío: el protagonista nunca llega a la luna, porque el carpintero le troza la escalera antes. En la versión de Óscar Cano alcanza a arañarle la cara, y Pardo señala que las distintas versiones coinciden en atribuirle a este personaje las manchas de la luna. Río Frío no dice nada de las manchas.

  7. Las grafías se multiplican: Jinu Potó, Jeru Poto Oarra, Jinopotabar, Jerupotowarra y Juropotowarra en escritura chamí, Jeropotobarra entre los eyábida. En Río Frío el personaje no tiene nombre.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Chamí · Valle del Cauca · Andina
Referencias
10
Última revisión
17 de septiembre de 2026

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Base documental · 3 referencias

  1. Algunos mitos de los indios Chamí (Colombia)

    redaprende.colombiaaprende.edu.co

    Transcribe catorce relatos narrados en castellano por integrantes de un grupo Chamí asentado en Corozal, municipio de Río Frío, Valle del Cauca, durante el reconocimiento de 1945.

  2. Ficha de Algunos mitos de los indios chamí

    redaprende.colombiaaprende.edu.co

    Acredita autoría, rango de páginas, procedencia en Río Frío y licencia del facsímil conservado por la Biblioteca Nacional.

  3. Mitos, tradiciones y cuentos de los indios Chamí

    publicaciones.icanh.gov.co

    Publica nueve relatos de la expedición de 1945 e identifica por separado cuatro narraciones de Nicolás Henao, Chamí de Balboa, y cinco de Rafael Bailarín, narrador Katío.

Contraste y contexto · 7 referencias
  1. Tejidos de transformación: oraliteratura y oralitegrafía en la memoria emberá chamí

    revistas.udea.edu.co

    Analiza relatos Chamí del Eje Cafetero y explica la transformación como principio relacional, además de rastrear mediaciones coloniales, cristianas y patriarcales.

  2. Algunos relatos de los embera chamí de Risaralda, contados por Clemente Nengarabe Siágama

    luguiva.net

    Relatos que Vasco recogió de Clemente Nengarabe en el Chamí y que se publicaron en 1978 sin su nombre. Al republicarlos, Vasco explica que su papel fue el de simple recolector y devuelve la autoría al narrador, porque en aquel momento fue impensable que un indígena figurara como autor.

  3. Jinu Potó, ¿mito o historia? Desplazamientos del saber y cuestionamientos epistémicos en la narración oral del pueblo embera dóbida

    editorial.ucatolica.edu.co

    Es el estudio comparativo del ciclo que la ficha ya invoca por el apellido del autor sin citarlo. Ferrari declara que las aventuras de Jinu Potó «integran la mitopoiética de distintos pueblos embera, entre ellos los embera dóbida, los embera catío y los embera chamí», y desarma la variación en motifemas: el padre cambia según la versión —«otros como una nutria o un murciélago», también Picario el primer jaibaná, un espíritu o la luna—; el desenlace cambia (una fiera, un aberrojo, un tronco de guayacán, un «indio brujo»); y el juicio ético sobre el protagonista cambia con él. Confirma dos rasgos del texto de Río Frío como parte del ciclo y no como adornos: el mundo de abajo de los seres sin ano «quienes se nutren por medio del olfato», y el mérito de «dejando viva una pareja de cada una de las especies de animales asesinadas». Cierra con una fórmula útil para la Lección: los héroes emberá «favorecen y al tiempo incomodan a la comunidad».

  4. La escalera de cristal: términos y conceptos cosmológicos de los indígenas Emberá

    revistas.unal.edu.co

    Cotejo directo de variantes del relato, hecho por quien trabajó en campo. Pardo lo llama «uno de los mitos más populares entre los emberá y uno de los que se conserva en casi todas las zonas», da el nombre en lengua —/jerúpotó uarra/, de /jerúpotó/ pantorrilla y /uarra/ hijo— y precisa que «nació de la pierna de una mujer (en algunas zonas se cuenta que fué un hombre)», lo que sitúa la paternidad masculina de Río Frío como variante documentada y no como rareza. Reconstruye la secuencia luna-guadua-pájaro carpintero-caída y nombra el mundo de abajo /atau aramora/, «ano tapado», comparándolo expresamente con /aramuko/ de Chaves (1945:145) y /aremuko/ de Reichel (1953:165). Añade que en varias versiones el personaje trae del mundo de abajo el chontaduro, el caimito, el ají y flores de adorno, y que «las diferentes versiones… coinciden en relatar que las manchas de la luna fueron hechas por este personaje».

  5. Mitos y leyendas de los Embera-chamí

    repositorio.utp.edu.co

    Recopilación hecha en Risaralda con maestros y jaibanás chamí nombrados uno por uno. Trata el ciclo bajo los nombres «Los Gemelos» o «Jiropotuarra» y establece la variación interna del propio corpus chamí: «en algunas versiones se hace alusión a los gemelos que nacen de la pantorrilla y en otras, sólo se hace alusión a un niño, igualmente nacido de una pantorrilla». Conserva además una variante que Zuluaga oyó en 1990 de boca del jaibaná Mario Restrepo Siágama, donde el episodio del mundo de abajo aparece resumido desde dentro: «Cuando el santo escapó de los hombres que lo perseguían por haberle hecho el ano a un indio del mundo de abajo, se encontró con el jefe de las Berea», y de ahí sale el origen de las abejas. Es el respaldo chamí más concreto que encontré para el episodio que el texto de Río Frío narra sin explicar.

  6. El Sol babea jugo de piña. Antología de las literaturas indígenas del Atlántico, el Pacífico y la Serranía del Perijá (Biblioteca Básica de los Pueblos Indígenas de Colombia, tomo 3)

    babel.banrepcultural.org

    Trae «Jinopotabar» dentro de una sección de literatura emberá chamí titulada «El Hijo de la pierna y relatos afines», y el texto empieza donde el de Río Frío termina: la luna alumbraba tanto que no dejaba dormir, el joven sube por una guadua que crece hasta el cielo, pelea con la luna y «le cogió la cara con las uñas… y le dañó los ojos», la gente de abajo corta la guadua por envidia, él baja diciendo ¡Mompará! pesado como piedra, atraviesa la tierra y llega donde los Dojura, que duermen de día. La nota editorial es explícita sobre la procedencia: «Jinopotabar es la versión Chamí del relato de Jerupotouarra. Los chamíes de Mistrató y Pueblo Rico, en el noroccidente del Departamento de Risaralda…», con base en relatos de Clemente Nengarabe.

  7. La Tradición Oral Embera en la Enseñanza de la Lengua Castellana. Un aporte en la recuperación de la cultura para la conservación y la educación ambiental

    awsassets.panda.org

    Contiene la versión más cercana al arranque de Río Frío que encontré fuera de Reichel: un emberá pesca en un pozo, «llegó un animal parecido a una nutria y se pegó de la pantorrilla del hombre», la pantorrilla se hincha, revienta a los nueve meses y el padre muere en el parto; el hijo crece deprisa, pregunta quién mató a su padre y busca a las mujeres en su periodo. Una nota al pie declara la inestabilidad del nombre —«uno de los relatos más variados en la representación escritural… no hay un consenso o acuerdo de escritura»— y registra que un maestro chamí, Óscar Cano, lo escribe «Juropotowarra», lo que documenta la grafía chamí frente a la eyábida «Jeropotobarra».

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«El hijo de la nutria» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

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EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «El hijo de la nutria» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «El hijo de la nutria» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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