
Andina · Muiscas
Nompanem
El cacique de Iraca recibe al viajero Sadigua, aprende a entregar el poder y recupera el bastón con una certeza menos cómoda: nadie gobierna solo.
Leer el relato
El relato
Nompanem gobernaba el valle de Iraca cuando llegaron voces desde Ganza: un hombre de manta larga, con la señal de la cruz hecha en la cabeza y en los brazos y un bordón de macana en la mano, enseñaba a hilar el algodón y a tejer mantas en los pueblos del norte. Lo llamaban con tres nombres: Sadigua, nuestro pariente y padre; Sugumonxe, el santo que se hace invisible; Sugunsua, el que se desaparece.
Nompanem no salió a buscarlo. Esperó a que el viajero entrara en el valle y, en un puesto llamado Otga, salió a su encuentro con toda su gente. Lo recibió con acatamiento, le ofreció alimento y un lugar donde descansar.
—Dicen que traes cosas que nos faltan —le dijo.
El viajero no pidió el mando. Durante días habló de un cielo que premia y de un castigo que espera a quien hace daño; del hilo que se vuelve más parejo si se devana con paciencia; del trabajo que ninguna familia alcanza a terminar sola. Nompanem observó los cambios. Las mantas alcanzaron para el intercambio y los caminos volvieron a usarse sin tantas disputas.
Una mañana llevó su bastón al centro del encuentro y lo dejó frente al visitante.
—Hazte cargo —le pidió—. Si sabes ordenar mejor que yo, no debo conservar el puesto solo por llevarlo.
El viajero lo miró.
—Lo que se enseña debe guardarse voluntariamente y con buen corazón —respondió—, no con rigores de este mundo.
Y aceptó el bastón. No transformó el valle de un día para otro: preguntó quién conocía el agua, quién tejía, quién recordaba los acuerdos y quién podía hablar por cada población. Devolvió tareas a muchas manos. Hubo desacuerdos; algunas decisiones tuvieron que corregirse.
Cuando decidió marcharse, reunió a la comunidad cerca de Iza. Nompanem creyó que elegiría a otra persona.
Pero Sadigua le devolvió el bastón.
—Gobernar no es tener todas las respuestas —dijo—. Es aprender a quién preguntar y devolver a la gente una parte de cada decisión. Eso ya lo sabes tú.
Nompanem miró el bastón. Parecía el mismo; pesaba de otra manera.
El viajero apoyó un pie sobre una roca y se desapareció, que nunca más lo vieron. En la piedra quedó estampada su huella, y las mujeres que esperan un hijo van a Iza a rasparla y a beberla en agua, porque dicen que el parto llega en su tiempo.


La enseñanza
“El poder que se entrega para aprender regresa a manos que ya saben soltarlo.”
Territorio
Andina · Muiscas
El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.
- Región
- Andina
- Comunidad
- Muiscas
- Referencia
- 5.612053° · -72.979021°
Contexto histórico
La noticia más antigua está en la crónica de fray Pedro Simón (1627). En el valle de Tunja se recordaba que, en tiempos de un cacique llamado Nompanen, hacia cuatro edades, llegó un hombre del mismo talle y vestido que el predicador de Bogotá, enseñó muchas cosas buenas y se perdió en Iza. Simón lo describe con la señal de la cruz y un bordón de macana, y anota los tres nombres que le daban en la provincia: Sadigua, Sugumonxe y Sugunsua. El relato llega mediado por la mirada evangelizadora: Simón lee el episodio como rastro de una predicación cristiana y atribuye al demonio la confusión posterior.
El cacique de Sogamoso era autoridad de un valle sagrado. Según Simón, los demás caciques fueron a visitar al predicador a una cueva de Ganza, pero el de Sogamoso, por ser superior, no salió a verlo hasta que el hombre entró en el valle y llegó a Otga; allí Nompanen salió con toda su gente y lo recibió con gran acatamiento. El detalle define el protocolo de quien se sabe mayor entre los suyos y se inclina ante la enseñanza. El predicador enseñó a hilar algodón y a tejer mantas, y al cacique le respondió que las normas se debían guardar voluntariamente y con buen corazón, no con rigores de este mundo. Esa respuesta es el núcleo documentado del aprendizaje de Nompanem.
Tras la desaparición en Iza, el Sogamoso publicó que el predicador lo había dejado por heredero de toda su santidad, con la misma facultad de hacer llover o enviar heladas. Así se consolidó la autoridad sacerdotal del Iraca: el valle se volvió tierra santa, su templo se llenó de ofrendas y la memoria convirtió al cacique en heredero del maestro ausente. Simón, escéptico, llama embustes a los medios del Sogamoso; la fuente temprana no confirma una cesión formal de gobierno.
Esa cesión completa pertenece a una síntesis del siglo XX reproducida por Villa Posse, que compara el episodio con Saturno en el Lacio y su Edad de Oro. La ficha anterior heredó ese paralelo y la moraleja productivista. El canon conserva la hospitalidad, la enseñanza y la herencia de autoridad, y mantiene fuera la lectura cristiana de la felicidad y la perfección retrospectiva.
Otras versiones y matices
Variaciones, precisiones y límites documentales para quien quiera profundizar.
- 01
Simón conserva la versión de Tunja: el predicador llega primero a Ganza, en un sitio llamado Toyú, donde pasa tres días en una cueva y recibe en orden a los caciques de Gámeza, Busbanza, Socha, Tasco, Tópaga, Monguí, Tutasá, Pesca, Tota y otros, que según el orden de visita ganaban antigüedad. El de Sogamoso no sale hasta Otga, donde lo recibe Nompanen con toda su gente. Enseña, aconseja guardar las normas con buen corazón y sin rigores, y desaparece en Iza dejando una huella en la piedra. Después el cacique pone penas: muerte para quien mate; azotes e infamia para el mentiroso, el ladrón y el que quite la mujer ajena. Lo hereda su hermana Bumanguay; su sucesor conmuta las penas en oro y mantas.
- 02
La misma crónica recoge la tradición de Bogotá para la misma figura, llamada allí Chimizapagua o Nemterequeteba, que remedió la gran necesidad de agua de los bogotanos. Villa Posse defiende que son dos personajes superpuestos: el predicador (Sadigua en Tunja) no es Bochica, dios del cielo del diluvio, ni puede llamársele deidad; fue un varón virtuoso divinizado después. Esa lectura separa lo que otras narraciones fusionan.
- 03
La síntesis de 1940 reproducida por Villa Posse convierte el episodio en una Edad de Oro: Nompanem recibe a Bochica con honores, le ruega comunicar su sabiduría y lo induce a asumir el mando; Bochica organiza el gobierno y las leyes y, antes de desaparecer, devuelve los poderes a Nompanem en Iza, ante innumerable concurrencia, consagrándolo sucesor en la nueva era. La comparación con Saturno y el rey Latino pertenece a ese autor moderno.
- 04
Villa Posse sugiere además que el título honorífico Idacansás pudo aplicarse a Nompanem, inaugurando la dinastía de los hijos del Sol de Sogamoso. Esta ficha respeta la atribución local de Tunja: el visitante se llama Sadigua en el encuentro, sin fundir el ciclo de Iraca con el de Bogotá.
Procedencia
Recopilado de la tradición oral de Muiscas, Andina · Andina > Varios > Muiscas.
Cómo documentamos cada relatoFuentes y revisión editorial
Esta ficha cuenta con referencias de contraste publicadas. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.
- Noticias historiales de las conquistas de Tierra Firme en las Indias occidentales, tomo II
Conserva algunas de las noticias coloniales más extensas sobre autoridades, divinidades, ceremonias y relatos muiscas.
- Mitos y leyendas de Colombia, vol. III: región Andina
Ordena relatos muiscas, transcribe fuentes y advierte cuándo una figura o episodio no constituye propiamente un mito.
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