Los rescoldos

Andina · Mestizo

Los rescoldos

Pequeños diablos danzan sobre las brasas que dejan los arrieros; la fuente conserva una imagen breve, no la biografía de un testigo.

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El relato

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En Antioquia, Caldas, el Quindío y Risaralda andan unos espíritus burlones que los arrieros llaman los Rescoldaos. Son diablillos del tamaño de un dedo, con el cuerpo del mismo color de las brasas y los ojos azules, redondos como cabezas de alfiler.

Viven en las brasas de los fogones y en las parrillas, y caminan sobre el carbón encendido sin sentir nada. Aparecen y desaparecen cuando quieren. Salen a la hora de comer, cuando los arrieros o los comerciantes hacen un alto en el camino para descansar y reponer fuerzas.

No necesitan comer ni beber, pero les gusta robar trozos de carne asada y dejar a alguno de los que comen sin su porción. Hay arrieros que dicen haberlos visto beber aguardiente directamente de las botellas que les ofrecían los borrachos. Conceden deseos, proponen acertijos y premian al que los resuelve, y pueden multiplicar las raciones de carne o hacerlas desaparecer.

Para atacarlos, se les rocía agua bendita escondida en una botella de aguardiente.

Los rescoldos: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Hasta los diablos del fogón se conforman con un trago y un pedazo de carne compartidos.”

Territorio

Andina · Mestizo

Andina · Mestizo

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Andina
Comunidad
Mestizo
Referencia
6.5° · -75.5°

Ficha del relato

Contexto histórico

Los Rescoldaos están en Mitos, espantos y leyendas de Caldas, de Fabio Vélez Correa (1.ª ed., Imprenta Departamental de Caldas, Manizales, 1997; se lee la edición ampliada, posterior a 2007, en El Libro Total), al final del capítulo «Presencia animal del diablo». Vélez los describe en un párrafo, sin narrador ni caso, y los sitúa en Antioquia, Caldas, el Quindío y Risaralda, es decir, en la región de la colonización antioqueña.

El capítulo los pone junto a los espantos en que el diablo se presenta en figura de animal, la mula de tres patas y el perro negro, que según Vélez los abuelos usaban para asustar a los niños. Los Rescoldaos, en cambio, no castigan a nadie: son diablillos juguetones del fogón de los arrieros, que roban carne, beben aguardiente y conceden deseos.

Su nombre viene del rescoldo, la brasa que queda entre la ceniza. La prensa registra su presencia pública: El Tiempo, en su crónica del 6 de diciembre de 1990 sobre un desfile de danzas, mitos y leyendas en Medellín, cuenta «Los Rescoldados» entre las comparsas, junto al Patetarro, la Muelona y la Monja sin Cabeza. Javier Ocampo López, por su parte, los cuenta entre los mitos infantiles de Antioquia. La del libro de Vélez es, por tanto, la única descripción abierta con la que puede fijarse la figura.

Resonancias con otros mitos

En Boyacá, Javier Ocampo López recoge en El pueblo boyacense y su folclor al Cucacuy, el hombre desnudo del Valle de Tenza que sale de noche a calentarse en las parrillas. Como los Rescoldaos, vive del calor del fogón ajeno. Pero el Cucacuy es un hombre con pacto, que espanta, y los Rescoldaos son diablillos juguetones que se ganan con aguardiente.

En el mismo capítulo de Vélez, los otros animales del diablo —la mula de tres patas, el perro negro— castigan a los trasnochadores, los borrachos y los que hablan mal de los demás. Los Rescoldaos invierten el oficio: comparten el trago con los borrachos, les roban la carne y les conceden deseos. El remedio contra ellos, agua bendita disfrazada de aguardiente, es una broma a su medida.

Los diablillos del fuego que viven en las brasas y castigan o premian a quien los alimenta pertenecen a la familia de los duendes domésticos. El libro de Vélez los llama diablos, pero se comportan como los duendes de la casa campesina: roban, juegan y sólo se van con un truco.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. El registro de Vélez es el único abierto con algo de tradición detrás, y no cuenta ningún caso: describe la figura, sus costumbres y su remedio. El libro de 2004 Cuentos de espantos y otros seres fantásticos del folclor colombiano, que se declara ficción, les dedica sus pp. 89-90: un narrador arriero cuenta una noche de camino en que un compañero borracho le da un puñetazo al fogón y otro grita «¡Los Rescoldaos!»; entre las brasas aparece un diablillo del tamaño de un dedo gordo, de ojos azules, que habla, se burla y le promete la lotería.

  2. La escena de 2004 conserva todo lo que dice Vélez —el tamaño, los ojos azules, el fogón, el aguardiente, los deseos— y le añade nombres, diálogos y un final feliz que son composición del libro. Por eso aquí se usa para mostrar cómo circulaba la figura en 2004, no como otra versión oral.

  3. En el desfile de Medellín de 1990 los Rescoldados salían ya como comparsa, con el nombre escrito completo, catorce años antes de esa recreación.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Mestizo · Antioquia · Andina
Referencias
4
Última revisión
22 de septiembre de 2026

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Base documental · 3 referencias

  1. Mitos, espantos y leyendas de Caldas

    ellibrototal.com

    Único registro con tradición: el apartado «Los Rescoldaos» del capítulo «Presencia animal del diablo», diablillos del fogón de los arrieros en Antioquia, Caldas, el Quindío y Risaralda.

  2. Cuentos de espantos y otros seres fantásticos del folclor colombiano

    archive.org

    Recrea a los Rescoldaos en una noche de arrieros con un diablillo del tamaño de un dedo, de ojos azules, que habla y promete la lotería (pp. 89-90).

  3. En Medellín: desfile de danzas, mitos y leyendas. Una noche a la colombiana

    eltiempo.com

    Cuenta «Los Rescoldados» entre las comparsas de un desfile de mitos y leyendas en Medellín, el 6 de diciembre de 1990.

Contraste y contexto · 1 referencia

  1. El pueblo boyacense y su folclor

    babel.banrepcultural.org

    Describe al Cucacuy, el hombre desnudo del Valle de Tenza que sale de noche a calentarse en las parrillas, el paralelo que nombra Similitudes (p. 121).

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«Los rescoldos» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

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EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Los rescoldos» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Los rescoldos» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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