El origen del fuego

Caribe · Wayúu

El origen del fuego

Siki guarda el fuego mientras los demás viven sin luz ni comida cocida. Su secreto es descubierto y la llama pasa a todas las casas.

Leer el relato
El origen del fuego: la entrada del relato

El relato

Escuchar el relato · 4 min

En un principio los hombres no conocían el fuego. Comían crudas las carnes, las raíces y los frutos del monte; la carne la tendían al sol hasta hacerla cecina. Unos vivían en troncos y cuevas; otros tenían ranchos, pero sin lumbre que los calentara ni ahuyentara el miedo que subía del fondo de las noches.

Solo Maleiwa tenía el fuego. Lo guardaba como piedras encendidas en una gruta fuera del alcance de los hombres, porque los creía faltos de juicio: podían quemar sus ranchos, incendiar los montes, abrasar a las criaturas vivas.

Una vez, mientras Maleiwa calentaba el cuerpo junto a su fogata, vio venir hacia él a un joven aterido de frío. Se llamaba Junuunay. Maleiwa se indignó.

—¿Qué vienes a hacer, intruso? ¿No sabes que este sitio está vedado? ¿Vienes a acabar con mi paciencia?

—No, abuelo —respondió Junuunay, suplicante—. Solo vengo a calentarme junto a usted. Tenga clemencia. Ampáreme de este frío que me puya la carne y me llega hasta los huesos. Apenas entre en calor, me iré.

Así hablaba, escondiendo su intención. Para convencer a Maleiwa hizo crujir los dientes, se erizó como carne de gallina muerta, tembló como un machorro, se frotó las manos. Maleiwa, compadecido, lo aceptó, pero no le quitó la vista de encima. Los dos se frotaron las manos ante las llamas, que resplandecían a lo lejos como brasas del cielo.

Junuunay intentó conversar para distraerlo. Maleiwa callaba. Entonces un rumor de viento, como pasos cautelosos sobre la hojarasca, le hizo volver la cara hacia atrás. Ese instante bastó. Junuunay cogió de la fogata dos brasas encendidas y las metió en un morralito que llevaba oculto bajo el brazo.

Se dio a la fuga entre las malezas que rodeaban la gruta. Maleiwa, burlado, corrió tras él.

—Me ha engañado el muy bribón. Le haré vivir en los muladares, rodando bolas de excremento.

Junuunay huía desesperado, pero sus pasos eran tan cortos que casi no avanzaba. Llamó en su auxilio a un joven cazador llamado Kenáa y le entregó una brasa para que la escondiera. Kenáa se alejó sin ser visto mientras hubo sol, pero al llegar la noche, cuando trataba de esconderse entre las matas, la brasa lo delató. Maleiwa lo convirtió en cocuyo, que en las noches oscuras del invierno enciende y apaga su luz mientras vuela.

Junuunay encontró en su camino a Jimut, el cigarrón.

—Amigo, Maleiwa me persigue porque le robé el fuego para dárselo a los hombres. Toma esta brasa que me queda y escóndela en un sitio seguro. Quien la tenga será el más afortunado de los hombres.

Jimut tomó la brasa y la metió dentro de un palo de caujaro; luego la pasó a un olivo, después a otro palo, y así el fuego se extendió y se multiplicó por todas partes.

Los hombres lo encontraron por medio de un niño llamado Serumáa. Mientras jugaba por los montes, el niño iba señalando los palos donde Jimut había guardado el fuego. No sabía hablar; solo decía «Skii… Ski… Skii…», que quiere decir fuego. Los hombres buscaron en todos los palos y troncos, probaron mil maneras y no encontraron nada, hasta que vieron a Jimut perforando un palo. Siguiendo su ejemplo, taladraron y frotaron con las manos dos varitas de caujaro, y al punto brotó el fuego. Iluminó el corazón de los montes y encendió de alegría a los hombres.

Desde entonces el fuego quedó a su servicio y no volvieron a sufrir el rigor de las noches frías. A Serumáa, Maleiwa lo convirtió en un pajarillo que salta de rama en rama diciendo «ski, ski, ski», y por eso lo llaman Sikiyuu. A Junuunay lo convirtió en escarabajo y lo condenó a vivir entre las inmundicias por haber robado el fuego. Desde entonces el escarabajo se alimenta de excremento y lleva en las patas, como huella del robo, unas manchas brillantes.

El origen del fuego: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Un bien que se arranca para todos deja en quien lo arrancó una marca que nadie le agradece.”

Territorio

Caribe · Wayúu

Caribe · Wayúu

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Caribe
Comunidad
Wayúu
Referencia
11.775° · -72.225°

Ficha del relato

Contexto histórico

Este mito llega a nosotros por dos manos. Ramón Paz Ipuana, escritor e investigador wayuu, lo puso por escrito en castellano; José Enrique Finol, semiólogo de la Universidad del Zulia, lo transcribió y analizó en «Mito y cultura guajira», donde explica que «el origen del fuego en la mitología guajira es relatado en tres versiones diferentes» y que la primera y la tercera las incluye «según Paz Ipuana». El Diccionario de mitología Wayuu de la Corporación Jayeechi confirma en su entrada Siki que Paz Ipuana recopiló tres versiones. La ficha anterior atribuía una de ellas a Michel Perrin; el expediente no respalda esa atribución, y por eso la retiramos. Perrin publicó en 1979 y 1980 colecciones en wayuunaiki con traducción asistida por hablantes bilingües, pero ninguna de las fuentes consultadas dice que contengan este mito.

Las dos mediaciones dejan huella. Paz Ipuana escribe con voluntad literaria: el voseo de Maleiwa («¿Qué venís hacer, intruso?»), el «Gran Padre», el «abuelo venerable», las brasas «como los fulgores áureos de las estrellas». Esa prosa es suya, no de un narrador anónimo, y el «abuelo» con que Junuunay llama a Maleiwa conviene leerlo como forma de respeto y no como parentesco. Finol, por su parte, abre el capítulo con una cita de Engels sobre el fuego por fricción y analiza el mito con la semiótica de Greimas: sujeto, objeto de valor, programa narrativo. Propone que el fuego pasa del dominio mineral (las piedras encendidas de la gruta) al vegetal (los palos de caujaro) gracias a mediadores del aire, insectos y pájaros, y sugiere, «a título de hipótesis», que esa mediación aérea explicaría por qué en ocho de los dieciséis mitos sudamericanos que examinó el poseedor del fuego es un pájaro. Sostiene también que Maleiwa, al negarse a dar, pierde su papel de donador y obliga al intercambio, y que el mito funda así la reciprocidad y la sociedad. Son lecturas de un analista, no afirmaciones wayuu.

Jenny Fraile Velásquez transcribió esta misma versión en 2013 y la comparó con mitos warao, yekuana y brasileños, concluyendo que en todos el fuego se obtiene tras robarlo con una treta; anota que la línea de Junuunay y Maleiwa viene de Paz Ipuana y de Armellada. Mariano Nava Contreras, filólogo clásico, la leyó en 2019 frente a Prometeo como historia de engaño, transgresión y castigo ligada al progreso. Ambos trabajan con el texto de Paz Ipuana, no con nuevas voces de campo.

Sobre el territorio, el mito no nombra rancherías ni cerros. Los palos de caujaro, el olivo, el cocuyo de las noches de invierno y el cigarrón pertenecen al monte seco de la península que describe la Caracterización del pueblo Wayúu del Ministerio de Cultura; frotar dos varitas es una técnica real de encendido, no una imagen. Una cautela final: el texto abre diciendo que los hombres sin fuego eran «seres imperfectos» cuya suerte «era igual a la de los animales». Es la axiología del propio mito en la pluma de Paz Ipuana, y así se mantiene en el Relato; no es una descripción etnográfica de nadie.

Resonancias con otros mitos

El paralelo que el expediente pide nombrar es Prometeo, tal como lo cuenta Hesíodo en la Teogonía y en Los trabajos y los días: Zeus niega el fuego a los hombres, Prometeo lo roba escondido en una cañaheja y lo entrega, y el castigo cae sobre el ladrón, encadenado con el águila que le devora el hígado, y sobre los hombres, que reciben a Pandora. La resonancia con Junuunay es fuerte: un guardián divino que retiene el fuego por desconfianza hacia los hombres, un robo por astucia, una brasa escondida en un recipiente pequeño, un castigo que marca al ladrón. Mariano Nava Contreras la desarrolló en «Prometeo en la Guajira». Las diferencias importan tanto como el parecido. Maleiwa no castiga a los hombres, solo a los que tocaron la brasa; el castigo no es eterno ni heroico, sino una transformación en escarabajo, cocuyo y pajarillo, animales que siguen ahí, con la marca a la vista; y el fuego no llega a los hombres por entrega directa sino escondido en el caujaro, de donde deben aprender a sacarlo imitando a un insecto. Ningún dato permite hablar de influencia; son dos respuestas a la misma pregunta sobre por qué el fuego hubo que robarlo.

El Popol Vuh, en la edición de Allen Christenson, cuenta el fuego de otro modo: el dios Tohil lo da a los pueblos k'iche', la lluvia y el granizo lo apagan, y las demás naciones, ateridas, deben pedirlo a cambio de entregarse al sacrificio. La resonancia está en el frío y en la dependencia: quien no tiene fuego se somete a quien lo posee. La diferencia es que allí el fuego se negocia y se paga; en la Guajira se roba y se castiga. Es la misma distinción entre don e intercambio que Finol propone para leer a Maleiwa, aunque él no cita el Popol Vuh.

Dentro del corpus wayuu, “Serranías de La Guajira” cuenta cómo un bien necesario se reparte por la tierra y cómo Mareiwa convierte personas en cerros, y “La India Worunka” muestra al mismo creador secando las matas de tuma como castigo: el Maleiwa que aquí vuelve escarabajo a Junuunay pertenece a esa familia de transformaciones. “Los dominios de Juyá” trata la abundancia que no puede acapararse; como aquí, un recurso que estaba en un solo lugar termina en muchos.

Fuera de la Guajira, Fraile Velásquez señala que en mitos warao, yekuana y brasileños el fuego también se obtiene por una treta, y Finol recuerda, siguiendo a Lévi-Strauss, que en los mitos del Brasil central el dueño del fuego suele ser el jaguar. La Guajira pone en ese lugar a Maleiwa; la treta y la marca se repiten.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. Finol publica tres versiones del origen del fuego, las tres atribuidas a Ramón Paz Ipuana, y advierte que eligió la segunda porque es la que trae más elementos y una organización temporal más clara. El Relato sigue esa segunda versión, la única que el expediente trae completa: Junuunay engaña a Maleiwa fingiendo frío, roba dos brasas en un morralito, entrega una a Kenáa (convertido en cocuyo) y otra a Jimut el cigarrón, que la esconde en el caujaro; el niño Serumáa señala los palos gritando «ski» y termina como el pajarillo Sikiyuu; Junuunay es condenado a ser escarabajo con manchas brillantes en las patas.

  2. La primera versión es otra historia. Aquí el fuego es una persona: Ski o Siki, un joven holgazán apodado Makutulain, que vive en el chinchorro mientras su mujer Maajua pide comida de rancho en rancho, soportando los reproches de su suegra y las burlas de sus cuñados, los Señores de Wuna'apü, trabajadores y soberbios cuyas siembras no rinden. Cuando Ski se cansa de las afrentas, va al corazón del monte, se frota las manos, sopla vapores calientes y el bosque arde: así prepara su conuco de una sola vez. El expediente corta el texto ahí, pero Finol resume el desenlace: la mujer y la suegra son convertidas en pájaros, perdiz y ave de rapiña; los cuñados, en ardillas, pericos, bachacos, hormigas, langostas, ratas y saínos; la paloma Mouwa hace que Ski se vuelva tímido y se esconda, llega El Hambre, y Ski se refugia en los árboles, de donde saldrá cuando los guajiros froten dos maderas. No hay robo ni Maleiwa como guardián.

  3. La tercera versión, que el expediente solo conoce por el resumen de Finol, gira sobre un niño vivaracho llamado Kasémashi que se niega a prestar su arco; Maleiwa convierte en estela luminosa la flecha que el niño lanza (de ahí los meteoros) y transforma al niño en fuego, «encerrado en las piedras del Puloi o lugares encantados». Aquí el fuego no llega a los palos sino a las piedras.

  4. Las tres coinciden en dos cosas: una marca queda en quien tocó el fuego, y el fuego termina escondido en la madera o en la piedra, de donde hay que sacarlo. No coinciden en nada más, y por eso no deben fundirse. La ficha anterior de este sitio lo hacía: un Siki holgazán al que Junuunay le roba la brasa, animales marcados y una esposa que lo busca por los montes. Esa mezcla no existe en ninguna fuente y aquí se deshace. También retiramos la atribución de una versión a Perrin, que el expediente no sostiene.

  5. Esta ficha se distingue de “Mareiwa”, que trata al creador y sus obras en general, y de “Creación Wayuu” y “Los mellizos transformadores”, donde se ordenan el mundo y sus seres. El fuego tiene su propio ciclo, con nombres que no aparecen en esas páginas.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Wayúu · Guajira · Caribe
Referencias
10
Última revisión
17 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Mito y cultura guajira

    joseenriquefinol.com

    Sección IV dedicada a los mitos del origen del fuego con tres versiones recopiladas y análisis semiótico.

  2. Ale'eya: conceptos y descripciones de la cultura wayuu, tomo II

    kimera.com

    Reúne conceptos, relatos y explicaciones de un investigador y escritor wayuu atento a la lengua y a la tradición de su pueblo.

  3. El camino de los indios muertos: mitos y símbolos guajiros

    si.edu

    Registra relatos en wayuunaiki con traducción asistida por hablantes bilingües y estudia Jepira, Juyá, Pülowi, yoluja y el viaje de los muertos.

Contraste y contexto · 7 referencias
  1. Sükuaitpa wayuu: los guajiros, la palabra y el vivir

    persee.fr

    La reseña académica describe una edición en wayuunaiki, español y francés de veintisiete mitos y relatos tradicionales.

  2. Caracterización del pueblo Wayúu

    mng.mincultura.gov.co

    Resume territorio binacional, organización social, lengua, historia reciente y problemáticas contemporáneas del pueblo Wayúu.

  3. Hesiod, Theogony and Works and Days

    perseus.tufts.edu

    Documenta genealogías divinas y el ciclo de Prometeo, el fuego y las consecuencias de su distribución entre los humanos.

  4. Popol Vuh: Sacred Book of the Quiché Maya People

    mesoweb.com

    Conserva relatos de creación, pruebas, gemelos transformadores, muerte y recomposición del mundo k’iche’.

  5. Diccionario de mitología Wayuu

    cdnc.heyzine.com

    Entrada SIKI o SKI (fuego): ente mítico benéfico, con nota de que Ramón Paz Ipuana recopiló tres versiones sobre el origen del fuego.

  6. Miradas al análisis de cuatro mitos venezolanos desde la perspectiva de Lévi-Strauss de lo crudo y lo cocido

    seeci.net

    Transcribe íntegra la versión guajira en que Maleiwa guarda piedras encendidas en una gruta y Junuunay lo engaña fingiendo frío, y la compara con mitos warao, yekuana y brasileños, concluyendo que el fuego siempre se obtiene tras robarlo con una treta.

  7. Prometeo en la Guajira

    prodavinci.com

    Resume la segunda versión de Paz Ipuana (Junuunay roba brasas a Maleiwa, las pasa a Kenáa y a Jimut, Serumáa delata, castigos en cocuyo, pájaro Sikiyúu y escarabajo) y la lee frente a Prometeo como relato de engaño, transgresión, culpa y castigo ligado al progreso.

Voces de la comunidad

Conversación

¿Así te la contaron?

0 publicadas0 en revisión

«El origen del fuego» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «El origen del fuego» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «El origen del fuego» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

TÚ

Deja tu versión

Desde 10 caracteres. Sin enlaces: los descartamos.

No se publica. Sólo lo usamos si necesitamos preguntarte algo.

Cada versión la lee una persona antes de publicarse. Verás la tuya aquí mismo mientras esperas.