
Amazonas · Mixto
Taife
Una anciana visita a los niños cuando sus padres están lejos; un bastón comestible, una cueva y el humo de ají cambian el peligro.
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El relato
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Mientras las madres trabajaban en la chagra, los niños se quedaron solos en la casa. Jugando, llamaron a los duendes que vivían en la cueva de abajo. No lo decían en serio.
Pero los duendes no estaban lejos, y acudió una. Era una vieja taife que venía apoyada en su bastón. Tenía los ojos rojos, las manos horribles y unas uñas largas como cucharas.
—Ustedes me llamaron —dijo—, por eso vine.
Mandó amontonar leña debajo de ella, se tendió en una hamaca sobre el fuego y dejó el bastón a su lado. Antes de dormirse les encargó una cosa: si volvían las madres, que la despertaran golpeándole la canilla.
Roncó toda la tarde, y en los ronquidos a los niños les pareció oír el nombre de su padre. Al oscurecer se oyeron voces en el camino. Le golpearon la canilla con un leño hasta que se levantó. Les prohibió contar nada, agarró el bastón y se fue corriendo, y se llevó el carbón, de modo que el sitio donde se había calentado quedó limpio.
Las madres fueron por leña para el casabe y no encontraron ni una astilla. Regañaron a los niños, pero ellos callaron.
Al día siguiente la vieja regresó. Quería calentarse otra vez; hacía mucho que no se calentaba. Ahora prohibió que tocaran su bastón. Cuando empezó a roncar, un niño lo rasguñó con la uña y lo probó. Era sabroso. Todos probaron.
Esa tarde una madre le pegó a su hijo con una vara, y otro niño lo contó todo: cómo era la abuela, con sus ojos rojos y sus piernas brillantes, y que su bastón sabía a ñame. Los padres ordenaron hacerle muescas.
La vez siguiente, mientras dormía, le marcaron el bastón de punta a punta con el filo de una concha. Al despertarla, se apoyó en él y se partió. Cayó, se levantó, volvió a caer, hasta que botó el último pedazo y siguió rodando por el suelo. La gente de Moneiyu Jurama recogió los trozos y se los comió contenta. Aquel bastón era su insignia.
La vieja volvió a preguntar quién se había comido la punta y quién cada pedazo. Oyó las respuestas sin enojo y se marchó.
Pasó un día tranquilo. Al otro apareció con una vara de ortiga y persiguió a los niños de casa en casa. Ellos creían que era un juego. En la última casa puso un canasto de bambú en la puerta, entró por detrás y los empujó con la ortiga. Los niños saltaron y quedaron presos, heridos en las tiras. Ella se echó el canasto a la espalda. Uno solo se agarró de un amarre y subió a la cumbrera, y desde allí la vio perderse en una cueva en medio del llano.
Los padres siguieron el rastro hasta la entrada. Amontonaron ají, le prendieron fuego y echaron el humo adentro. Tosiendo, los duendes huyeron por la otra boca, donde la gente había tendido una red: salían convertidos en guara, en armadillo, en boruga, y allí los mataban. A uno lo amarraron para que dijera cuántos quedaban; cuando por fin abrió la boca, el hedor hizo desmayar a todos.
Dejaron pudrir aquellos animales, porque eran duendes. Al caer el sol pasaron dos sobrevivientes cargando sus cosas. Se iban, dijeron, porque su morada, Juiyama Zíkikai, había sido quemada.

La enseñanza
“Lo que se llama en broma puede venir en serio y cobrar después lo que se le quitó.”
Territorio
Amazonas · Mixto
El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.
- Región
- Amazonas
- Comunidad
- Mixto
- Referencia
- -1.2° · -71.8°
Ficha del relato
Fuentes
Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.
- Procedencia
- Tradición oral · Mixto · Amazonas
- Referencias
- 8
- Última revisión
- 22 de septiembre de 2026
Base documental · 3 referencias
- Religión y mitología de los uitotos, segunda parte, cap. 11 «Damagida igai — La vieja de la luna y otras figuras», §12-50
repositorio.unal.edu.co
Es el texto del relato, en las pp. 262-272: los niños que llaman en broma a los duendes de la cueva, la vieja de ojos rojos que duerme en la hamaca sobre el fuego y pide que la despierten golpeándole la canilla, el bastón que sabe a ñame, las muescas hechas con una concha, la gente de Moneiyu Jurama que se come los pedazos, la vara de ortiga y el canasto de bambú, el niño en la cumbrera, el humo de ají, la red, los duendes vueltos guara, armadillo y boruga, y los dos sobrevivientes que se van porque quemaron su morada, Juiyama Zíkikai. La nota 2 de los traductores explica que janai o taife son los espíritus del monte y que Preuss confundió la palabra con la de luna llena; el diccionario del anexo da taife como «duende, fantasma». En el mismo capítulo, §1-2, está el episodio de Damagida que se lame la cahuana de los niños solos, citado en similitudes.
- La ortiga «jakɨaɨ-yorebai»: uso y manejo tradicional del clan «eimenɨ» de La Chorrera (Amazonas)
repositorio.upn.edu.co
Trae, en las pp. 50-51, la versión contemporánea del mismo relato como «mito del taɨfe», que el autor glosa como la madre monte: los niños cortan el canasto y un bejuco que era lombriz y parten el bastón mientras la abuela duerme; meses después ella vuelve con un canasto forrado de ortiga yorebai, llena de ortiga la puerta de la maloca, persigue a los niños picándolos y se los lleva a un hueco; dos niños se salvan colgándose del palo de la puerta. Anota también el consejo que se desprende del mito: no dejar a los niños solos en la casa.
- Religión y mitología de los uitotos, primera parte, cap. III «Análisis de los mitos»
repositorio.unal.edu.co
En las pp. 116-118 resume el episodio y lo interpreta: llama a la anciana «luna llena (taife)», lee su sueño de día, el fuego debajo, el bastón comestible y el rodar tras romperse como fases de la luna, y ve en la muerte de los suyos en la cueva el perecimiento lunar. Es el origen de la lectura lunar que arrastraba el título.
Contraste y contexto · 5 referencias
- Mitología y cultura huitoto, «III. Origen de los Huitotos» y «Nofuieni: ser superior (mito de la luz)»
acervo.socioambiental.org
Muestra otros usos del nombre. En la p. 221, cuando la primera gente sale de un hueco de la tierra, el Taife-Demonio es demasiado grueso para pasar y queda adentro, aunque otros taifes sí salen al mundo. En la p. 195, en el tiempo de tinieblas anterior al sol, dice que los diablos, los taifes, llamaban a los niños y se los comían. Confirma que taife nombra a una clase de seres peligrosos para los niños, no a un solo personaje.
- La yuca como patrimonio culinario ancestral del pueblo uitoto de la Amazonia colombiana
cipres.sanmateo.edu.co
Recoge una comunicación personal de Jitoma Zafiama (2020) sobre el origen: el Taife-Demonio no pudo salir del hueco por ser muy grueso, pero hubo taifes más pequeños que salieron y andan por el mundo haciendo mal. Es la prueba de que la figura sigue viva en la memoria actual con ese carácter.
- Reseña de Mitología y cultura huitoto, de Lino Tagliani
publicaciones.banrepcultural.org
Advierte que los relatos de Tagliani vienen de estudiantes uitotos del centro educativo Mama-Bué en Cuemaní y de la revista Amazonía Peruana (nº 7, 1976), y que no corresponden a las versiones establecidas desde Preuss: «versiones de no iniciados». Sirve para pesar el Taife de Tagliani frente al de Preuss y el de Francisca Corsino.
- Pueblo Murui
colecciones.icanh.gov.co
Sitúa al pueblo que cuenta este relato: murui, «gente del occidente», y muinane, «gente del oriente», también llamados uitotos, gente del tabaco, la coca y la yuca dulce, con territorio en el Caquetá, el Putumayo, el Igaraparaná y el Caraparaná, y variedades como mika, minika, búe y nipode. Da el marco de la maloca, la chagra y el casabe en que ocurre la historia.
- Grimms' Fairy Tales: Hansel and Gretel
gutenberg.org
Niños sin la protección de sus padres, una vieja que quiere comérselos, un alimento que atrae y un fuego que termina contra ella: el paralelo citado en similitudes, con la dirección invertida, porque aquí es la vieja la que entra al poblado y la gente la que se come su bastón.
Voces de la comunidad
Conversación
¿Así te la contaron?
«Taife» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.
Versiones de este mito
0Ejemplo
No es realMi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.
Así se ve una versión publicada. De «Taife» todavía no hay ninguna.
Todavía nadie ha dejado la suya. «Taife» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.
- Qué cambió
- El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
- Dónde la oíste
- Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
- Quién la contaba
- Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.








