Pedro y Tomás Dimales

Pacífico · Nasa - Paeces

Pedro y Tomás Dimales

Pedro ofrece ayudar a Tomás, pero siembra todo el maíz en un hueco, corta el cultivo e intenta convertir a su hermano en piedra.

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Pedro y Tomás Dimales: la entrada del relato

El relato

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Tomás era bueno y por eso recibía a Pedro cada vez que iba. Pedro llegaba a la casa, se arrimaba al fogón y decía que venía a ayudarle a trabajar. Y por unos días lo hacía bien.

Una vez Tomás le mandó a sembrar maíz. Le entregó la semilla y le mostró la roza, la ladera limpia, esperando el agua. Sembrar maíz ahí es sencillo y es largo: se hunde el bastón en la tierra, se echan seis o siete granos en el hueco, se cierra con el pie, se da paso y medio y se vuelve a hundir el bastón, y así toda la ladera, entre varios, desde que aclara hasta que el sol pega duro.

Pedro lo sembró. Abrió un hueco, uno solo, y echó adentro toda la semilla. Cerró la tierra con el pie y se devolvió con la jigra vacía. Dijo que ya estaba.

Otra vez fue a desyerbar el maíz. Para entonces la mata ya había levantado y la hierba le disputaba el suelo entre surco y surco. Bajó con la peinilla. Su labor fue únicamente cortar el maíz. Dejó la hierba en pie y la ladera regada de cañas tumbadas, verdes todavía, con la mazorca sin hacer.

En otra ocasión Pedro andaba enojado con Santo Tomás. Llegó a donde él y se le paró enfrente. Lo miró un rato antes de hablar.

—Usted parece una piedra —le dijo.

No lo decía por decir. La intención era volverlo piedra ahí mismo, delante de la casa, y dejarlo así. Pero como Tomás era Santo, no logró su propósito. Tomás siguió siendo Tomás, con el frío de la tarde encima y el humo saliendo por la paja del techo.

Y la palabra se le cayó a Pedro sin hacer nada, como una piedra pequeña que rueda ladera abajo y no arrastra ninguna otra. Se quedó ahí parado, enojado, delante de un hombre que no era una piedra.

Pedro y Tomás Dimales: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Obedecer al pie de la letra puede arruinar justo aquello que se prometió cuidar.”

Territorio

Pacífico · Nasa - Paeces

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El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Pacífico
Comunidad
Nasa - Paeces
Referencia
2.63901° · -76.019°

Ficha del relato

Contexto histórico

El cuento se publicó en 1953 en el artículo de Segundo Bernal Villa «Mitología y cuentos de la parcialidad de Calderas, Tierradentro», en la Revista Colombiana de Antropología, hecho desde el Instituto Etnológico Nacional. Lo narró Guillermo Guagás, de treinta y cinco años, de quien Bernal anota que no sabía castellano; el paso a la lengua en que hoy se lee lo hizo Marco Antonio Penkue, intérprete mestizo de San Andrés, de unos treinta y cinco años, que dominaba el páez y el castellano. Conviene no perder de vista esa cadena: un hombre que no hablaba castellano contó en nasa yuwe una historia que sólo existe impresa en castellano.

Bernal advierte en su introducción algo que esta página no puede ignorar: llama la atención, escribe, que en algunos relatos el personaje pícaro no sea Tomás, que es Santo, sino Pedro Dimales, su hermano. El reparto de papeles no está fijo en Calderas. La entrada «Santo Tomás», narrada por Agustín Muse, describe a Tomás como muy pícaro y muy feo, capaz de convertir en piedra a quien murmurara; «Piedra Alta», de Vicente Puchi, en cambio, los presenta de entrada como malo aquél y bueno éste. La edición conserva esa contradicción en vez de escoger un bando y ordenar el ciclo.

Los dos trabajos fallidos sólo se entienden con la técnica documentada. En «Economía de los Páez», de 1954, Bernal describe la siembra del maíz en Tierradentro: huecos abiertos a bastón cada metro y medio, seis o siete granos en cada uno, deshierba a los tres meses, descalce a los seis, y todo en minga, es decir, con trabajo convocado y devuelto entre vecinos. Echar toda la semilla en un hueco y cortar el maíz al desyerbar son exactamente las dos inversiones de ese procedimiento, y arruinan además el trabajo de los demás. En «Medicina y magia entre los paeces», del mismo año, Bernal documenta que los brujos hacen perder las sementeras enterrando huevos, sal o maíz y chamuscando la labranza: la destrucción de un cultivo bajo apariencia de otra cosa era una preocupación viva en la misma parcialidad.

Los nombres son de origen cristiano o mestizo, como observó Elías Sevilla Casas en 2007 al enumerar las figuras de esa clase en la colección de Calderas, junto a María Santísima y Santo Tomás, y en la parcialidad trabajaban misioneros lazaristas desde 1905. La compilación de Eugenia Villa Posse de 1993 reproduce el texto y acredita su procedencia, sin añadir testimonio propio.

Resonancias con otros mitos

Dentro del corpus de Calderas, el paralelo evidente es la palabra que vuelve piedra. En “La casa de fiesta petrificada”, un niño harapiento a quien le niegan comida dice que ve piedra y la casa entera se petrifica, con las ollas cayéndose todavía; ese niño era Santo Tomás. En “Las piedras de Chaikin”, Chautéh convierte en piedra a dos mujeres que no le regalaron caña. En “Santo Tomás”, el hermano de María petrifica a quien murmura y deja sembrado de riscos y peñas el mundo. Aquí ocurre lo contrario, y por eso resalta: Pedro pronuncia la misma clase de frase, con la misma intención declarada, y el otro sigue siendo un hombre. La diferencia no está en las palabras sino en quién las dice.

El segundo paralelo es “Piedra Alta”, con estos mismos dos hermanos recorriendo los linderos de la Muralla, donde una peña sí se levanta cuando alguien señala el sitio. Leídas una junto a otra, las dos entradas muestran el ciclo entero: los hermanos ensayan sobre el paisaje, y a veces el paisaje obedece.

“El mar” agrega la forma de competencia que falta aquí: una prueba pactada, con aviso previo, en la que Pedro hace bien lo que le toca y detiene un río hasta volverlo mar. Frente a esa entrada, el Pedro que echa toda la semilla en un hueco no puede leerse simplemente como un incapaz.

No se propone aquí ningún parentesco con los tricksters de otras literaturas. El expediente no aporta fuente comparativa, y sin ella la etiqueta explicaría menos que el maíz cortado con peinilla en una ladera de Calderas.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. Tres entradas del mismo artículo tratan a los hermanos, y cada una viene de un narrador distinto. Esta la contó Guillermo Guagás, de treinta y cinco años, que no sabía castellano. “El mar” y “Piedra Alta” las contó Vicente Puchi, de cincuenta y seis, que sí hablaba castellano. “Santo Tomás” la contó Agustín Muse, y trae además una modalidad de Corpus Guagás, de dieciocho años. Marco Antonio Penkue tradujo casi todas; “La casa de fiesta petrificada”, donde el niño harapiento que petrifica una casa resulta ser Santo Tomás, la tradujo Avelino Penkue.

  2. Lo que cambia entre esas entradas es de peso. En “El mar”, Tomás propone una prueba: él sacaría un río y Pedro se encargaría de atajarlo, con aviso de por medio, y cuando va a verlo encuentra el mar en el punto donde Pedro había detenido las aguas. En “Piedra Alta”, Calderas era plano y una gran peña se levanta cuando uno de los dos señala el sitio; el impreso deja ambiguo cuál de ellos señaló. En esta entrada, en cambio, la palabra de Pedro no consigue nada: quiere volver piedra a Tomás y no puede. Que la misma clase de acto funcione en un cuento y fracase en otro es parte del material, no un error que haya que conciliar.

  3. Bernal escribió además que Chaute y Santo Tomás se identifican y forman en realidad un solo ser, lo que enreda todavía más el ciclo: “Las piedras de Chaikin” atribuye a Chautéh la petrificación de dos mujeres que no le regalaron caña, y “La casa de fiesta petrificada” atribuye a Santo Tomás una petrificación casi idéntica.

  4. El Relato se queda en el cuento de Guillermo Guagás. La edición anterior le incorporaba el río y el mar de “El mar” y la peña de “Piedra Alta”, con lo que le prestaba a esta página episodios de otro narrador y de otro intérprete; aquí esos episodios se dejan en sus propias páginas y sólo se nombran desde fuera del Relato.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Nasa - Paeces · Cauca · Pacífico
Referencias
10
Última revisión
17 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Mitología y cuentos de la parcialidad de Calderas, Tierradentro

    revistas.icanh.gov.co

    Publica veintiséis relatos recogidos en Calderas con nombres de informantes, intérpretes y variantes diferenciadas.

  2. Mitos y leyendas de Colombia, tomo I

    flacso.edu.ec

    Reproduce el corpus de Bernal, acredita su procedencia y advierte que contiene varias versiones y modalidades de una misma narración.

  3. Lenguas nasa yuwe y namtrik

    mng.mincultura.gov.co

    Describe lengua, territorio, organización, héroes, trabajo de la tierra y cosmogonía desde bibliografía y procesos educativos contemporáneos.

Contraste y contexto · 7 referencias
  1. Somos el pueblo nasa de la Çxhab Wala Kiwe

    nasaacin.org

    Perfil del pueblo nasa escrito por su propia organización: ley de origen, territorio, lengua nasa yuwe, cabildos y los tejidos de educación, salud, justicia y comunicación, con los hitos del proceso organizativo.

  2. Plan de Vida de la Asociación de Autoridades Ancestrales Indígenas Nasa Çxhãçxha

    tierradentro.co

    Voz organizativa de los diecisiete resguardos nasa del municipio de Páez, en Tierradentro, que define su plan de vida como un proceso colectivo de reflexión y acción fundado en el pensamiento propio.

  3. Territorio ancestral del pueblo Nasa entre el riesgo y la resistencia

    cric-colombia.org

    Sitúa Tierradentro como territorio ancestral Nasa y vincula memoria, autonomía, Juan Tama y defensa comunitaria.

  4. Nidos de lengua y revitalización del nasa yuwe

    scielo.org.co

    Explica la relación entre lengua, territorio, señales, sueños, naturaleza y los tres espacios del mundo Nasa en procesos educativos actuales.

  5. Economía de los Páez

    revistas.icanh.gov.co

    Describe la siembra correcta del maíz en Tierradentro, con huecos abiertos a bastón cada metro y medio, seis o siete granos en cada uno, deshierba a los tres meses y descalce a los seis, todo en minga: exactamente lo que se invierte al echar toda la semilla en un hueco y cortar el maíz al desyerbar.

  6. «Los animales mágicos de Tierradentro», ¿magia de quién?

    repository.icesi.edu.co

    Nombra a Pedro y Tomás Dimales entre las figuras de origen cristiano o mestizo de la colección de Calderas, junto a María Santísima y Santo Tomás, lo que confirma la lectura sincrética del ciclo.

  7. Medicina y magia entre los paeces

    revistas.icanh.gov.co

    Documenta que los brujos hacen perder las sementeras enterrando huevos, sal o maíz y chamuscando la labranza, la misma destrucción encubierta bajo apariencia de ayuda que ejecuta el hermano travieso.

Voces de la comunidad

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¿Así te la contaron?

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«Pedro y Tomás Dimales» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Pedro y Tomás Dimales» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Pedro y Tomás Dimales» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

TÚ

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