
Pacífico · Africano
La Tunda con el rostro de una madre
Al salir de la escuela, Nelsi sigue a quien parece su madre; sus compañeras descubren que la madre real sigue en casa.
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El relato
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La mamá de Nelsi estaba trabajando esa tarde. Nelsi salió del colegio a las seis, cuando en Tumaco el día ya está cediendo y la luz alcanza apenas para reconocer una cara al otro lado de la calle. Salió con sus compañeras, como todos los días, y las muchachas se fueron caminando juntas por el tramo que comparten antes de repartirse hacia sus casas.
Más adelante, en el camino, Nelsi vio a su mamá.
No era una silueta dudosa ni una sospecha: era su mamá, y estaba ahí, adelante. Nelsi les dijo a sus compañeras que iba a tratar de alcanzarla y se apartó del grupo. Las otras siguieron su camino.
La mujer que iba adelante no se detuvo. Nelsi apuró el paso y la distancia no se cerró. Volvió a apurar y la distancia siguió igual, o se hizo un poco más larga. Cada vez que creía estar a punto de alcanzarla, la figura reaparecía unos metros más allá, sin correr, sin volverse a mirar, sin apurarse tampoco. Entre más caminaba Nelsi, más lejos quedaba la persona que ella creía que era su madre. El camino conocido se le fue alargando por delante.
Las compañeras, mientras tanto, pasaron frente a la casa de Nelsi. Y ahí estaba la mamá. No en la calle, no adelante en el camino, no esperando a nadie: en la casa. Las muchachas se detuvieron y le contaron lo que acababa de pasar, que Nelsi se había separado del grupo porque la había visto a ella.
La mamá salió de inmediato. Recorrió el camino por donde su hija había tenido que pasar, preguntando y llamando, con la luz cayéndose encima.
Cuando la encontró, Nelsi estaba asustada y aturdida. La mujer a la que había seguido ya no estaba en ninguna parte. Nelsi le explicó lo que le había ocurrido: que había visto su cara con toda claridad, que la había seguido sin dudar, y que entre más caminaba más se iba alejando la persona que ella creía que era su madre. Sólo cuando la distancia se volvió imposible entendió lo que le estaba pasando.
Era la Tunda. No se había mostrado con la cara llena de verrugas, ni con la pata de molinillo sonando en el barro, ni con la risa de dientes amarillos que le cambian de color. Le había bastado ponerse el rostro de la persona en la que Nelsi nunca iba a desconfiar, y caminar adelante.

La enseñanza
“Una cara conocida puede ser el señuelo, y la distancia que no se cierra es lo primero que avisa.”
Territorio
Pacífico · Africano
El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.
- Región
- Pacífico
- Comunidad
- Africano
- Referencia
- 6.265° · -77.302°
Ficha del relato
Fuentes
Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.
- Procedencia
- Tradición oral · Africano · Chochó · Pacífico
- Referencias
- 9
- Última revisión
- 22 de septiembre de 2026
Base documental · 3 referencias
- El mito de la Tunda en el imaginario de Tumaco
sired.udenar.edu.co
Contiene, narrada por Mónica Sánchez, la versión que esta ficha cuenta: Nelsi sale del colegio a las seis, cree ver a su madre, se aparta del grupo, no logra alcanzarla, las compañeras encuentran a la madre en la casa y la madre la halla asustada y aturdida. El anexo reúne además las otras formas de la Tunda en Tumaco —cara de la madre o del hermano, mujer hermosa junto a las catangas, anciana con canasto, pollo que crece—, la pata de molinillo, el entunde con camarones que son cucarrones, la genealogía diabólica y la alianza con el Riviel, el descabezado y la bruja.
- Teratología afropacífica: la Tunda y el vocablo de la violencia en la frontera entre Ecuador y Colombia
lalrp.net
Sostiene que la Tunda es una sola a ambos lados de la frontera y que su nombre es también un verbo: entundar, el estado de ensueño y abandono en que queda la víctima, para el que no hay otro vocabulario. Rastrea los registros desde el periodo colonial en Ecuador hasta las etnografías, cuentos y canciones del siglo XX, con Adalberto Ortiz entre ellos, y lee a la criatura como figura de la frontera y del ciclo largo de violencias sobre los niños del Pacífico.
- La Tulivieja, Panama
folklore.usc.edu
Es la pieza que permite separar los dos nombres que el sitio venía fundiendo: registra la Tulivieja como leyenda panameña, contada por una joven nacida y criada en Ciudad de Panamá, con su trama propia —la mujer que ahoga a su hijo, el castigo divino, la cara llena de agujeros, las alas de murciélago, las patas de gallina, el sombrero de tule y los pechos llenos de leche—, sin pata de molinillo, sin entunde y sin suplantación de la madre.
Contraste y contexto · 6 referencias
- Fondo Documental Afro-Andino
uasb.edu.ec
Es el depósito donde está grabada la Tunda del lado ecuatoriano: más de tres mil horas de audio y 1.333 archivos de tradición oral de Esmeraldas y el valle del Chota, recogidos durante más de treinta años entre decimeros, curanderos de culebra, arrulladoras y cuenteros.
- Guía turística del Chocó: mitos y leyendas
cdn.colombia.com
Sirve aquí para delimitar el territorio: su listado de seres del Chocó recoge la Yesca, el Indio de Agua, la Sierpe de Beté, el Duende, el Rivial, la Bruja y la Sirena, y en esa lista la Tunda no figura, lo que respalda situar el relato en el Pacífico nariñense y no en el Chocó, como hacía la ficha heredada.
- La Tunda
bancodecontenidos.mincultura.gov.co
Confirma que la Tunda sigue siendo, en 2017 y en la propia San Andrés de Tumaco, un relato que se cuenta en primera persona: once minutos y cuarenta y nueve segundos en los que una familia tumaqueña narra sus experiencias con el mito.
- Ombligados de Ananse: hilos ancestrales y modernos en el Pacífico colombiano
babel.banrepcultural.org
Aporta el marco del litoral en el que la Tunda es vecina de otros seres: su glosario define el riviel como demonio del litoral Pacífico y su texto describe el uso de la Patasola en las ombligadas de Timbiquí, es decir, seres del monte que intervienen en la vida ordinaria de la gente.
- Cosmograma de la gente negra de Guapi, Colombia: cosmovisión y conocimiento ancestral
doi.org
Dedica un apartado a la Tunda en Guapi: mujer que toma la apariencia de un familiar o conocido, desvía a la persona de su camino y se la lleva al monte, donde vive; se la reconoce porque una pierna es de niño y la otra un molinillo de madera. Registra que se la invoca contra los niños que se meten al monte o desobedecen y contra los hombres infieles, trasnochadores o borrachos; que para rescatar al entundado van al monte los padrinos llamándolo por su nombre mientras otros rezan, dicen groserías o tocan instrumentos, a veces con el cura; y trae dos testimonios de 2017: el del que camina todo el día y vuelve a pasar por el mismo sitio sin darse cuenta, y el de una niña hallada sujeta en una mesa comiendo camarón, «porque la Tunda los pone a comer camarón», que quedó muda unos diez días. Cita además la quebrada de la Tunda del barrio San Pablo, donde una mujer bonita y mal peinada con pata de palo cantaba «tundu, tundu, tundu» y echaba camarones en un canasto, y la definición de Yacup (1990).
- «Te daré una Tunda», Editorial UArtes presenta libro de Ibsen Hernández
uartes.edu.ec
Presenta el libro con que el educador afroecuatoriano Ibsen Hernández Valencia relee a la Tunda como «Tunda libertaria»: una cimarrona que se hizo montaraz, invitaba a sus hermanos a meterse a la montaña a construir palenques y fue satanizada por la sociedad dominante y la Iglesia; lee la pata de molinillo como la mutilación que le hizo el opresor. Es la lectura emancipadora de la figura que la ficha resume al hablar de la cadena de violencias que va de la esclavización al reclutamiento.
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Conversación
¿Así te la contaron?
«La Tunda con el rostro de una madre» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.
Versiones de este mito
0Ejemplo
No es realMi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.
Así se ve una versión publicada. De «La Tunda con el rostro de una madre» todavía no hay ninguna.
Todavía nadie ha dejado la suya. «La Tunda con el rostro de una madre» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.
- Qué cambió
- El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
- Dónde la oíste
- Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
- Quién la contaba
- Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.








