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El Incesto

Explora las transgresiones familiares y sus consecuencias en la cultura guajira, donde el incesto provoca castigos sobrenaturales y transformaciones en la naturaleza.

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Ilustración de El Incesto

En el vasto tapiz del tiempo, donde los susurros del viento cruzaban las tierras infinitas y las olas del mar cantaban las canciones de la antigüedad, vivían dos hermanos, nacidos de la misma madre y del mismo destino. El hermano, cuya sombra era tan larga como la de las montañas al atardecer, y la hermana, la majayura, quien tenía el brillo de las estrellas en sus ojos. Ella se encontraba en el tiempo del encierro, esa etapa donde las jóvenes guardaban sus sueños más profundos mientras crecían en su interior los secretos de la vida.

El encierro era una cueva de silencios, de un eco incomprendido que sólo la tierra misma podía descifrar. Y en ese espacio cerrado, la joven majayura sintió el abrazo de su hermano, como si el destino mismo hubiera tejido sus hilos en el vacío entre ellos. Ella salió de su encierro una tarde, y con la luz del sol sobre su piel, descubrió el fruto de aquel abrazo indigno: estaba encinta. La angustia, como una marea interminable, la azotó sin clemencia. Intentó borrar su pena lanzándose al mar, creyendo que las aguas lavarían sus culpas, pero el espíritu del mar, Marelwa, la sostuvo en sus líquidas palmas. "Te volverás piedra," le susurró con la voz de mil océanos, "y así mostraré al mundo tu mala acción. Tú serás el ejemplo que otros han de seguir." Dicho esto, el mar la envolvió, y ella se convirtió en una roca que, aún hoy, observa el eterno romance entre la espuma y el viento.

Esta historia no era única en su desventura. Hubo otra majayura, cuya tristeza se tejió de murmullos semejantes. No fue su hermano quien la embrujó, sino su propio padre, en un destiempo que las estrellas no pudieron predecir. Las voces del pueblo eran cuchillos de hielo que desgarraban su alma: "Vean a la mujer de su padre, vean a la esposa de su padre", repetían en un coro sin descanso. Sin encontrar refugio en los ecos de los pasos perdidos, buscó consuelo en el abrazo frío de la muerte. Con una causa hecha de pena, se ahorcó, y Marelwa, cambiando el agua por el viento, la castigó una vez más. "Te volverás cerro," dijo con palabras que empujaban el destino como hojas en una brisa suave, "un cerro que tendrá la figura de tus últimos momentos." Y así sucedió que el cerro Katetamana miró desde entonces las llanuras, testigo triste y perpetuo de las vergüenzas humanas.

Y desde esos días, los guajiros, esos habitantes del viento y la palabra, cuando sienten la ira aflorar desde el incierto rincón del arrepentimiento o el peso sordo de la vergüenza, también buscan hallar en el fin la purga de su pesar. Marelwa observa, testigo omnisciente de las mareas de esperanza y desesperación que arrastra la humanidad. De cuando en cuando, los hermanos aún se aparean con las hermanas, como si los susurros de las antiguas leyendas jamás se apagaran, olvidados pero no muertos en los corazones de hombres y mujeres.

Así es como las tierras del norte, salpicadas de rocas y coronadas por cerros, entienden el lenguaje de la tragedia, recordando que cada piedra y cada montaña tienen una historia que contar, una verdad silenciosa y antigua que se despliega como las alas de los sueños sobre el albor del día.

Historia

Este mito parece originarse de relatos sobre transgresiones familiares y las consecuencias de dichas acciones dentro de una comunidad. En la primera historia, se cuenta de dos hermanos, un hombre y una mujer, donde la mujer queda embarazada de su hermano durante un tiempo de encierro. Al descubrir su estado, experimenta angustia e intenta suicidarse lanzándose al mar, pero termina convirtiéndose en piedra por una deidad llamada Marelwa, quien señala que su acto influirá en el comportamiento futuro de la humanidad. La segunda historia relata un caso similar de incesto, donde una mujer, embarazada de su padre, es criticada por todos, lo que la lleva a ahorcarse. Es transformada por Marelwa en un cerro con su figura, llamado Katetamana (mujer colgada). Estas narraciones explican comportamientos y fenómenos naturales locales, como los suicidios por vergüenza o rabia y la formación de piedras y cerros con cualidades humanas, y parecen tener un origen en la cultura guajira.

Versiones

El análisis de las dos historias ofrece una comparación de temas relacionados con tabúes familiares y sus consecuencias sobrenaturales. En la primera historia, el enfoque está en la transgresión entre hermanos, donde una hermana queda embarazada de su propio hermano después de un periodo de encierro. Su reacción inicial de angustia culmina en un intento de suicidio, pero su destino cambia cuando Marelwa, una figura sobrenatural, interviene. El castigo divino es transformarla en piedra, simbolizando la eternidad del pecado y sugiriendo que este tipo de relaciones continuarán en el mundo como un castigo o recordatorio. Este relato enfatiza la inevitabilidad de ciertos comportamientos humanos y su perpetuación a través de un castigo físico visible en la naturaleza.

Por otro lado, la segunda historia introduce al incesto entre un padre y su hija, donde la consecuencia social del embarazo es crítica y pública, llevando a la joven a la desesperación y al suicidio por ahorcamiento. Aquí, el castigo de Marelwa es convertirla en un cerro, una geografía que no solo simboliza la pena y vergüenza, sino que sirve como un recordatorio visible de su acto. Mientras que la primera historia sugiere un destino impuesto por las circunstancias y el destino, la segunda enfatiza la reacción comunitaria al tabú y las consecuencias psíquicas personales de la vergüenza y la crítica pública. En conjunto, ambas versiones muestran un registro del impacto del tabú sexual familiar y sus consecuencias divinas y sociales, aunque variando la naturaleza de los actos y sus resultados metafóricos en el mundo físico.

Lección

Las transgresiones familiares traen consecuencias eternas y visibles.

Similitudes

Se asemeja a los mitos griegos de castigos divinos como el de Medusa, donde los actos humanos son castigados con transformaciones físicas.

Territorio

Ubicacion geografica del mito

Ubicacion registrada para este mito en el territorio.

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