Susabanka, enviado del Sol

Caribe · Kogui (Kággaba)

Susabanka, enviado del Sol

Susabanka nace del Sol, busca alimentos y personas para él y permanece como piedra dentro de un ciclo de luz, enfermedad y muerte.

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El relato

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Susabanka es el arco iris. Nació de Mama, que es el Sol, y no se murió sino que se hizo piedra.

Cuando el Sol tiene hambre lo manda a pedir comida. A Susabanka le gusta comer plátano, yuca y malanga, y también mujeres. Es casi como Námaku: les hace hijos y ellas dan a luz de él. Obedece los mandatos del Sol.

El Sol camina con la menguante y lleva también una estrella. Tiene muchas mujeres allá arriba, y de muchas de ellas tiene hijos.

El Sol manda las enfermedades. Los indios se mueren y entonces se los come. El Sol come gente.

Susabanka, enviado del Sol: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Lo que alumbra también pide de comer y a veces cobra en enfermedad.”

Territorio

Caribe · Kogui (Kággaba)

Caribe · Kogui (Kággaba)

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Caribe
Comunidad
Kogui (Kággaba)
Referencia
10.84° · -73.71°

Ficha del relato

Contexto histórico

Lo contó Benito Sontinkama —también impreso Sontincama—, hombre de treinta y ocho años, cabo del mama Julián, respetado por todas las personas del grupo de San Andrés. Es el mito número 20 del conjunto que Milcíades Chaves Ch. recogió en San Andrés, sobre la vertiente occidental de la Sierra Nevada, en noviembre de 1946, en castellano, y publicó al año siguiente como «Mitología kágaba» en el Boletín de Arqueología, volumen II, números 5 y 6, hoy en el catálogo abierto del ICANH. El título impreso es «EL ARCO IRIS = SUSABANKA». Hay una línea que no debe perderse porque declara un eslabón más de la cadena: el narrador cierra diciendo «así lo dice el Mama Julián», es decir, atribuye lo que cuenta a su propio mama. Son cuatro manos, no dos.

Esta es la ficha más frágil del conjunto kogui, y conviene decirlo con todas las letras. Ninguna de las fuentes nuevas nombra a Susabanka. En el texto completo del tomo I de Los Kogi, de Reichel-Dolmatoff, el nombre aparece cero veces. No lo mencionan la tesis de Cambridge de Falk Xué Parra Witte, ni su artículo de 2025, ni su artículo de 2020 sobre nutrición e intercambio, ni el libro de Fabio Gómez Cardona sobre el jaguar, que sí reúne el ciclo solar. Tampoco hay fuente que trate el arco iris kogui como un enviado del Sol. De modo que lo que se publica aquí descansa en un solo testimonio, de un solo hombre, en una sola tarde de 1946, y así debe leerse.

Lo que las demás fuentes sí sostienen es el marco, no el episodio. Reichel-Dolmatoff, en Templos kogi (Revista Colombiana de Antropología 19, 1975), explica que al penetrar con sus rayos al templo «el sol come dos veces al día, como lo hacen todos los hombres», que desayuna en un fogón y come en otro hasta llegar al equinoccio, y que en los cuatro fogones son las mujeres de los cuatro Señores de las esquinas del universo las que le preparan la comida y lo atienden durante su visita. Que alguien le busque y le lleve alimentos al Sol no es, por tanto, una rareza de este episodio: es cómo funciona el Sol. El mismo artículo añade que el Sol no es del todo fiable, que a veces se esconde y otras trata de quemar la tierra, y que los templos son «puestos de control del sol». Parra Witte, en The structure that sustains life (Tabula Rasa 36, 2020), documenta que hoy se hacen pagamentos al sol y que mama significa sol, de modo que estos hombres trabajan como él, alumbrando y calentando; y Gómez Cardona reúne en su capítulo cuarto el ciclo solar kogui, donde aparece Enduksama, la estrella Venus, que sale más temprano que el sol y trae bollos de maíz en la mochila para darle de comer al mediodía, cuando descansa. Ninguno de los dos menciona el arco iris.

Un detalle interno que vale anotar: los tres alimentos que aquí pide el Sol —plátano, yuca y malanga— son exactamente los tres que el mito 16 del mismo conjunto, contado por el otro narrador, llama hijas del padre del bastimento, siendo el maíz el único hombre.

Resonancias con otros mitos

Entre los embera del Chocó, la misionera Hermana María de Betania recogió en Mitos, leyendas y costumbres de las tribus suramericanas (Madrid, 1964) que Tutricá, el dios de abajo, tiró al espacio un poco de agua que se convirtió en el arco iris; que cuando está oculto es un burro sediento que toma forma de arco para beber en las quebradas y los ríos; y que cuando aparecen varios arcos va a morir pronto un jaibaná. Otra versión del mismo material dice que el arco iris era un niño desmesuradamente grande, que creció tanto que no cabía en ninguna casa y resolvió enterrarse. El parecido está en que el arco no es allí una franja de colores sino un ser con hambre y con apetito de agua, y en que su aparición anuncia algo. La diferencia es de quién depende: ese arco es criatura del dios de abajo y su señal es la muerte de un jaibaná, no un encargo del Sol ni un cobro de comida. Conviene advertir que la compiladora era misionera y que ella misma declara haber reelaborado literariamente los textos.

Entre los murui del Amazonas, en el mito que Fernando Urbina publicó en Maguaré en 1986 sobre la crianza de Yarocamena, el hijo que se despide de su padre le anuncia que si algo le pasa lloverá mientras hace sol y el arco iris se verá rojo, y así será como el padre lo sepa; y cuando lo despedazan arriba, en este mundo llueve con sol y el arco iris se empaña, y el padre entiende. También ahí el arco iris trabaja como mensajero entre dos planos. La diferencia es el sentido del recado: allí sube un aviso de muerte desde quien la sufre hasta quien quedó abajo, mientras que en la Sierra el enviado baja a pedir de comer para quien lo mandó.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. No hay variantes de este relato, porque no hay un segundo testimonio suyo. Lo que hay son otras cosas que las fuentes kogui dicen del arco iris, y que no coinciden con esta, y que por eso tensionan incluso el título heredado.

  2. Reichel-Dolmatoff, en el tomo I de Los Kogi, recoge que hay dos arcos iris, hombre y mujer, que se distinguen por el tamaño, siendo la mujer más grande; que a veces aparecen juntos en el cielo y entonces están copulando, y que cuando aparecen así se dice que vendrá pronto el invierno. Es una pareja, no un enviado, y no se menciona al Sol. En el mismo pasaje sitúa al trueno como un gran jefe y señor que coge su machete y tumba los árboles del monte cuando tiene rabia, y al aguacero como una mujer que baila con él.

  3. En Templos kogi, el mismo autor va más lejos y le da otro padre: el dios del Trueno es Kuabángui, y con su mujer, el Aguacero, y sus hijas, el Granizo y el Arco Iris, vive en un cerro alto cerca de la población de San Francisco. Ahí el arco iris no pertenece a la casa del Sol sino a la del Trueno, y es hija y no hijo.

  4. Las tres versiones son de fuentes serias y no dicen lo mismo. Ni se funden ni se elige entre ellas: este dictado hace a Susabanka hijo del Sol y varón, el tomo I hace del arco iris una pareja de dos, y el artículo de 1975 lo hace hija del Trueno. Conviene recordar además que el nombre Susabanka aparece cinco veces en el impreso de 1947 y ninguna en el tomo I, lo que indica que las dos cadenas no están recogiendo el mismo material ni en los mismos años ni con las mismas personas.

  5. Sobre las grafías, una advertencia: el escaneo del tomo I y el del artículo de 1975 pierden y alteran tildes con frecuencia —Kógi frente a Kogi, Séi frente a Sei—, de modo que ninguna palabra en lengua debe fijarse desde ellos. Las formas que esta página usa son las del impreso de 1947, que conserva sus acentos.

  6. Una última precisión sobre lo que este relato no dice: no dice que Susabanka se lleve niños, ni que rapte mujeres para el Sol. Dice que le gusta comer plátano, yuca, malanga y también mujeres, y que les hace hijos.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Kogui (Kággaba) · Magdalena · Caribe
Referencias
8
Última revisión
18 de septiembre de 2026

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Base documental · 3 referencias

  1. Mitología kágaba

    publicaciones.icanh.gov.co

    Publica veintidós relatos kággaba y acredita el narrador de cada uno: «Informador:» aparece veintidós veces, una por mito. Es la fuente de la que salen las grafías del sitio —Kashindukwe, Seiskwisbuche, Naowa, Susabanka— y presenta a los dos narradores con edad, cargo y comunidad: Benito Sontinkama, cabo del mama Julián en el grupo de San Andrés, y Seye Ababi Makó, cabo del mama Ignacio Abiguí de Tucurinca.

  2. Los Kogi: una tribu de la Sierra Nevada de Santa Marta, tomo I

    publicaciones.icanh.gov.co

    El volumen que ninguna ficha citaba, en acceso abierto y con el texto legible. Documenta el territorio, los linajes, la casa ceremonial —que llama «cansamaría», es decir «casa de María»— y nombra a la Madre Gaulchováng, de la que descendían los cuatro Padres del Mundo.

  3. Plan Especial de Salvaguardia del Sistema de Conocimiento Ancestral de los cuatro pueblos de la Sierra Nevada

    mincultura.gov.co

    Expone la responsabilidad Kággaba sobre espacios sagrados, gobierno propio, Ley de Origen y equilibrio territorial desde voces de autoridades de la Sierra.

Contraste y contexto · 5 referencias

  1. Decreto 1500 de 2018 sobre el territorio ancestral de la Línea Negra

    normograma.mincultura.gov.co

    Reconoce la Línea Negra como tejido de espacios sagrados conectado con la Ley de Origen y documenta funciones Kogui de lugares, madres y pagamentos.

  2. Templos kogi. Introducción al simbolismo y a la astronomía del espacio sagrado

    revistas.icanh.gov.co

    Es la fuente más importante que encontré para esta ficha y obliga a matizarla en dos frentes. Primero, el Sol come, y lo alimentan mujeres: al penetrar con sus rayos al templo 'el sol come dos veces al día, como lo hacen todos los hombres', desayuna en un fogón y come en otro hasta llegar al equinoccio, y en los cuatro fogones son las mujeres de los cuatro Señores de las esquinas del universo las que le preparan la comida y lo atienden durante su visita. Eso da respaldo directo al núcleo de la ficha: que haya quien le busque y le lleve alimentos al Sol no es una rareza del episodio, es cómo funciona el Sol. Segundo, el Sol no es fiable: a veces se esconde, otras trata de quemar la tierra, hay eclipses, y por eso los mamas deben llamarle la atención sobre sus fallas y apaciguarlo cuando pone en peligro a la gente; los templos no son observatorios sino 'puestos de control del sol'. Y un dato que tensiona el título heredado: aquí el Arco Iris no pertenece a la casa del Sol, sino que es hija del dios del Trueno Kuabángui, junto con el Granizo, y vive con él y su mujer el Aguacero en un cerro cerca de San Francisco.

  3. The structure that sustains life: nourishment and exchange among the Kogi

    revistatabularasa.org

    Traduce a práctica actual lo que el relato pone en tiempo mítico, y ayuda a que la ficha no presente la entrega de alimentos y personas como una excentricidad antigua. Documenta que se hacen pagamentos al sol, y que el mama convierte lo recogido de la gente en pagamentos a los Padres y Madres espirituales del Agua y los Alimentos para llamar la lluvia, hacer crecer los cultivos, 'impedir que el sol los queme' y prevenir enfermedad. Registra además que mama significa 'sol' y que estos hombres trabajan como el sol, alumbrando y calentando todas las cosas, lo que explica por qué el astro es al mismo tiempo modelo de autoridad y potencia peligrosa. La reciprocidad, muestra el artículo, es en términos kogui un asunto de alimentación mutua.

  4. El jaguar en la literatura Kogi: análisis del complejo simbiótico asociado con el jaguar, el chamanismo y lo masculino

    doi.org

    El capítulo 4 abre con 'Sintana el héroe solar' (pp. 105-117) y reúne el ciclo solar kogui al que pertenece este episodio. Caracteriza a Mulkuexe como el Sol, mama, dueño de mucho oro, 'como un sol pero malo', que quema la tierra o la oscurece y no quiere oír consejo, y a quien Sintana debe aconsejar y castigar: eso da a la ambivalencia solar de la ficha —alumbrar, enfermar, devorar a los muertos— un respaldo narrativo concreto. Aporta además una imagen que es casi el reverso de Susabanka: Enduksama, la estrella Venus, 'sale más temprano que el sol' y 'en su mochila trae bollos de maíz y al mediodía cuando el sol descansa, le da de comer'. Recoge también las esposas del Sol como mujeres míticas que son las constelaciones que debe atravesar en su ruta por el cielo.

  5. Living the Law of Origin: The Cosmological, Ontological, Epistemological, and Ecological Framework of Kogi Environmental Politics

    repository.cam.ac.uk

    Sostiene, con campo reciente, que el Sol kogui es una persona y no una metáfora, lo que permite mantener en la ficha el lenguaje de encargo y obediencia sin pedir disculpas. La sección 3.2.3 'The sun and water' explica que el sol (ñiuwî, Padre Mokuákukui) es una persona con independencia de cómo se le represente, que agua (ñi) y sol (ñiuwî) están emparentados etimológicamente, y que mama significa 'sol' y también 'doble calor', de modo que estos hombres trabajan como el sol. Documenta que el Mama Shibulata convierte confesiones en pagamentos para asegurar que el sol no queme los cultivos, y describe la orientación de los bancos del nuhué respecto a la posición del sol al mediodía del 21 de junio. Sirve para no leer el episodio como astronomía disfrazada.

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«Susabanka, enviado del Sol» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

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EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Susabanka, enviado del Sol» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Susabanka, enviado del Sol» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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