El rafue Uuikï, corazón del Padre

Amazonas · Huitoto / Murui-Muina

El rafue Uuikï, corazón del Padre

El Padre-corazón crea con palabras; su hijo renace como tabaco y Uuikï queda como corazón que debe cuidarse y obrar bien.

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El relato

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En el principio no había nada. El padre creador no tenía extremidades: era corazón únicamente, el corazón que habla, y era bueno. Buscando cómo dar vida, indagó cómo había aparecido él mismo, y empezó a decir palabras dulces: con ellas fue creada la gente. Dijo que pondría al mayor de su prole en su reemplazo, y lo llamó Hombre de yuca.

Pero el creador no aconsejaba: sólo contaba historias, y no puso sobre aviso al primogénito. Hombre de yuca empezó a contarlas como propias, antes de tiempo, y se presentó con los nombres del creador: dueño de las tradiciones, relámpago que ilumina, caudillo que distribuye los oficios. Eran palabras buenas, pero el padre no lo había autorizado: el hombre nuevo carecía de fuerza, aún no había sufrido.

Alardeó igual y comenzó a repetir las historias ante la gente reunida. El padre cogió una vara y lo golpeó, y el hijo se desplomó como una tinaja llena de agua que se rompe. Con el golpe se esparció la ceniza sobre los que escuchaban: se transformaron en loras, rucias por encima, que van por ahí repitiendo historias sin sentido. El hijo lloraba, y el padre lamió su sangre y apartó las sobras con las cenizas: de ahí salió el agua.

Por medio del espíritu el hijo le pidió que mirara donde aún alentara un resquicio de fuego. Sopló el rescoldo, se apagó, y allí lo vio sentado un instante. En su lugar se vio algo verde: era el tabaco, la raíz de todas las cosas, que creció y dijo: «¡Padre! ¿Viste que ya volví a nacer? Ése soy yo». El anciano se despidió y se fue al «Pozo de la olla de barro», en el Caquetá, de donde procede la gente de olla, dejándole al hijo las historias y parte del tabaco.

De la gente que iba naciendo salió Hombre de frutas, que tomó una olla como señal y quedó de jefe. Hombre de yuca le mandó untarse goma en la mano para recibir el corazón del padre, y apenas lo hizo tronó y relampagueó —esos relámpagos de colores originan las frutas— y vio en su palma una bola bonita, que desapareció y le entró en el corazón para darle inteligencia.

Buscó compañía entre la gente pez. Los dos hermanos de su mujer, «Curador de niños» y «Madurez de frutas», llegaron hambrientos a casa de su hermana mientras él trabajaba lejos, y cansados de esperarlo hallaron la bola de almidón que guardaba envuelta y huyeron con ella. Al volver y no encontrarla, su corazón se llenó de mala intención, y cuando los ladrones regresaron diciendo que venían con la esperanza de comer, no contestó: les dio muerte y los devoró, y su mujer trajo ají para condimentar la comida. Desde ese día nadie debe burlarse del Uuikï ni robarlo.

Por esa muerte perdió sus derechos y poderes: enfermó, enloqueció, y su mujer se agravó. Abandonó la casa para no verla padecer, y entonces se oyeron voces adentro: eran los hermanos, ya sólo espíritu, que curaron a la hermana y se alejaron. Al volver y hallarla sana él se fue sintiendo bien, y buscó el Uuikï donde lo había guardado. La bola estaba allí, y dando vueltas en su palma como un trompo habló: «Yo soy tu hijo, yo seré tu corazón para que tus palabras vengan haciendo buen camino. Debes cuidarme».

Tejió entonces un canasto. La bolita rechazó tres —de ojo muy ancho, de un solo ojo, de tres ojos— y aceptó el cuarto, de los que carecen de rendijas. La envolvió en lana de hormiga: de esa manera de consentir el Uuikï viene la costumbre de abrigar a los hijos. Luego compuso la canción con que se abre el Baile del Uuikï, donde la bola es el corazón de Hombre de yuca y para la gente de olla viene siendo el tabaco, que por eso se reparte en bolita.

El rafue Uuikï, corazón del Padre: lo que quedó del relato

La enseñanza

“La palabra sólo vale cuando se convierte en obra y alguien la cuida.”

Territorio

Amazonas · Huitoto / Murui-Muina

Amazonas · Huitoto / Murui-Muina

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Amazonas
Comunidad
Huitoto / Murui-Muina
Referencia
-1.24° · -72.82°

Ficha del relato

Contexto histórico

Lo narró el Abuelo Félix Kuégajima, del clan nogonï, «gente de olla», en El Encanto, sobre el río Uyukoe —«pluma amarilla de tucán», el Caraparaná, afluente del Putumayo—, en 1974. Lo recogieron y tradujeron los Abuelos José García y Jitoma Zafiama en Bogotá, en 1978, y Fernando Urbina lo publicó ese mismo año sin mayores comentarios y otra vez, ya con introito y notas, como capítulo segundo de Las palabras del origen (Ministerio de Cultura, 2010), páginas 52 a 66.

Las circunstancias del registro están dichas dentro del propio capítulo y cambian cómo se lee. Jitoma Zafiama, que sabe de curaciones, rezó a la mujer de Kuégajima durante el verano de 1974, y el Abuelo, que no tenía otra cosa con qué pagar, le pagó con palabras: le entregó el rafue básico del Uuikï, que normalmente se reserva para el heredero ritual. Kuégajima era el último depositario del gran ritual del juego de pelota entre los uitotos colombianos, y sus hijos varones ya no querían recibirlo. Al final del texto se dirige por su nombre al recopilador, José Octavio García, y cuenta que sus enemigos le incendiaron la casa mediante hechicería y que en esa ocasión perdió el Uuikï y con él la posibilidad de celebrar el baile.

Urbina declara una intervención que conviene no perder de vista: el párrafo inicial, aquel en que Kuégajima explica por qué paga con palabras, «no es una transcripción exacta» sino «una reconstrucción un tanto imaginaria» suya, hecha para guardar la forma de ese tipo de discurso. Las notas sobre el rafue, el amanecer y la palabra hecha obra también son del compilador.

De las demás fuentes, la primera parte de Preuss es la que más aporta y la que más hay que matizar: registra en 1914 la fiesta uuiki, el juego de pelota, y anota que los danzantes se alegran del alma del Padre que se halla en la pelota de caucho. Carlos Ricardo Mojica Cardona, leyendo a Preuss y a Gasché, precisa que la pelota se fabrica con la savia del árbol de caucho blanco y que la fiesta ya no se observa en la práctica. Laura Tattiana Areiza Serna trabaja los eikɨ, los cantos-adivinanza del uikɨ rafue, y sostiene que la ceremonia está sellada desde los años setenta. Selnich Vivas Hurtado enumera el uikɨ, «el de la pelota de caucho», entre los rafue en que un clan puede especializarse, y recoge de Jitoma Zafiama la advertencia de que la palabra que no se lleva a la ceremonia queda perjudicando en el ambiente. Juan Álvaro Echeverri documenta que era en el uuiki donde se decía quién es Juziñamui. Tabaco frío, coca dulce no nombra el Uuikï: sirve para el canasto, no para la bola.

Lo que falta es la lengua. De este relato no hay transcripción bilingüe ni grabación publicada, y las canciones que el capítulo trae van sólo en castellano.

Resonancias con otros mitos

El paralelo más cercano está en el mismo libro y en el mismo río. El Abuelo Julio Ribera contó en El Encanto, en 1979, la metamorfosis de Yiida Buinama, que termina convertido en el maguaré, la pareja de tambores con que se habla a distancia. También allí una potencia de la palabra se queda a vivir dentro de un objeto que el dueño de maloca debe custodiar, pero el maguaré suena para convocar y el Uuikï, en cambio, se guarda envuelto y callado, y sólo sale al patio para ser golpeado con la rodilla.

El segundo paralelo es de oficio. En «Palabra de disciplina», que el anciano Hipólito Candre Kɨneraɨ dictó en el Igaraparaná y que Juan Álvaro Echeverri tradujo, se distinguen dos canastos: el jebogaɨ, de ojo ancho, retrato de la mujer perezosa, y el ibigaɨ, de ojo pequeño, retrato de la trabajadora, y el consejo al joven es que si teje un canasto de ojo ancho lo bote. Es la misma lógica que hace que la bolita rechace tres canastos y acepte el cuarto: tejer bien no es destreza, es compromiso. La diferencia es que allí el canasto juzga a quien lo teje y aquí lo juzga lo que va a guardarse dentro.

Fuera de Colombia hay un parecido que el propio capítulo insinúa al recordar que en épocas míticas fungía como pelota la cabeza cercenada de un contendor sacrificado. En el Popol Vuh de los k'iche' de Guatemala, Hunahpú e Ixbalanqué juegan a la pelota contra los señores de Xibalbá y la cabeza de Hunahpú llega a servir de pelota en el juego. La coincidencia es fuerte y la diferencia también: allí el juego es un duelo contra la muerte, y aquí es una fiesta de frutas en que la pelota no es un trofeo del enemigo sino el corazón del padre, que da consejo si lo cuidan bien.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. De este mito hay un solo testimonio, el del Abuelo Kuégajima en 1974, y sobre él pesa una advertencia del propio compilador: su primer párrafo es reconstrucción, no transcripción. Todo lo demás que se sabe del Uuikï viene del rito, no de otra narración.

  2. Ahí está la corrección que esta página necesitaba. En lo que cuenta Kuégajima, el Uuikï es una bola de almidón envuelta y guardada en un canasto sin rendijas, y él mismo la glosa al final: «para nosotros esa bola viene siendo el tabaco», y por eso el yera se reparte en forma de bolita. Pero lo que Preuss registró en 1914 en el Igaraparaná es otra cosa material: el uuiki es la pelota con que se juega en la fiesta de los frutos, fabricada con la savia del árbol de caucho blanco, y en ella está el alma —komeki— del Padre. Almidón, ambil y caucho no son la misma sustancia, y las fuentes no reconcilian las tres: lo que se repite no es el material sino la función, una esfera que contiene el corazón del Padre y que hay que cuidar. Decir sin más que la forma esférica remite al ambil es quedarse con la mitad del expediente.

  3. Un tercer paso hay que atribuirlo a quien lo dio. Que la pelota sea la luna nueva no lo dice ningún narrador: lo escribe Preuss en su capítulo «Análisis de los mitos», donde afirma que la pelota simboliza la luna y que al reventarse se la llama «pelota de agua». Esa lectura viene del panlunarismo que él traía de Europa en 1913, según el cual toda mitología se funda en la experiencia de la luna, y es interpretación suya de 1914, no dato de sus informantes.

  4. Las grafías varían: Uuikï en la edición de 2010, uuiki en la traducción de Preuss, uikɨ y uuikɨ en los trabajos recientes que escriben con la sexta vocal moderna. El nombre del relator aparece como Kuégajima en el introito y como Kuegajima en la línea de crédito del mismo libro.

  5. Del rito quedan versiones encontradas sobre su estado. Kuégajima decía en 1974 ser el último heredero en Colombia y que en el Perú quedaría algún sabedor. Cuarenta años después se documenta que la fiesta no se celebra y que la ceremonia está sellada desde los años setenta, de modo que lo que existe hoy es memoria reconstruida.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Huitoto / Murui-Muina · Caquetá y Putumayo · Amazonas
Referencias
10
Última revisión
17 de septiembre de 2026

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Base documental · 3 referencias

  1. Las palabras del origen: breve compendio de la mitología de los uitotos

    babel.banrepcultural.org

    Publica dieciséis relatos con introitos, créditos de narración o traducción y notas comparativas. Es la fuente directa de Nofïdeño, Uuikï, los ciclos de Jitoma, Dïïjoma, Nofïzazima, Buinaima, Yiida Buinama, Yarokamena, Juma, Kanifaido, Kugï y Nokuerai, Guyataiba y Konago.

  2. Religión y mitología de los uitotos, primera parte

    repositorio.unal.edu.co

    Aporta contexto histórico sobre religión, fiestas, palabra, territorio y organización narrativa uitoto.

  3. Religión y mitología de los uitotos, segunda parte

    repositorio.unal.edu.co

    Ofrece textos en lengua uitoto con traducción y un repertorio léxico para comparar nombres sin tratar grafías distintas como personajes nuevos.

Contraste y contexto · 7 referencias
  1. Muina Murui

    onic.org.co

    Sitúa las variedades mika, minika, búe y nipode, la dispersión causada por la Casa Arana y la recuperación territorial y cultural.

  2. Mito y ética: una lectura del pensamiento mítico de los Uitoto y Muinane

    dialnet.unirioja.es

    Explica cómo relatos amazónicos relacionan perspectiva, dueños de animales, cuidado y consecuencias sin reducirlos a moralejas universales.

  3. Eikɨ jɨkanote: preguntar por el canto-adivinanza

    revistas.unal.edu.co

    Es la investigación específica sobre el uikɨ rafue, es decir sobre el Baile del Uuikï con que cierra esta ficha. Presenta cinco eikɨ (cantos-adivinanza) recogidos, transcritos y traducidos en ese marco, explica que el juego de pelota pertenece a la carrera ceremonial de yuaɨ (frutas) y que la ceremonia está sellada y no se realiza desde los años setenta, de modo que lo que hoy existe es memoria reconstruida. Aclara además qué clase de canto es el que el relato dice que Hombre de frutas compuso antes de iniciar el baile.

  4. Rituales de la Gente de Centro. El caso del ritual del baile de las frutas Yuakɨ y la construcción del cuerpo como territorio

    repositorio.unal.edu.co

    Explica, apoyado en Preuss y en Gasché, qué cosa es materialmente el Uuikï: «el nombre de la pelota fabricada con la savia del árbol de caucho blanco», que simboliza a la vez su fruto, al padre creador y la luna nueva, y por medio de cuyo juego se teje la relación con la abundancia de los frutos. Añade que la fiesta de uuikɨ se celebraba cuando el dueño estaba en la cumbre de su carrera ceremonial y que hoy ya no se observa en la práctica. Es lo que permite entender por qué un relato llama «corazón del Padre» a una esfera y por qué esa esfera se guarda envuelta como a un niño.

  5. Kirigaiai: los géneros poéticos de la cultura minika

    revistas.uniandes.edu.co

    Da el marco conceptual exacto de la lección de esta ficha. Define el rafue como el kirigai (canasto) mayor de la cultura minika, el género del que se desprenden todos los otros y donde intervienen narración, canto, danza, tejido y medicina; enumera el uikɨ, «el de la pelota de caucho», como uno de los tipos de rafue en que un clan puede especializarse, junto a yadiko y yuakɨ; y recoge de Jitoma Zafiama —el mismo traductor que firma esta página— la advertencia de que la palabra que no se lleva a la ceremonia puede quedar perjudicando en el ambiente, precisamente en el caso del uikɨ rafue. Es decir: la palabra que no se concreta en obra hace daño.

  6. Tabaco frío, coca dulce: palabras del anciano Kɨneraɨ de la tribu Cananguchal para sanar y alegrar el corazón de sus huérfanos

    repositorio.unal.edu.co

    El texto 3, «Palabra de disciplina», y su comentario dan espesor al nudo en que Hombre de frutas ensaya tejidos hasta lograr un canasto sin rendijas. Distinguen dos canastos de trabajo entre uitoto, okaina y bora: el jebogaɨ, de ojo ancho, retrato de la mujer perezosa y engañadora, y el ibigaɨ, de ojo pequeño, retrato de la mujer trabajadora; y transmiten el consejo de Kɨneraɨ al joven: si teje un canasto de ojo ancho, bótelo. Tejer bien no es destreza sino compromiso moral y de alianza, que es exactamente lo que el relato pone en juego cuando el canasto mal tejido no recibe la aprobación de la esfera.

  7. The People of the Center of the World: A Study in Culture, History, and Orality in the Colombian Amazon

    repositorio.unal.edu.co

    Documenta que el uuiki era el marco ritual en que se decía quién es Juziñamui: cita el texto recogido por Preuss (vol. II, p. 50) según el cual, cuando los antepasados salieron de la cueva a la superficie de la tierra, Juziñamui los dejó para irse a las alturas llevándose consigo las narraciones y el fuego. Muestra así que el baile del Uuikï no era sólo un juego de pelota sino el lugar donde se transmitía una doctrina sobre el poder, la palabra y quién la retiene, que es el problema central de esta ficha.

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«El rafue Uuikï, corazón del Padre» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

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EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «El rafue Uuikï, corazón del Padre» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «El rafue Uuikï, corazón del Padre» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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