
Pacífico · Africano
Ananse en el campanario
Ananse come las hostias que debía cuidar, sube al campanario y usa su voz para escapar de una condena.
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En el Chocó la araña no se mata. Quien la aplasta con el sombrero se echa encima años de mala suerte, porque esa araña tiene nombre y el nombre es Anansi. Saca de su propio cuerpo el hilo con que construye la casa donde vive y donde consigue la comida. Camina sobre el agua del río y sobre el agua del mar, y los niños que quieren hacer lo mismo se zambullen al mediodía y a medianoche y le piden prestado ese poder.
Anansi tuvo alguna vez un oficio en la iglesia. Era la sacristana: abría, cerraba, preparaba lo que el cura necesitaba para la misa y guardaba las hostias. Las hostias estaban a la mano y ella se las fue comiendo. No una vez. Varias. Cuando el faltante se hizo evidente ya no había manera de disimular quién se las había comido.
La sentencia fue la muerte. Contra eso no servían los hilos ni el tamaño pequeño ni la costumbre de escaparse por las rendijas: había un castigo dictado y un pueblo enterado. Anansi hizo entonces lo único que todavía estaba a su alcance. Subió a la torre más alta de la iglesia, se metió entre las campanas y empezó a repicarlas.
El pueblo se juntó abajo a oír por qué repicaban las campanas a deshora. Y desde arriba bajó una voz delgadita que anunciaba desastres: si Anansi muere, se acaba el mundo, la candela se apaga para siempre y la gente también se acaba.
El cura salió a mirar quién estaba tocando. Levantó la cara hacia la torre y no vio a nadie. Anansi era tan liviana y tenía un cuerpo tan chiquito que se perdía entre el bronce y la madera. Al no encontrar cuerpo para aquella voz, el cura entendió que la voz venía del cielo y que un aviso así no se desoye.
La multitud pidió que no la mataran. La condena quedó suspendida, pero con una condición dicha en voz alta delante de todos: que Anansi dejara las malas mañas y se pusiera a trabajar.
Anansi bajó viva de la torre. No la absolvieron: le aplazaron el castigo. Se había comido lo que estaba encargada de cuidar y eso no se deshizo con el repique. Lo que hizo fue más pequeño y más exacto: mirar qué estaban dispuestos a creer los que la iban a matar, encontrar el punto donde nadie podía verla y hablar desde ahí.

La enseñanza
“Un cuerpo pequeño y una voz bien colocada bastan para aplazar una sentencia que parecía definitiva.”
Territorio
Pacífico · Africano
El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.
- Región
- Pacífico
- Comunidad
- Africano
- Referencia
- 5.16054° · -76.68397°
Ficha del relato
Fuentes
Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.
- Procedencia
- Tradición oral · Africano · Chochó · Pacífico
- Referencias
- 10
- Última revisión
- 22 de septiembre de 2026
Base documental · 3 referencias
- Ombligados de Ananse: hilos ancestrales y modernos en el Pacífico colombiano
babel.banrepcultural.org
Reproduce textualmente el relato que Don Pío Perea, director de la Defensa Civil en el Chocó, le contó a Nina S. de Friedemann: Anansi sacristana, las hostias comidas, la condena a muerte, el repique en la torre, la voz delgadita, el cura que no la ve y la condena suspendida con la condición de trabajar. Añade la oración de Anansi para andar sobre el agua, la prohibición de matar a la araña en el alto Baudó y la ombligada con Araña.
- Oralidad y escritura en la isla de San Andrés
scielo.org.co
Fija los nombres con que la araña circula en el archipiélago —Anancy, Nansi, Anansi, Old Anancy, Bredda Anancy, Hemano Nansi— y registra que las Historias de Anancy se hicieron para ser contadas, cantadas y actuadas por los abuelos, y que en ellas se narran África, la esclavitud y el presente de las islas.
- La diáspora akán: los cuentos de Anancy en Limón y el Caribe colombiano insular
dialnet.unirioja.es
Traza la ruta por la que el personaje llegó a Colombia: los akán del sur de Ghana y las zonas vecinas de Costa de Marfil y Togo, la lengua twi, la atribución de los cuentos de la araña a los asante, las compañías navieras inglesas, Jamaica como plataforma de distribución y el desembarco en el archipiélago de San Andrés, Vieja Providencia y Santa Catalina.
Contraste y contexto · 7 referencias
- Las cuentistas de hoy en La Guajira, San Andrés y Providencia y El Chocó
redalyc.org
Describe el corpus isleño: los veintidós relatos de Lolia Pomare Myles publicados en «Anancy Stories. Cuentos de Anancy» (Fabio Eusse, ed., Fondo Mixto para la Promoción de la Cultura y las Artes del Archipiélago, 2001), en los que Anancy aparece siempre con el hermano Tigre y no siempre sale bien librado, y las compilaciones que Bill y Cathy Washabaugh hicieron en Vieja Providencia en los años setenta.
- La araña Ananse, ancestro presente en el cuento «Betsabelina Ananse Docordó»
revistas.udea.edu.co
Muestra que Ananse sigue viva como referencia en la escritura chocoana contemporánea y que se la asocia con el vínculo ancestral, el nacimiento y la continuidad de la africanía; se apoya expresamente en Arocha 1999.
- Criollo sanandresano (ficha de lengua)
lenguasyliteraturasnativas.caroycuervo.gov.co
Documenta la lengua en la que se cuentan los Anancy stories: población raizal del archipiélago, base lexical inglesa del criollo, y la sectorización lingüística de San Andrés descrita por Marcia Dittmann tras la declaratoria de puerto libre de 1953.
- Cultura del litoral Pacífico: todos los mundos son reales
babel.banrepcultural.org
Sitúa la pluralidad de mundos y de memorias del litoral en la que se mueve el Anansi chocoano, y es del mismo autor que, con Friedemann, publicó en 1991 el relato de Pío Perea.
- Anancy y el tigre en la literatura oral afrodescendiente
revistas.javeriana.edu.co
Rastrea a Anansi desde la cultura akan —donde Kuaku Anansi es la persona de Nyame que teje el universo— hasta el Gran Caribe, y dice expresamente que su presencia llega hasta el Pacífico colombiano. Registra la variedad de nombres (Hermano Araña, Breda Nansi, Anancy, Ananse, Aunt Nancy, Ti Malice, Nansi), el par araña débil y astuta frente al Hermano Tigre fuerte y torpe, la fórmula jamaicana de Jack Mandora con que el narrador se descarga de la historia, y transcribe como «Ejemplo 1. Pacífico colombiano» el cuento «Hermano tigre, hermano Anancy y el pescado frito», en el que Anancy salva a su familia subiéndola a un árbol de calabaza y hiere al Tigre.
- Los cuentos de Anancy: huella indeleble de una tradición akán
archivo.revistas.ucr.ac.cr
Compara la estructura —personajes, escenarios, tono, conflictos y temas— de un corpus de ciento cincuenta cuentos de Anancy reunidos en 2001 en San Andrés, Providencia y Santa Catalina y en Limón, con cuentos jamaiquinos y tres relatos akán de referencia. Su tabla enumera los relatos isleños escritos por Lolia Pomare («El muñeco de brea», «Anancy le hace una jugarreta a Tigre», «Hermano Tigre, Hermano Anancy y el pescado frito», «Anancy y Tigre utilizan los servicios de Mico como juez», entre otros) y muestra cómo el narrador sitúa la acción en Jamaica, San Andrés, Providencia o aldeas ghanesas.
- Formaciones de alteridades e identidades desde el Caribe insular: memorias y huellas de africanía en San Andrés Islas
ojs.ufgd.edu.br
Recoge en entrevistas con raizales de San Andrés cómo se nombra a Anansi en la memoria isleña: personaje vinculado a las huellas de africanía tanto en el Caribe como en el Pacífico afrodescendiente, héroe de la Costa de Oro que con su inteligencia vence la fuerza del Tigre, y figura «contraelite» de estilo criollo, rebelde frente a la respetabilidad de cuño británico; sigue en esto a Nina S. de Friedemann, «Religión y tradición oral en San Andrés y Providencia» (1989).
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Voces de la comunidad
Conversación
¿Así te la contaron?
«Ananse en el campanario» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.
Versiones de este mito
0Ejemplo
No es realMi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.
Así se ve una versión publicada. De «Ananse en el campanario» todavía no hay ninguna.
Todavía nadie ha dejado la suya. «Ananse en el campanario» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.
- Qué cambió
- El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
- Dónde la oíste
- Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
- Quién la contaba
- Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.


