El burro y la policía

Caribe · Mestizo

El burro y la policía

La versión heredada sitúa a un burro y a un muchacho cerca de una iglesia; la intervención policial depende de una observación literal que desarma la autoridad.

Leer el relato
El burro y la policía: la entrada del relato

El relato

Escuchar el relato · 2 min

Era domingo y el cura estaba diciendo misa. En la puerta mayor, sin bajarse de su burro, un muchacho oía el oficio desde donde alcanzaba, que es el sitio de los que llegan tarde y tampoco quieren entrar.

El burro no estaba en la misa. Al burro, ahí parado en el umbral, con el rezo sonando adentro y la gente de espaldas, le dio la gana de ponerse en su asunto, y se puso, a la vista de quien quisiera mirar. Y miraron. Primero los de las últimas bancas, que se voltearon; después los de más adelante, que se voltearon a ver por qué se volteaban los otros. Al fondo, el cura fue perdiendo el hilo de lo que leía.

Cortó por lo sano y mandó llamar a la policía. Que vinieran ya, dijo, que había un burro con plebedad frente a la iglesia.

Llegó un policía, uno solo, y no se metió con el animal sino con el dueño. Se acercó al muchacho, lo miró de arriba abajo y le ordenó que se llevara ese burro de ahí, que estaban en misa y él allí con sus groserías.

El muchacho no discutió ni se apuró. Como se conocía con el burro de toda la vida, se agachó despacio hasta la cabeza del animal, le cogió una oreja y se la mordió. El burro pegó un respingo, y en un segundo quedó todo recogido y en su lugar, como si nunca.

Al policía se le fue el regaño de la boca. Lo que quería ahora era saber el truco, porque aquello no lo había visto nunca. ¿Qué le dijiste al oído, muchacho, que te hizo caso así de rápido?

Y el muchacho, con la misma calma con que se había agachado, le repitió palabra por palabra lo que le había dicho:

¡Burrito! ¡burrito!, guarda tu pipilito que el señor policía te lo quiere chupar.

El burro y la policía: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Llamar a la autoridad para tapar un escándalo suele ampliarlo y ponerle al final un nombre.”

Territorio

Caribe · Mestizo

Caribe · Mestizo

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Caribe
Comunidad
Mestizo
Referencia
9° · -75°

Ficha del relato

Contexto histórico

La pieza ocupa la página 258 y no pasa de ahí: empieza y termina entre el pie de la 257 y el de la 258, de modo que cabe en una sola plana.

El volumen la coloca justo después de una lámina a página entera, con el pie «Campesino típico del medio Sinú», y antes de ella imprime «La receta», que es la otra pieza abiertamente sexual del bloque. La vecindad no es casual: Zapata Olivella agrupa aquí el material que ningún cancionero municipal habría publicado, y lo agrupa sin disculparse y sin anotarlo, como un género más de los que estaba levantando.

El encabezado que le pone es «El burro y el policía», en singular, y el cuerpo del texto lo confirma: llega un agente, uno solo, y a él va dirigido el remate. El cuento necesita ese singular, porque la última frase no acusa a una institución sino a un hombre que está ahí parado oyéndola. También necesita el emplazamiento exacto, la puerta mayor con la misa en curso, porque el escándalo crece en proporción a la cercanía del altar.

De esta página sale además una palabra que no está en ningún diccionario y que el libro no corrige: el cura denuncia que hay «un burro con plebedad» frente a la iglesia. Es habla del hablante, transcrita como sonó, del mismo modo en que el volumen conserva «marío», «mondá» o «escoronar» en otras piezas del bloque.

Resonancias con otros mitos

El mismo volumen trae otras dos piezas de burros y las tres se leen juntas. «La vieja, el burro y los huevos», en la página 255, pone a una mujer a mirar el apareamiento de dos animales hasta que, de puro entusiasmo, aplaude y rompe lo que llevaba en las manos. «El burro y el puerco», en la página 264, es la otra cara: un burro que razona, habla y rechaza el maíz cuando entiende para qué engordan al cerdo. En el bloque el burro sirve igual para el chiste de cuerpo que para la fábula de conducta.

El segundo parentesco es de registro y está tres páginas antes, en «La receta», página 257, donde el asunto es abiertamente sexual y el remate depende de un accidente físico. Las dos piezas comparten la franqueza que el autor anuncia en la página 237 al hablar del material «picaresco, satírico o pornográfico» de su recolección.

Y hay un tercer parecido de estructura con «El panadero y el perro», página 264: también allí una frase gritada en la puerta de una casa se entiende al revés y deja a alguien en ridículo.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. El volumen imprime esta pieza sin número de versión, mientras marca a otras del mismo bloque como «Segunda versión» o «Tercera versión» sin haber publicado nunca la primera. De ésta se conserva, por tanto, una sola toma de campo, y no hay dos registros del mismo texto entre los que arbitrar.

  2. Donde sí hay variación es dentro del cuento, y el contraste es la gracia. El narrador nombra lo que hace el animal con la palabra cruda, dos veces, al describir lo que el burro saca y lo que después guarda. El muchacho, en cambio, cuando repite en voz alta lo que le susurró a la oreja, usa un diminutivo de cuna. La obscenidad del remate no está en su vocabulario, que es casi infantil, sino en a quién se lo atribuye.

  3. El cura aporta el tercer registro y es el más revelador de los tres. Él no describe nada: acuña «plebedad» y con esa palabra despacha el asunto sin nombrarlo. Tres maneras de decir el mismo hecho en doce líneas, entonces, y cada una delata de qué lado está quien habla: el que cuenta, el que denuncia y el que se aprovecha.

  4. Los tres burros del bloque completan el cuadro, porque ninguno se comporta igual: éste actúa, el de la página 264 razona y habla, y el de la 255 es sólo el espectáculo que otra persona mira.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Mestizo · Córdoba · Caribe
Referencias
12
Última revisión
21 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Tradición oral y conducta en Córdoba

    zapataolivella.univalle.edu.co

    Único registro de la pieza, y la autoridad sobre los tres datos que la ficha heredada tenía mal. El cuento cabe entero en la página 258 —no en dos planas— y el encabezado del autor va en singular, «El burro y el policía»: llega un agente, uno solo, y a él va dirigido el remate. Aquí están, con las palabras de la fuente, el muchacho que oye misa desde la puerta mayor sin bajarse del burro, la denuncia del cura —«había un burro con plebedad frente a la iglesia»—, el mordisco en la oreja y la frase final que el muchacho dice haberle susurrado al animal: «¡Burrito! ¡burrito!, guarda tu pipilito que el señor policía te lo quiere chupar». El volumen la coloca después de una lámina a página entera con el pie «Campesino típico del medio Sinú» y junto a «La receta», la otra pieza abiertamente sexual del bloque, y no le pone nota ni advertencia.

  2. Tiempo para la burla obsceno-escatológica. Las sandingas: fiesta, sexualidad e inversión del orden en un pueblo de Andalucía (Boletín de Literatura Oral, vol. 8)

    revistaselectronicas.ujaen.es

    Es lo que permite decir que esta obscenidad tiene gramática y no es sólo grosería. El artículo estudia las sandingas de La Puebla de los Infantes (Sevilla), coplas burlescas que se cantan en torno a las hogueras de la Candelaria y en las que la pulla obscena y escatológica se considera «la sal y pimienta de la reunión festiva»; el autor las lee como una lucha ritual de degradación simbólica y renovación, con un sentido apotropaico antiguo de la risa y de lo obsceno. Dos rasgos coinciden con la página 258: la obscenidad se despliega pegada a una fiesta religiosa, y su función es invertir el orden, poner abajo a quien manda. Allí el blanco es la suegra o el sexo opuesto; aquí, el agente que vino a imponer compostura.

  3. Censorship in Folklore

    sites.pitt.edu

    Es el argumento de por qué esta pieza no se puede contar limpia, y la prueba de lo raro que es que llegara impresa. Ashliman documenta cómo los recopiladores del siglo XIX y comienzos del XX suprimieron o rebajaron el material sexual y escatológico que les resultaba inasumible, dejando colecciones que dicen más de sus editores que de sus informantes. Zapata Olivella imprimió el cuento entero, con la palabra cruda repetida dos veces y la frase final tal como sonó, y lo colocó al lado de «La receta» sin una sola nota. Quitar el episodio que causa el escándalo, que es lo que la ficha heredada hacía, deja al policía sin motivo para preguntar y al cuento sin final.

Contraste y contexto · 9 referencias
  1. El cuento de Mariquita triqui traca (ATU 1730C*) y el romance de La mujer del molinero y el cura: cultura popular, anticlericalismo y biopolítica (Boletín de Literatura Oral, n.º 10, pp. 87-108)

    revistaselectronicas.ujaen.es

    Da nombre al segundo blanco del cuento, que no es el policía sino la misa. El artículo registra en 2020 una versión del cuento de Mariquita triqui traca en Herrera del Duque (Badajoz), la coteja con otras de Extremadura y del ámbito hispánico y sostiene que el anticlericalismo detectable en buena parte de la cultura oral y popular es manifestación de viejos conflictos biopolíticos entre clases dominantes y dominadas. En la página 258 el cura no es víctima ni cómplice: es el que pierde el hilo del oficio, el que llama a la fuerza pública para tapar un cuerpo y el que consigue, con eso, que todo el pueblo se voltee a mirar. Es la degradación de la autoridad eclesiástica que el artículo describe, ejecutada en doce líneas.

  2. La representación lingüística del otro en la literatura colonial: el caso del indio en la Bolivia andina del siglo XVIII (Estudios de Teoría Literaria, vol. 8, n.º 15)

    fh.mdp.edu.ar

    Da el marco para tratar «plebedad» como dato y no como errata. El artículo analiza cómo la literatura colonial construía a sus personajes mediante fenómenos fónicos, morfosintácticos y léxicos deliberadamente marcados, y cómo esos rasgos funcionaban a la vez como caracterización y como estereotipo. La palabra que el cura de esta página se inventa para no nombrar lo que ve pertenece a esa clase de marca: no está en ningún diccionario, no está en el glosario del propio libro, y es lo único que caracteriza al personaje. Normalizarla a «plebeyez» o a «obscenidad» borraría precisamente el rasgo que el transcriptor decidió conservar.

  3. Respirando el Caribe. Memorias de la Cátedra del Caribe Colombiano, vol. I

    biblioteca-repositorio.clacso.edu.ar

    Aporta el estado de la cuestión sobre las hablas de la región, que es lo que esta página pone en juego tres veces. El volumen abre su capítulo de voces con «Ayer y hoy del Caribe de Colombia en sus lenguas» (p. 153), de la lingüista María Trillos Amaya, un recorrido por el pasado y el presente lingüístico de la región apoyado en arqueólogos, antropólogos, lingüistas, geógrafos e historiadores. El cuento reparte tres registros en doce líneas —el narrador que nombra lo del animal con la palabra cruda, el cura que acuña «plebedad» para no nombrarlo, y el muchacho que remata con un diminutivo de cuna—, y cada uno delata de qué lado está quien habla.

  4. Algunos comentarios socioeconómicos sobre los habitantes de los humedales de los ríos San Jorge y Sinú

    publicaciones.banrepcultural.org

    Explica por qué hay un burro en la puerta de la iglesia y por qué nadie lo encuentra raro. El artículo describe la economía de los habitantes de las ciénagas y humedales del San Jorge y el Sinú, donde los animales de carga y de silla son medio de transporte cotidiano y no adorno, y donde los caminos entre caseríos se hacen a lomo. Un muchacho que llega tarde a misa y se queda oyéndola desde el umbral sin bajarse de su montura es una escena ordinaria de esa comarca; lo único fuera de sitio es lo que el animal decide hacer, y ahí empieza el cuento.

  5. La sexualidad y la reproducción humana en el proceso de secularización. Colombia: décadas de 1960 y 1970 (Revista Colombiana de Sociología, vol. 37, n.º 1, pp. 177-191)

    revistas.unal.edu.co

    Fecha el momento en que un chiste así podía contarse en voz alta y llegar a un libro oficial. El artículo estudia cómo en la Colombia de los sesenta y setenta «la moral sexual, que la Iglesia católica había defendido y legitimado con su autoridad, perdió terreno», presionada por las políticas estatales de control de la natalidad y por quienes promovían la educación sexual. La página 258 es esa pérdida de terreno puesta en escena: la misa se interrumpe, la autoridad del cura no basta para restablecer el orden y la última palabra la tiene un muchacho que se ríe del agente delante de la iglesia.

  6. Prólogo y epílogo a Tradición oral y conducta en Córdoba (3.ª ed.)

    drive.google.com

    Documenta que el libro tenía un casillero previsto para una pieza como ésta y que no la recogió por accidente. El escritor monteriano enumera los géneros que la encuesta levantó —refrán, expresión, copla y décima, adivinanza, cuento y leyenda, fórmula, apodo, toponimia, regionalismo— y resume las conclusiones sobre los cuatro patrones que Zapata quería medir, entre ellos el sexual. Un cuento obsceno ambientado en la puerta de la iglesia es material de ese patrón, y aparece en la sección de cuento y leyenda porque tiene trama, no porque nadie supiera dónde ponerlo.

  7. Manuel Zapata Olivella (Enciclopedia)

    enciclopedia.banrepcultural.org

    Vale aquí para sostener que el atrevimiento de esta página es del recopilador tanto como del narrador. El perfil describe a un médico, antropólogo, novelista y folclorista nacido en Lorica, en el mismo departamento de la encuesta, con una obra dedicada a las voces populares y con una revista propia, Letras Nacionales, fundada para publicarlas. Que alguien con ese recorrido decidiera imprimir un cuento de un burro excitado en la puerta de la iglesia, con su palabra cruda y su remate dirigido a un policía, indica que lo consideraba literatura oral de pleno derecho y no material impublicable.

  8. Manuel Zapata Olivella Collections — tema «cuentos», Jean and Alexander Heard Library

    mzo.library.vanderbilt.edu

    Marca el límite de lo que se puede afirmar sobre «plebedad», que es la palabra más discutible de la ficha. El archivo publica las grabaciones de cuentos de Zapata Olivella con número de registro, fecha, lugar e interlocutor nombrado —Bayron Antonio Zapata y Marco Aurelio Correa en Santa Fe de Antioquia el 7 de septiembre de 1974, Jacinto Mena Robledo en Quibdó el 1 de diciembre de 1974, una serie en Barrancas, La Guajira, el 16 de octubre de 1985—. Con la cinta del Sinú se sabría si el informante dijo eso o si la palabra nació en la transcripción; sin ella, la ficha sólo puede declarar que así está impresa y no normalizarla.

  9. Manuel Zapata Olivella — Obras completas y archivo digital

    zapataolivella.univalle.edu.co

    Es lo que dejó corregir la paginación y el título en plural que circulaban sobre esta pieza. El portal reúne en edición digital abierta la obra completa de Zapata Olivella y los 46 números de Letras Nacionales (1965-1985), respaldado por el Ministerio de Cultura y cuatro universidades, entre ellas la de Córdoba. Con el texto delante se comprobó que el cuento empieza y acaba en la página 258, que el encabezado dice «El burro y el policía» en singular y que la 259 abre ya con «El paisa y el gringo»: tres datos que la atribución heredada tenía mal.

Voces de la comunidad

Conversación

¿Así te la contaron?

0 publicadas0 en revisión

«El burro y la policía» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «El burro y la policía» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «El burro y la policía» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

TÚ

Deja tu versión

Desde 10 caracteres. Sin enlaces: los descartamos.

No se publica. Sólo lo usamos si necesitamos preguntarte algo.

Cada versión la lee una persona antes de publicarse. Verás la tuya aquí mismo mientras esperas.